Anagramas del Amor (1a parte.) La violenta ternura de una caricia.

 

Agradecimientos:

 

A mi hermanita A.V. por haberme enseñado que el secreto del amor perfecto consta de 2 novelas, 2 poemarios, 100 canciones, un sin número de palabras y versos, mensajes profundos en cada uno de éstos con la consciencia de que todo lo hermoso comienza y termina, de que cada día es el último día, cada beso y abrazo pueden ser los últimos, y que para honrar éstos han de realizarse no menos de otro sin número de desvelos, rezos y actos sagrados, sólo para guardar la felicidad del otro, que se vuelve invariable e inherentemente la propia felicidad.

 

Nota Preliminar: La presente obra es la primera de un simple compendio de cartas que escribí, cuyas palabras (inspiradas en diversos autores y poetas) resultó más de una vez la motivación que habría de alentar una serie acciones que poco a poco dieron nacimiento a algo bello que nació, creció, murió, renació y finalmente voló.

“Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son” – Julio Cortazar

Las últimas lunas de mi vida, que han sido también las primeras desde que comencé a advertir tu constante presencia en mis sueños y que entre sueños me despiertas para estar contigo, recorriendo el laberinto de mis manos marcadas por las líneas de mi destino, mientras que por prueba única de la existencia del paraíso he soñado con una pluma, aquella que aparece entre mis manos cada vez que te veo, como cuando tus brazos y tus manos se posan delicadamente sobre las mías, como el roce de tus alas que descienden tu vuelo infinito, y así llevarnos por encima del laberinto, vuelo del cual eres mi cómplice, mi testigo, mi hermana y mi amante.

Ambos contemplamos el cielo y el mar, y ambos observamos el ocaso unir sus límites, como el sueño en el que el horizonte no existe, pues la mirada que lo fija traza el hilo que se rompe a cada parpadeo y trasciende sus barreras con el baño de su luz que refleja dorados destellos en los sagrados espejos de la existencia, mismos que en la obscuridad desbordan estrellas sobre las perlas que conforman tu mirada y entonces el agua nos cubre y danzamos en ella, el océano borra nuestras lágrimas en los labios del agua; nuestros labios traen la humedad del amor en el cual nos saciamos y como un oasis en medio del desierto, como aquel santuario en nuestras vidas, jamás volvemos a tener sed.

En medio de aquel sueño sujetaba tu mano y nuestro andar nos revelaba la estela de un río hermano. La corriente en un instante se tornaba agitada y nos impedía escucharnos el uno al otro, aun hablándonos al oído. Proferíamos gritos desesperados que lograran alcanzar el angosto cauce entre un corazón y otro, pero todo intento nos resultaba insuficiente. Y de pronto advertimos que el río hermano pronunciaba todo por nosotros, descubrimos que no había nada que no quisiéramos decirnos, y hasta el silencio con la tenue composición de su vacío, nos hacía hablar, tal y como hablaba el río.

Hoy vuelvo a soñar en medio de aquel ancho mar, entras en mis oídos dibujando el mar y sus misterios, sus arrecifes, su profundidad y tus abismos; tu voz bajaba por mi garganta, entrando en mi pecho con el tuyo; dibujas tu nombre como un tatuaje, con letras que inventas en caricias y traduces con tus besos; navego hacia ti en un inmenso mar, cruzando la orilla entre mi cuerpo y el tuyo, tu espuma se mezcla con la mía, tus labios con los míos.

Hoy vivo con esta historia que quema mi lengua, sangra mis memorias y abre mi corazón. Te llevo conmigo más guardada que un secreto, más difícil de decir que el momento más difícil de la vida, todavía fresca e hiriente la punzante herida de tu luna como sangre del cielo, y del costado más oscuro de la noche la cuchillada amarilla que filtra el amanecer… así tu ausencia, así tu presencia, vivir la bendición de tu sagrada maldición, amarte.

Tengo un cofre roto por memoria ¿O es que la vida dejó escasos sedimentos, nubes de luz, que con los vientos del quehacer cotidiano se disipan? No tengo a ésto, respuesta… Si me pongo a recordarte, no te pienso a ti, sino algunas partes tuyas, algunas partes tan nuestras, sin que entre los hechos y mi memoria, exista el menor sentido.

Decirte que te extraño, que te extrañamos, sería decirte que te me vuelves extraña. Que no sé dónde estás, a qué lugar te has marchado ¿Qué me pasó desde que te fuiste? ¿Qué es eso de morirse?

Apagar la vela de la esperanza todavía, de encontrarte de nuevo algún día y verte aparecer en la distancia se me vuelve tan fugaz y huidizo como el más magnifico de los sueños, como de aquellos que en tu nombre se pronunciarían al descansar mi cabeza entre tus pechos.

Me pregunto si ese día, al oído nos diremos, como si de un secreto se tratara, lo que fuimos incapaces de enunciar, si sonarán las palabras perdidas, recordando las promesas pendientes y, posiblemente vislumbrando un futuro.

O un luctuoso silencio, que a la par de unos tragos, nos ventila las sonrisas entre divinas carcajadas, compartimos las caricias, las manos y los labios entre amigos, que fueran antes lo amantes.

Tú música me despierta, mezclándose como el beso largo que el tiempo desconoce, con su tono profundo que dice mi nombre, llamándome hacia ti, acortando la distancia entre horizontes lejanos y caminos que se pierden de un lado a otro, entre mi sangre y tu sangre, mi cuerpo y el tuyo, mis labios y los tuyos.

Mi cuello aún lleva las huellas de tu oleaje, que entra suave con tu lengua y arañando se retira entre dientes y labios, recordando aquel perfume que nos invita y seduce al tacto, a perdernos en aquel eterno abrazo, como un beso mucho más largo que el propio beso; primero es anhelo, sed, deseo…, después angustia, ansia y tormento, plenitud y fugacidad que añoran aquel momento que es todo excepto eterno; gira y corre, se enreda y danza, un beso que jamás acaba.

Así enredamos nuestras piernas, yo la derecha, tú la izquierda, así damos vueltas y vueltas, tú tomas mi cuello, yo muerdo el tuyo; bailamos, bailamos, reímos y lloramos; lloramos, reímos y nos besamos, perdidos, condenados al amor que profesamos y que entre páginas hallamos, justo así como un eco agazapado en la inmensidad del oscuro mar.

Vivimos una condena, una condena de mil historias, despertando por las mañanas comprendiendo el tejido y la maraña, entre personas e ideas, circunstancias compuestas, amantes, desdichas, pasiones y heridas.

Hombres, mujeres que a nuestro lado descansan, compuestos de angustias mismas, similares a las nuestras, soportando el peso de la realidad, permaneciendo así abrazados, tejidos y ligados, compartiendo e intercambiando, los besos, palabras y cuerpos.

Estoy condenado a llorar cuando nadie me ve, ahogándome con la salada luz de los mares, admirando el sublime vuelo de águilas y halcones, al sabor de tu piel y tu cuello; condenado a quedar atónito al amanecer y a sentir que en las noches atestadas de estrellas hablo el lenguaje de los astros, a preguntarme dónde termina el infinito mientras inútilmente me comparo al Universo, donde comienza el individuo que existe sólo para vivir anonadado de la grandeza del majestuoso diseño.

Un monje habría de subir diez mil años al Tíbet, y aun así estaría lejos de encontrar la paz que yo he sentido entre tus brazos, tu cuello es la escultura, la catedral, mi muralla y el palacio donde se cosechan las estrellas.

La caricia de vientos marinos el navegante las conoce, llorar en soledad en medio del abismo atestiguando la sonrisa de las estrellas, cruzar el mediterráneo bajo el sol de la una, y abruptas olas de la furia de Poseidón; infortunado resulta, pese a todas estas hazañas, pues jamás encontrará aquellos caracoles ensortijados como los que yo he encontrado, adorno primordial de tus cabellos.

Más de una vez me dejé seducir por las palabras de la gente, sus historias invadían de golpe, y con el sentido que era el relato de una búsqueda, un recorrido extraño que me conducía a la India y hasta el amor profundo del Taj Mahal, pero el más sedoso marfil jamás pude hallar, pues el roce de tus dedos entonando el caleidoscopio de las pasiones, el beso de tus mejillas de acento rosado, tu nariz fina y tu frente perla me han dejado el mundo lleno de asperezas.

Alguien mueve los espejos de aquel caleidoscopio y de pronto reverberan los afectos en una visión que comienza a poner las piezas de mi rompecabezas en palabras; quiero volverme un experto en ti, para saber escucharte, saber sentir y callar, acompañarte y apoyar, saber apartarme y esperar; tú me completas vida, musa, diosa, hermana; somos un juego de cristales que constante y preciso gira, embonando las caras, transformando el sentido de las cosas con tu luz y mi obscuridad, mi obscuridad y tu luz.

 ¿Vivimos como todos aquellos que son peces flotando en el humor cambiante de los demás? Vivimos en cabezas intranquilas, es cierto, durmiendo en los sueños de quienes nos odian o nos desean; así existimos entre el día y la noche, en los silencios obscuros que nos unen.

Más de una vez dejé de escribir un poema extenso o una bella historia porque a medio camino los cristales se habían movido, de pronto yo no era el mismo que los había iniciado; es como dicen por ahí, las historias son como el agua, corren y se escapan de las manos si intentas atraparlas, así con las personas.

Qué tonto de nosotros creer que algún día poseemos aquel amado alguien, toman tantas formas… todas las posibles…

Incluso yo que me creía ser tantos, me quede corto de palabras, de memoria y así poco a poco se acabó la tinta, se acabó el grafito, se acabaron los colores, la arcilla y los besos que habrían de hilvanar el relato, la historia se había terminado… de pronto tuve que comprar otra pluma, otros colores, otros libros y así coser las hojas desbordadas de mi mente.

Tomaba de aquí y allá las descripciones, las ideas, las imágenes, las citas, las escenas y los sueños; era autor de muchas letras dibujadas, de sensaciones y caricias; ahora soy el autor de un mundo de fantasmas que no hacen sino existir temerosos del vacío, así fue hasta que la conocí… una testigo.

Una mujer se volvió mi testigo de mis sueños y me volvió autor de los suyos, no pude más que concederle el protagónico de los míos; en sus frases se decía todo lo que yo iba sintiendo y desde entonces fue que comencé a escribir de nuevo, con cierta desesperación al principio, aunque indudable placer, como tu imagen dejara mudo al silencio y mi mente como agua quieta. Un río cuenta la historia que quiero contarte con mis manos, que quiero recitarte entre mis brazos.

Eres el azulejo en la geometría de mis más profundos deseos, la espada de mi lucha contra el vacío; tal como el pincel pinta la larga línea de los prados en el horizonte que entre mis manos sostengo, nadando entre las páginas y trazando las letras de nuestro santuario al cual diste tú la más sublime de tus melodías.

Cada vez que hacías esto, veía una montaña claramente ser tragada por al fuerza del mar, saliendo intacta por la otra orilla, un río que dibuja cuatro palabras tan claras, tan severas y nítidas como una mañana en la cadera de Iztaccíhuatl “Te amo mi hermanita”

 De pronto, sin decoro o advertencia, he advertido su presencia en mi escritura, aún más que la tinta, aún más que la pluma, te has clavado en mis palabras, como el sonido del mar que entonan los árboles a través de la ventana. Una piscina de vidrio alta como una catedral para seguir la natación y el vuelo de los peces golondrina, colándose entre auspicios sus notas en apariencia caprichosas, resueltas en la más dulce y sincera entonación, la dulzura de su voz que hasta a Tierra hace llorar, llueve cuando llora, llora cuando llueve; será que hasta la Vida está enamorada de ella.

Toca la puerta del alma para salir a jugar, nombra mi nombre golpeando con el roce de sus ramas en la ventana, una palmera que con las hojas al viento toca el arpa; sonidos otros se me cuelan en la perenne fugacidad en la que no existe acto que no la nombre, ni ceremonia que sea bendita sin ella, su templo es una plaza circundada por mesa de ópalo en forma de herradura, con el mantel también de ópalo, aderezada con manjares y bebidas todos de ópalo. Oscura y luminosa, fértil y seca, fugaz y cometa.

Ciudad blanca y perla bien expuesta a la luna, calles que giran cual ovillo sobre sí mismas, es el sueño de los hombres que auguraron la visión de una mujer corriendo cual gacela por la noche desnuda, la vieron de espaldas, le adoraron el cabello, soñaron que la seguían y entre las vueltas la perdieron. Todo lo soñado puede ser imaginable, pero hasta el sueño inesperado un acertijo, un deseo esconde, mi voz es en el cielo un lamento urbano que clama su nombre y retumba por el orbe. cuando mi llama crepita, es la única entendida en las artes de apagar el fuego con una mordida.

En mi espesa soledad más de una vez ha caído una lágrima brutal, una lágrima que horada el cristal, su ausencia me consume, en esta distancia que siento tan cercana, como un muro que se alza sin composición y el total del todo mío circunda.

Si le adicionas tinieblas y vacuidad, el silencio se nos figura inaudible, pero no lo escuchamos, pues hemos olvidado escuchar, como las marcas que el mar deja al retirarse, como miles de gritos que se ahogan en sus aguas, los suicidas que se ahogan en el mar, sin explicaciones, desagrados de luz a las tres de la mañana, como la impávida de las estrellas danzando frenética en el espacio. Poetas que se incendian cada minuto las veinticuatro horas, ahorcados en la tinta del viento, que se arrancan la piel con cuchillos de aire, los que danzan en el silencio.

Olas sin voz que descomponen la luz multicolor, acompañan tu danza en el mutismo, como el canto y baile de aullidos quebrados, lamentos al mismo cuento que parte del mismo punto de mi historia, que vista así es toda mi historia y es todo y es también irrelevante, y así estalla mi cabeza estalla contra la pared, entre preguntas que aparentan sentidos sin sentido: ¿Es la nada igual al todo? A tu lado sentí todo y ahora no siento nada; tu mano en mi mano ¿Aún me toca? Tus luceros en mis manos ¿Son ahora desiertos?

Entender nada es saber lo mismo a entender que no entiendo el por qué no entiendo… ¿te necesito? En el espacio del nacimiento y la tumba, un ser me dicta las palabras, por sorpresa me toma ¿Eras tú? Percibo el mundo y su palpitar, el mundo y su agonía, el mundo y tú, mientras vivo algo o alguien me ve, la mirada es la tinta, la pluma, la página en blanco y la palabra escrita.

La noche ría a costa mía, pues abro la puerta del vacío y el miedo me impide saltar, la calle me aguarda impaciente por cubrir mi cuerpo con un velo, precipitación absurda al momento final, si con certeza sé ¡que hasta los hombres se juntan para festejar olvidos!

La mujer que amaba, que creí perder, que jamás tuve, que jamás me amó, cruzó con paso decidido los cielos que me ataban a la muerte, desgarró el viento con sus manos y avanzó hacia mí diciéndome entre gestos y caricias que era suyo, que no me dejaría ir… la vela apagada, permanece fría.

En el tiempo y el amor ella no cree ¡Aunque de tal forma la han marcado! Minutos y besos se llevan juventud y frescura; tanto azul como negro tienen la muerte y la belleza, dispuesto estuve a morir por ella ¡toma mi vida! ¡toma el corazón! Un mismo enigma al mismo misterio.

Soy la historia de un sonámbulo narrada por el desvelo, la aventura de dos que creyeron estar allí…, allí son cicatrices amorosas y huellas del deseo; un poco la curiosidad, poco más por la hermandad, a veces por identidad, aunque sea por los sueños del otro y absurda nos resulte la pasión, permanecemos apenas a un corazón de distancia, por aquellos sueños que parecen tan nuestros y al indagar en las heridas que su tinta escribió, descubro sangre y sudor, esfuerzo y lágrimas, amor y deseo por el bienestar ajeno.

Nos separa la distancia, el tiempo, el mar, el viento y sólo nos une nuestra condición de soñadores, tan lejos de mí y a un despertador de distancia y aunque corro de vuelta a dormir, esperando por ventura encontrarte de nuevo entre mis sueños, después recuerdo que fue entre sueños que aquellos hombres te perdieron, pues buscaron el cuerpo y no la luna, buscaron tu pelo y no tus huellas.

En ti se despertaba una gran desavenencia, un extraño odio se erigía en tu sentir hacia el viento, pues éste llevaba las palabras y los versos de tantos necios que con fieros besos te dañaron; advertía las murmuraciones que su espalda tocaban, y mis oídos cerraba para entonces abrir mis ojos y observar entre breves recorridos que entre la oscuridad hacía, la imagen suya sincera.

La pluma remontaba los cielos y cargaba tu voz a la orilla del fuego y mis oídos se inundaron del revoloteo de aves nómadas que de vuelta a mí tus bendiciones trajeron, y por este particular motivo fueron las plumas y no las flores el regalo primordial a tu santuario.

Tras la delirante agonía, en la magia del mar y su oleaje de tinta navegaban mis palabras, y siento en parte que la brújula dicta mi norte hacia ti y que me voy recuperando, ya no en la canción hechicera o la palabra indispensable, sino en palabras justas de brutal honestidad, cual espejo que con horror nos ofrece la mirada enfermiza de nuestra propia dolencia y al tiempo mismo una caricia se desprende de su gesto que nos invita al tacto y el reconocimiento, la aceptación y el abrazo.

A veces perdida entre su tristeza y divagaciones esbozaba la más hermosa sonrisa, y con ella sonreían sus ojos y lunares escondiendo en los dientes algún grano de amaranto guardado entre los braquetes, así de hermosa, así de dulce, así de perfecta.

Viviendo en las profundidades de una larga espera, era habitante de lejanos movimientos, que quien la viera pensaba que algo buscaba en el agua, y locos se volvían quienes pretendían resolver el enigma que la envolvían, la ausencia imprecisa que intentar suplir imposible resultaba.

Un barco despunta en el horizonte del altiplano, tirado por ruiseñores que vuelan por encima de los más altos rascacielos y entrando en la blancura de nubes impávidas sorprendí el acertijo de su rostro, de un blanco constante de cuya constancia el cambio era su condición y en su rostro se dibujaba la sonrisa de sus ojos en los cuchillos de la luz.

 El camino de plumas que ha dejado el torbellino de mil gorriones, en el que mi amor por ella se desdibuja entre los rezos y oraciones dedicadas en más de una ocasión a su felicidad, mi devoción a su felicidad, a devolver la sonrisa que de su rostro parecía haberse fugado y aunque en duda no pongo su cariño y aprecio del que fui poco más que afortunado en tener la dicha de recibir, sé que esa sonrisa, jamás fue para mí… pues en mi deseo se encontraba su felicidad, su permanencia y trascendencia en el mundo, y eso no podía ser ni acontecer a mi lado.

Nunca guardé en secreto mi inquietud y en más de una ocasión confesé mi más profundo amor, tonto de mí el abandonar la razón y entregarme a la desesperación de mi propio rezo en lugar de haber buscado más y nuevas formas de hacerla feliz. ¿Por qué está sola? (preguntaba) No está sola (respondían) pues está contigo… aunque sea por un momento y habrás de dejarla ir a su debido tiempo, pues ha de parase sobre sus propios pies…

Hablar no es otro hecho más que aquel de compartir un breve momento configurado entre poco más que un par de pensamientos, sin afán o excusa otra que desearle al otro una noche digna de su persona, hermosa en sueños, apacible al cuerpo y dulce en la memoria. En la soledad de aquellas noches en las que mi cabeza fuera devorada por impasibles pesadillas, como aquellas en las que me detengo a contemplar la vida en su frialdad, el infierno en el que vive la ambición.

Se me acaba el sueño, el cuerpo funciona por funcionar, el poeta conjuga el último verso de la noche, la cabeza va más allá del alma y es ahora un alma rota, un cascarón, pero el buscador busca encontrar y justifica su porque… y ¿Por qué? ¿Para qué? Es aquella carga tan terrible el deseo por lo absoluto, lo sublime y lo perfecto. Es imparable llenar las ausencias de esa misma alma rota, no hay espacio para la felicidad y el amor es la esperanza única.

Algunos viajeros consagran cuerpo, alma, lengua y llanto de persona en persona y yo no me entrego a nadie… se me vuelve conformista algo menos que la perfección, soy suicida por naturaleza, porque busco vivir. La vida que fuera antes la apacible contemplación de universos envueltos en el más divino caos, se me torna un nihilismo existencialista que abruptamente concluyera al despiadado plumazo sentido externo a todo lo que tu presencia no fuera… Las máscaras ya no me son suficientes, pecar a tu lado es lo único que hay, pues aunque impuro e innoble, cosa otra me parece irreal.

Las fauces de la luna devoran lo que queda de mi mente, la noche conjura la bendita forma de tu sagrada imagen y el instinto de conservación se conmueve en mi ser, aplazar pues mi destino me depara un final doloroso e inclemente, pero mi corazón se dispone a vender la vida lo más cara posible a fin de defender lo más importante, aquella promesa, aquel compromiso… Escucha pues mis palabras corazón mío: Lo que la noche se ha llevado, el día lo devolverá, la pluma del halcón dorado volverá y aunque la muerte se anteponga, una vez más el ángel se levantará. Lo prometo.

No me preguntes por qué, pero mi felicidad no puede compararse a la de besar tus palabras, tus pies y tus labios, de pronto no soy un loco sin motivo, mis versos me hacen sentido y mis historias pertenecen a un espacio especial del mundo. Te quiero, eso jamás cambiará, en la simpleza de las palabras que a su vez no pueden expresar cosa otra más profunda.

Finalmente te he encontrado, el lugar con el que tanto había soñado, tributo a la pasión que del cielo ha emanado, con el calor de tu lengua, desnuda e inquieta, con fuerza beben aquel maná de su néctar. Me toma, me arrastra, me ata y sujeta. “¡Tómame ahora! ¡Estoy dispuesta!” Me pongo a tus pies, me entrego a tu lengua, tus manos en mi pecho, el camino hasta tu templo, cuyas puertas profano entre indecorosos besos.

Ya un ángel profesa bramidos y gemidos, el coro esencial de tus latidos. Un paso en el hogar de aquel sendero colorido, aquellos labios refulgentes de tu hogar tan añorado, un lugar en el cual sentirme a salvo, ese lugar que es mi casa, mi hogar, ese lugar de tus labios refulgentes, ese lugar dentro de ti mi amor.

Emitimos señales al vacío, serenatas al son del universo, una carta involuntaria al inconsciente, que llena con el caos su envergadura, con su trova astuta e inteligente, en sus dedos se engendra la maraña, aquellas notas que fueron las mejores. En su canto que se esparce por las venas, letras abaten nuestras dudas, huyendo de partidas y regresos, cuentos en cadenas tan serenas, de caricias entre las palabras y los besos.

Sílfide que derrotas la distancia, sirena que llevo en mis desvelos, hermosa tal cual eres me provocas, el misterio que enarbola tu presencia. Es más fácil dar a luz que revivir un muerto y a pesar de todo, la segunda no es imposible, dicen por ahí que no todo lo que reluce en este mundo es oro y no todo aquel que anda errante está perdido”.

Dejemos morir pues la amarga queja de nuestro corazón, que nos empuja a aferrarnos a algo que no puede, ni podrá sostenernos, dejar morir aquello que nos aqueja puede ser el fin del dolor mismo que nos carcome las entrañas, porque de lo contrario, al aferrarnos a éste, nos uniremos a él, en aquel destino fatal de inevitable transitoriedad.

No creo estar madurando, cuando no tengo más razones para mis días que “hubieras”. Una maraña de motivos cual espejo, que viven en tu compañía. No debería dar mis días y mi tiempo, mi amor despostillado a una mano blanca que no debiera mancharse del hollín que los años desprendieron de mis dedos.

Un corazón y demacrado ha pintado algunas canas blancas, como dunas del desierto, la más bella Arabia, pero es poco empático llevar la carta blanca en la carrera de viudas que barren en picada hacia una nada por un barranco de alabanzas, que no idolatran a libra y leo no hace justicia e impunidad, le da la vuelta y al vicio y al círculo que no obedece ética, que no encuentra verdad, “oh, que será que no tiene”.

Llevar la pluma es un reto, no existe santo sin el pecador, la vida es un accidente, desde el origen hasta su final. El niño toma una ouija, toca su puerta y sale a jugar, aquel demonio le aterra, solo a aquellos que esconden verdad. En cada frase que de su lengua se desprendía, algún aspecto negativo existía, mismo en cada frase, mismo que rige cuerda sobre la que me balanceo, termina pendiendo y jugando a las lianas y el otro extremo del asfalto, que más que acera se ha convertido en el mismo fango pantanal de una selva que no perdona el ciclo que se apega a las leyes del instinto y se afana en lastimar.

“Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento, el pensamiento es estar, siempre de paso, de paso, de paso” (Aute) Si el pensamiento te engaña, del loco no olvides que debes dudar, duda siempre lo que piensas, pues la pregunta te impulsará, no vivas ya del pasado, vivir adelante, entender hacia atrás, son las ideas del mundo, siglos de oro, aún por nacer.

Abrir los ojos con el astro caprichoso, de ser lo que no es, con el todo tan mío que casi puedo abrazar el cielo de mi infancia, con el trigo chispeante de sol y nada más que el valle secreto escondiendo utopía, gritando calma, y yo deseosa de sorbitos que una YO que se me perdió en “la” realidad alterna, en la buena pues, en la que no soy yo siendo tan todos que soy más, fui que quiero ser.

Pero el sol hace bien su trabajo, en esta dimensión no todos están en su peor realidad, y aunque el sol te lo alumbre, es cínico, te da cierta paz.

Eres un manto que se posa en el cuerpo, un alicanto que realiza el diestro vuelo. Los brazos que me envuelven en su bello canto, los suaves pastos de aquel eterno prado. Las noches que aguardo entre visiones, aquel espacio de las conversaciones, suntuoso monasterio de las reflexiones.

Te llamo vida porque resurges en cualquier parte, te llamo fénix porque de las cenizas resurges el arte. Te llamo muerte porque llegas a cualquier parte y te llamo sin tener que pronunciar tu nombre…

Te llamo testigo, te llamo misterio, te llamo santuario e imperio. Te llamo mi niña, te llamo mi cielo, te llamo hermana…Te llamo la lluvia, te llamo tornado y viento, porque das vida en tus canciones a las más nobles pasiones.

Te siento como el mar, porque tal vez nunca te conoceré del todo. Te llamo dolor porque enseñas las más duras lecciones; te llamo cicatriz porque curas todos los males y aunque dejas marcas, también dejas aprendizaje.

Te llamo libertad porque no tienes dueño, sólo amigos, sólo sueños. Te llamo imperfección porque a la sociedad hacer ver el error. Te llamo lección porque haces surgir el amor.

Te llamo ambrosía porque tu cuerpo se mueve con la más dulce poesía, te llamo mirada porque a la vida me das siempre la llegada. Te llamo estrella porque brillas y destellas, te llamo luz y centella. Eres un pájaro que con las palabras recorre la piel. Te llamo hermana, te llamo amor, te llamo fe, mi querida Annette…

Cada mañana me levanto entre penumbras, abriendo los ojos pensando que hoy también es nuestro último día juntos. Y es que tal vez tú mueras antes, pero yo fallezca primero, y el destino es tan irónico que más bien creo que serás tú quien nazca primero.

Hoy quiero escribirte el mejor poema del mundo, tal vez una ilustración, tal vez un cuento o una canción, porque estas son las últimas palabras de los próximos 3 segundos, y escribo entre sonrisas y besos, tal vez porque me motivas, tal vez porque tengo miedo.

No puede perderse el tiempo perdido, porque el tiempo no nos pertenece, sólo sé que sigo vivo.

Y es que tú sabes que soy como un pequeño elefante, un titán entre muchos, aunque más bien insignificante. Por ahí dicen que el corazón recuerda lo que la mente olvida, pero es que mi corazón es tan grande para albergar tu promesa, que no es que me crea Canserbero, pero es que ahora me conoces tanto que podrías recordarme quien soy por si lo olvido. Y lo peor del caso es que de mi sabes tanto que podrías dictar clases intensivas de mi vida…

Pero es que dime tú: ¿A qué prostituta se le paga por un abrazo o su compañía? ¿No daría lo mismo encontrar cualquier mujercilla? Y es que tú sabes que no quiero nada, que jamás te lastimaría, aunque ya sabes que de pronto me da por tambalearte con alguna poesía.

¿Qué quiero de ti preguntas? ¿Sólo una mano amiga, tal vez tu presencia o tu compañía? Pedazos de carne darían lo mismo, tal vez un perro que escuchara mis rimillas.

En cambio, tú la diosa, la musa, la flor que más me inspira ¿O crees que busco almas perfectas? Que serían más bien normales de no ser por filias pretensiosas… Tu alma corrupta que bien se empataría con la mía de no ser por esto que sentimos y se vuelven luminosas. Y no quiero hacer falsas promesas, tú sabes que te quiero, pero el sentimiento no perdura, más que el enojo o la ira ¿Será que algo más falta en el planeta de la hipocresía?

Tengo poco dinero y muchas palabras que tú hacías valer oro, aunque si bien fueran para otro, valdrían la misma cosa a cualquier cosa y es que nuestra promesa fue tan hermosa que hasta las orugas vuelan sin tener que ser mariposas.

Sólo te falta reír, solo te falta vivir, solo te falta desear, solo te falta soñar, así como yo sueño que te elevas, y a la cumbre llegas ¡YA!

“Es maquiavélico meditar a solas donde tu viviste todo con ella. Como una voz que dice que a las estrellas un dedo no puede ocultar ¡no! Es maquiavélico meditar a solas donde tu viviste todo con ella. Como una voz que dice que a las estrellas un dedo no puede ocultar ¡no!”

A palabra de tu ídolo Silvio: Ojalá no te pierdas un momento de tu vida, para que tengas tiempo de descubrir tu grandeza, ojalá que la lluvia no se evaporé al calor de tu corazón, ojalá que la luna no se pierda tus trovas, ojalá que la tierra deje flores tras tus pasos, ojalá que un retrato se desprenda de tus ojos, tus palabras tan suaves, tu voz tan perfecta.

Ojalá el primer disco se revele muy pronto, que te escuchen en china, que te escuchen de noche, ojalá que tu voz sea lo que hay tras la muerte, para escucharte entre tanto, para escucharte por siempre, en todos los segundos, en todas las estaciones. Ojalá que todos puedan interpretarte en canciones.

Ojalá que esa tristeza se desprenda de tu espalda, ojalá que tu nombre ande en boca de todos, ojalá las paredes nos alcancen para colgar todos tus posters. Ojalá que tus discos los den con descuento, porque querré comprarlos todos hasta quedarme sin un quinto. Ojalá hagan retratos del brillo de tus ojos, tus palabras perfectas, tu sonrisa preciosa. Ojalá pase algo que te lleve a la cumbre, porque eres tan fuerte, porque eres tan linda, ojalá por lo menos que me alcance la lana, para comprar tus discos, para invitar a la banda, en todas las pedas, en todas las reuniones.

Ojalá que mi Ipad no se quede sin batería, ojalá pase algo que te lleve a la cumbre. Y sino ¿qué importa? Tu siempre serás grande, ojalá por lo menos que me vaya a la tocada, para escuchar tus conciertos, agotadas las entradas, en todos los estadios, en todos los bares, ojalá que yo pueda, escuchar todas tus canciones…

No había expresado cosa alguna en su presencia, no solicité en alguna otra que fuera mi hermana, pero tal como si lo fuera por un breve andar en la Tierra, mi actuar había comenzado ya aspirando a merecedor de tan lujoso privilegio.

Es la necesidad o aquel deseo por cambiar la historia y todo lo que hoy conozco. Memorias inservibles, opacadas de aquella atmosfera enfurecida, parece cosa inútil e indescifrable, sin sentido de una vida predecible. Vidas, sueños y amores adolescentes, sentimientos que creamos y creemos sentir, al final sólo un montón de promesas sin cumplir y de momentos parece que se nos olvida vivir.

El aire que antes era puro se contamina con aquel fétido murmullo y los pensamientos dementes en los que me destruyo, pero no por ello callo ni huyo. Escupo realidades que para otros son debilidades.

En mil pedazos este mundo de papel se romperá y una nueva era llegará, una era de sensibilidad que aquel hueco llenará. El indefenso y el desamparado se alzarán y hasta como en la biblia dicen ¡Los muertos se levantarán! Ya no más aceptarán aquella sagrada conformidad.

La vida se compone de algo más que aquella inútil mediocridad, nada ocurre por casualidad y aunque la humanidad termina la vida a de continuar. Todo nace cuando ha de nacer, pese a que todo termina y ha de perecer; las semillas se siembran y la vida crece, pero hasta aquel viejo árbol algún día desaparece.

Aquellos sentimientos fríos que nos causan escalofríos se acaloran, un día la fuerza pierden y la vida regala sorpresas a los que mienten. Nada espero en estos días, tu presencia y tu perfume me llenan de calma, me contagias la templanza que hoy tanto me hace falta, tintes alegres y lúgubres con matiz de sinceridad, un coqueteo con la muerte me recuerda respirar. Es tu fragancia que me embruja y me intimida, porque el nombre de esta musa se llama vida.

Aquella noche gris algo en ti cambió. Una gélida caricia y aquel demonio entró. Palabras expresó, que no pude nombrar. De reproches se armó, y ahora no quiere hablar. Aquella noche gris algo en ti cambió; pasó el atardecer y te desvaneció. Silente expectación, que no pude alcanzar. Cual torre de babel, causo gran confusión. Aún con miedo o temor, yo te amaré.

Aquella noche gris, algo en ti cambió, se fue… el tiempo otorgó a la mentira utilidad, pero las marcas que dejó revelan la verdad. Entonces descubrí, el dolor en su interior. Es más fácil sonreír que tratar de explicar. Aquella noche gris algo en ti cambió, sin marcas en la piel, ensordece el corazón. Pero yo te amaré, hermanita mi amor. Y aunque tuviera dos, yo te quiero a ti, aún con miedo o temor, yo te amaré. Aquella noche gris algo en ti cambio… se fue…

En la soledad de mi hogar, un álbum de fotos aparta la mirada, fotos que cuesta mirar, las plumas pasadas de los sueños soñados, los caminos caminados. ¿Mantener la caja resulta cosa sensata? ¿Acaso sostengo el pasado entre dicho y verso? ¿Son promesas olvidadas o compromisos pendientes? Plegarias de cuerpos ausentes, de distancias, anhelos, los besos no dados, y abrazos tizones en la piel clavados. En sueños se anclan como sirenas, anfibios y serpientes que delicados se miran, se tocan, se dicen, se escuchan, se encienden…

Del río enamorado, al templo del amor, en cuyas puertas yace el fiel guardían que has dejado a mi cargo, apenas una estatua de ojos rojizos y pelaje azul, vigila las promesas, las palabras y me vigila… vigila los abrazos, cuida los besos; son eros erosionado en mi piel que multiplican las pinturas y los trazos del roce de tus dedos.

Quiero hablar de las noches huecas, esas en las que no transita pensamiento otro que no seas excepto tú, el espejo que refleja mi soledad, al escudo de metal herrumbrado, de nombres sin nadie, de sombras escondidas bajo un tejado.

Quiero hablar de labios hechos, de estatuas convertidas en sol que tocan a mi puerta con lamentos del atardecer, de corales esculpidos con silencio…

Quiero hablar de las playas lejanas, de esas donde nunca más nacerá el sol y donde sus arenas son esposas del pecado, arenas que han quedado marcadas con nuestros cuerpos, nuestros pasos, nuestros labios, por mis venas en lugar de sangre circula aquella triste canción que reza al dicho hecho: “Y si nos vamos olvidando de secretos de personas y de tontos juegos… pero siento que podría funcionar, y hasta podríamos dejar de escapar, si así lo quieres lo intentamos, pero vamos a intentar.” Una canción hecha a cal y canto, ensoñaciones de esculturas permanentes.

¿Es llorar un acto mío? ¿O es al tiempo mismo la ilusión de los fantasmas que viven aún conmigo? Ya no lloro… ya no, extraño llorar de forma humilde, de forma sincera, de forma que te sienta, llorar para ti, contigo, ya no te siento… tú que me hacías sentir… ¿Si escucharas de nuevo mi llanto caer con meticulosidad intermitente? Nadie me verá llorar, lloran las cartas, las plumas, los dibujos, las pinturas, los días, las memorias.

Lloran los minutos saturados en mis venas, en mis ojos, llora la espera entumecida, el candelabro apagado, llora la lámpara sin vela, que tiesa esconde la sombra que devora el polvo sobre el corazón posado, el amor olvidado. Lloro como si nunca lo hubiera hecho, como si practicara tiro al blanco; mi cuerpo enmudece, es escurren mis huesos, mi carne, mis sueños; no lloro a la mujer perfecta, lloro a la única…

Me siento avergonzado, pues a nadie había rezado, y si hoy lo hiciera desesperado, si Dios existiera, ni siquiera él podría venir a salvarme… a mis lágrimas arroja un pañuelo “no necesitas más, sino depender menos” “Seca tus lágrimas, sécalas sin compasión, pues no es triste saberse mortal, es triste constatarlo…” fragilidad, vulnerable me has vuelto, niña, amor, hermana, gracias…

Caminando sin rumbo seguro, veo rostros indescifrables, escucho sus pasos y observo los actos de quienes viven felices, ríen con amigos, amantes o hermanos…

Amigos no quiero, pues amigos no tengo, aunque la quería a ella, de amarme más a mí mismo el valor me dio, claridad tener aunque los ojos pudiera perder; musa mía, ironía el amor que imposible se ama, pese a no ser amados en recompensa, aun así amamos, para aprender a amarnos, eso eres tú y así fue contigo, a pesar de mí, a pesar de ti.

En lugar de rechazarme, me besabas, me abrazabas y hasta mis nalgas pellizcabas; así yo con las tuyas, mordiendo mi cuello, mordiendo el tuyo, olvidarte no puedo, aunque quiero y vivir sin ti si puedo, aunque no quiero, pero te quiero… dueña de mis sueños.

Mi corazón late sordo, aguardando ser flagelado por ti de nuevo, frente a un muero del santuario lo he dejado y alrededor de mundo coleccionando momentos que arden como rojo hierro… qué absurdo, amar tus lágrimas beber, limpiar la suciedad de tu cuerpo y tu alma, para tu sonrisa pulir, sólo por verte sonreír.

Si la hubieras visto sonreír… entenderías que apenas y fue poco que ofrecer, a la mujer amada, la mujer imperfecta, la creatividad me quedó corta, la imaginación y la destreza limitadas.

¡Cómo me hubiera gustado encontrar más de una forma de acuchillar el brillo de la luna para en las noches oscuras reventar los diques en los ojos contenidos e inundar las almohadas! Cuánta blasfemia mía, al guardar rayos del sol en frascos de cristal oscuro, e impedir su escape, para hacer que se quedara conmigo…

Al momento de su partida, la nueva promesa anunciaba, de algún otro que hizo sentir en ella lo que yo no podía… hubiera pintado quizá de una manera más el retrato perfecto de la más perfecta Mona Lisa y aún más perfecta por tratarse su sola imagen.

Congruencia me faltó quizá, al adivinar el futuro interpretando los sueños ¿Por qué dudar de la flor que en mi mano tenía al despertar? La flor traída del santuario ¿Y por qué no? Hubiera sido estupendo amar a cualquiera, a cualquier ser, aunque de otro planeta hubiera venido, aunque en su cuerpo hubiera alas y no manos, como ella, y lo hice así, amando a todos, amando a cualquiera, aunque más que a mi propia vida la amara sólo a ella, sólo por tratarse de la vida misma.

La luz de la luna, a pesar de sus parpados cerrados, podía escuchar y ver mis caminatas a la luz de las madrugadas, aquellas noches que fueron siempre y fueron todas las más hermosas, siempre llenas de poesía, llenas de ella…

He comenzado a vaciar aquella caja, el guardián molesto me observa con veta de sorpresa, incluso de miedo, saco las plumas una a una, las palabras, las promesas y los compromisos mientras los ojos sangran, pues sangran las memorias y se desagarra hasta el alma; poco a poco la caja quedó vacía, libre de fotografías, sensaciones y clamores, hasta ver del lado opuesto de la misma… tu primera carta, tu primer mensaje grabado en el alma, en el destino: “Para la persona más importante de los próximos 3 segundos”.

Una sonrisa en mis labios se esboza, una última lágrima de mis ojos resbala, no de pena o llanto, sino de perdón, de reconciliación y comprensión, indeciso y hasta temeroso camino fuera del silencio que antes nos tuviera mudos, “te extraño me dices” “te quiero” contesto, un abrazo me extiendes y un beso te contesto.

Abates las alas, apartas la tristeza, así nos elevamos por el cielo, hacia el mar, navegando entre las olas de la inspiradora existencia, sin mirar atrás, sin reproches, ni recelos, sin odio, ni dolor.

Volamos aferrados al huracán de ruiseñores, cardenales y petirrojos, deslizando el albedrío entre bordes ocultos, viéndonos a través de su boca que encuentra su final conmigo.

Como hojas sueltas que esparcen su poesía, traducimos anagramas entre idas y partidas, se nos acaban los secretos que dan vida a los comienzos. Soy roca pulida por tus aguas quietas, por tanto tiempo. Se queda el enigma estudiado, se queda porque por más que quiera no puedo, no me alcanza ni el tiempo, ni los números, ni las palabras, ni las manos, la vida misma, no me alcanza para descifrarte por completo, se queda…

El tiempo se me agota desde el día en que nacemos, los sueños limitados por las noches en las velas, pues las mechas no se extienden con la vida y la vida no se gasta en ilusiones, ni deseos o pasiones; camina día con día y toma un sueño a la vez, la vida se me agota en las puertas de lo ajeno ¿Cuáles son tus sueños? Te contaré los míos.

El reloj dejó de su retroceso, pues la vida se vive hacia adelante, pero se entiende hacia atrás, desde que me conociste, desde que te conocí, vivimos en el pasado, el reloj no favorece a nadie y ahora nosotros vamos tan pronto y paciencia no tenemos, ya no, ya no…

¿Será que vuelvo a ti desde algún tiempo lejano? Así nos encontramos, vagando entre memorias, compartiendo las historias de caminos recorridos, de tiempos trazados y personas sin pasado. En un bucle caminamos contra tiempo y distancias, así nos encontramos entre rimas, versos, abrazos y besos de labios desgastados por futuros encontrados.

Tus labios, rieles quebrados a bordo de mis cabellos, gotas gemelas abrazando al fuego yendo de caza. Bordas mis pestañas de flores, secuestras la ruta del olvido, nos condenamos a una idolatría que nada sabe de deidades, desfilamos en puentes flotantes, elevados apenas por alguna palabra. Tienes mis manos, mi esencia enfrascada, tienes permiso de entrar.

Si yo encontrara en mí tu beso, en un ligero sonido entre multitudes de labios, si fuera luz que inmaculada toca tu pupila con la audacia de la ruta de vuelo de las aves nómadas, si no tuviera en el pecho la guerra declarada, si pudiera decirte tanto y siempre, como hoy, que el tiempo cuenta segundos temperados trayéndote en memorias; no tendría que invocar al monarca estelar, a juglares y poetas, todo aquel que alguna vez por una palabra compuesta se cuestionó la vida, a voz de todo y todos quienes han amado, te amo, siempre.

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo, porque fuerte es como la muerte el amor. Soy la tierra y tú el ángel, busco cielo y tu costa; eres la tempestad que inaugura mi ser de mil maneras.

Nada ha sido más grande que tu vuelo, ni nada más telúrico que mi alma abierta para ti; prometí no hacerte daño, sin embargo no te he hecho ningún bien, prometí cuidar de ti y sin embargo hoy te he abandonado, pues he velado por mi propio interés; te prometí amarte libre y no obstante te quise sólo para mí, advierto el egoísmo de mi alma putrefacta que hoy destruye todo lo que toca, como me he dedicado a destruirte en mi mente con los pensamientos que traicionan lo que alguna vez fue lo más sublime de mi existencia.

Ayer suplique tu ayuda mientras la soga ahorcaba mi cuello y tu huidiza presencia no merece reclamo alguno de mi parte, pues hasta el final cumpliste tu palabra y me haces el mejor regalo al escapar de mis caricias… no deseas hacerme daño, no sabes cuidarme, pues apenas y puedes con tu propia existencia.

Me advertiste, que justo en el momento que creyera tenerte, era cuando menos debía confiar en ese hecho aparente, pues no te entregas a nadie, me he formado una imagen y escultura de tu persona y en eso auguré mi mayor pecado.

Ahora la distancia curará a los amantes, que estando cerca solo pudieron separarlos. ¿Volverás? ¿Volveré? No, jamás volveré a ser el mismo, nadie puede… en especial después de haberte conocido. No quiero cerrar la página, pero tú has quemado el libro, algunos crean historias, pero contigo cree mundos, castillos de jade en nubes de plata que hoy se colapsan como meteoros en la superficie de la realidad. Las palabras entre nosotros no significan ya nada, porque significaron todo.

Te veo despegar con las alas que tejimos, levantas el vuelo lejos de mi infierno, infierno al que vuelvo al advertir el destello de tu inmaculada memoria, ángel mío. Ellos se querían, pero no funcionó, ella por cobarde y yo por sentir demasiado Dicen por ahí entre lamentos que el diablo debe ser demasiado optimista si cree poder empeorar a las personas, tal vez Dios es el hipócrita que creyó poder mejorarlas. Tal vez he sido yo el tonto a quien ha vuelto su fe en la humanidad por ventura de haber avistado un ángel de mediana estatura, que a diferencia de otros ángeles que tocan trompetas y arpas, llevaba a sus espaldas una guitarra de singular melodía. Tal vez no es que éstos hayan sido malos días, tal vez sólo han sido días sin ti.

Confío en ti a pesar de todo, algo que resulta imposible de concebir, pues te conozco tan bien y estar contigo se siente como una oportunidad. Yo no sé cuánto tiempo estemos en esta vida tan efímera, pero estoy seguro de que no mucho sin ti.

Soñé que besaba tu pubis blanco, y me aferraba a él bebiendo desesperado del néctar amargo y dulce de tu persona, descubría tus senos y besaba tu cuerpo, me abría paso a través de tu mata y desmarañaba tus secretos, mismo que guardas entre piernas reservado y tímido, como tu temor a la vida, al amor, a ti misma.

Hemos de sanar nuestras heridas, juntos…, eres fría, es cierto, pero te derrites en mis manos y yo en las tuyas. Por momentos siento que me han arrebatado las palabras y no encuentro forma de expresarte la angustia que me provoca esta distancia entre nosotros.

Es como si la distancia misma, me hubiese privado del privilegio de mantener la cercanía de aquella caricia que me representan tus palabras. No sé si te he perdido, aunque dudo encontrar el camino de vuelta hacia tu mano, tu cabello, tus palabras. Me cuesta hilvanar estas breves líneas que las lenguas apresuran desconciertas ante el mundo que antes me hacía sentido.

No soy la persona más expresiva, ni la más cariñosa, pero yo te quiero, te lo digo desde la impotencia de la duda, desde la falta de credibilidad, pero yo te quiero conmigo y te amo a pesar de mí, si te alejas un día, será porque no pudimos encontrar la manera de cumplir nuestras promesas, porque será la única forma en que el otro esté a salvo.

Si ahora estas contemplando una mejor razón, tendré que entender, pero nunca dudes de cuanto te quiero y que estaré para ti mientras me alcance la vida. Entre los seres existen abismos, discontinuidades, que concluyen con tu presencia, me encuentro al pie del laberinto sintiendo el vértigo del acertijo que me provoca tu existencia; sé que sólo a tu lado puedo contemplar el más hermoso amanecer y la más plácida noche ¿Qué soy in ti? Hace poco sentí que se me iba la vida, pero sin ti, se me va la eternidad.

Sabes que de todas las partes, de todas las partes mías, a ti te dieron ese haber de muchos que es ahora solo tuyo y de todos ellos, lo tienes todo del total mío. Y ahora ante la presencia mía, me reprocho la ceguera que me ha impedido ver en la propia angustia que yo sentía al creer que perdería tu persona por el dolor que el pasado cernía sobre ti y sobre mí, mismo que en mis deseos conjuro la simple intención de sanarte y que si en la justa medida de mi intención lograse de este cometido aunque fuese el mínimo del total, no fue por menos el más grande motor de mi existencia toda, aunque solo por un momento fuera, más grande satisfacción no he logrado hallar en ningún otro propósito, por más elevado que este fuera.

No encuentro la forma de disculparme por llegar a creer que mi partida te resultaría indiferente, del cariño que me guardabas dude en más de una ocasión, más noble intención en causa ajena no he logrado hallar, mayor coraje que el tuyo para apartar lo amado en beneficio de aquel y no del tuyo. En cada una de tus caricias y tus besos encontré un puente para eludir el despeñadero, un trecho que dude en cruzar, no por la ausencia de sentido o de valor, sino porque decías no poder sentir las mías; si aquel puente me llevaba a algún otro destino que no fuera a tu lado, no era mi deseo cruzarlo y sé que sólo tu podrías entender esa angustia que se percibe al sentir que no se puede hacer nada por el ser amado. Perdóname mi amor…

Ya eres mío y yo tuya, me colonizó cada detalle de ti. No importa nada, puede que te vayas de nuevo y también lo haga yo, puede que en África conozcas a alguien que te demande todo el tiempo y el cariño, pero yo seré tu nido, tu hogar, tu familia.

Ya eres más que todo eso…

Te espero cuando la noche se haga día, entre suspiros y esperanzas perdidas.

No creo que vengas, lo sé; sé que la distancia te hiere, sé que las noches son más frías, creo saber todo de ti, aunque tarde fue que supe, que debí dedicarme a quererte y no a amarte, amarte en el sentido que entienden los amantes.

Mi querida hermanita, te espero a ver el cielo de noche, contemplando aquellas luces entre besos que marcaban inicios y nacimientos. Sabes que nunca quise ofenderte, no esperaba soñar con quererte o sentirme así.

Dicen por ahí que perdonar es restaurar, aunque en pequeña escala parezca; la historia de las personas, sin duda historia mundial, es historia mundial. Cosa cualquiera que hace el hombre y la mujer, aunque en secreto fuera, a la humanidad completa modela.

Asomaba a sus ojos una lágrima y en mis labios una frase sostenía: perdón…, habló el orgullo y callo el llanto; pensamos en nuestro amor mutuo; dulce caos me resulta tu ira, que ahora en llanto se convierte y en sinceridad se traduce.

Una vez dijiste que el cuerpo busca auto preservarse que no estaría dispuesto a morir por otro, ¿Qué tal por ti? Bebí del más dulce veneno, no a la necesidad mía, sino a la salud tuya, solo contigo bebía, poco a poco natural se volvió pensar la muerte a tu lado, mientras tu voz resonara en los susurros mudos de la muerte, en tanto fuera a tu lado, sólo así la muerte sería hermosa, si tan dulce fuera como tus besos, tu voz, tu presencia o tu caos.

Un tatuaje sugeriste, como prueba de nuestra hermandad, pero la sangre de mi cuerpo derramé, y de tinta sirvió para hacer 100 retratos, 100 canciones, 100 compromisos y aun así, la vida me quedó corta para plasmar todo lo que representaste.

Te amo, esa es mi maldición, mi condena y mi más grande bendición. Viéndome al espejo detuve el reproche, frene las mentiras, frene el deseo y recobré el amor a tu libertad, la amistad a tu valor, la pasión a tu caos, símbolo mismo de nuestra hermandad; pararon los reproches y reclamos, las falsas promesas y sólo quedó aquel absoluto compromiso; cuidar el uno del otro, sin hacernos daño de nuevo, más que para masticar nuestro corazón cuando el tiempo lo requiera y la motivación lo demande, a razón de mejorar al otro, hasta llevarnos mutuamente hasta la cúspide…

Cuando todas las luces se apagan, sabes que yo permanezco, constante, eterno, inmutable, perpetuo en algo más que la memoria, algo más que el pasado, algo más que las historias, permanezco allí donde me requieres y me invocas, soy el que está, el que no se va. Invariablemente y a pesar de todo, a pesar de mí, estoy ahí, cuando lo necesitas, cuando me llamas, cuando simplemente duele demasiado y no encuentras venda, fomento o medicina que tu dolor calme y responda al silencio que otros en tu presencia han guardado.

Te amo a pesar de mí y eso es algo que por más tiempo que transite, el tiempo no podrá cambiar. Hablas mi idioma con tan solo ver mi rostro, lees mis sueños y en tinta los plasmas, las cuerdas vibran, los tonos se elevan, una canción que la ligereza de las plumas nuestras almas remontan, indagamos las dudas y su origen, donde el corazón se esconde, entre cada difícil respuesta que nos arrastra lejos del mar, aquel mundo al que pertenecemos.

Eres el laberinto de una rosa, un anagrama que quiero desglosar por completo y que a pesar de todo, de mis habilidades y complejidades, llevaría no menos de una vida llegar a conocer apenas una décima del total de tu estrofa.

Y aún si te encontrara por primera vez aquí, siempre sabría cómo te ves. Para llegar a la ciudad bendita de tu nombre hay que cruzar una gran montaña a caballo durante 7 días y al llegar a la cúspide cuidarse de no quedar eternamente anonadado al advertir el pináculo de Jade tallado a mano por maestros artesanos, autores del indescifrable diseño, el cual se rumora llevo no poco tiempo realizar, apenas 26 siglos serían suficientes para completar tan exquisito diseño.

Quien por Ventura sobreviviera la travesía del esplendoroso titán, ha de cruzar ahora 2 puentes de prodigiosa envergadura, pavimentados del más colorido ópalo y adornados a todo levante con flameantes estandartes con la trama e historia que dan forma a los deseos de la humanidad, y es propio de tales puentes que quien llega tiene el honor de cruzarlos, o bien su majestuosa empresa no logran borrar de él recuerdo alguno de todo cuanto alguna vez creyó ser más hermoso o es borrado completamente y vuelve a ser un niño gozoso de la eterna alegría.

A no menos de ochenta millas al viento maestral, el viajero habrá de encontrar 2 grandes torres custodiadas por feroces tigres con zarpas de oro, curiosa extravagancia de brillantes ingenieros al crear cruces perfectas de blanca perla las cuales, al estar expuestas a la luna, danzan sobre si mismas cual si fueran las hélices o las aspas del más soberbio molino, del cual rumoran los viajeros resulta la razón por la cual es tan difícil cruzar camino por coincidencia con tan sublime ciudad, puesto que por las noches la función de tales molinos es elevar la ciudad por encima de las nubes y trasladarla entre los sueños de los más grandes aventureros, y se rumora no en vano, que es también la razón y origen que fundaron las historias de aquellos castillos en el cielo…

Finalmente, y no menos esplendorosos resultan los dos laberintos confirmados de vastos y elaborados jardines que se espejean en lagunas azules; el viajero que pisa tales jardines no puede evitar preguntarse si su suculento diseño ha sido el producto de un hechizo o solo un capricho, pues quien logra cruzar el entramado laberinto sorprende un lago con casas todas de galerías de alabastro una sobre otra y calles altas que que asoman al agua como un espejo que refleja toda la ciudad, de modo que cada uno de sus puntos se reflejará en  espejos los parapetos de balaustres, hechos todos de diamante cortado, bordado con escultural sílice y plata por pavimento.

Recorrer este sublime paraje hace honor a cada letra de tu nombre, desde el inicio de la jornada que inicia en la

Montaña (A) cruzando aquellos soberbios puentes (NN), tus sublimes torres custodiadas por fieros y elegantes guerreros (TT) hasta la última Magnolia de tus 2 laberintos (EE), la ciudad de Annette…

Tu pecho se encuentra cargado de todos los corazones, y todos los corazones que sangrando se desbordan en tu cuerpo como rios Amazonas.

Y entre tantos corazones no hay más que un solo sentimiento, que aún si algún “algo” adverso separa, el objeto del amor no altera.

Sangre hermana, hija, diosa y madre que al mundo alimentas en tu regazo amoroso fiel y sincero a su causa noble, que a la mente de locuras borras y de problemas disipas, en tu sagrada palabra que las dificultades supera y que en su presencia la luz encarna al rincón remoto donde la oscuridad era lo único existente.

Eres cruel con la noche, me hieres con la facilidad de un juego de rayuela, para abrir mi corazón y descarnar de mis entrañas el más putrefacto de los recuerdos, que con facilidad semejante tomas entre tus manos y lo despedazas, me desarmas, sosteniendo la más dulce sonrisa que de tu fuerza y carácter desprenden, la inocencia de una niña.

Abres todas mis heridas, extirpas el veneno, y con suavidad entierras la aguja cerrando puntada a puntada, las aperturas de mi carne hermana. Así me enseñaste a sanar, a tu manera, a tu maldita y brillante manera, a tu servicio está mi alma, hilvanado está el destino, pues donde vayas iré, donde mires miraré; la mano que guía, que enseña, que instruye, que acaricia, que sana.

Es tanto lo que a tu existencia debo, que una existencia al cuerpo mío se ha dado, para seguir tus pasos, en el camino que más odio, porque te odio a cada paso que das, te odio, te temo, te admiro y te amo. 7 años han caminado en principio y semejanza, que de la condición cumplen ninguna expectativa, condición alguna limitante pues, que de la vida entienden, no hay condiciones, solo vida, solo muerte.

¿Quién mantendría en trece una vida por delante? ¿quién la constataría? ¿Algún testigo a esta vida tan agreste? Tengo miedo, miedo de no lograr el paradero de tu encuentro alcanzar, sólo por estar contigo, aún en el temor a decepcionarte, a perder una vez aquello que no fue jamás mío, pues lo fuiste todo, tan cerca, lo más hermoso, lo más doloroso.

Algunas personas son veneno, tu eres medicina, la ventana a través de la cortina, por la cual veo el mundo en la paz que busco, y paz encuentro en ti, llevas pues mi esperanza contigo de una humanidad feliz, luciendo como diamante entorno a tu corazón.

Me enseñaste que difícil no fue sinónimo de imposible, sino adjetivo del trabajo duro para conseguir de lo mejor el mejor mío de lo que puedo ser; eres como la palabra de Dios que en el círculo de los 7 espíritus se encuentra, como un corazón que pronto llena el espacio abarcando micro y macrocosmos.

Hermosa eres en la arquitectura de tu caos y no sólo en la forma en que te ves. Hermosa es tu palabra, la forma en que amas, la forma en que ríes, la forma en que lloras, que sientes, que me haces sentir.

Hermosa por tu fuerza, tu valía, tu temor, pues sabes de la honestidad, de la vulnerabilidad que en ti es todo excepto débil.

Hermosa por no temer ser tú misma, hermosa por dar a otros el coraje de ser los mismos que sí mismos, cuando la vida se encuentra cara a cara a la carencia del sentido.

Tus palabras son el rayo de luz que ilumina mi existencia; contigo he compartido las lágrimas que tú tomas y haces de ellas la lluvia que riega los prados de mi existencia, un árbol que crece entre cenizas de una Tierra árida, carcomida por las infatigables flamas del dolor, el miedo y la deshonestidad.

Tu mano siempre abierta en generosa voluntad ofrece piadosa la ayuda de los ángeles sin alas, el corazón sincero de estoica leyenda, apenas narrada en las proezas de los sueños más desesperados de la humanidad por encontrar la salvación a su propia barbarie, postrada suplicante de entendimiento sincero a sus propios temores y debilidades, del valor supremo a cambiar sus calumnias y mentiras, por verdades y caricias.

Las respuestas ofreces en los caminos trazados, de la senda del amor incondicional, diáfano es el ejemplo que profesas de palabras sin discurso, acciones sin promesas, confianza sin contratos, amores sin mentiras.

Masticabas mi corazón sin temor, sin miramientos, así me lo entregabas, desecho. Así a masticarlo me incitabas y juntos lo destrozamos por completo, todo de mí. Con extrañeza la sonrisa esbozabas en tus labios, y claro no sería hasta verlo vomitado sorprendiendo la rosa de papel de tus palabras escritas, que de sus pétalos formaba el paraíso, del cual tú fuiste la primera.

Recuerdo haber sido mecido en los brazos de la Tierra, cuando razones no tenía para amarme, de la razón carecía, mis pensamientos no existían, era pues incondicional. La razón intervino, el odio emergió, ella me siguió amando, pero yo a la vida no.

Quitarme la vida quise en tu ausencia, me tomaste entre tus brazos aun conociendo mi caos, aun conociendo las razones, a pesar de todo, me amaste.

De la niebla surges entre los sueños, bañas mi rostro con preciosos besos, tus lágrimas son perlas sinceras cuya riqueza del mal me rescata, porque cada carácter un placer aguarda,
cuya alegría a las demás excede, aunque estas no me alcanzan para distinguir aquello mejor que las pronuncia. En ti la correcta proporción del amor, la correcta proporción de la luz que se pronuncia en el arenoso rumor de la espuma como testigo a mi vida que centella en el color turquesa Del Mar, cuando a él te asomas para refrescar tus pies en mis aguas.

Transparente es tu respiración, nítidas tus palabras como fiel reflejo de las olas al deslizarse sobre su propia agitación, dóciles a la ternura, la suave cadencia de la metamorfosis. Donde hubo tempestad habrá paz, en el mismo océano donde perdiste la sed, resucitarás.

Hermana ha sido tu nombre antes del nombre que es tu nombre, y el apellido las andanzas conjuradas a ventura de lo incierto. El barco de nubes blanquecinas tiene por timón la razón, por navegante la pasión y galardonado de aventura el Capitán.

El cofre roto que he llevado por memoria, ha sido resarcido en manos del maestro artesano, fue labrado entre tus manos la pieza única de nuestro destino. Un tesoro de refulgente carmín se ha cobijado en el corazón entre plumas, danzas y canciones de ardoroso tizón, las piedras púrpuras.

El agua que baña la tierra, como el aliento carmesí sana nuestros cuerpos y las destellantes chispas de amarga mezcalina en la piel se han clavado. Hermana, hermana, que tu viaje sea grato y el suelo suave a tu pie descalzo, el sueño andino de alabastro sea tallado hábilmente por tus manos.

Diestra arquitecta de las palabras, de las palabras exactas, la sonrisa perfecta, mirada pícara y risa airada.

Eres un sueño pleno a Dalí, un fiero trazo a Picazo, promesa digna a Huerta y compromiso justo a Zapata. Tu nombre es hermana de apellido amiga, tu profesión compañera, tu especialidad absoluta, querida seas pues al oficio del más fiel y amado verso.

Contigo quiero montas los caballos que en las montañas rojizas del corazón se encuentran, cabalgar hasta el fin del mundo sin mirar atrás, aunque el mundo entero nos persiga… aunque locura en nuestro nombre se pronuncia, Bonnie y Clyde envidia sentirán, de la leyenda que nuestra aventura aguarda.

Contigo despierta el sexto sentido, como agua que sacia, levantas así tu falda, abres tu blusa y me aferro a tus senos, pues devoto soy de tu pubis blanco, de tus labios de arena amargo, aliento de mar. Tus manos las caricias de Venus que mi cuerpo recorren como el ave nómada que advierte el inicio del verano y tu cuerpo es diosa donde el alba baila.

Cabalgo tu cuerpo tembloroso, no existe impureza entre nosotros, para besarte escapo al templo sagrado que es mi santuario, eres rojo y azul como el cielo o el mar, la más hermosa escena vitral.

Mañana lloverán semillas y floreceremos cantos; el árbol no prueba la dulzura de su propia fruta, el río no bebe de sus propias aguas y las nubes no llueven sobre sí mismas, pues lo mejor de nosotros es para aquel amado otro. Eres como el mar que en todo lo vivo se encuentra, la perfecta historia del amor imposible entre el cielo y la tierra; todo lo que veo, todo lo que escribo, todo lo que toco, todo lo que sueño, tu eres las palabras que llenan las hojas mías.

El solo pensamiento de tu persona provoca a la imaginación recrear el edén, del cual tu eres mi crayón azul, del cual jamás tengo suficiente, por ser el que uso para pintar el cielo. ¿Cuál es la diferencia, preguntas, entre el alma gemela, el alma hermana y el amor de nuestra vida? Una resulta de nuestra elección y tu perteneces al primer orden…

Espere pacientemente, como el invierno espera a la primavera, de forma tan esperanzadora como una flor de cerezo que florece sobre el agua, para advertir en tu llegada la luz del sol empujando sus dedos dorados por encima de la bruma.

Es cada día, cada momento en el que esperé besar tu rostro de nuevo, sin aliento me dejabas y hasta la vida se me iba; mi más grande tormento, pues entre el corazón y la arteria, te encontrabas tú, entre el respiro y el pulmón. Aún no estoy seguro de la diferencia.

La poesía para mí, es el arte de sentir todo de ti, aun cuando tocarte me sea prohibido y tocarte sea lo absoluto; así escribo por las noches, porque todo se reducía al pensamiento que añoraba entre el día y el sueño, donde el corazón se encuentra, en la última persona que la mente recuerda antes de morir, aquella con la que deseas ir a dormir…

Telepatía entre los corazones, un alma sabia y antigua que es ancla en el más agitado océano, el último aliento entre la vida y la muerte, el único más amado.

¿Qué es para siempre después de todo, sino un momento contigo? Quiero estar cerca de ti, para sentir el latido de tu corazón, contra el mío, hasta no saber distinguir cual de ambos es el propio, pues suenan como uno y el mismo, como lo es con los poemas que son todos la historia sólo tuya, pues todos hablan de ti y mi vida es poesía.

Sé que caerás mi amor, pero te prometo que yo me encontraré donde tu aterrices, eres la persona por quien rezo en silencio y sinceramente mi única razón para rezar, sin que tú lo sepas, abandoné la razón para cambiarla por la forma más sagrada de respeto y amor.

Sólo soy una estrella en el cielo, tratando de darte una veta de luz en la oscuridad que sufres, pero contigo, por ti, puedo ser el sol, ser tu noche y tu día para poder vivir entre el espacio que te desea el mejor de los días y la más dulce noche, para que siempre puedas encontrarme, para hacerle el amor a tu alma, desvistiendo tus pensamientos, descubriendo tus verdades desnudas, besando y trazando cada emoción entre herida y cicatriz, acariciando el corazón, cuidadosamente para no romperlo como algún otro.

Quiero dormir contigo, penetrando tu pecho, resguardándote del frío que la soledad de tu cuello ha helado, calentando las palabras entre besos y dejando las nubes al aire correr libre entre estaciones y montañas, para la llanura del corazón en un prado de girasoles, que te cuiden y resguarden en tu andar por el cielo… No te vas para siempre amor, sólo hasta que la existencia nos permita ser uno de nuevo, el tiempo de Dios es perfecto.

Flores acústicas al círculo viviente Vida sublime al coro armonía Historias compuestas de días sin luna.

Danzas de océanos y pasiones reverberan tu nombre.

¿Dónde has ido? Princesa trovadora La sonrisa del cielo viaja baja y se posa en el horizonte baja y en las aguas se hunde se hunde y renace.

Renace la sonrisa y su mirada vuelve a brillar. Y así siempre, y así nunca. Así ahora.

Yo nací puente para cruzar abismos Labrar historias de mano artesana. Cortar silencios y unir canciones. Hilvanar las leyendas de héroes lejanos. De hechizos perdidos y rituales olvidados.

A tus rizos traviesos que sonríen tu mirada Dedico las canciones de las notas conjuradas. En el día tu puente de algarabía En la noche tus latidos por sinfonía Huellas descalzas del camino incierto.

Huellas del mundo que figuraba muerto Resucitan de su agonía Un rumor acaricia los portales. Del santuario todavía. Fotos falsas de un recuerdo extraviado. El mapa era yo mismo y lo he matado.

La sombra suplanta la figura La muerte fresca de tu melodía La guitarra despide el último lamento.

Hoy desperté envuelto en llanto. Los vientos tus canciones han callado Un reloj no dice la verdad Las risas de niños invisibles Habitan las esquinas como sombras Como el tic tac de mi corazón roto.

Aúllo tan sólo ante tu presencia pues me sacrifica tu oscura mirada; apareces ante mí con astucia y con frágil sutileza amada.

Temo tu danza cada noche pues me convierte en tu esclavo sin engaño, me hundo en la marea que provocas me libero, fugitivo, de mi cuerpo sin pureza, sin hastío, sin reclamo.

Eres lo que espero cada día pues cual droga tu brillo me provoca; tan lejana y tan presente te apareces que el susurro de tu canto me enloquece. ¿Cómo he de huir de aquello que adoro? ¿Cómo he de amar aquello que temo? Mas sueño con el desvelo de tu historia y con tu herencia de celestial procedencia.

Y yo, mundano cuerpo que te desea en el abismo de la inocencia me pierdo y con los ojos en alto busco regresar a la hipnosis de tu encanto, al sacrificio de mi piel. Pues aúllo tan sólo ante tu presencia y vivo y siento ante tu oscura mirada, apareces en mis sueños con astucia y con frágil sutileza.

Tú piel silvestres de blanca ambrosía entre pinos y abetos que entonan poesía lucero armonía de lobos salvajes.

Aullidos de Luna Ardientes plegarias anhelan el retorno. La Niña amada que al cielo llora. Llaman las flores benditas su nombre de anillos de fuego se trazan los lazos.

Escucha el silencio, tinieblas del decir, que cuestiona el vacío desvanece el porvenir. Gran misterio a flores rojas Círculo de fuego al son del universo Océanos de viento a las plumas sagradas. Rezos y cantos anhelan la llegada Carta y canto poderoso Wakan Tanka

El centro de todos mis centros te convertiste, no hubo poema que no versara en tu nombre, ni novela que el sentir de tu mano no describiera. Dibujo que no trazará y escultura que no formar pronunciándose en tu nombre

El cuento no es largo, juntar nuestras vidas fue de mi deseo primero, aunque de el plan último. Se fue haciendo más el daño del que pudimos reparar. Siempre tuviste una gran facilidad para herirme y romperme el corazón y de igual forma lo permitía, solo para saber qué clase de nuevo mosaico crearíamos juntos, como un nuevo vitral con nuevas luces, formas y dimensiones

Pero al final, el polvo resultó de tal suerte tan amorfo, que resultó imposible unir lo que estaba más que destruido. No estoy buscando aventuras a razón de olvidar el pasado que hoy constituye mi presente, pues refiero dar la cara al claro desengaño, dejarle el nombre y darle espacio.

Busco lo que todo ser humano busca, aunque soy de la idea que no importa dónde se le busque, pues es como dicen los indios. Si uno no sabe quién es, se vuelve tan reconfigurable como lo sería una gota de agua a la laguna, que apenas con su impacto modifica la imagen apenas un poco y olvida su nombre. No es justo hacerse eso a uno mismo, ni a los demás.

Sería la fortuna misma de aquella violencia a nuestra persona que la transgrede y la hace objeto. Un objeto incomunicable que sirve a razón de deseo.

Compartimos efectos comunes a la necesidad del afecto, la comprensión o incluso el silencio. Entre un ser y otro ser hay un abismo, hay discontinuidad. Lo único que podemos hacer es sentir en común el vértigo del abismo. Puede fascinarnos tanto como la imagen de la muerte. Escribir es un proceso que se realiza desde la soledad, una soledad comunicable, por eso es que el escritor se aísla, eso dicen, aunque curiosamente comunicando desde su aislamiento un silencio necesario incluso entre sus seres más amados.

Y por lo amado se escribe, se siente, se pronuncia y suscribe a la esfera de los sentimientos que requieren la exclusión de la inmediatez. Eso creo, pues es la razón misma por la que escribo. Al final todos descubrimos quién es falso y quién real, y quién lo arriesgará todo… allí estaré, allí me encontrarás, pues el vientre de una estrella dio la luz irrevocable, blanca y perla, antes de ser nada ya era todo y era amor, y antes de ser vida, naturalmente era.

Un bebé gatea a plena consciencia del miedo, se levanta y en hombre se ha convertido, las palabras ha perdonado, los errores ha trazado, y sus acciones corregido, pues la vida no juzga, aprende, crece y asciende, acontece como el mismo, como proyecto, como artista, como héroe.

Te quiero hermanita, eso no cambiará, pero has de saber que pronto me buscarás y no me encontrarás… soy tu hermano, pero no el que conociste, no el que encontrarás…

El yugo del rencor ya no acepto, la correa del amor no acaparó, de tu cariño no dependo, pues te amo, eso no cambiará, el éxito encontraremos y los mejores hermanos finalmente seremos.

Discúlpame, pues entre las taras más difíciles a las cuales no he encontrado la forma del correcto proceder, ha sido aquella de silenciar mis pensamientos. En ocasiones el presente puede ser la llaga misma. Ya puedes adivinar qué fue exactamente lo que apartó a aquella mujer de mí…

El amor es simple

Pero yo lo compliqué

Por pensar demasiado

Y eso es lo que me tiene, aun así

Pues no dejo de pensar…

De ese modo emprendí el viaje que ha durado no menos de 25 años, desde que conocí aquel primer amor de mi vida y vida se llamaba, luz era su apellido; el coro de gritos y latidos que mi madre conjuraba en la rosa negra del cielo de aquel día 11 de julio del año 91. El sol negro que en el firmamento se erigía, como la torre negra que un nuevo comienzo auguraba, inicio y fin del ciclo, de tristeza y cambio, de cambio y luz, de oscuridad y de vida.

En la calurosa estación que el tren tormenta traslada, que viene y va, va y viene en las voces que al mundo bañan con besos húmedos bañando la Tierra, traen incontables nacimientos tan innumerables como los besos mismos.

Aunque al mundo duele su propia contradicción, de amor se llena, aunque carga su dolor, su odio; seguiré amando al mundo a pesar de sus mentiras, a pesar de su violencia, a pesar de sus caricias.

El cielo no siente su soledad, en la distancia de la tierra, pues las cascadas riegan con sus lágrimas los campos que baña con su semen, para lavar sus tristezas, para nacer su amor.

Así fuimos limpiando el espejo, removiendo la suciedad del dolor que lo había opacado, para así ver nuestro mutuo reflejo.

En el centro del centro de todos los centros, que destruido se encontraba, amar el infierno que nos llevaría al cielo, pues éste no ardía, aunque inflamaba en lo profundo. Un plan, más bien locura, más una utopía donde lo único somos, aquello que no encaja.

Una a una hilvanamos las palabras, remendando las alas perdidas de los corazones rotos, curando las heridas de tiempos remotos y las aves de sueños que a las pesadillas escaparon.

Un mosaico del polvo has creado, no tengo a esto respuesta, el llanto nuestro, las lágrimas que tu corazón he dedicado, como el acto más íntimo que mi cuerpo conoce, que con nadie antes había compartido, aunque vergüenza sentía de confesarlas en tu nombre, pues debilidad y torpeza anunciaban, la ausencia del guerrero clamaban.

Tus lágrimas me cautivaron, aunque pocas fueron las veces que llorar te vi, aún frente el más evidente de los peligros, siempre alegre, siempre sonriente te mostraste, siembre indiferente al temor que te daba la vida o la muerte misma, alegre siempre eras frente al más grande desafío. ¿Cómo no me iba a enamorar de ti? ¿Cómo fui tan tonto para dejarte ir?

Mi torpeza, mató aquel acto íntimo, cuando en la cobardía comencé a refugiarme, de no ser tan fiero como tú, de no ser tan valiente como tú, el acto tan nuestro dónde ambos nos construíamos desde el miedo, desde la fragilidad, desde el influjo de innúmero futuro de los tiempos y el olvido.

Los reflejos del mundo en tus ojos trazados por la inadvertida presencia de tanta realidad que ciegos a los ciegos dejó. Tanta realidad en tu ser al mundo reflejaba, del daño provocado a la persona amada, el espejo del alma arrojado al mundo, en aquel sueño donde el infinito muro de cristal se resquebraja en los pedazos que de sí mismo se conforma.

Así tomaste uno a uno los pedazos que mis entrañas desgarraron en las afiladas puntas de la conciencia que la ilusión había perdido en tanta destrucción.

En las playas te busco, con plegarias que una a una articulo al viento, al sol, al mar, a las aves, hasta hacer la carta cruzar el umbral por virtud celeste, que la noche sea blanda, nuestra tristeza pasajera frente a esta suerte tan agreste.

Permaneciste cuando otros abandonaron, confiaste cuando nadie más creyó, perdonaste cuando nadie entendió, supiste ver lo que otros ignoraron y decir las cosas que ni yo me atreví a pronunciar, el espejo tú eres, la vida y mi salvación.

Extraño tu juventud, aquellos momentos en la presencia de la inocencia de tu rudeza, socarrona y amargamente jovial, tu risa franca y herida, el dolor que habría de enamorar el cielo, el ciclo fraternal.

Aún recuerdo aquella noche en la que me penetraste con tu dulzura, a pesar de tu rudeza, tu fuerza que me haría levantar la guardia, sería tu sonrisa y ligereza lo que me desarmó.

Extraño tus manos, la nítida furia con la que se ilumina tu rostro frente a al claro desengaño y abuso de la vida presente en la deshonestidad que ya escapara mi boca o se revelara en la imagen mundana de la cotidianidad.

Extraño las frases cortas, los fortines construidos para abolir el torrente de mis emociones, pues todo era antiguo e inocente en ti, todo era astral, todo era universal, todo era magia y era caos y razón. Eras un niño doliente, la marca que anunciaba la llegada de las lluvias que habrían de sanar la tierra de la eterna sequía y la abrumadora estrella árida.

La luz que una vez fuera quieta, inerme y muerta en mí, se volvió la suave luz de una cálida vela, la vela frente a la cual rezaría en comunión con la existencia a fin de hallar el modo de devolverle la sonrisa a tu mirada.

Me enseñaste que la realidad de una noche, y no se diga la de toda una vida, no puede ser toda la verdad, la oscuridad en la que creía estar perdido, sin ti, sin el mapa, sin un compás donde la tierra se siente como el más solitario de los desiertos, donde tú eras todo el mar, pero me enseñaste a usar mi corazón como brújula y mi cuerpo fue el compás, mi cabeza mediando el ritmo, la dirección y el verso que habría de forjar mi propio destino.

Abril es el mes en el que se levantó más alta que los muros de la inconsciencia para renovar su voluntad.

Sólo ballenas le faltaron para hacer de ella misma otro mar, para descender por sus cordilleras las lluvias en la sierra de sus senos y el mana del cielo que habría de alimentar, dar sed y amor al mundo entero.

He visto las lluvias grises ser levantadas por olas en sus suaves brazos acribillados por traiciones y desamores, para no ser cazada por la piedra tendida que desata su furia sin empapar la sangre.

“No te rindas, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y enmudezca el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya propia y lo es también tuyo el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento. No te derrumbes en esta matanza de esperanzas y sueños, que el amor real se vive, no se escribe, ni se habla, ni se sueña, y si ha de existir pues algún derrumbe previsto, suelta todo por todo, que el éxito no es de todos, sino de quien lo quiere, de quien lo busca y lo alcanza, a pesar de todo”.

“Lo que la noche se ha llevado, el día lo devolverá, la pluma del halcón dorado volverá y el ángel una vez más se levantará…” “Lo creo…”

Mi tristeza sólo tuvo un sentido, de la víctima me hice yo un universo, sufrimiento era pues el único sentido humano, todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y sufría de sufrir, pero gozaba sufriendo este sentir, que de no sentir extraviado me creería, pues yo no estaba destinado a ser feliz.

Hasta aquí había hecho y deshecho mis trayectos contigo, hasta aquí el sentir, el sentimiento se me figuraban la verdad, pero tu encontraste la manera, una manera tierna, a la vez implacable de desahuciar los sentimientos, los deseos, las emociones y los que fueran antes mis sentires con un solo pronóstico los derrumbaste, los arrancaste y despojaste de tus suburbios, sin que el aire nocturno lo advirtiera, donde antes se anidaba en mi ser una inamovible penumbra, tu figuraste elemento suficiente para transmutar musgo y tierra en oro.

Un experto en ti quise volverme, para saber escucharte, para saber sentirte, para saber callar y acompañarte cuando lo necesitaras, para saber apoyarte y arroparte con el aliento del abrazo fraternal, saber apartarme y esperar cuando tus heridas necesitaras sanar, en resumidas cuentas, saber amarte a la medida que tu persona merece y necesita, ni más ni menos, sólo tú, ninguna otra, sólo tú…

Tu universo es el aire vacío, el cielo estrellado, el mar de una playa virgen en la que el todo tú es el risco abismal de inhóspitas profundidades dónde aguarda el mausoleo de reyes que el mundo jamás ha conocido, las montañas de perla y jade que la arena en sus secretos ha resguardado y eres la arena misma, la espuma, los peces, las algas, el coral, la sal, el viento, las nubes, los despojos, el silencio, las olas y su canto, la luz, la humedad, las palmeras, la hierba, los moluscos, el fitoplancton. En medio de ti a tu canción me entrego, pues soy la playa sin nombre, la playa que sólo es en ti la correcta proporción de lo que se ha de pronunciar en el arenoso rumor de la espuma como testigo a mi vida que centella en el color turquesa del mar, cuando a él te asomas para refrescar tus pies en mis aguas.

Transparente es tu respiración, nítidas tus palabras como fiel reflejo de las olas al deslizarse sobre su propia agitación, dóciles a la ternura, la suave cadencia de la metamorfosis. Donde hubo tempestad habrá paz, en el mismo océano donde perdiste la sed, resucitarás.

En terreno seco vi erigirse sobre altísimos pilotes, remendando el corazón desangrado de héroes desconocidos o simplemente olvidados, el orden que nunca obedeció la necesidad suya, pues vivía por los demás, indescifrable lógica la suya que anteponía siempre el bienestar ajeno al propio, y es por ello que si me pidieran que describiera la felicidad, imaginaría una ciudad no muy diferente de aquella en la que hoy vivo, con largas avenidas de irrefrenable tránsito, con mugre y aceite, con gritos y penas de un dolor intrazable, dónde tormentas ácidas secan la tierra y matan las flores, donde la gente alucina con extrañas y banas substancias para viajar a mundos invisibles a fin de olvidar el suyo propio, pero conservando la única e indispensable presencia de aquella presencia única, aquella persona que belleza encuentra en el caos y así reflorece la tierra, ablanda corazones y crea mariposas.

Sin ella, la ciudad entera, serían ya no más que paredes, paredes en las que viviría encerrado, encerrado en mí, en paredes de hueso y carne, encerrado en deseos y pensamientos, indiferente a los latidos, simplemente surcado por ríos de sangre fría que descripción del mundo imposible le resultaría; el sol serían cuchilladas doradas taladrando mis ojos, una boca muda e inexpresiva, unas manos incapaces de crear o construir, y desde la finitud trataría de atrapar el infinito.

Dos oídos sordos a las mañanas y al ventarrón que se pronuncia entre los árboles como un mar, que frente a su magna presencia moriría de miedo al simple roce de su remembranza.

Efímero, pero contundente me resultaría el paso del tiempo viviendo entre las capas de mi piel que aún desnuda serviría de cubierta, de máscara, de cobija para la visita de la soledad que con sus caricias frías y lacerantes se resguarda en mi cama, y pretendiendo al infortunio mío abrigarle rostro y forma, formaría   una cuchara con su cuerpo que me dejaría así en la más despreciable figura del abandono, sus caricias son fantasmas y su sola memoria mi espectro de las personas que alguna vez amé, de las personas que jamás me amaron.

Apenas la imagen de una mano desnuda, el sabor de alguna boca, los ojos que con su dulce mirada me miraban fijos al despertar y el ruido quebrado de los “te quiero, te amo” y el ahora marchito horizonte que antes fuera brillante.

Vida eres de cosas inciertas, las cosas pequeñas que hacen que el mundo tengan sentido, incluso en el espejo me parece inventar el pasado, mis días, mis minutos, mis años y segundos, pedazos de susurros y retazos de anhelos, las alas vaporosas de un cumplido, evanescente hilachudo de pecado, el esqueleto disecado de mis deseos y el rechinido centellante de tu mirada.

Tú no lo crees y yo dejo de creerlo, cubro el espejo con la frondosa manta de la razón, busco en todas partes de la habitación alguna nota que de causa o pista alguna de tu ausencia o tu paradero, marca alguna y remanente de tu persona, pero de la ausencia ningún sentido se desprende que me figurara extraña, pues no eres así, ni justificaciones o excusas necesitaste, pues jamás las necesitaste para ser y hacer lo que sea, mismo si dejarás de ser o hacer, he vivido conmigo mismo una vida y un año debió ser insoportable… extraño muchas cosas, tu abrazo, el aroma a café y madera al besarte, la tenue luz al costado de la cama al abrazarte, muchas cosas, pero no a mí, déjame morir…

Tantas tareas inconclusas, tantas aventuras no empezadas, tantos minutos absurdamente encadenados, pues el demonio angelical gris claro que las plumas antes recogiera de palomas y pichones para tejer tus alas antes de que volaras lejos de mí…. Me pregunto si en realidad son tuyos los insultos y las dudas, el odio y el rencor, si tu propósito en la vida es hallar el propósito, si tu camino es empresa o es ánimo de aventura, si la aventura busca el encuentro o sólo aventura nuevas búsquedas, la búsqueda por el encuentro o el encuentro por la búsqueda.

Tus brazos fueron mi lugar favorito, al cual corría para resguardarme del frío de la existencia, de la violencia escapar ¿Haré lo correcto? Escapar no figura aventura, no figura nada, sentido o dirección alguna en cualesquiera de aquellos ciegos que sabrán donde mirar, mirar sea pues la labor experta del ojo incrédulo que necesita tocar el lienzo para saber si la imagen es real, del silencio atrapado en conversaciones banales, y de las lágrimas no lloradas a razón del orgullo. ¡ESCUCHAME BIEN! ¡TE ODIO! ¡TE ODIO POR HABER SIDO LO MÁS AMADO Y LO MÁS IMPORTANTE…! ¡TE AMO…!

En sosegadas lluvias estivales que mojan los tejados de los poetas, las lágrimas esparcen los sueños, extraños secretos de nuestras más profundas y enterradas angustias y temores; al despejarse el cielo, las estrellas cuentan narraciones de arcaica procedencia y los relatos acuden en tropella para cantar un millón de maravillas y proezas de personas que alguna vez fueran absolutas y completas, el eterno retorno a la inocencia es el nuevo cantar de esta era inmersa en el vacío.

Aprendo a saborear el ritmo de los océanos, la risa de las estrellas, la solidaridad, compañía e incondicional amor de un perro, la llegada de la primavera o del invierno; la tierra será el hogar perfecto de seres mortales o inmortales; tú su madre que tan brillante como la luna sales a bailar desnuda entre los pliegues de la oscuridad, sin importarte la envidia de los humanos.

Desde la orilla, tú mi musa, mi diosa asomas la mirada al infinito, aún me siento huérfano, pese a la promesa de mi silencio, aguardando las preguntas a un tiempo oportuno, comienzo a juntar los pedazos resquebrajados del día de cristal que frente a mí ha roto en un llanto de melancolía, donde tu suave mano antes fuera la caricia suave que recobraba la totalidad del total mío pieza por pieza de ese ser vivo que aletea como mariposa.

Eres la síntesis de mi multiplicación, un fragmento de cosa nueva que se desprende fuera del dolor, como la gota de agua en la tierra que alimenta la semilla, como la cobija que gota a gota en el abrazo te arropa a descansar floreciendo sueños de dulce anís, que en un sorbo tan amargo como la dulzura de tus labios, me sabe a verdad, me habla realidad, el abrazo de nuestra hermandad.

Un faro cegador de franqueza, claro horizonte en la llana honestidad que devuelve la mirada en los destellos del agua. Hermano ha sido tu nombre antes del nombre que es tu nombre, y el apellido las andanzas conjuradas a ventura de lo incierto.

El barco de nubes blanquecinas tiene por timón la razón, por navegante la pasión y galardonado de aventura el Capitán.

El baúl desgarrado que llevo por memoria resarcido en manos del maestro artesano fue labrado entre tus manos la pieza única de nuestro destino. Un tesoro de refulgente carmín se ha cobijado en el corazón, entre plumas, danzas y canciones de ardoroso tizón, las piedras púrpura. El agua que baña la tierra, como el aliento carmesí sana nuestros cuerpos y las destellantes chispas de amarga mezcalina en la piel se han clavado.

Hermana, hermana, que tu viaje sea grato y el suelo suave a tu pie descalzo, el sueño andino de alabastro sea tallado hábilmente entre tus dedos, la canción perfecta…

Diestra escultora te has vuelto de las palabras exactas, la sonrisa perfecta, mirada picara y riza airada. Un sueño pleno a Dalí, un trazo fiero a Picazo, promesa digna a Huerta, compromiso justo a Zapata. Tu nombre es hermana de apellido amiga, tu profesión compañera, tu especialidad absoluta, querida seas pues al oficio del más fiel y amado verso.

El murmullo original del nacimiento del Universo grabado en los latidos de tu nombre; como el canto de una madre arrullando al hijo y mirarlo dormir, descifrando en el calor de sus mejillas el futuro que le espera, y a su éxito entona cánticos de Dioses en la fórmula Faustiana: “¡Detente instante, eres hermoso!”

Es propio del que te conoce sufrir la bendita condena de la metamorfosis, maestra y señora del cambio, experta del acontecimiento que a la razón misma desafías, pues en tu voz se pronuncia la sensatez del orden justo y necesario que al arrogante despoja del orgullo y le hace probar el propio sabor del polvo que en su cuerpo se ha pasado; vibras el misterio infinito a la banal certeza del hombre a descomponer la inmensidad del mar en gotas y la vida en segundos.

Tu risa fue el insulto al ego, un desafío al orgullo, un faro de honestidad, un trago amargo de sinceridad, la prodigiosa lluvia apagando el incendio de la soledad, la perenne sabiduría de la flor a quien es indiferente su propia belleza, pues se sabe el perfume que llenan las manos de cualquiera que toque sus pétalos.

La risa de los niños, voz única de los dioses, el momento siguiente a la tormenta, certeza de que a la tempestad aguarda la calma, pues pese a todo te sabes tú misma la tormenta y te sabes de igual suerte la calma.

Un mar de palabras a fino detalle remontando emociones a fino pincel, luceros brillantes a galope de corcel, luna bendita de rojo atardecer, espejo del alma arrojado a mi ser. Sueño difuso, enigmático sentir en la oscuridad lo confuso, a la sombra invadir.

Soñé con la vida, soñé que vivía entre océanos de árboles petrificados por constelaciones y astros que componían la certeza, las raíces, sus ramas y sus hojas. El mapa estructural, el esqueleto de esta ciudad, buscaba la llave, la llave de mi corazón que un día perdí, la entregué, la presté ¡me la robaron! Así me profanaron, despojándome de mi sentir… yo te la di, te la di a ti, para que siempre pudieras entrar.

Un día saliste y cerraste por fuera, arrojaste la llave; quedaste adentro, pero dejaste un hueco, que nada deja entrar, pues no te puedo sacar.

Encanto de verano

Que renace en la brisa

El sol se enamora

Encanta con su risa

Soy flor que decide crecer

Para su invierno poder comprender

Que la vida no es eterna

Y merece morir por tenerla.

Me refugiaba en la sensación de la extrañeza, en los latidos de una amarga sonrisa, bajo las raíces de un profundo desconcierto en la eterna mirada de un futuro incierto.

Pero cuando creí que ya estaba totalmente oculto y que sin debilidad ya no podría ser descubierto despertando del irreal sueño, me liberé de mi miedo, mi dueño…

Por primera vez vi el cielo, por primera vez sentí el amor, por primera vez canté sonriendo sin fingir que moría, ahora viviendo me pregunto:

¿por qué tanto había temido?

¿por qué vivir no había querido, si todo era perfecto, hasta el mismo miedo?

Despierto del sueño donde creí haber vivido.

Susurro pasional tu presencia al forjar el amor tu entereza, con tu voz directa tu promesa de impresión perfecta tu motivo.

Cantaste al cielo tu pureza, de la niebla un abrir eres la pieza, lluvia que con gozo es poblada, flor que con susurro es creada, cenizas del mar ausente que al tiempo presente, toca mis manos el tiempo al destino la certeza, pavimentando a flor de blanca perla, pues tu presencia enmudeció los susurros y los convirtió en palabras.

Alas miradas de odio, indiferencia altiva de alegría, al perdón concedió, la voz nacida en hora desteñida por aguas claras.

Fue un grabado en piedra de tu sublime obra.

Quiero abandonar las noches huecas, los espejos de la soledad, desoldar los escudos de metal y las sombras del margen terrenal, quiero volver a probar tus labios hechos.

Perfectas estatuas del atardecer, tus curvas esculpidas en silencio, tus senos donde nace el sol.

Te amo en mis cuatro direcciones al viento, nunca me sentí más semejante que entre tus diferencias, intimo hombre de espíritu inocente de hábiles dedos y un sueño creciente.

Se libera del suelo y pide perdón por aquel pensamiento que ha cometido traición.

En el pasado, durante el día encontró una salida, abandonó el lejano horizonte, se flageló, poco ameno, inocente.

Pero el verso lo ha encontrado y su alma ha comenzado a danzar ¡se liberó!

Ya libre, no encarcelado, por fin su alma se permite pintar, aquellas letras de palabras, emociones, viviendo aquello que me permite volar y morir, haciendo aquello que he de amar.

No existe una perceptible distancia entre lo que es y lo que deviene, pues aquello que se piensa carente de importancia, es el divino creador que a la destrucción detiene.

Un trueno lejano de un cielo nublado, oda señora, el mensaje divino. Plegaria al cielo, al amor lejano, perdóname amado, estaré a tu lado.

La sombra moribunda que cae a los infiernos, inspirada por el movimiento fatuo de la inercia, que con vagabunda timidez decide poseernos y se atreve a legitimar aquella dudosa inconsciencia.

El cielo limpia de las palabras la sangre

El dolor de tu mano que te ha llevado, a tu lado me devuelve

El perdón conspira en favor de la unión sacramentada a tu eterna alegría

Belleza perfecta, belleza experta, sangre preciosa, querida hermana.

Bienvenida siempre seas, pues seré tu casa…

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