Sentires hilvanados de cuentos no soñados.

life-death

Nota preliminar:

A excepción del primer cuento (el cual corresponde a la maestra Fernanda Otero Ríos) la presente compilación corresponde a los primeros cuentos que escribí durante la transición de mis estudios y a los cuales he dedicado poco más de un pensamiento; he de confesar que he dudado si realizar un segundo tratamiento a los mismos para afinarlos a punto, y finalmente concluí realizar ésta publicación tal y como los escribí en un inicio; más que por un vano sentimiento de alguna suerte de nostalgia, por la necesidad mía a dejar lo pasado en el pasado y transitar nuevos comienzos.

Espero sea de su agrado.

Dedicatoria:

Bernard Poolman, un hombre muy valiente

Sunette Spies, una mujer muy audaz

Marlen Vargas del Razo, una mujer brillante

Norma Silva, aquella que encuentra la belleza

en el caos

Cristina Tamayo, una realista

Daniel Majluf, un soñador

Julian Majluf, un maestro sin aula

A.V. Hermana del alma

El Espejo:

“La expresión muda de su rostro avanzaba por los pasillos de aquel extraño lugar, era un palacio negro lleno de recovecos, prácticamente laberíntico, se movía como si recorriera su propia piel; los rincones, las curvas, los pasillos, las texturas, los colores e incluso los olores parecían fundirse con su cuerpo. Solo los muros agrietados contrastaban con la blancura de su rostro y perfección de sus facciones impávidas.

Al terminar de recorrer una serie de pasillos, Aldë llegó a un amplio salón decorado con espinos y un piso conformado de círculos concéntricos blancos y negros que partían del centro del lugar hasta las paredes más alejadas en las que aparecían converger todos los pasillos del palacio, y en cuyo centro se encontraba un inmenso agujero, del cual emanaba una extraña luz.

La mujer se dirigió tranquila hacia allí y se posó en medio de aquella luz que parecía sostenerla en el aire a unos cuantos centímetros del suelo. La luz que surgía de abajo iluminaba su cuerpo y su rostro de una forma única, casi como si traspasara su piel, y dejara ver de pronto todo su interior, pero no sus músculos o sus huesos, sino su alma.

Su piel se veía en ese instante llena de innumerables grietas, como las que invadían las paredes del lugar; cicatrices que se enredaban como ramas alrededor de todo su cuerpo.

En ese momento, otra figura entró en la habitación, esta no se movía con tanta confianza por el lugar, como un ser ajeno, extraviado en el laberinto. Era un hombre robusto, que al ver las cicatrices en la piel de Aldë, sintió un remolino en su corazón y una gran pena.

Estuvo ahí, observando por unos momentos el extraño espectáculo, cuando aquella luz cesó su intensidad y la figura de la mujer regresó a su habitual blancura como de marfil.

Maydôs, sorprendido, solo observaba la escena con los ojos muy abiertos, pero sin poder mover un solo músculo de su cuerpo, como si una fuerza más grande que él se lo impidiera.

Aldë lo miró con sus ojos profundos en un cuestionamiento, acababa de darse cuenta de la presencia de aquel hombre, así que se dirigió hacia él, que aún detenido por aquella fuerza, no movió ni un solo dedo, aunque el miedo que sentía en su corazón le pedía a gritos salir corriendo de aquel lugar.

– ¿A qué has venido forastero? – preguntó la mujer con su helada voz.

Maydôs, después de un momento de lucha con su propio miedo, abrió la boca para contestar al fin con voz temblorosa:

– Me perdí en el laberinto mientras me buscaba a mí mismo, cuando vi la luz que salía de la habitación y no pude evitar observar.

Aldë, por primera vez esbozó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, miró a Maydôs y le dijo:

– Pues entonces no e has perdido, éste es el lugar indicado, es el recinto del espejo del alma y yo soy su guardiana.

Maydôs muy sorprendido miró a la mujer dubitativo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, la mujer le dijo, como si adivinara sus pensamientos:

– Lo que viste desde aquí, es mi alma; el cuerpo oculta las almas a los ojos de los que saben ver y a uno mismo, en este espejo, verás tu alma como es en realidad.

En ese momento, Maydôs sintió como si aquella fuerza hubiera dejado de ejercer presión sobre su cuerpo, pudo moverse, pero en lugar de correr, se quedó ahí, observando a la mujer, aún no entendía cómo todas esas grietas podían cubrir su alma. Ella le tomó lentamente la mano, y lo condujo hacia el centro del salón y al llegar al borde de la luz, se detuvieron.

– Si has llegado hasta aquí, es porque estás listo. Yo vigilo este lugar y solo hay algo que debo advertirte: lo que verás en el espejo es solo la verdad, el espejo no miente. Debes entender que el reto no es conocerte sino aceptarte una vez que el espejo te hable.

– Acaso a ti ¿no te duele ver tu alma agrietada, no te confunde?

– No, esas grietas me conforman, y me gusta lo que veo cuando me miro al espejo, porque para mi no son grietas, son bordados que adornan mi vestidura, y sin ellas, incluso sin las más pequeñas, no sería lo que soy ahora.

Maydôs se sintió muy sorprendido con la respuesta, admiraba la forma en que esa mujer se refería a sus heridas, y entonces entendió lo que Aldë había querido decir, ¿Qué vería él en el espejo?, sintió miedo, pero decidido, miró la luz y dando las gracias a la mujer con una mirada, entró en el espejo de las almas.”

Más allá del Espejo, más allá de la mirada.

Maydôs, erguido y con paso firme cruzó aquel sendero luminoso, dentro del cual, a cada paso que cernía dentro de éste, le daba la sensación de en realidad estar dando un paso hacia sí mismo; la idea en si misma le resultó divertida, de tal suerte que una pequeña sonrisa empezó a dibujarse en sus labios acompañada de una breve y difusa risa; no estaba avanzando y tampoco retrocediendo, sino que, más bien le pareció estar envolviéndose en sí mismo hacia su interior mientras sublimes fractales se enmendaban en éste movimiento que le parecía reverberar hasta el infinito.

“Es casi como una galaxia” se decía hacia sus adentros, “Un universo compuesto de éstas posibilidades”

La consistencia de la atmosfera comenzaba a cambiar conforme se adentraba cada vez más y más en aquella luz cegadora, y por un momento, le pareció que en realidad, la luz no provenía del exterior, sino de sí mismo, porque a cada pasó que daba en el interior de la luz, está en realidad empezaba a tomar cuerpo, forma inclusive presencia…

Una vez inmerso en derredor a  toda la luz blanca (o en derredor de si mismo y su propia presencia), la consistencia de la atmosfera se tornó líquida, lechosa y con cada respiro que Maydôs inhalaba, le pareció en realidad estar alimentándose de algo que llenaba un vacío en su ser; éste no era un alimento que saciaría la apetencia de su intestino, sino que en realidad estaba nutriendo algo más esencial, algo dentro de los componentes de su fisicalidad misma.

Conforme se dejaba envolver en ésta atmosfera, y a alimentarse de aquel líquido lechoso que pululaba en el entorno con cada respiro, empezaba a notar que sus ojos estaban adaptándose a la intensidad y consistencia de aquella luz, estaba llenándose con ella (aunque en realidad podía casi con absoluta certeza asegurar que en realidad estaba llenándose consigo mismo), entonces, algo comenzó a emerger de la ahora líquida luz que envolvía el entorno, diminutas formas que se movían independientes a la corriente de aquella luz líquida pululando en el espacio.

Al observarlas de cerca, Maydôs pudo notar unas diminutas formas casi de apariencia antropomórfica que danzaban y corrían en las ondulantes emanaciones líquidas de la atmosfera, sin embargo, había algo extraño acerca de éstas formas y figuras, le resultaban familiares, es más, juraría haberlas visto antes en algún momento de su vida.

Observó con más detenimiento dentro de éstas, y en efecto que eran familiares, de hecho, podía ver que cada una de éstas formas, representaba algo tan familiar para él como su vida misma, porque éstas formas antropomórficas dibujándose en aquella extraña substancia líquida, eran en realidad cada una de sus experiencias y sus memorias, algunas de ellas tan viejas que le era difícil reconocerlas, creía haberlas olvidado, pero no, allí estaban, todas y cada una de ellas.

Entonces se dijo a sí mismo: “Este espejo…no puede mostrar imagen, porque la imagen no consiste de lo que parece, sino de lo que es” Es decir, Maydôs había visto su reflejo antes en miles de espejos, pero ésta vez era diferente, no estaba ya viendo un reflejo, estaba viendo en sí mismo, la totalidad de sí mismo, porque se dio cuenta, de que en realidad la imagen no podía ser entendida a través de un solo fragmento en el tiempo y el espacio, de la misma forma en que no puede entenderse una obra de arte por uno solo de sus fragmentos, o una sola de sus tinturas, no…, debe verse completa, debe verse en la existencia misma de aquello que es, para poder entender, porque en ese entender podía VER y ver…es vivir…

En ese momento, una voz se hizo presente proviniendo de todas las direcciones exclamando: “Es irónico que las antiguas razas consideraran el perder la vista como algo peor que la muerte misma ¿no es verdad?”

Maydôs trataba de encontrar el origen de aquella voz que como un estruendo irrumpía con tal fuerza, pero a la vez con tal solemnidad, que a Maydôs le daba la impresión que el mismo rayo habría enmudecido ante su sola presencia…

Entonces, todas aquellas figuras antropomórficas empezaron a reunirse en una sola masa gelatinosa que poco a poco se solidificaba, dejando ver la figura de un hombre de estatura cercana a la de Maydôs.

-¿Quién eres? Preguntó Maydôs

-Me conocen de mucha formas, en realidad, soy el origen y el fin, el alfa y el omega, Dios, el Diablo, la Muerte y tú mismo…

-Es curioso, replicaba Maydôs, en realidad no me siento tan importante como para ser el origen y el fin de todo.

El hombre rió difusamente, y replico de vuelta: “¿De verdad? Entonces ¿crees que los materiales que componen tu corporeidad misma, devienen de un punto ajeno a la existencia y el origen mismo de ésta? Si bien tu cuerpo es bastante nuevo, los materiales no lo son, porque datan desde el origen mismo de ésta creación. El origen y por tanto creación de toda experiencia de vida deviene del creador mismo que crea una creación, porque al final, son los hombres quienes experimentan y viven la vida, mueren sus muertes, aman, odian, crean y destruyen”

Invariablemente de ello Maydôs, debes saber que, las respuestas que has venido a buscar en el espejo, no las encontraras en la luz, sino en las sombras.

-¿Qué quieres decir? He entrado al espejo, y he caminado hacia la luz de mi interior, mi propia alma, he visto en mi mismo.

-Y ¿Qué es exactamente esa Alma Maydôs?

-…

-Lo que has visto, han sido solo los canales perceptuales edificados por tu consciencia acerca de ti mismo, la definición del “quien yo soy”, pero eso no significa que hayas visto algo en lo absoluto. Verás Maydôs, para realmente “ver en el espejo”, necesitas primero ver en ti mismo, sin ninguna idea, juicio, percepción, memoria, etc., de otra forma, la imagen que verás no será autentica, porque al final será únicamente lo que tú querrás ver e incluso creer de ti mismo.

-¿Qué puedo hacer entonces si no me queda nada de mi luz? ¿Moriré?

– Antes de la Creación viene la destrucción Maydôs, posible el origen mismo de ésta existencia no habría sido posible sin que el caos se desatara antes dentro de aquella gran explosión…, de todas las criaturas que cruzan el espejo, solo los seres humanos tienen éste curioso aunque ciertamente extraño conflicto con la muerte.

Verás Maydôs, todas las criaturas que alguna vez acuden a mi tras la muerte, es únicamente para despojarse de su corporeidad, sin expectativas, ni resentimientos; sin embargo, el ser humano cree que, por alguna razón…, si teme la muerte podrá protegerse de alguna forma de ella, inclusive a su propio temor ha creado la “imagen” de un cielo, para poder encontrar alguna suerte de paz dentro de sí mismo, esperando que al morir pueda ir al cielo mismo que ha ideado para sí mismo.

Es irónico en cierto sentido, porque la gran mayoría de los seres humanos crean una “expectativa” acerca de lo que les gustaría ser o convertirse en algún futuro, sin embargo, nada de ese futuro es presente o certero, y aún así lo construyen como una certeza, se imaginan a sí mismos muriendo de viejos o en sus camas, pero aún en su lecho de muerte, se ven resistiendo, inclusive negando, la inevitabilidad y certeza que es la muerte misma, más certera e infalible que cualquier futuro prometedor, incluido la promesa misma del cielo tras la muerte…

Por eso Aldë no deja cruzar a cualquiera…, así que, Maydôs, si estás aquí, en éste momento es porque Aldë sabía que tenías la capacidad de hacerlo, de otra forma no habría permitido que cruzaras el espejo. Algunas veces, nos encontramos más vivos cuando enfrentamos el prospecto de nuestra propia mortalidad, tal vez eso signifique que si nos convencemos de que viviremos por siempre, nunca nos sentimos del todo vivos Maydôs.

¿Qué me dices? ¿Estás listo?

-Sí, replicó Maydôs, está vez entendiendo que su viaje apenas había comenzado.

En ese momento, el hombre frente a Maydôs desenvolvió de su túnica, un objeto que parecía

ser un espejo.

Este espejo tenía una cualidad interesante, era un espejo dentro de un espejo, así que en realidad, éste formaba una imagen que se refractaba copiosamente una y otra vez, dentro de sí mismo, tal y como lo hacen cuando se colocan un espejo frente al otro y uno se coloca en medio de ambos.

En ésta ocasión, no hubo luz, solo oscuridad, de hecho el entorno en su totalidad cambió radicalmente a profundas y densas tinieblas, y entonces…fue en ese momento que Maydôs tomo el espejo y lo llevó hacia su rostro, acto seguido, Maydôs quedó estupefacto ante la imagen que se le revelaba en ese momento, la cual para su infortunio resultó ser la macabra y aterradora imagen de una criatura espeluznante, un demonio…

Ahora, solo quedaba ante los ojos de Maydôs la imagen de aquella bestia, y entonces exclamó horrorizado:  “¿Qué es ésta monstruosidad?”

-Eres tú Maydôs.

-¡No es verdad!, ¡¿Qué me has hecho?!

-Nada que no te hubieses hecho a ti mismo, lo único que hice fue darte los medios para enfrentar aquello que no tuviste el valor de ver por ti mismo. Hace tan solo unos momentos habrías jurado que esa luz que viste al inicio de tu viaje en el espejo era la totalidad de ti, pero en realidad no estabas enfrentando la totalidad de la imagen que estabas viendo.

-¿Por qué has traído ésta monstruosidad…algo tan feo?

-Los espejo son a menudo feos…y honestos…; lo siento, pero aquello que ves como una maldición no es otra cosa más que la esencia de la verdad…

En ese momento, una lágrima broto desde los parpados de Maydôs, quien no pudo resistir más y rompió en llanto; él jamás había conocido lágrimas como éstas, porque estas eran verdaderamente sinceras, reales, suyas como jamás las había conocido, porque entonces entendió en ese mismo momento que toda su vida se estuvo buscando a sí mismo, en cada persona que había conocido, en cada pareja con la cual había pernoctado y en todo deseo que alguna vez había deseado.

Se había encontrado a sí mismo, aunque lo que había encontrado…no resultó ser en lo absoluto lo que esperaba, porque ahora entendía que el era el origen mismo del mal en su propio mundo, todo lo que alguna vez había negado de si mismo había vuelto esa noche, en una sola imagen; podía recordar aquellas discusiones con su madre, con su hermana, a la mujer que dejó atrás en su obsesión por la fama y la fortuna. Ahora comprendía que no solo era la realidad para Maydôs, sino la auténtica y absoluta realidad que de hecho afectaba a todos sus seres amados, y se preguntaba: “¿Por qué emprendí éste viaje? ¿No estaba acaso mejor ignorando ésta realidad? ¿No era acaso feliz con mi esposa y mi familia? ¿Por qué había deseado conocer la verdadera realidad? ¿Por qué creí en ésta mentira? ¿Fue para ocultar ésta verdad de mí mismo?

Y a medida que se realizaba éstas preguntas, empezaba a entender… le pareció extraño sentir tanta seguridad con cada paso que daba dentro del sendero hacia el espejo; por alguna razón, sentía que conocía ésta verdad, y empezaba a darse cuenta de que sus pasos, la certeza de éstos, reflejaban la realidad que él ya conocía ya desde hace mucho tiempo; dentro de cada discusión que tenía con su esposa, dentro de cada arrebato y desconsideración con su familia, con su madre, con su padre, con su hermana…, recordó también aquellas discusiones y peleas de su infancia, y empezó a darse cuenta, de que éste viaje, no había sido para descubrir y entender, sino para reconocer y aceptar…, pudo ver su propio egoísmo, y empezó a reconocer al causante de todos aquellos conflictos…, no eran su madre, su padre, su hermana o su esposa, sino el mismo.

Entonces el sabio le dijo, “Vuelve a ver en el espejo”

Maydôs, casi oponiendo una resistencia física a ello exclamó: “¡¿Qué más quieres de mí?! Por favor…no me obligues a ver de nuevo a esa bestia”

Entiende que la bestia que combates no está en el espejo, sino que existe en ti mismo, como la esencia de tu naturaleza… has vivido en las sombras toda tu vida Maydôs, aferrado a la ilusión y comodidad de la luz, sin embargo…hasta el hombre que ha vivido en las sombras toda su vida puede llegar a florecer

-¿Qué puedo hacer? Ya no me queda nada de lo que creía real…

La pregunta no está en si la imagen del espejo es o no real, sino en si esa imagen puede o no ser cambiada…en si tu eres o no real, la creación es un arte y el arte debería ser la creación de nosotros mismos, nuestra expresión de un momento

Maydôs vio una vez más al espejo, y pudo ver como el ardor de sus lágrimas quemaban la imagen de aquel demonio formando cuarteaduras que poco a poco desintegraban aquella imagen.

De su cara realmente empezaron a desprenderse esos fragmentos a pedazos, y poco a poco, Maydôs empezó a reconocer la nueva imagen que ahora se presentaba ante él, su verdadero yo, y finalmente entendió, quien era él, no se había convertido en alguien mejor, ni alguien peor, él simplemente era, y entendió que nunca necesito otra cosa.

Cuando giró para agradecer a aquel hombre, se dio cuenta de que ya no estaba, en realidad, se sentía integro, estaba completo, porque se tenía a sí mismo…

Los Juegos del Destino.

Estaba parado frente a un cruce de caminos y lanzaba una moneda al aire copiosamente como lo había hecho toda mi vida. Como siempre, solo dejaba que esa moneda decidiera mi destino, lo había hecho toda mi vida. Lo hacía porque en realidad tenía tanto miedo de decidir mi propio destino que era mucho más simple dejar que la moneda decidiera siempre mi destino. Y allí estaba yo, una vez más a punto de regalar mi destino a esta idea mía del azar… tal vez es esto lo que llaman absoluto control. Es decir, esta idea me resulta tan cómoda: pensar en el universo en su totalidad completamente organizado, acomodado, ajustado a mi idea del destino,  del azar y de la vida; todo en derredor de esta simple, insignificante y estúpida moneda…

A decir verdad, no recuerdo bien cómo fue que obtuve la moneda. No recuerdo quién me la dio, o más importante aún ¿por qué me la dio? o ¿cómo la moneda llegó a convertirse en el sublime objeto de ésta ideología ahora hecha mía que consiste en el azar? En fin… ¿qué importa ya? ¿No es acaso cierto que todas esas respuestas puedan simplemente limitarse a la misma respuesta? El azar, la casualidad, la coincidencia. ¡Qué idea tan perfecta, simple y útil para resolver cualquier complejidad o complicación!

Ajusté la moneda entre el índice y el pulgar como siempre lo había hecho, decidido a hacer el lanzamiento decisivo sobre aquella encrucijada de mi vida sin ninguna diferencia o complejo ritual que la distinguiera de las otras mil veces que la había estado arrojando para decidir sobre cada uno de mis pensamientos, mis emociones, mis sentimientos, antes de ese lanzamiento decisivo. La moneda en el aire, girando una y otra vez sobre si misma hasta que fue bruscamente detenida por una mano que la atrapo en el aire…

Estupefacto me volví rápidamente para buscar el rostro del responsable de aquella vil y atroz hazaña

–         ¡¿Quién sería el imbécil con tan desconsiderada y vil astucia como para atreverse a interferir en mi destino?! – grite iracundo.

–        Jajajaja ¡Qué divertido es tener control del destino de los hombres cuando son tan cobardes e irresponsables como para hacerse cargo del mismo! ¡Vamos! seguramente te sientes muy agradecido de tener solo una cierta cantidad de elecciones en tu vida.

–        ¿Qué quieres decir?

–        Digo que en realidad, si tuvieras en verdad tantas elecciones como tú quisieras, no tendrías siquiera la capacidad de decidir por una. Es por eso que a los hombres les gusta el control. O debería decir: les gusta ser controlados.

–        ¿A qué te refieres?

–        Me refiero al simple hecho de que has recorrido la vastedad de éstos infinitos caminos, trazados y definidos para ti desde el día en que naciste. Pero lo único que has tenido que hacer es cargar con esa odiosa moneda tuya dándote lo mismo cual camino recorres o más importante aún ¿por qué lo recorres?

–        ¿De todas formas qué elección tengo? Solo puedo decidir entre un camino y otro y en realidad jamás estoy seguro de a donde lleva. La moneda simplemente simplifica el camino.

–        ¿No te has preguntando quien ha trazado éstos caminos? O más importante aún ¿Por qué alguien se daría a la pesada e incansable tarea de trazar estos caminos para otras personas?

–        ¿Qué quieres decir?

–        Digo que eres tan holgazán que ni siquiera has tenido la inconveniente sutileza de considerar trazar tu propio camino, no. Tal vez alguien simplemente se dio cuenta de la holgazanería de los hombres y se dio cuenta de que si él se daba a la tarea de trazar los caminos por los hombres haci donde él quería que fueran, ellos los seguirían… Es decir, es sumamente brillante, aquí estás siguiendo un sendero sin certeza o idea alguna de a dónde te lleva. Es decir, por eso el azar tiene sentido. Por eso tu estúpida moneda tiene sentido. Desde luego, no puedes saber a dónde llevan estos caminos. Así, ¿qué más da seguirlos? ¿qué más da lanzar una moneda al aire y dejar que la moneda decida por ti?

–        La verdad es que aún cuando tuviera un millón de caminos más por escoger ninguno de ellos los habría trazado yo. Es decir, ¿Qué más puedo hacer? ¡Es el único camino que conozco!

–         ¿Y qué pasaría si trazaras tu propio camino? Así te asegurarías de que es el camino que has creado solo para ti, yendo solo a donde tú quieres realmente ir.

–        ¿Qué pasaría si trazara mi propio camino? ¡Qué pregunta más estúpida! ¡A donde quiera ir! ¿Y qué pasa si mi deseo es ir por el camino que otro seguramente ya ha trazado y terminó descubriendo que jamás hice mi propio camino? ¿A dónde se supone que trazaré ese camino?

–        Ese es exactamente tu problema: eres demasiado flojo y por lo mismo te crees demasiado astuto.

–        ¿Huh?

–        Te has acostumbrado tanto a seguir el camino de otros que ahora sientes tanto miedo y desconfianza de ti mismo que únicamente puedes confiar en el camino y el método que toda tu vida has conocido. El único que has querido conocer ciertamente. Aunque no el más cómodo. Verás, tu pereza no reside en la capacidad o la fuerza para recorrer el camino, sino en la valía de atreverte a pensar en otro.

–        ¿Cómo iba a pensar en otro? ¡Uno nace en este mundo condenado a enfrentar la muerte y el único deseo que siempre parece sensato es el de mantenerse vivo! ¿Cómo no iba a seguir el camino de otros que han llegado más lejos que yo?

–        ¿Y cómo sabes hasta donde habrías llegado? ¿Crees que alguno de ellos lo sabía? ¿Crees que alguno de ellos tenía algo más que tú para trazar la brecha que trazaron?

–        ¡Siiii, de hecho lo tenían! ¡Tenían herramientas y dinero para pagar por ellas, tenían el apoyo de otros que caminaron con ellos! ¡Mira! El sendero es demasiado ancho para una sola persona, otros muchos pasaron por aquí y seguramente construyeron éste camino.

–        Tan solo piensa en todas las dificultades que has tenido que pasar: todas las insufribles y afanosas situaciones e inconvenientes que has tenido que vivir solo porque decidiste seguir a través de un camino que no sabes quien ha trazado, hacia donde lo ha trazado y más importante aún porque lo ha trazado…

–        Y ¿qué puedo hacer? No me quedan alternativas

–        El hecho de que cada uno nazca con herramientas distintas no significa que no pueda hacerse de nuevas. A lo largo de este camino encontraste herramientas y descubriste que otro las dejo atrás. No porque no fueran útiles, sino porque ya no eran necesarias.

–        ¿Qué quieres que haga? ¿Pretender emplear éstas herramientas que a otro le resultaron inútiles?

–         No se trata de pretender, simplemente de hacer lo que puedes. El camino lo irás trazando según la situación lo vaya demandando y nuevas herramientas vendrán. Pero no vendrán y no las reconocerás si no aprendes a usar las que tienes. Si llegas a una colina puedes trazar tu camino alrededor o a través de ella, pero tendrás la certeza del camino que va por delante, no porque se encuentre convenientemente ahí, sino porque tienes la completa certeza de que entiendes porque estás ahí.

–        Porque yo me he puesto allí

–        Exacto.

–        ¿Quién eres?

–        El Destino mismo.

–        ¿Por qué me ayudas ahora?

–        Me cansé de ver a los hombres sin voluntad y sin valor para ejercer su voluntad.

–        ¿Has venido por mí? ¿Estoy muerto?

–        Aún no. Solo es un regalo que te doy. Ya nos volveremos a encontrar y entonces estarás listo.

–        ¿Listo?

–        Para llegar al fin del camino, donde nos encontraremos y entenderás.

–        ¿Entender qué?

–        Que el camino llevaba solo a un lugar, aunque no necesitabas buscarlo

–        ¿Cuál es ese lugar?

–        Tú mismo. Y cuando encuentres ese lugar, no necesitaras caminar más, porque todos los caminos se conectaran y el camino serás tú.

Entonces el hombre, tomo las escasas herramientas que tenía, y empezó la ardua tarea de trazar su camino; aquel extraño ser le ofreció nuevamente su moneda de vuelta, a fin de cuentas era su decisión. Pero él la rechazó diciendo “Siempre podemos culpar a las circunstancias, podemos culpar a Dios y a nuestro destino y ¿por qué no? culpar a la estúpida moneda. Pero no son las circunstancias, ni Dios, ni la moneda la que decide nuestro destino: somos nosotros quienes dejamos que otros lo decidan por nosotros.

El viajero y la sirena

No veía nada más allá de su nariz en medio de aquella tormenta; la arena lapidaba su cuerpo como un mar enfurecido que le azotaba con violentos torrentes dorados y marrón.

Viajaba montando sobre un caracol que avanzaba pausadamente a través de la tormenta, como si de un rito funerario se tratara, hasta el viajero comenzaba a verse marchando hacia su propia muerte en medio de aquel desierto – “como una tumba dorada de la cual hasta los más grandes reyes estarían celosos” se decía a sí mismo en un tono burlón.

Ansiaba llegar a su destino más que ninguna otra cosa, no obstante, debía ser paciente y montar aquel caracol, pues esa era la forma más segura de cruzar una tormenta como aquella, cualquier otra bestia, fuese un caballo o un camello, se desbarrancarían en el primer peñasco o trampa de arena, pues éstos confían únicamente en su vista, su velocidad, y su resistencia, pero en medio de una tormenta como ésta en la que no pueden ver su propio andar, se encontrarían condenados junto con su amo a perecer en el desierto. Aquí el caracol es un viajero prudente capaz de trepar y descender por los más precipitados abismos y lo único que demanda a cambio de su paso certero y seguro en medio del más despiadado caos, es un poco de paciencia… sin lugar a dudas, propio de un verdadero maestro del desierto.

“Apenas y puede recordar el propósito que le ha llevado a sumergirse en esa tormenta… Recordaba aquella suave y seductora melodía que escuchó aquella mañana; jamás había escuchado una voz más dulce y hechicera, una voz que ha perseguido en medio de esta hecatombe por más de 20 años, una búsqueda que le ha llevado a una extraña danza que realiza con su propia demencia, locura que le ha llevado a asumir tan insólita empresa; una búsqueda por aquella voz de cuya existencia comenzaba a dudar, pero solo hasta verse atrapado nuevamente por esta obsesión que le hacía adentrarse más y más en el desierto.”

La imaginación resulta traicionera y el miedo por momento se apodera de él; ahora teme hasta sus propios pensamientos – “Podría ser una trampa, nada más que un sueño… ¿Hacia dónde voy realmente? ¡¿Qué es siquiera lo que estoy buscando?! ¡¿Siquiera existe aquello que me encuentro persiguiendo en medio de este caos?!”, pero las señales se volvían más claras cuando observaba como su caracol de igual forma se encaminaba en el interior de aquella voz para hallar su origen, no solo la escuchaba él… y eso le tranquilizaba indescriptiblemente -“no estoy enloqueciendo”- se decía, o al menos eso quería creer…

Pero había algo que le aterraba todavía más, cuando por momentos le parecía perder el origen de la voz, llevándolo con facilidad a la desesperación moviéndose en todas direcciones tratando de hallar nuevamente el punto de mayor intensidad entre cada tono, alto y bajo que se colaba entre el ventarrón; ¿Cuántos no se habrían perdido en medio del desierto al seguir la misma voz de la cual las personas en la ciudad le habían advertido de no seguir, de ignorar y simplemente olvidar? Las personas le rogaban a los aventureros como él ignorar la voz, olvidarla y renunciar a ella tan pronto alguno admitía escucharla, no obstante, todo aquel que la escuchaba le resultaba imposible escapar y algunos enloquecían al tratar de olvidarla…

El viajero cerró sus ojos por un momento tratando de disponer toda su atención a la voz,pues no podía hacer otra cosa más que prestar su visión a lo único que le resultaba claro en medio de las tinieblas doradas, y la voz poco a poco se volvía más clara, a medida que trataba de callar todo su entorno, todo cuanto le rodeaba para concentrarse únicamente en aquella voz la cual poco a poco acrecentaba en su interior…

Siguió acrecentando esta voz en su interior, hasta que se escuchaba tan fuerte, precisa y clara que podría jurar que se encontraba a tan solo unos pasos de él. De pronto, la voz se detuvo repentinamente, siendo remplazada por una pequeña y traviesa risilla, que acto seguido expresó nuevamente en su tono suave y seductor.

-Abre los ojos viajero, que a tu destino has llegado.

Como si de una orden se tratara, el viajero abrió los ojos súbitamente encontrando frente a sí el más extraño y hermoso ocaso que hubiese visto en su vida, pero fue aún mayor su sorpresa al descubrir que no se trataba de un ocaso, sino de los ojos de una de las más sublimes criaturas que haya presenciado.

-Te felicito, al menos eres un hombre que sabe escuchar… poco saben hacerlo y por lo general se pierden eternamente entre pensamiento y pensamiento.

Sus ojos eran una manifestación extraña. Azules en la parte superior, pintados con algunos destellos luminosos como si de estrellas se tratara y anaranjados en la base con algunos tonos rojizos en las orillas, como si se tratase del reflejo del sol sobre el océano. Su piel era el más sedoso marfil y sus movimientos como la representación de la más fina tela ondeando suave y seductoramente, expresando poesía entre cada desliz de sus delicados dedos escarlata. Su cuerpo un juego de zafiros y esmeraldas destellantes, describiendo curvas tan perfectas que su sola visión habría bastado la totalidad de la vida a un pintor para intentar plasmar cada uno de sus movimientos obsesivamente.

El viajero no enloqueció ante su viaje, pero ahora le sobraban razones para volverse a la demencia…

-Eres… hermosa…

La expresión de la sirena cambió súbitamente y la sonrisa en sus labios desapareció…

-Una ilusión tramposa encuentras aquí viajero.

-¿Qué quieres decir? Denuncias falsedad en el milagro mismo que es tu presencia; ¿Es acaso mentira el ocaso en tu mirada y la perfección de tu sonrisa sostenida entre tus facciones impávidas? ¿Es acaso mentira que yo amo el ocaso o el marfil sedoso como tu piel, por la cual siento admiración y deseo? ¿Podrías clamar de engaño este amor por las singularidades que rodean y conforman tu presencia sirena?

-Un espejo son mis ojos viajero, como el agua cristalina que refracta la luz y reverbera en y como consecuencia de la mirada de aquellos que aquí encuentran la tumba de sus falsos deseos.

-Me temo que no entiendo…

-Algunos dicen encontrar en mí el reflejo de una cascada de diamante y plata, otros el bosque secreto del Edén, otros los ojos de su primer amor de la infancia e incluso hay quienes dicen encontrar la manifestación del tiempo encarnado en mis ojos grisáceos…

-¿Grisáceos dices?

-¿Te das cuenta? Los humanos que llegan aquí quedan atrapados bajo el prospecto de sus más profundos deseos y sentimientos; mi querido viajero, el sentimiento que encuentras en tu interior no es algo que sientes “de algo, sino algo que sientes acerca de algo”. Lo que ves en mi es sólo la proyección de tus anhelos, no obstante si vieras mi verdadera forma, solo hallarías imperfección y desafortunadamente raras veces los hombres son capaces de entender la belleza del caos.

-¿Qué es este lugar? Veo un oasis que ha quedado atrapado en medio de la tormenta, veo arboles de plata y cristal… ¿es acaso que todo esto se ha visto consumido por la tormenta?

-No viajero, lo que ves aquí es tan solo el ojo mismo del huracán y yo soy la tormenta. Este es simplemente el centro de aquello que realmente soy…, por 20 años luchaste para llegar aquí, rechazando y huyendo a la tormenta, intentando resguardarte de la misma en una sola y única ambición tuya y por lo tanto, al rechazar a la tormenta me has deliberadamente rechazado a mí en cada aspecto que eres aún incapaz de aceptar, como eres incapaz de aceptar la falsedad de tu propia ilusión bajo la cual te engañas ahora, tratando de colocar frente a ti nuevas fantasías, cuando en mi corazón solo habita una forma distinta del mismo conflicto que has tenido que atravesar.

-¡Pero he llegado hasta aquí! ¡He logrado escuchar tu corazón! ¿¡Eso no significa nada?!

-Me temo que no viajero, llegaste hasta aquí persiguiendo tu propia obsesión, tus propios deseos, y es por ello que jamás podré ser tuya…, porque eres incapaz de verte a ti mismo sinceramente lo suficiente como para encontrarme en mi verdadera forma; mi verdadera presencia se habría revelado ante ti de haber sido así…

Esta es la tumba de los deseos, porque aquí los hombres son enfrentados con el más profundo de sus temores, aquí son enfrentados con sus propias fantasías e ilusiones, donde hallan la muerte sus sentimientos, a los cuales algunos se aferran desesperadamente a pesar de todo y es entonces que se ven consumidos junto con ellos… la muerte de los propios deseos y obsesiones, el mayor desafío para la mente humana.

-Nada obsesiona más a los hombres que el sentido mismo de aquello a lo que atribuyen la razón misma de su actuar, mismo si deciden justificarlas a través del amor, he visto a hombres matar a sus propios hermanos por estos sentimientos; nada más revelador que ver al hombre que justifica las más viles y atroces acciones a costo de su propia humanidad; los humanos están dispuestos a perder su integridad incluso por la satisfacción de sus ilusiones…

-Entonces ¿cada hombre que arriba aquí es enfrentado con éstos deseos?

-Me temo que si ese fuera el caso, habría muchos más hombres valientes de los que el mundo alcanza a ver hoy en día, para lo cual en todo caso, la existencia misma de éste lugar no sería siquiera necesaria o posible, pues el hombre sería capaz de evitar quedar atrapado en éste mundo. Desafortunadamente, aunque hasta el corazón de este océano llegan, la gran mayoría se pierde infinitamente, porque a pesar de que creen haber hallado la felicidad… jamás serán capaces de acceder a ella y nada enloquece más a los hombres…

– Pero entonces ¿Qué es este lugar? Creí haber llegado al corazón de este océano.

-El punto es en realidad que jamás llegaste a mi corazón viajero…, jamás abandonaste la tormenta en la cual aún continuas perdido, pues de otra forma habrías hallado una visión sincera de tu propia esencia, la cual aún no has generado en ti y por lo cual eres incapaz de reconocerla en otro… la belleza que describes en mí, como el espejo de agua que soy es la prueba de tu propio engaño…, abandona ésta criatura de presencia vaporosa y escapa de éste mundo antes de que tu también quedes atrapado.

– Debe ser muy solitario…

-¿Disculpa?

-Estar aquí por la eternidad, sin poder tocar a nadie o ser tocada en forma alguna.

-Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado se vuelve bestias…

-¿Qué es eso?

-Palabras de un viejo amigo que se perdió por aquí una vez, viajando junto con otro que era lo suficientemente loco para ser fiel a sus ideales, un verdadero hombre y un caballero…

-No me apartes de tu lado sirena

-Debes hacerlo, eres un viajero y debes continuar tu viaje, si te quedas perecerás en la locura como los demás y no te deseo eso…

-¿Por qué? ¿Si mi partida no te entristece qué más da si decido morir a tu lado inmerso en la locura?

-No quiero esto para ti viajero, nadie merece un destino así, por favor entiéndelo…

-Solo dime por qué

En ese momento la sirena extendió sus brazos hacia el viajero, juntando sus labios contra los propios tratando de expresar lo que las palabras no alcanzaban a describir…

-Lo que has encontrado aquí viajero es el reflejo de las maravillas que existen ya en ti, no busques y dependas de otros para encontrar aquello que reside en tu interior, no seas tonto, no podrías amarme si no amaras lo que existe en ti mismo; abandona éste ser de existencia etérea que no puede existir más que en las fantasías; encuentra a una compañera que viaje a tu lado compartiendo un mismo destino, como una verdadera compañera y no como un lastre.

-¡Tú no lo eres!

-¡Lo soy! El resto de tu vida cargaras con un ser que es incapaz de abandonar éste mundo y por consecuente te verás condenado a permanecer atrapado aquí por la eternidad sin que pueda llegar a ser tuya…, no puedes verme viajero, no puedes porque solo ves una ilusión.

-…En ese caso

El viajero busco entre sus pertenencias y extendió a la sirena una pequeña ocarina que llevaba consigo.

-Ten

-¿Qué es esto?

-Una vieja ocarina que me ha acompañado en los momentos de mayor soledad, su música es la mejor compañía que he podido tener, ahora te hará compañía a ti y no volverás a quedarte sola, porque cada vez que la toques yo estaré contigo.

La sirena despidió una pequeña lagrima aperlada que se deslizo por su mejilla y una sonrisa se esbozó en sus labios; entonces la sirena busco entre las piedras sobre las que se encontraba sentada y extendió al viajero una pequeña caracola.

-Entonces tú lleva contigo esto

-¿Qué es?

-Cuando tengas dudas, escucha su interior y podrás escuchar el océano en ella, te ayudará a recordar lo que has aprendido y así me llevarás contigo, para que no vuelvas a perderte nunca más.

La sirena y el viajero se despidieron y a la fecha, ambos continúan emitiendo su eterna melodía para acompañarse el uno al otro

La Sinceridad no viene en Autos de Pedales

Ya apenas y recuerdo aquel carro de pedales que me regalaron mis padres la mañana del Día de Reyes. Recuerdo aquella enorme caja, podría jurar que era casi de mi tamaño. Se encontraba envuelta en los periódicos viejos que mi padre guardaba bajo la tarja del baño, donde contrastaba un pequeño globo rojo atado con un cordón a un costado de ésta; y aquella carta escrita por mi madre, a nombre de: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Mi padre llegó con un cúter y juntos abrimos la caja, haciendo desbordar un montón de piezas de color negro, una carcasa de acrílico en forma de auto de carreras -de esos que se ven en la fórmula uno- y unas enormes llantas rojas.

Recuerdo lo feliz que me encontraba, tanto que casi quería empezar a andar en él aun cuando siquiera habíamos montado las llantas.

Finalmente listo, me subí a él y empecé a pedalearlo en la calle. Recuerdo que a otros niños les habían regalado aquellos coches con baterías que avanzaban solo presionando el botón del pedal; pero ninguno de ellos podía equipararse a mi coche, ni siquiera mi padre podía alcanzarme una vez que me subía a éste.

Mi abuela observaba a lo lejos, siguiéndome en sus frágiles pasos. Su Alzheimer le hizo olvidar muchas cosas, pero no se olvidaba de nosotros, sus nietos… Ironía de ironías, creo que la olvide más pronto de lo que ella me olvidó a mí; pero yo estaba feliz, supongo; sin embargo, estas lágrimas ya no significan nada, ya no…

Así es, nada podía compararse a ese auto de pedales, era tan rápido como una bicicleta, y yo me sentía el rey del barrio; así es, nada era más rápido o más valioso que ese maldito auto, ni siquiera yo…

Qué vacío es recordar la infancia en un objeto; no son los momentos los que hacen la infancia, no… Son los objetos… Ya casi no recuerdo al niño, éste se desvanece en la sombra de las destellantes luces del televisor que muestran el nuevo objeto por adquirir, el nuevo deseo por desear, la nueva infancia por venir y la felicidad que ya nunca vendrá. Objeto que cubre aquel vacío en la sensación de lo propio; la avaricia disfrazada con el manto de la ingenuidad y la inocencia; infancia que se prostituye en el deseo por el valor de aquello que no es poseído.

Es así como crecemos, es así como vivimos, es así como olvidamos; es así como reemplazamos a nuestros seres amados por nuevos, de la misma forma que reemplazamos aquel primer amor por uno nuevo; porque así es, como olvidamos los momentos, reemplazándolos por nuevos mientras evadimos la sinceridad, mientras perdemos la realidad, de la misma forma en que nos perdemos a nosotros mismos…

Ahora sólo desearía no haber sido tan egoísta, sólo desearía no haber olvidado a mi abuela, sólo desearía haber dado más de mí mismo, pidiendo menos, deseando menos, y queriendo un poco más…

El amigo vagabundo

Recuerdo a todos aquellos “otros” que conocí alguna vez, como aquellos vagabundos con quienes solía platicar al salir de la escuela cuando me encontraba en el primer año de la primaria, en aquel momento, también mis únicos amigos; para mí no existía maldad, locura o repulsión ante su imagen cuando los veía sentados cerca de mi casa e incluso les llevaba comida.

Recuerdo que un día al salir de la escuela me senté en la calle con uno de ellos tras haberle llevado un pequeño sandwich; mi hermana menor solía salir más tarde y mi madre la recogía en la escuela y dejarla en la casa antes de volver a su trabajo; yo me había salido de la casa sin avisarle a la señora que solía cuidarnos, quién ciertamente no tenía idea de lo que hacía cuando ella no me veía al volver de la escuela; el punto es que, mi madre me vio al lado de aquel hombre y con una veta de horror en sus ojos me tomó de la mano y me jaló con fuerza hacia ella, apartándome tan rápido como fuera posible de aquel hombre, yo me solté de su mano y alegué con furia que “¡Él es mi amigo!”, ella me tomó nuevamente de la mano exclamando: “¡¿Cómo va a ser tu amigo Gabriel?!”. Y sin responder nuevamente me desprendí de su mano, colocándonos cara a cara, lanzándole una mirada de desprecio exclamando entre ceja y ceja: “¿Qué diablos pasa contigo?”

“¡Él es mi amigo!” exclamé nuevamente para acto seguido correr hacia aquel vagabundo y sentarme a su lado, mi madre me siguió con presurosa cautela, manteniéndose sólo lo suficientemente cerca como para asegurarse de que “no me fuera a hacer daño” o algo por el estilo; en su cara se dibujaba una enorme extrañeza, acompañada de un gran espanto que poco podía comprender lo que la normalidad de su pensamiento le dictaba a apartarme de aquel hombre envuelto en harapos, cubierto de su propia suciedad, inmerso en una locura contraria al dictado de los principios de la sociedad; allí me esperó algunos minutos al lado de aquel hombre mientras yo esperaba pacientemente a que terminara el sandwich que le había llevado y a los pocos minutos, una vez terminado, me levanté de su lado y me despedí de él como usualmente lo hacía al tiempo que le decía que lo vería al día siguiente para llevarle otro sandwich.

Una costumbre y hasta un ritual se volvió para mí preparar ese sandwich con mermelada de fresa con cajeta, así me los preparaba yo y así se lo preparaba a él, mi amigo, aquel de quién nunca supe ni me importo su nombre, así como él jamás preguntó por el mío, sólo dos desconocidos compartiendo un sandwich, dos amigos compartiendo un poco de dulzura.

Con el transcurso de las semanas, incluso mi madre le pedía a la señora de la casa que me preparara aquel sandwich extra que compartiría con aquel hombre al volver de la escuela y al principio simpre habría alguien observando desde la distancia, lo cuál me molestaba porque no quería que eso hiciera sentir incómodo a aquel amigo mío, e incluso llegaría el momento en el que nadie tendría que esperar a mi lado para saber que volvería a casa apenas termináramos de comer aquel sandwich.

Un día al salir de la escuela, llevando los sandwiches que solía compartir con él y tomando la ruta que acostumbraba todos los días para encontrarme con él en aquel sendero a mi casa, sorprendí su ausencia allí donde siempre solía encontrarle tendido entre sus cobijas; pregunté a las personas que solían pasar por aquel lugar, algunos vendedores de dulces que frecuentaban la primaria, así como a algunas personas que me habían visto antes con él.

Algunos me dijeron que simplemente se fue, otros dijeron que algunas personas lo corrieron del lugar, pero en cualquiera de los casos, sentí la perdida de un amigo, lloré su ausencia en aquel momento y aún lo hago mientras escribo ésto; un amigo con quien no intercambié palabra alguna y si lo hice, sinceramente no puedo recordarlo, sólo recuerdo la dulzura que compartíamos en la mutua presencia del otro.

La anomalía

Observaba el interior del túnel esperando la llegada del metro, un hombre escupe a las vías de forma escandalosa y las personas lo miran con desagrado, aunque él no le presta mucha atención; su ropa y su cabello empiezan a moverse un poco por la brisa del tren que se acerca rápidamente, la puerta del vagón se detiene frente a él y aborda mientras el sonido del cierre de puertas se mantiene por unos segundos.

Contempla el fondo del vagón y se sienta en un rincón del mismo en el suelo, levanta la mirada hacia las luces amarillentas del mientras algunas de ellas se encienden y apagan de forma intermitente. Una mujer con un aspecto descuidado y vestida como una vagabunda entra apresurada al vagón antes de que la puerta se cierre; el rostro de algunas personas en el metro describen cierta sorpresa y temor al ver al rostro de aquella mujer.

Se mueve con cierta torpeza por el pasillo y se limpia la boca constantemente con la manga de su sudadera, la saliva se le escapa entre balbuceos de las palabras que chirla. Él la mira desde la distancia con desagrado y se nota cierto alivio en su expresión al verla alejarse por el pasillo, pero ella regresa y sus ojos se encuentran con los suyos; ahora se aproxima y en su interior, él sólo suplica repetidamente que se aparte lo más pronto posible, no obstante, ella lo saluda sentándose a su lado.

-Hola, yo te conozco ¿no?

La mira con un poco de extrañeza.

-¡Si! Yo te conozco, ¿te acuerdas de mí?

Fuerza una sonrisa y niega gentilmente con la cabeza.

-¿Tu papa nunca te habló de mí, verdad?

Ahora sus ojos se alteran estrepitosos con sorpresa.

-Jaja, ¿Tú crees que estoy loca verdad Gabriel?

-¿Cómo sabe mi nombre?

Ella se ríe y le responde:

-Siempre fuiste así, ¿Recuerdas la vez que estabas jugando con tus amigos del kínder a las escondidillas y creíste que se habían olvidado de ti pero apenas saliste de tu escondite te agarraron y te pusiste a llorar?

La expresión en el rostro de Gabriel cambia completamente a una forma de asombro y horror, y le responde a la mujer en un tono evasivo.

-Señora no la conozco, creo que está equivocada.

La mujer se ríe cubriéndose los ojos y levanta la mirada con el rostro cubierto de lágrimas.

-Solía contarte un cuento cuando estabas pequeño… La oruga y su amiga la mariposa, ¿te acuerdas? No importa cuantas transformaciones tengas, todas las cosas llegan al mismo fin.

Gabriel nuevamente la mira con asombro y una pequeña lagrima corre por su mejilla expresando casi con un susurro:

-Tú…

-¿Ya me recuerdas?

-¿Por qué?…¿Por qué te fuiste?

La mujer intenta articular las palabras emitiendo ligeros sollozos, mientras se le escurre la saliva de su boca chimuela.

-No era esa la vida que yo quería Gabriel

-¡¿Y qué querías?! ¡¿Vivir en la calle?!

Algunas personas en el vagón se sobresaltan por los gritos del chico y asoman la cabeza para intentar ver lo que ocurre…

-No Gabriel, sólo no quería ésto…

-¡¿Qué?! ¡¿Ser mi madre?!

La mujer se levanta apresuradamente y sale por la puerta del vagón antes de que ésta se cierre, Gabriel corre tras de ella, pero no logra alcanzarla, las puertas del vagón se cierran frente a él de forma agresiva y él contempla desde la ventana mientras el tren se aleja…

-¡¡MÁMA!!

Una avenida a mitad de la noche y unos cuantos faroles encendidos que iluminan las penumbras de la misma a lo largo del asfalto.

El rostro de un hombre es azotado violentamente contra el cofre de una patrulla.

El sonido de las esposas deslizando los dientes que aprisionan las manos del hombre mientras solo se distinguen algunos “flares” de las luces rojas y azules…

Ahora el hombre se encuentra en una celda sin ventanas, una tabla de madera ajustada al muro a forma de cama/banco y un rugoso sarape por cobija, al final de la celda un agujero que pretende ser un retrete

Finalmente lo habían detenido, el juego que había jugado toda su vida se había terminado, finalmente allí estaba él, cara a cara consigo mismo, sin otra cosa alrededor que las 4 paredes que delimitaban su celda; ahora todo parecía tan distante, tan separado del futuro con el que había soñado.

Ahora sujeta un cigarrillo y lo lleva copiosamente hasta su boca para exhalar un delgado hilo de humo

Para su sorpresa, se encontraba bastante tranquilo en esas 4 paredes, ya no tenía nada que perder, ya nada le preocupaba, ya no tenía nada que esconder, finalmente el mundo conocería la verdad, la falsedad que había vivido durante toda su vida, había llegado a su fin, no tenía a donde ir y sinceramente no deseaba tener algún lugar a donde ir, estaba acorralado y eso le daba una sensación de paz indescriptible. Ya nada podía preocuparle, todo estaba definido.

No obstante… comenzaba a descubrir que no se encontraba tan solo como él creía…; allí estaba de nuevo esa voz que lo había acompañado toda su vida, esa voz que lo había obligado a cometer todos esos asesinatos… “¡Mátalo, Mátalo!”

Una memoria se desprende desde su subconsciente en la cual el hombre sujeta del cuello a otro con bastante fuerza hasta llegar al grado de asfixiarlo…

Esa voz que le seducía constantemente con el odio y la rabia: “¡Eres una estúpida…! ¡Te odio!; ¿Tú qué diablos sabes? ¡Nada! ¡Siempre fuiste débil!”

Una a una emergen las memorias  en las que se ve a sí mismo abofeteando a su madre y golpeando a su padre

Esa voz que lo había alejado de todos sus seres amados…, incluso de la que alguna vez fue su más grande amiga y compañera… “Ésta vieja no me deja en paz, seguramente está viendo a otro, yo también debería buscar a otras mujeres”

Esa voz con la cual se había traicionado a sí mismo tantas veces desde que era niño. “Tú tómalo, no se van a dar cuenta”

Ahora se ve a sí mismo refractado en una de las paredes de la celda… se encuentra en la escuela… robando aquellos juguetes que tanto envidiaba de sus compañeros…

¿Quién lo diría? Apenas nacido y ya condenado a pasar el resto de sus días en aquel reducido espacio…, condenado a escuchar ésta voz en su interior que no lo dejaría ya nunca en paz.

Esa fiel, aunque traicionera consejera y confidente que había sido cómplice de sus más profundos secretos, y más depravados deseos. Esa voz que ahora solo le hacía añorar el más profundo silencio.

Termina su cigarro y acomoda la colilla entre el anular y el gordo lanzándolo contra la pared, mientras una leve chispa de color anaranjado se desprende de la misma.

Recarga su espalda en el cama/banco de madera y lleva sus manos hacia la parte posterior de su cabeza para poder descansarla.

Es irónico en cierta forma, porque finalmente se encontraba solo; estaba aquí… tan cerca y tan distante al mismo tiempo, separado de todo por un abismo sin bordes ni plataformas. Qué difícil es poder describir ésta sensación, la experiencia de encontrarte justo donde siempre quisiste estar y a la vez sentir que te encuentras demasiado alejado de todo, sin posibilidad, forma o medio de comunicación que pueda cruzar éste enorme abismo.

La celda apenas iluminada por unos cuantos haces de luz que transitan la totalidad de la celda hasta nuevamente dejarla en penumbras, describiendo la transición del día desde la celda)

Hace 23 años que estoy encerrado en ésta celda, con solo dos pequeñas aperturas que apenas me permiten distinguir las extrañas siluetas que se dibujan en el exterior.

¿Qué es esto que nos ha separado tanto? Estás tan cerca y a la vez tan lejos… ya no te escucho…  tus palabras que antes sonaban claras en mi consciencia… como si fueran la más clara evidencia de la existencia de Dios, como la promesa que devolvería nuestra fe en la humanidad, ahora se desvanecen entre los huecos de éstos lamentos que añoran ser escuchados, éstos huecos que he formado con mis propias mentiras, con mis propios engaños…

Tus palabras que antes eran tan profundas, ahora solo forman un distante eco en este abismo… este abismo sin espacio, sin tiempo, sin futuro… un vacío que ya nada puede llenar…

¿Qué es aquello que nos ha separado tanto de ésta humanidad?

Se deja ver una pila de cartas ubicadas justo debajo del cama/banco.

Antes tus cartas se colaban entre las estrechas ventanas, pero ahora… las ventanas se han vuelto demasiado estrechas y la humedad en el interior desintegra las cartas antes de que puedan ser leídas…

Tus palabras que antes expresaban “te amo” en cada verso, párrafo, guion o acento, ahora suenan solo como aquel repugnante sentimiento de obligación ante la narrativa de algún  convencionalismo, como aquellos con los cuales la gente juega a parecer y sentirse como buenas personas o tal vez solo un poco mejores que nosotros, la escoria de ésta sociedad, un producto más de la sociedad que ya ha consumido nuestra alma…

Esa misma hipocresía, fue la que me trajo aquí, esas falsas sonrisas que simplemente me volvían loco, cuando lo que realmente quería decir era – una memoria emerge en la cual el hombre se encuentra parado frente a su amigo de la infancia y se ve a sí mismo gritando “¡Me las vas a pagar maldito imbécil!”
Un eco se desprende tras aquel grito reprimido en la oscuridad de su mente… y nuevamente el hombre ha encendido un nuevo cigarrillo e inhala con fuerza de éste mientras las brasas anaranjadas lo consumen velozmente… y el hombre despide una enorme bocanada de humo…

¿Sabes qué es lo curioso del miedo? Que éste jamás tendrá miedo de dejarte, pero tú si tendrás miedo de dejarlo a él…

El miedo no puede sentir miedo, porque éste ya es el miedo en sí mismo, pero tú… no dejaras el miedo solo porque crees que al tener miedo aparentemente sabes algo acerca de tu propio miedo y entonces crees que por el hecho de que tienes miedo, conoces algo de tu propio miedo…

Por mucho tiempo creí saberlo… pero ahora entiendo, todo era parte de la misma idea que nos da la seguridad de creer que poseemos nuestro propio miedo, que nosotros tenemos al miedo, pero la realidad es que no tienes nada… el miedo te tiene a ti, bien agarradito de los huevos…

Se escuchan golpes e intercambios de ademanes, amenazas y chiflidos a lo largo del pasillo y se escuchan algunos gritos a la distancia de un hombre que exclama:

“¡Al chile que vaya entendiendo ese cabrón que el respeto se gana! ¡En ésta vida nada es gratis!”

Ciertamente… en ésta vida el respeto es algo que todos desean tener, pero no es algo que se gana, es en realidad algo que se reconoce, pero no puedes reconocerlo a menos de que tengas el valor de pararte frente al espejo y reconocerte a ti mismo en la forma más dolorosa y sincera que puede existir, de la única forma en que podremos vernos alguna vez honestamente a nosotros mismos…

Cada vez que repasas el pasado, de la misma forma que repasas las páginas de un libro que alguna vez leíste por primera vez, descubres que en realidad estás leyendo un libro nuevo, tal vez porque descubres algunos detalles de los cuales no habías prestado atención la primera vez que lo leíste o tal vez es porque has descubierto nuevas formas de leer ese libro…

Algo similar ocurre cuando escuchas las historias de las personas que conoces en tu vida; es como conocer un millar de libros…

Existen versiones cortas de esas obras y versiones extendidas y completas de las mismas, existen grandes autores, grandes clásicos y también existen, como yo, solo algunos que escribimos otra del montón, una historia llena de fracasos y errores y son desafortunadamente esos los libros que nadie quiere leer, porque la gente solo quiere leer sobre las historias de éxito, pero nadie quiere conocer a los perdedores, aunque no se den cuenta que esas son las historias de las que ciertamente más se aprende…, pero eso sí, hay que saber escuchar y saber ver las dificultades y los retos de las mismas…

Un cigarrillo se consume tras otro en sus labios… y el hombre cierra sutilmente sus ojos para realizar una inhalación realizando un gesto placentero aunque a la vez sumiso frente a sus propias reflexiones…

Muchos podrán decir que los retos fueron los mismos para todos, pero la realidad es que no todos fuimos el mismo para esos retos… de haberlo sido tal vez todos habríamos alcanzado el éxito.

El único problema es que, nuestras historias no relatan los mismos capítulos, ni presentan a los mismos personajes quienes en otras circunstancias, habrían llegado frente a este personaje en esta historia y dado aquel consejo o aquellas palabras de aliento cuando más se necesitaban, las cuales llegaron a determinar el destino del protagonista en los capítulos siguientes antes de su éxito…

Las voces en la cabeza pueden ser verdaderamente un fastidio en los momentos más críticos, esos momentos en los que el éxito está más cerca de definir los próximos 20 años de tu vida de lo que realmente puedes concebirlo en el momento.

Y claro, todos fallamos, aunque solo me habría gustado no fallar en aquellos momentos en los que más lo necesitaba…
Una lágrima corre por sus ojos… mientras sostiene su cigarrillo aún encendido.

Allí está nuevamente… puede verse claramente a sí mismo siendo regañado por sus padres al momento que éste les entrega su boleta de calificaciones… y levanta sutilmente la mirada con los ojos llorosos, incapaz de comprender o explicar el motivo de su fracaso…

Han pasado ya 23 años desde que estoy encerrado aquí adentro con éstas voces… ya apenas y recuerdo algún momento de quietud o silencio en mi vida, el cual para mí era la definición misma de la libertad; aunque ¿Cómo pude ser alguna vez libre si siempre estuve en ésta celda?

Supongo que tampoco estuvo tan mal…, es decir pude ver tantas imágenes como yo quise, tantas siluetas, sombras y figuras dibujadas de lo que quería creer que era la vida, y a veces cuando me esforzaba lo suficiente, hasta podía imaginarme lo que podría haber sido realmente encontrarme en esos momentos y vivirlos… pero ya no…

No es algo que esté dispuesto a tolerar más…

El hombre se levanta energéticamente del cama/banco y grita:

“¡Estoy harto de ti! ¡Voy a matarte…!”

Arranca la navaja de su pequeño rastrillo y se abre la garganta decidido a liberarse a sí mismo y a éste mundo del verdadero criminal…

El hombre que se encuentra en la celda frente a la suya, empieza a gritar alarmado por la ayuda de los custodios mientras el hombre frente a él se desangra

Pensar que la muerte nos acecha en cada esquina, no es tan aterrador como vivir toda una vida sin tener el coraje para hacer de ésta (de nosotros) lo que queremos ser/hacer en ella.

Los guardias entran presurosos a la celda intentando ayudar al hombre quien ahora yace desangrado en el suelo.

Sin importar si te encuentras libre en la calle o encerrado en una prisión, el poder decir:

“Si, estuve en prisión y fui tan libre adentro como afuera”, a veces es lo que marca la diferencia entre una persona que vive como le dicen que debe vivir y una persona que vive lo que decide vivir; a pesar de los obstáculos en su camino (mismo si son las personas de nuestro entorno).

Cuando ves las cosas de ésta forma, incluso el temor a la muerte es una excusa demasiado cómoda.

Caballo del viento

“When I dare to be powerful – to use my strength in the service of my vision, then it becomes less and less important whether I am afraid.” – Audre Lorde

Cuando quieras engañar al mundo, di la verdad – Otto Von Bismarck
Narran los antiguos cuentos que cuando el hombre aún hablaba la lengua de los animales antes de perderse en su propio ego, un joven encontró a un viejo maestro en el bosque quien le instruyó en los secretos del maestro cazador…

En medio de aquella densa maleza, su cuerpo se ajustaba perfectamente a la extraña geometría de las ramas en las que se encontraba postrado, el mapa ajedrezado del tiempo se disolvía entre sus pensamientos que aguardaban el encuentro con su presa. Calculaba y repasaba sus movimientos, la distancia que se describía entre el arco y su corazón, la mortal danza que habría de realizar para ajustarse magnánimamente con los de su presa. Pronto, su vida y la de ésta, se encontrarían en juego.

El bosque era una tumba imbuida en el silencio y el cuerpo del hombre empezaba a cansarse en aquella incomoda postura, hasta que de pronto, el esperado sonido… una rama se quebraba en el suelo anunciando la presencia de la que habría de ser su víctima.

Se levantó delicadamente en sus piernas, manteniendo el frágil equilibrio entre las ramas y más importante aún el silencio que le otorgaban el factor sorpresa que tanto necesitaba: extendió cuidadosamente sus dedos para desplazar las frondosas ramas que revelaron a la mirada dos cristalinos ojos que se encontraron

con los suyos; la magna osamenta de aquella criatura figuraba entre las coronas de los más grandes reyes, aunque en su mirada se describía dentro de sí la más dulce inocencia, ésta era fija y penetrante, como si en esos grandes ojos se revelaran los más íntimos y profundos secretos del alma.

Un sutil susurro escapó a sus labios: “perfecto”.

Alistó su arco y preparó la flecha, un firme movimiento conteniendo la respiración con la mirada fija en su objetivo, alineó la punta del mortal proyectil… y se detuvo.

“No puedo…” repetía en sus adentros pues se encontraba cautivado por la belleza de aquel soberbio ejemplar. Era simplemente magnifico, de modo que decidido a tolerar un día más del hambre que lo sobrecogía hasta poder encontrar otra presa.

Poco a poco empezó a destensar la cuerda de su arco. Pero en ese momento un torpe movimiento de su pie lo hizo resbalar y caer de la rama hasta el suelo; la flecha se disparó en el aire y él azotó en el suelo; golpeando su cabeza contra una de las raíces del tronco del árbol en el que se hallaba oculto; viendo la luz desvanecerse de sus ojos en el instante que la contusión seguida al sórdido golpe paralizó su cuerpo…

Se percibió ausente apenas unos instantes antes de poder levantar la mirada, contemplando ya la negrura del bosque cubierto por el manto nocturno; la luna pintaba algunas dunas blancas en el firmamento describiendo un océano estático en medio del bosque. Los olores a lima y pino inundaban la atmosfera con tal armonía que podría jurar que sus respiros le bastaban para alimentar su espíritu.

Se detuvo un momento a contemplar la hermosura de aquella escena, recorriendo el inusual paisaje oculto a los ojos ya acostumbrados a encontrar normalidad en las apariencias, aunque pronto entre los matorrales asombró un destello rojizo que destacaba en medio de aquella escena y su curiosidad no se hizo esperar

para conducirlo a averiguar el origen de aquella extraña tintura.

No obstante, ante sí se produjo el horror, pues su ciervo había desaparecido. Halló en su lugar el cuerpo de un infante, en cuyo rostro se apreciaba la muda expresión del eterno descanso.

La flecha que profanaba el cuerpo de aquel niño fue retirada veloz, pero delicadamente del corazón que ahora había dejado de latir, al cazador lo envolvió una impasible culpa y remordimiento, derrumbándose sobre sus rodillas al hallarse responsable del terrible incidente…

Tomó un respiro y secó sus lágrimas, levantó la mirada y decidido a rendir los justos ritos funerarios, envolvió la soga originalmente destinada al arrastre de la presa en torno al pecho del niño e inició el duro arrastre de su cuerpo a través del bosque hasta su campamento…

Con el transcurso de las horas, la cuerda comenzaba a lacerar la piel del joven cazador. No obstante, tal vez impulsado por su propio remordimiento, estaba decidido a llevar consigo el cuerpo de aquel niño tratando de exculpar su propia culpa; esperando que al menos de esta forma, su deuda pudiera verse compensada de alguna manera…

La oscuridad era tan densa, que a cada paso que daba en ella, en lugar de sentir la gélida caricia de un viento invernal se sentía inmerso en la mitad de un océano glacial; cada pisada que daba en su interior desgarraba su piel como agujas que parecían lacerar sus músculos, entorpeciendo sus movimientos y doblegándole

hasta la voluntad. Por si fuera poco, al caminar sobre aquel atropellado suelo podía sentir como la tierra y las piedras abrían la planta de sus pies y sus tobillos, los cuales tambaleaban con torpeza frente al inmenso dolor mientras trataba de mantener el equilibrio en medio de aquella densa penumbra.

La incertidumbre se apoderaba de él… ¿Hace cuantos años había vagado en aquella oscuridad? ¿Cuándo fue la última vez que dio un paso certero en medio de aquellas lobregueces? A la distancia comenzaba a notar los robles que daban indicio de la ubicación de su campamento, animándolo a realizar el último esfuerzo necesario para finalmente descansar de la exhaustiva travesía.

Finalmente había llegado, rápidamente escogió algunas ramas y hojas secas de los alrededores, un poco de resina que llevaba consigo y predispuso todo lo necesario en forma circular a fin de poder iniciar una pequeña fogata; una chispa con un par de pedernales y poco a poco una sutil flama comenzó a emerger

entre las hojas. La débil resplandecencia de la llama advertían en su interior un primitivo impulso que le obligaba a conservar una respetuosa distancia entre su cuerpo y el ente frente a él; un antiguo e irracional temor que le anunciaba la presencia de un ser ajeno y extraño.

Sin embargo, ante la carencia de señales otras que pudieran ofrecer alternativa y empujado por su propia desesperación, decidió hacer caso omiso de su propio temor aferrándose a la única señal apenas tan clara como la tenue flama en la distancia, su curiosidad.

De modo que empezó a aproximarse a la flama que comenzaba a cambiar paulatinamente a medida que se acercaba a esta; estaba creciendo, no había duda de ello, comenzaba a crecer de forma pausada, siendo ésta débil al inicio y más fuerte al final, como si ante la cercanía de su presencia, algo avivara la flama.

De pronto se le antojo la idea de que en realidad ambos, la flama y él, estaban encontrándose en medio de aquella negrura. Un lugar donde el fuego no era ya un elemento inerte como lo había concebido la mayor parte de su vida. No, este era algo más, algo sujeto de cuerpo y presencia cuya forma se mantenía difusa, aunque íntegra al mismo tiempo.

Su luz podía apenas resplandecer fuera de su perímetro ante aquella profunda sordidez, pero se mantenía constante ante la brutalidad e inclemencia de las sombras que parecían intentar consumirlo. Ahora estaba viendo el fuego, un ser con propia voluntad. El cazador estaba seguro de ello…

También empezaba a notar que con cada paso que daba hacia el fuego, algo de este liberaba sus músculos de aquellas agujas formadas por la gélida y fría oscuridad. El calor que se desprendía del fuego de pronto ya no podía ser explicado por medio de la lógica que convierte el frío en frío y el calor en calor. Su mente ya no le alcanzaba para eso, su cuerpo estaba siendo liberado y esa sensación describía algo tan abstracto que no lograba articularlo en las palabras.

Se sentó un momento frente a él, contemplándolo en su interior, sintiendo su presencia cruzando aquel abismo que los dividía: “el espacio entre su cuerpo y el mío” se decía hacia sus adentros; su calor le resultaba ajeno, tan único en su presencia como nada que hubiese experimentado antes y no obstante, algo de si estaba pasando hacia él a través del espacio que los separaba, algo estaba rompiendo la fría lógica de su consciencia, en la misma forma que ese fuego atravesaba el frío abismal de aquellas tinieblas. Algunos susurros se desprendían de su boca, que murmuraba como en un respetuoso rito de comunión consigo mismo: “Dicen que los objetos jamás se tocan realmente en el espacio, porque las moléculas jamás se tocan entre ellas. Siempre hay una cierta distancia que existe entre cada una de ellas. Los átomos no se tocan entre sí, porque de hacerlo tomaría lugar lo que conocemos como una fisión nuclear y éstos estallarían de forma tan veloz y dramática como para siquiera haber podido albergar alguna vez la presencia de cualquier forma de vida… así es, todo parece requerir de cierta individualidad, alguna clase de independencia, pero la verdad es que nada se consolidaría o manifestaría sin la unión y cercanía que estas moléculas mantienen entre sí.

Cuando uno corta la madera ¿qué es lo que divide realmente las moléculas de la misma? A medida que el hacha golpea la madera y ésta se separa ¿Qué es lo que la divide? ¿Es el filo del hacha o es el calor generado por la fricción del impacto? ¿Qué es el calor entre las moléculas? ¿Alguna vez te has quedado viendo el

fuego? ¿Alguna vez has notado el calor en tu interior? Qué extraña manifestación es el fuego en esta existencia. Siempre creí que el fuego simplemente consumía la madera como un combustible, algo que le permite permanecer con vida, no obstante el fuego no muerde o mastica, no come o devora, en realidad acaricia y toca la madera, se posa sobre ella y la envuelve en sí mismo, de igual forma en que los amantes frotan sus cuerpos y sienten el calor entre ellos avivando su presencia hasta que ambos se integran en aquel abrazo como uno…

Irónicamente, al igual que la materia se transforma en la caricia del fuego, los amantes también se transforman el uno al otro con cada una de sus caricias, pero no llamamos a esas caricias una simple “aceleración de partículas”, aceleración que se supone reconstituye la solidez de la madera al viento y al calor del fuego…

Hay algo en aquellas lágrimas que he llorado durante mi vida que transforman mi interior: ya sea que llore de alegría, de rabia o de tristeza; todas esas emociones, todas esas experiencias, todos esos sentimientos generan calor dentro de mi cuerpo y con cada uno de ellos que ha ido y venido a lo largo de mi vida, algo

de mí ha cambiado, se ha transformado y se ha envilecido con cada pensamiento que recorre mi cabeza, cada pensamiento como la chispa que genera todas esas emociones, que genera ese calor en mi interior…

Algo en esos amantes también envilece a medida que el fuego los consume… de pronto se manipulan, utilizan el calor del otro como una vía para el chantaje, el engaño y la manipulación; las promesas se convierten en lanzas y espadas heladas que son usadas el uno contra el otro, como si con ello intentaran aferrar y volver dependiente al otro a su presencia… pero ¿Quién depende realmente de quién? ¿Quién intenta asegurar la permanencia del otro al mundo de lo propio? Es como si ahora, ambos lucharan por conseguir el combustible del otro para poder continuar consumiéndose el uno al otro hasta que el fuego se ha vuelto incontrolable y termina por consumirlos totalmente a ambos.

El fuego puede crear y dar vida, como la madre que resguarda a la cría en su interior donde podrá conseguir el alimento, y sobre todo el calor que necesita para su supervivencia o aquella que constituye una especie de útero externo, una expresión sólida, aunque delicada para contener temporalmente aquella vida que sigue esperando por nacer. En tanto la madre busca el calor que ella no puede proveer y que el huevo no puede generar en el suelo de la tierra, donde apenas a unos centímetros de la superficie existe calor suficiente para abrigar a las crías que en ese calor reciben el abrazo de otra madre, el abrazo de la tierra misma…

Ninguna forma de vida puede existir sin la presencia de calor suficiente, sin el fuego interno, pero cualquier forma de vida puede consumirse rápidamente si éste pierde su balance y estabilidad por alguna razón, cuando la pequeña flama se convierte en un incontrolable incendio que lo consume todo, de la misma forma en que nuestra mente puede ser consumida por la locura si no dominamos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

¿Qué es el fuego en verdad? ¿Qué es el fuego realmente? ¿Qué es éste calor en mi interior que reconoce y abraza a su hermano? ¿Qué es éste calor en mi cuerpo el cual se vuelve más evidente en los momentos en

los que he abrazado otro cuerpo?”

Su propio murmullo envolvía la totalidad de la escena, en ese silencio incluso el más ligero sonido resonaba en un eco que reverberaba en todo su alrededor, pero de pronto, ese murmullo estaba regresando… y expresaba algo distinto a lo que él había expresado:

– ¿Qué se volvería evidente para ti sino tu propia ignorancia al orden de la existencia misma? No sabes ver las cosas como son, porque solo ves las cosas desde tu limitada perspectiva, ves las cosas como tú eres. La tenue luz de la flama dibujaba algunas sombras en medio de aquella sordidez y a pesar de la debilidad de aquel resplandor el destello que iluminaba sutilmente su entorno le era suficiente para poder analizar el rostro del infante – su pelo negro, sus mejillas redondeadas, sus delicados labios y su delgado cuerpo; se mantuvo cerca de él, observando y contemplando sus rasgos preguntándose por su madre y su padre.

“Tal vez se encuentren preocupados” se decía a sí mismo y si los encontraba ¿Cómo iba a explicarles lo sucedido? ¿Cómo justificaría la torpeza de sus acciones para aliviar el dolor de sus padres?

Y ¿Cuál sería la reacción de éstos ante la terrible noticia? Contemplaba detenidamente el rostro del niño y trataba de adivinar el interior de sus memorias, las cosas que le habrían hecho reír y llorar, las experiencias que había vivido, los caminos que había recorrido, los amigos que había formado y quienes tal vez ahora lo echarían de menos.

La intensidad del fuego hacia retroceder la penumbra a su alrededor, hasta que el chasqueo de las chispas llamó repentinamente su atención dirigiendo su mirada directamente al interior de éstas, donde sus ojos se encontraron directamente con la mirada de un misterioso ser que se abrigaba en las tinieblas al otro lado del fuego. Dos diminutas chispas anaranjadas se delineaban sutilmente a través del fuego ocultando la penetrante mirada de un feroz animal.

Una inmensa sombra comenzó a emerger de entre las flamas, destellando la afilada sonrisa entre el hocico y las puntiagudas orejas de la bestia, las cuales sostenían entre éstas los ojos de un implacable e impiadoso juez cuya mirada parecía posarse sobre su misma eseidad, adivinando todos sus movimientos y previendo su inevitable final; su cuerpo se veía sostenido entre delgadas aunque musculosas patas, cuyos pasos aún en medio de la oscuridad eran tan firmes como su evidente voluntad para matar, imbuyéndolo en la sensación de verse acorralado y destinado a no ser ya más que el aperitivo de aquella bestia…

– ¿Quién eres extraño? (preguntó al feroz animal)

El hombre preparó arco y flecha, alistando ambos a la defensa de su propia vida y del infante a sus pies.

¿A qué has venido?

– Vengo a reclamar el alimento que tú has despreciado

– ¡No hay nada para ti aquí, tendrás que buscar en otro lado!

– Defiendes a un ser que ha cesado sus alientos en un mundo destinado a los vivos, no hay lugar ya para él aquí humano y te recomiendo que, así como has dado muerte a éste ser en su presencia sobre la tierra, termines con lo que queda de él en el interior de tu consciencia

– ¡No es alimento lo que ves aquí lobo, sino el cuerpo de mi hermano caído!

El gesto del lobo cambió dramáticamente del acecho a la sorpresa y una veta de extrañeza se apreciaba en su mirada que ahora recorría el rostro del hombre, curioso ante el sentido de las palabras que el cazador recién había pronunciado. Le llevó algunos segundos el avistar la fisura en la cabeza del hombre, aún sangrante por el incidente y entonces preguntó al cazador:

– Humano, ¿Cómo te has hecho esa herida?

– Cazaba en el bosque cuando avisté un ciervo al cual intentaba derribar, pero resbalé del árbol en el cual me encontraba oculto golpeándome la cabeza con las raíces del tronco y la flecha perdida alcanzo al que ahora yace a mis pies.

– Ya veo, humano, veo una gran confusión en tus ojos y temo decirte que te has extraviado. En éste momento no existe en ti otra cosa más que la duda y el miedo.

– No me he extraviado. Este fuego aquí que me ha indicado el camino ¡Tú pareces ser en realidad quien no merece asunto en este espacio!

– Joven es tu raza entre aquellos que le han precedido, demandas respeto en un mundo al cual apenas has arribado

– ¿Cómo osas pretender conocimiento sobre lo que se mueve en mi interior? ¿Acaso puedes ver el dolor y la culpa que yacen en mí?

– No soy yo quien lleva vagando por tantos años inmerso en la densa oscuridad… temo decirte mi amigo que te has encontrado apartado de tu luz por más vidas de las que podrías vislumbrar; pudiste haber encontrado la llama antes, pero en realidad fuiste tú quien siempre decidió permanecer apartado, de otra forma ésta

habría emergido aún en medio de la más densa oscuridad, de la misma forma en que tu presencia la ha alimentado y le ha permitido emerger

Por ello la tuya ha sido más bien una ausencia que no ha hecho más que poner en evidencia la ignorancia en la cual has vivido… sinceramente un buen cazador no titubea ni escapa a la oportunidad de una presa certera. ¿Por qué has resbalado privándote deliberadamente del alimento dispuesto ante ti a pesar del hambre que te aqueja?

– Descubrí en aquel ciervo una sublime presencia, sus ojos se encontraron con los míos por un instante y al verlos, me vi a mí mismo; decidí resistir un día más el hambre hasta encontrar otra presa.

– ¿Y no crees que habrías descubierto en otros seres la misma mirada reveladora de tu propia naturaleza? ¿Por qué te escondes en las tinieblas de tu inconsciencia, ignorando el reflejo de tus hermanos?

– Severas palabras para un maestro asesino

– La vida y la muerte no son cosas tan distantes mi amigo, ambas forman parte de uno mismo, algunas cosas terminan y otras comienzan.

Uno respira trayendo a sí mismo la manifestación de la vida y exhala de la misma forma en que da su último aliento que termina la vida, la vida y la muerte se encuentran presentes en cada respiro; abres los ojos a cada amanecer de la misma forma en que viste la luz de este mundo y los cierras cada noche como cierras tus ojos a la luz de la vida. Lo irónico es que la vida inicia en el caos, ya que a pesar de que tratamos de reconocer e interpretar el mundo a través de la luz, es en las sombras desde donde se configura la materialidad de la vida… caos y orden, vida y muerte…

Algunas veces, me he visto obligado a comer de la misma carne que ha viajado y cazado conmigo, la carne de mi propia sangre y de mi propia familia, pero eso no significa que no vea que la carne de mis hermanos que me ha alimentado, es la misma carne que me sostiene en este mundo y que un día servirá de alimento

para otros seres quienes también son mis hermanos…

– Jamás he apartado mi vista de la verdad, ni aparto el mundo frente a mí en contemplaciones absurdas

– Temo decirte que te has perdido en tu propia individualidad, ignoras las relaciones que te conectan con todos los seres en la existencia, como la diminuta hormiga que se alimenta de los cuerpos de los más grandes seres, o el gusano en la tierra que nutre el suelo y se alimenta aún de los restos que no alcanza a consumir la hormiga, nada se desperdicia en este mundo, hasta los más pequeños forman parte de tu existencia y tú formaras parte de la suya aun cuando tu presencia ya no camine sobre ésta tierra; no obstante, te apartas a ti mismo en aras de una equivocada percepción sobre la independencia y la libertad… tus ojos se han acostumbrado a ver a través de ideas erradas y ahora una profunda ceguera es la que nubla tu consciencia.

– ¿¡Cómo lo hacen!? ¿Cómo es que ustedes pueden permanecer ajenos ante la pérdida de sus seres queridos?

– Aceptar la muerte no es indiferencia a la fatalidad de la misma, humano. Yo contemplo la belleza del sacrificio que la araña hace al ofrecer su cuerpo como alimento para dar vida a sus hijos, no lucha contra ellos, no intenta detenerlos y más importante aún, no resiente la acción de los mismos al devorar su cuerpo y no es necesario el perdón si no resiente la acción que es una entrega incondicional.

Entrega tan consciente y valiente como la de cualquier madre dispuesta a dedicar su vida al cuidado de sus hijos. El amor se revela en formas extrañas y profundas, de alguna forma, lo que alimenta mi carne es algo de ellos que pasa hacia mí. Cuando su carne se vuelve mi carne, tal vez sea algo que la araña también sabe cuándo devora a la mariposa que queda atrapada en su telaraña, y tal vez sabe que algo en su carne será parte de aquellos que ahora construirán las telarañas que alguna vez ella hizo. Puedo ver el fuego en mí, yo soy el calor que habita el fuego, que habita en cada molécula, en cada partícula, en cada ser que respira y en la exhalación misma del último aliento que vuelve al todo.

– No logro entender ¿por qué el creador daría garras y dientes a sus hijos para verlos destrozarse y devorarse entre ellos?

– Tal vez era necesario forzarnos a nosotros mismos a hacer lo necesario para continuar demostrándonos que sin importar cuales son las circunstancias bajo las cuales nacemos y existimos, ya sea que tengamos dientes y garras, o que tengamos aletas o agallas que éstas no limitan lo que hacemos con lo que se hizo de nosotros, es decir, tal vez podemos seguir expresando amor, a pesar de nuestros dientes y nuestras garras.

Yo no sé del origen que no encuentro en mí mismo, tampoco entiendo por qué el ser humano teme su propio poder, tanto que lo aparta de sí mismo y hace a otros responsables por lo que él crea, tanto así que espera que la presencia de lo que alguna vez camino sobre la tierra continúe andando de otra forma, en otra parte una vez que ésta suspira su último aliento; en realidad creo que es cobarde y egoísta, pensar que su individualidad permanece o se mantiene y en ello reside su más grande temor, porque no está dispuesto a formar parte de algo más grande que él, espera sentarse a la derecha del padre sin dejar de existir como individuo, pero la verdad es que el ser humano no se da cuenta de que ya forma parte de algo más grande que él, algo tan grande como la hormiga, el gusano, la mariposa, la araña y aquello que los conecta y los hace formar parte de aquello que llaman vida. Si no puedo hallar el origen, no trato de responsabilizar a otro negando mi existencia, tal vez yo soy el origen, porque veo mi reflejo en todas las cosas, en todas las criaturas.

– ¡Lo único que quería hacer era mostrar mi amor por aquello que pude ver en el ciervo! ¿¡Es eso algo cobarde y egoísta!?

– Si lo es, no creas que si no tocas o influyes a la tierra y sus criaturas que ello evita, previene o no tiene consecuencias. Lo único que en realidad haces es apartarte a ti mismo de las relaciones que nos conectan a todos, es como venir al mundo y pasar por la vida sin haber realmente existido, porque todo a tu alrededor seguirá creciendo y alimentándose. Tú no podrás formar parte de ese equilibrio, llevándote de esa forma la condición inevitable de tu extinción junto con la de tu especie, porque aún si el humano cree que éstas ideas lo hacen en alguna forma encontrarse por encima de las criaturas que habitan este mundo. El humano depende mucho más de ellas de lo que éstas dependen de él y si éstas relaciones se rompen, el ser humano perecerá con ellas, porque jamás logró comprender el equilibrio del cual formaba parte.

Sus ideas son solo en apariencia nobles, pero también distantes de la vida; se esconden en falsas ideas que han creado sobre el honor y el respeto solo para poder sentirse seguros dentro de ellas, porque se encuentran aterrados del mundo que no alcanzan a comprender.

– Tus palabras no alivian la culpa que aqueja mi consciencia

– Ese momento no fue un momento que viviste, sino un momento que moriste… cada momento te acerca más a tu muerte y cuando tratas de vivir definido en esos momentos… adivina qué pasa…

– Permanezco muerto en la memoria…

– Exacto…

– ¿La muerte hablando del perdón…? ¡¿Vamos a quién pretendes engañar?! ¡La muerte no perdona a nadie!

– En efecto mi amigo, la muerte no perdona ni cumple caprichos banales o materiales. No obstante, el hombre que da muerte a su propio rencor, destruye su propio odio y el ego que no solo lo destruye a sí mismo sino a los demás, realiza un regalo a la vida y en la muerte la vida puede emerger. En ese sencillo

acto el hombre que una vez conociste muere y se crea a sí mismo, es decir, literalmente realiza un acto de creación, donde desde la nada crea algo y da vida a aquello que decide traer a la vida como una expresión y manifestación de sí mismo.

La muerte no es necesariamente el fin de las cosas, puede también ser el inicio de las mismas; la verdadera cuestión aquí es: ¿Qué es exactamente lo que dejamos morir y qué es lo que permitimos vivir?

– Perdonar la acción del hombre que comete un error es una cosa, pero perdonar la maldad es algo muy distinto…

– A no ser que la misericordia del hombre sea confundida con la indulgencia, la cual le ciegue sobre sus acciones y le induzca a hacer lo que cree correcto en lugar de hacer lo que es necesario, lo cual muy pocos hombres entienden cómo hacer y mucho menos se atreven a hacer y ésta no es una acción realizada por

hombres quienes creen que el fin justifica los medios, sino porque ésta es en realidad una acción en la cual el hombre deja ir sus intereses por lo que realmente es lo mejor tanto para sí mismo como para sus hermanos, un acto de valor supremo…

– Pero aquel momento… entiende lobo que yo no quería matar a este niño.

– ¿¡Cuál niño!? ¡Mira de nuevo al ser que se encuentra tras de ti!

– ¡Claro! ¡Y eso te dará la oportunidad de hacerme bajar la guardia y aprovechar mi descuido para atacarme!

– ¿De verdad crees que habría venido hasta aquí sin haber garantizado la victoria desde el inicio? Mira a tu alrededor

El joven cazador contempló su entorno, descubriendo resignado una jauría de lobos a su alrededor, quienes habían estado escuchando la conversación entre su líder y el cazador.

– Si lo hubiese querido, habría terminado ya contigo desde el inicio de esta conversación ahora observa detrás de ti humano…

Resignado ante el hecho de encontrarse completamente acechado, el cazador descendió arco y flecha, otorgando un profundo suspiro y viró su cuerpo para contemplar el sitio en el cual había depositado el cuerpo del infante. Descubrió que tras de sí el diminuto cuerpo de aquel niño había desaparecido, dejando en su lugar el cuerpo de aquel ciervo que había intentado derribar, el cual tenía alrededor de su pecho las cuerdas que el cazador había utilizado para arrastrarlo hasta su campamento…

– No es posible…

– El niño que viste humano, eras realmente tú, eso fue lo que viste en los ojos del ciervo, te viste a ti mismo, asustado y solo ante el mundo en el cual temes vivir… pero debes saber que el único que tiene el derecho sobre su propio destino es el hombre. Este puede optar por utilizar el pasado como guía para alimentar

su propio odio y resentimiento o puede decidir renacer y ser el siempre misericordioso niño que por sobre su propio rencor, estima más al reflejo de su propia existencia como la vida misma y olvida el pasado, olvida y abandona la inteligencia que le dice que debe cuidarse la espalda de aquellos que le agredieron antes, que le recuerda a cada instante lo que le hicieron y lo que aparentemente le deben.

El hombre mide sus experiencias, decide después cuales son las que le gustan y cuáles son las que no y entonces guarda el odio y el rencor en sus memorias, tratando de obtener la felicidad en lo ajeno al resto del mundo con el cual se encuentra en guerra y de allí su temor a perder su individualidad tras el fin de sus

propios alientos, porque lo que ha aprendido es a colocar y definir un valor separado de su propia persona.

Ha aprendido que las cosas tienen y pierden su valor, por lo que entonces, lo que se tuvo se pierde y lo que se pierde es recordado de forma egoísta y excluyente al mundo que el humano no se atreve a aceptar y es entonces que lo único que vive en el humano son esos recuerdos que trata de honrar y mantener como intenta mantener su individualidad, hasta que llega el momento en el que solo recuerda su odio y su rencor y trata de esconderse de éste mundo creando otro donde puede seguir existiendo dicha individualidad…

– ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Qué pasa con la virtud y la bondad? ¿También son locura?

– Jajajaja, temo decirte mi amigo que uno no llega a conocer el mundo por la bondad de los ángeles, sino a través de la maldad de sus demonios. Más conocer las limitaciones de la realidad no significa subyugarse a las mismas, porque en la medida que damos una mirada sincera a nuestros propios errores, es como corregimos y perdonamos el pasado a fin de labrarnos un mejor futuro. Creo que en la medida que nos convencemos que el enemigo se encuentra allá afuera, más lejos estamos de entender lo que realmente está mal con nosotros y con ellos nuestra oportunidad para cambiarlo.

. Veo en ti, mi amigo, no una amenaza sino una oportunidad para entender lo que está fallando y así trascender nuestras propias limitaciones… el problema no son aquellos que no pueden entrar, son los que no pueden salir.

No dejo de cuestionarme ¿Por qué el humano debe alcanzar lo divino si nace en imagen y semejanza de su creador? ¿Por qué la maldad le alcanza de forma tan pronta y expedita mientras la divinidad que atribuyen a éste ser supremo solo espera por aquellos “dignos” de la gloria que el humano tanto desea, la cual es alcanzada por unos cuantos quienes parecen haber sido predestinados a la misma, iluminados y escogidos para el plan supremo desde su nacimiento? ¿Por qué a Dios no le alcanzó su infinito conocimiento y sabiduría para manifestar la igualdad entre los humanos? ¿Son la imagen y semejanza de Dios una cosa

dada? ¿O es acaso que el hombre no se ha dado cuenta que es capaz de hacer por sí mismo aquello que ha esperado que la divinidad haga por ellos?

– ¿Qué quieres decir? El hombre no puede hacer los actos que corresponden al creador.

– ¿Cuál es la más suprema autoridad atribuida a éste creador mi amigo?

– La creación misma tal vez

– No, humano. La creación es consecuencia de un acto caótico, un acto como la muerte y la vida misma, en realidad el acto que el ser humano realiza con dificultad hacia si mismo es el perdón. La autoridad para regalarse el poder y la fuerza para superar su propio enojo, su propia culpa. Explorar dentro de y más allá del mundo que “ha sido colocado ante mis ojos como el limitado esquema de posibilidades que se ha definido como la vida y el vivir” es entender que en la consideración de mi mundo trasciendo las barreras de mi limitada presencia a mi persona, y expando a la infinidad de las posibilidades que me deviene la existencia misma del universo en el cual existo, ”Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia” han sido de igual forma atribuidas a un ente supremo, distante y separado de la humanidad. Como si el humano fuese incapaz de sentir el calor en su interior para salir de las limitaciones de su cuerpo y ponerse en el de los demás.

Porque haciendo ésto me provee de la posibilidad de llevar mi presencia a todos los rincones de éste mundo a pesar de la distancia, que la posibilidad de entenderme a mí mismo me permite entender más del mundo que me rodea y en ello descubrir que soy el reflejo de la existencia misma en todas sus formas y expresiones como la ilimitada expresión de la vida misma.

Este acto me da absoluto entendimiento de “todo es vida, la vida es aquí y soy uno e igual con la vida, en tanto que la vida que consideré es la vida que me daré para vivir a mí y a los demás” donde entender que yo soy el creador de las posibilidades, y la posibilidad que cada uno se da en dicho entendimiento, es una fuerza colectiva que puede hacer y crear no solo un mundo nuevo, sino una posibilidad para cada uno, deviniendo en ello el verdadero poder de nuestra Unicidad e Igualdad.

Es por esto mi amigo que no existe un Dios, porque el verdadero ser del hombre se encuentra fragmentado en la separación, en divisiones y clases sociales que sectorizan al mundo y no permiten que exploté el verdadero potencial que realmente tienen.

Ese poder solo podemos ejercerlo juntos, porque solo entendiéndonos como “Uno e Iguales” que entendemos por tanto lo que somos capaces de hacer y crear en este mundo, como Creación, Creador, Creado. Nosotros los creadores creamos la creación que no es lo mejor para todos; considerar el mundo más allá de las fronteras del esquema de mi cultura, de mi nación, de mi sociedad, de mi familia, mis amigos, mi pareja, mi mente, mi consciencia, mi falso yo, para enfrentar las limitaciones de mi visión del mundo. En tanto que mi visión deviene de mi modo de verme y entenderme a mí mismo. Por medio de ello entender como no soy limitado a tales definiciones.

– Creí que aquel niño había…

– No murió humano, solo se hizo hombre.

Y entonces el lobo y el cazador se sentaron juntos a comer de la carne de su hermano, celebrando al niño que se había convertido en hombre, en hermano y en fiel amigo…

Dicen las leyendas que fue el hombre quién domesticó al lobo, pero es mentira, fue el lobo quien domesticó al hombre.

A veces confundimos la familia con el linaje, la sabiduría con la jerarquía y la culpa con el perdón; será en la medida que aprendamos a vernos a nosotros mismos de forma sincera y honesta, aprendiendo a dejar ir la falsa imagen, idiosincrasias, religiones, políticas y economías que alguna vez permitimos que nos dividieran

entre nosotros, que podremos darnos a nosotros mismos una nueva oportunidad, dejando ir el pasado para crear un mejor lugar para cada criatura, cada especie y cada ser vivo con quien compartimos ésta vida.

La mañana del tercer día, bajó para consumar su visión; la gente con una veta de espanto, observaba a aquel extraño descender de la montaña, abriéndose paso entre los árboles, y apenas puso un pie en la tierra del fuego, el gran jefe apresuró su llegada y llevándolo rápidamente lejos de la vista del resto de la gente hasta un tipi, con la finalidad de retornar a aquel extraño extranjero entre su gente.

– ¿Vienes de visita extranjero? O ¿Has vuelto entre tu gente para quedarte?

– Hay muchos regalos que pude encontrar en el bosque, allá en aquellos días de mi soledad entre las montañas; allá por el séptimo momento una pequeña oruga cayó desde la copa de un árbol hasta mis pies; su cuerpo en apariencia frágil y débil ya contaba algunas historias a pesar de su corta existencia. Ante mí tenía al maestro de las transformaciones, anunciándome la inevitabilidad de la muerte… así de efímera es la espiritualidad, puesto que sin importar lo mucho que uno pretenda cambiar, la muerte siempre lo llevará de vuelta a la oscuridad de donde uno proviene, allende el lugar donde residen los sin nombre.

– ¿De qué ha servido entonces tan larga jornada a cientos de guerreros de quienes aún se cuentan sus leyendas?

– No lo sé gran jefe, supongo que esos nombres sólo han servido de excusa a los vivos para darnos alguna suerte de tranquilidad frente a la inevitabilidad de nuestro destino.

– ¿Qué más viste en aquella oruga mi querido sobrino?

– Me vi a mí mismo querido tío, vi mi temor a la muerte

– Entonces viste tu temor a la muerte, no a ti mismo. Mi querido sobrino, tal vez el retorno de tu viaje ha sido demasiado apresurado, tanto que ha sido poco lo que han podido tocar tus pies la tierra como para dejar su marca.

– ¿Pero es acaso nuestro propósito existir como un fragmento en la persistencia de la memoria? ¿Creí que encontraría más que sólo promesas de auras vitales?

– Mi querido sobrino, saliste allá a la montaña persiguiendo una visión como el cazador que persigue búfalos, como el guerrero que busca cabelleras, como si los espíritus te debieran una visión, buscaste fuerza y sabiduría ¿pero sabrías reconocerlas si éstas simplemente se te otorgaran? El sufrimiento no nos otorga visiones, como tampoco el valor, ni la fuerza de voluntad.

– Por momentos parece como si perdiera mi centro; sé que esa sabiduría y fuerza provienen de cada uno; el sonido de las hojas que se deslizan entre el viento formaban el sonido del océano, y de entre todas las visiones, aquella fue la que personalmente encontré entre mis sueños más lúcidos; allí me quedé paralizado en medio del bosque sólo escuchando, añorando la conexión que alguna vez encontré entre mi ser, mi cuerpo y mi mente, y fue en ese momento, que el caballo del viento que remontaba ferozmente los árboles haciendo tan sublime sonido me narró el nacimiento del primer árbol, cuando el primer ser se arrastró fuera del abismo hasta la tierra, quedando cautivado de tal suerte por la belleza de la existencia y la vida misma, que se detuvo sólo por un momento a prestar la más solemne atención a su entorno, a cada sonido de las profundidades que incluso comenzó a navegar entre las estrellas, hizo ésto con tal profundidad de tal forma que tal instante duró no menos de una eternidad; sin darse cuenta sus pies se enraizaron al suelo, sus brazos y articulaciones se endurecieron, y tanto los dedos de sus manos, como cada cabello de su cabeza comenzaron a extenderse en todas direcciones como si trataran de alcanzar la vastedad de todo cuanto le rodeaba…

– ¿Alguna semilla habrá dejado entonces aquella visión para que dirija tu camino?

– Puedo ver el umbral, el abismo que existe entre los seres que parecieran no poder hacer otra cosa más que resignarse a sentir el vértigo y en ello ya pues su fascinación por la muerte misma.

– ¿Será que en algún lugar entre el vértigo y el abismo pueda cruzar alguna palabra que permita a éstos seres formar el puente que mitigue tan profunda soledad?

– El cuerpo es ya la puerta, el abismo pues no expresa un vacío entre los individuos, sino tal vez entre las lenguas mismas, que constantemente pareciera cortar los amarres de este puente entre los pueblos, entre las naciones que se ven impedidas a salir de su propio territorio y que por tanto temen el territorio ajeno, allí y justo allí donde ellos son pues los extranjeros, y temen de tal suerte adquirir un punto de vista distinto que su condición es entonces imponer al que cruza la necesidad de aprender la lengua que ellos dominan y se gobiernan.

– La pregunta mi querido sobrino, es si la libertad de nuestro pueblo podrá coexistir con las libertades que otros se toman en su tierra.

– La libertad mi querido tío, no reside en el derecho a vivir en la dependencia, sino en el trabajo que yo realizo a fin de satisfacer la plena libertad del otro, sabiendo reconocer pues si es que vivo aún bajo el esquema de dichas dependencias; tú mismo lo has dicho – ¿sabríamos reconocer la fuerza y la sabiduría nos fueran otorgadas? ¿sabríamos decir lo que funciona para el otro cuando desconozco el camino sobre el cual aquel ha dejado pues ya su marca? ¿No es verdad que el árbol que emerja de aquella semilla compartirá el mismo tronco, aun cuando las ramas del sur y las ramas del norte se encuentren distantes unas de otras?

– El espacio entre una salida y una llegada, puede también ser un espacio de contradicción

– ¿Y a quién compete pues resolver la confusión tío, si es uno quién cierra entonces sus oídos a la razón? La confusión que la mente crea, es el cuerpo el que la sufre, porque allí donde la palabra no nos alcanza para desenmarañar el entretejido de estas verdades en las que nos hemos perdido y hasta contrariado, es entonces y sólo entonces que la hospitalidad de la escucha estrecha la mano de la razón, allí donde decimos no ser capaces de escarmentar en cabeza ajena es donde perdemos de vista el camino del corazón, porque no es a través de la cabeza sino de todo el cuerpo que encuentro el camino a través de las ramas, bajando por el tronco y hasta las raíces donde el otro es también mi hermano. Para seguir en la vida a veces tenemos que olvidar, pero para poder vivir, a veces debemos recordar tío… aquel camino que va más allá de los íconos y los ídolos, más allá del guerrero que pretende la esclavitud de otros a fin de fingir la libertad de la suya. Allí donde nuestro camino es el polvo gemelo de las mismas estrellas.

– El camino rojo…

– Ahó metakiase…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s