El arte de la Paz

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Hace muchos años, más de los que la memoria podría albergar; había un viejo emperador quien estando al borde de la muerte y no teniendo un heredero al trono, comenzó a temer por el peligro futuro más allá del borde de sus fronteras y convocó uno a uno a todos sus ministros de guerra y generales, para encomendarles una tarea…

Con estas palabras el emperador expresó: “Quien logre conquistar el reino que se encuentra al otro lado de las montañas, obtendrá el honor de convertirse en mi próximo y único heredero al trono”

Entonces uno a uno los ministros y generales convocaron a sus ejércitos y establecieron sus estrategias para conquistar el reino vecino, el cual era temido por muchas naciones debido a su enorme poder.

Uno de ellos trato de negociar la paz con el reino vecino, estableciendo relaciones mercantiles entre ambos reinos, llevando cientos de obsequios forjados en los más finos metales, pero la paz no fue lograda, pues el emperador del reino vecino dijo que tomaría todas las riquezas del emperador una vez que conquistara sus tierras

Otro de ellos organizó a sus ejércitos y los comando al borde de las fronteras con el reino vecino, para intentar conquistar este, aplicando las más hábiles estrategias de guerra, pero no logró conquistar al reino vecino, pues éste poseía uno de los ejércitos más grandes y fuertes conocidos por el mundo, y uno a uno cayeron todos y cada uno de los soldados del general.

Otro de ellos intentó desposar a una de las hijas del soberano del reino vecino, dedicando innumerables hazañas, regalando finos artes  y construyendo enormes monumentos para conseguir la mano de alguna de las doncella, pero también falló, pues ninguna de las hijas del soberano del reino vecino logró ser impresionada o encantada con los talentos y regalos del general, pues ellas poseían ya todos los lujos, los más sublimes artes e imponentes monumentos por parte de los generales del propio reino vecino.

Poco a poco todos fallaron en sus intentos por conquistar el reino vecino y el emperador comenzó a desesperar por encontrar una solución. Fue entonces que el emperador convocó a todo su reino a buscar al más diestro y hábil de los guerreros, para que le ayudara a encontrar una solución.

Pasaron días y semanas sin que nadie se atreviera a hacer presencia frente al llamado del emperador, hasta que llegó a sus oídos la noticia sobre la existencia de un legendario guerrero cuyas habilidades con la espada eran tan diestras y excelsas que podía acabar con cualquier enemigo antes de que el otro tuviera siquiera la posibilidad de empuñar el arma.

Fue entonces que el emperador convocó a aquel legendario guerrero, bajo promesa de darle la misma recompensa que había prometido a sus generales si le ayudaba a resolver aquella situación que tanto le preocupaba.

A los 3 días, el guerrero se presentó frente al emperador; un samurang que llevaba consigo 3 espadas, lo cual despertó la curiosidad del emperador, pues asumió que “Este debe ser un poderoso guerrero”. Fue entonces que el viejo emperador solicitó al samurang:

“Mi reino será tuyo si encuentras la forma de conquistar al reino vecino”

Y de éste modo el samurang respondió al viejo emperador:

“Con gusto realizaré la tarea que me encomienda, pero para poder llevar a cabo dicha labor, debe permitirme entrenar a todos y cada uno de sus súbditos, hasta que todos sean tan buenos y diestros guerreros como su humilde servidor, y para lograr tal objetivo le solicito que me conceda 1 año hasta cumplir con mi tarea”

El emperador accedió a la petición del samurang, y pasado un año el samurang se presentó nuevamente ante el emperador con la noticia de que el emperador del reino vecino había desistido de su deseo de conquistar el imperio del viejo emperador, y más aún, había establecido una alianza con éste para que protegiera el reino del viejo emperador.

Muy sorprendido el viejo emperador, le dijo al samurang:

“Como lo que he prometido, mi reino queda ahora a tu cargo, sin embargo, me gustaría saber ¿Cómo fue que lograste conquistar al reino vecino, cuando ninguno de mis generales y ministros de guerra pudo hacerlo con sus poderosos ejércitos, ni con sus hábiles estrategias?”

A lo que el samurang respondió:

“Cuando era joven, deseaba conocer y dominar el secreto de las artes marciales para convertirme en el más poderoso de todos los guerreros; día tras día entrené arduamente para este propósito desafiando y venciendo a todos y cada uno de los guerreros que encontraba a mi paso. El silbido de mi espada era conocido y temido en los más recónditos rincones de los más lejanos reinos, pero a pesar de todas mis victorias y a pesar de haber conseguido las más poderosas armas que algún guerrero podría pedir, mis intentos por convertirme en el más diestro guerrero parecían jamás estar del todo completos, pues nunca encontraba paz; por cada guerrero que enfrentaba uno nuevo aparecía y la gran mayoría de ellos se presentaban ante mí con deseos de venganza, pues ellos eran hijos, alumnos y amigos de los guerreros que había derrotado antes que ellos.

Poco a poco, cada pueblo que visitaba quedaba fracturado a mi paso, se volvía débil y vulnerable ante los bandidos y criminales que los atacaban, pues las personas de esos pueblos que eran antes protegidos por la reputación de aquellos guerreros, ahora se encontraban sin guía o protector, lo cual los llevó a todos a un interminable círculo de violencia y conflicto entre ellos.

Fue entonces que surgió un enemigo tan poderoso y tan terrible como yo, un demonio vestido con las cabezas de los guerreros que había derrotado, era una bestia tan horrible y aterradora que logró vencerme en el único lugar donde cualquier guerrero sería derrotado, pues me desafió en aquel lugar donde jamás encontré paz, en mi mente y en mis sueños, pues este demonio era yo, y yo era el demonio que no podía vencer. Entonces me di cuenta de que todo ese tiempo había utilizado la espada para crear guerra, pero no para la paz, pues no había paz en mí.

Invadido por mi pena y mi remordimiento, fue entonces que comencé a servir a todas las personas a quienes había dejado indefensas y vulnerables con mi egoísmo por convertirme en el mejor guerrero; y sólo así encontré poco a poco la paz, conforme encontraba el perdón en mí mismo para poder detener la guerra que yo mismo había creado.

En ese momento entendí que la amabilidad y el servicio eran mejores armas que la espada, pues con éstas lograba terminar las peleas antes de siquiera comenzarlas… por eso las espadas que llevo conmigo no son para hacer la guerra, sino un recordatorio para siempre escoger la paz.

Es por ello que he entrenado a todos y cada uno de los súbditos del reino del emperador, para que todos y cada uno de ellos sean tan buenos y diestros guerreros, como aquellos que saben exactamente como blandir una espada, pero que lo hacen lo suficientemente bien como para jamás tener que utilizarla.

Al cabo de un año, me he presentado ante el emperador del reino vecino y he vencido a todos y cada uno de sus guerreros sin siquiera tener que blandir la espada, para demostrarles que ésta es para ejercitar el cuerpo y la mente y no para dañar a otros.

Los súbditos de nuestro emperador han aprendido a servir y ser amables los unos con los otros, pues sólo colaborando entre ellos, ayudándose mutua e incondicionalmente, serán siempre más fuertes que cualquier ejercito, pues en lugar de combatir entre ellos y encontrarse divididos por sus ideas, estarán siempre unidos frente a cualquier adversidad y sabrán hacerle frente a cualquier situación; sabrán confiar en sí mismos y en los demás para buscar la solución que garantizará una paz que durará por siempre.

Viendo lo poderoso y sabio que se había vuelto nuestro imperio bajo estas enseñanzas, he logrado que el reino vecino solicite a nuestro emperador que eduque a su reino en los mismos secretos de este camino para la paz, pues el emperador del reino vecino se ha dado cuenta de lo incomparablemente mejor que es tener un reino en paz que tener un reino en constante guerra y conflicto con el resto del mundo, pues ello no permitía que ni él ni su reino tuvieran paz; de este modo, tanto el reino vecino, como su emperador han sentido tal agradecimiento que han jurado servir y proteger a nuestro imperio de cualquiera que pretenda hacerle daño, pues ahora nuestro reino se ha convertido en la ciudad sagrada que guarda los secretos del arte de la paz.”

 

Como descendiente del Samurang

Quien mantiene el honor y la fe,

Seguiré la verdad y temeré la mentira

Cultivaré mi cuerpo y mi alma

a base de entrenamiento y mantendré el espíritu del

Cheung (amor a la nación), Hyo (amor a los padres),

Yie (respeto) y Wi (justicia) dentro del corazón

Para contribuir al beneficio de la humanidad

Así como para hacer de esto un estilo de vida para la gente del Haidong Gumdo.

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