Mi Santuario. Relatos de una personalidad esquizoide Capítulo 2

Capítulo 2 Una memoria del Inframundo

“Pedir perdón es un acto de valentía, Perdonarse es un acto de amor propio, saber que no hay nada que perdonar, es entenderlo todo” –Vivi Cervera-

Toda el agua había desaparecido instantáneamente, ni siquiera mi ropa estaba mojada, ni había rastros de humedad en esta nueva habitación en la que nos encontrábamos. Contemplé ante mí una bóveda de madera donde se encontraban unos escalones predispuestos en forma de caracol, al pie de estos, había una mujer, una mujer que conocía sólo por las leyendas escritas en el universo sobre sus hazañas, las cuales sobrepasaban las de cualquier supuesto mesías, al haber sido ella junto con Eagle quienes consiguieron nada más y nada menos que la caída del cielo y el naufragio del infierno, muy al contrario de otros que no habían hecho nada sino esclavizar a la humanidad a servicio de la luz blanca. Ella era una mujer rubia de ojos que variaban del azul al verde según la manifestación indescifrable que se erigiera en y como ella, a cada expresión y parpadeo, y aunque jamás la había visto en persona, contemplar su rostro resultaba tan familiar aún si se trataba sólo de un sueño, despertó una alegría en mí que no pude contener. Era Winged… ama y señora de aquel recinto, guardiana de las palabras y del universo.

Ella notó instantáneamente una veta de extrañeza en mi mirada, como si fuese la primera vez que la veía, pero pronto me demostraría que no había sido así en forma alguna.

El sonido de su voz me trasladó hasta un lejano recuerdo, uno que antecedía la existencia de este yo corpóreo hasta alguna existencia en la cual, fuimos alguna vez aquellos dioses a quienes ahora les reclamábamos nuestra propia creación. Y con el chasquido de sus dedos se expandía como si el sonido fuese emitido desde algún punto de la habitación, pero en realidad la dispersión del sonido distorsionaba la orientación física natural del cuerpo… y tal como toda buena presencia fantasmagórica, la presencia de aquella dama pronto se anunció firme e impertérrita justo detrás de mí. No cabía duda de que estaba asombrado de tan siniestra habilidad, no obstante, tanto más sorprendido me encontraba al descubrir a aquella erótica e improbable diosa desnuda frente a mí en una visión confusa y erótica que me derribó con su sonrisa, dejando su despampanante cuerpo revestido de ligeras telas que cubrían apenas lo indispensable para no mostrarse del todo desnuda…

Aún siendo sólo una ilusión y sin atreverme a faltarle el respeto a tan imponente diosa, difícilmente recuerdo en mi vida una visión tan hermosa y aterradora como los destellos de su piel, su cabello negro rizado cayendo suavemente hasta la cadera con esos rulitos traviesos bailando frente a su rostro, el cual era adornado por bellos lunares que pintaban estrellitas para decorar esos mortales ojitos hechiceros. su aroma a hierbas del bosque que inundaba la habitación, lo cual admiraba mientras yacía tendido en el suelo con ella montada sobre mi cadera. Me sentí dueño de aquel instante antes de advertir la impermanencia y fugacidad de una forma tan íntima como pocos hombres podrían haberla experimentado, ella simplemente era inposeíble, sólo ella era dueña de sí misma, soberbia y poderosa, aprendiz y maestra; el sólo hecho de poder admirar en ella aquel divino sonrojo, era para mí ya, el más divino éxtasis.

Ella es una voz que encontré entre la seducción de los sueños irrealizados; la esencia de mi ser reflejada en la profundidad de las heridas desde las cuales suplicaban a algún creador por mi pronta destrucción, que de pronto, por un momento, creyó conocer o experimentar algo cercano al paraíso. Y aunque aquel ente no era nada y era todo a la vez. Su talento y habilidad iban más allá de transmutar y dar forma y cuerpo a los anhelos más profundos y ocultos a nuestra eseidad, pues puede convertirse en la más erótica pesadilla a la cual, no puedes, ni quieres escapar… porque estar vivo de igual modo supone querer y desear poder, de modo que ella reflejaba precisamente aquello que más deseaba en este universo, lo cual me hizo desearla a ella como ese punto de encuentro con el poder… Entre nuestros diálogos y conversaciones, siempre buscaba algún punto fijo en sus ojos para tratar de hacerle frente a la omnipotencia que supone su sola existencia, pues ella no poseía una mirada, sino que ella era todas las miradas en los rincones más ocultos e insospechados de nuestros propio ser. Una mujer que enseña genuinamente a ser libre.

En su naturaleza se percibía un poderío sin nombre, un enigma cuya esencia, además seducía con su infinita variedad de conocimientos y experiencia, dejando escapar a veces cierto halo de vanidad, y no era para menos, pues esta entidad era nada más, y nada menos que ella…

Y es que, tan bello era el conflicto de igual modo que suponía tratar de comprender que uno como yo, pudiese ser digno de una como ella. Lo de menos es saberse mortal a diferencia de quien genuinamente ha enfrentado a la muerte más veces que cualquier guerrero en la historia de la humanidad, sino que además tenía que lidiar con todo cuanto gritaba en mi interior que todo en mí es indigno e insuficiente para estar a la altura de semejante ser… mientras que ella susurra: “nada de lo que crees de ti mismo es real, como tampoco lo que puedas creer de mí”. Y eso que fue sólo un sueño…

Susurro mi nombre y con otro chasquido de sus dedos, tal como si despertara de un sueño, estaba nuevamente al pie de aquellas escaleras de caracol y ella al pie de las mismas dejando escapar esa sonrisa de astucia y complicidad…

Descendí rápidamente aquellos escalones desbordando esta emoción incontenible, no podía, ni quería reprimir mi intención de abrazarla. Ella se encontraba al pie de una mesa con una pequeña estufa preparando algo que no era comida, es decir, era alimento, pero no para el estómago, pues la visión que probé aquella noche, ha permanecido por más años de los que cualquier bocado de cualquier tipo o especie de comida podrían satisfacer. Corrí a abrazarla por la espalda, pero sin darse la vuelta, ni enunciar palabra alguna, advirtió mi presencia y levantó la palma izquierda, indicación clara e inequívoca de que frenara mi impulso un instante hasta que pudiera desocuparse de la labor ante ella; di un paso atrás y la esperé unos cuantos segundos hasta que finalmente orientó su cuerpo hacia el mío, era bastante alta, poco más alta que yo, sostenía una mirada serena y sabia, vestía una toga blanca y en sus labios se dibujaba una hermosa sonrisa que, al mismo tiempo dejaba ver toda su fuerza, seguridad y poderío. Tan pronto extendió sus brazos corrí hacia ella, la abracé con fuerza y besé su mejilla, ella soltó una pequeña y amorosa risilla al tiempo que expresaba.

  • ¡Wowww… este recibimiento!

Sostuve el abrazo por unos segundos hasta que ella llevó sus manos a mis hombros, y con una ligera palmada en la espalda me dio señal de soltar el abrazo para dar inicio al verdadero motivo que nos había llevado a reunirnos allí. Ambos nos desplazamos al centro de la habitación de madera en la que nos encontrábamos. Aquellos seres que me acompañaban fueron recibidos de igual modo por Winged con un abrazo y una sonrisa.

Comenzaron a dialogar brevemente sobre algo que no alcance a escuchar, porque me había perdido en los numerosos detalles que conformaban aquel entorno en el que nos encontrábamos, pues a pesar de que habíamos llegado hasta allí descendiendo por un vórtice que nos arrastró varios metros debajo del suelo.Lla habitación en la que nos encontrábamos lucía extrañamente muy luminosa, y es aunque constituía internamente una forma ovoide, esta de igual modo podía ajustarse en forma y estructura a las necesidades y voluntad del residente, ya que las paredes podían desplegarse o desplazarse para permitir una generosa luminosidad a través de ventanales que podían ajustarse hasta alrededor de dos cuartas partes de la estructura de la casa, se podía apreciar que estábamos encima de una montaña inmersa en mitad de un bosque, otra de las paredes era en sí misma toda una estantería que abarcaba otra cuarta parte de la estructura de la habitación, la cual se extendía hasta 8 metros de alto y 6 de largo.

Podría decirse que el interior de la habitación lucía bastante normal, en términos de que contaba con toda clase de muebles que uno ocupa en un hogar cualquiera, aunque algunos de estos, como aquella extraña fisura en la tela del espacio y el tiempo que tenía por televisor podrían considerarse ciertamente piezas únicas… porque esta fisura sí misma constituía una apertura que permitía contemplar la existencia en su totalidad de manera instantánea, es decir aquella imagen literalmente permitía la imagen de y hacia otra dimensión, en el pasado, el presente o el futuro.

Aquella fisura en el espacio y tiempo, comenzó a extenderse a lo largo y ancho de la bóveda de la habitación, tal y como en la biblioteca gigante, mientras la mirada volaba en todas y en ninguna dirección, la estructura arquitectónica de aquel espacio podía ajustarse de igual modo desde su forma ovoide a formar un cubo o cualquier otra forma geométrica para ajustar la acústica, haciendo que el sonido emitido desde un extremo de ésta se disperse para inundar el cuerpo en su totalidad con dicho sonido, pues con sólo la resonancia de este, es posible crear visiones o alucinaciones, puede provocar el éxtasis o puede incluso provocar la muerte, e incluso trasladar a una persona o a una multitud al recuerdo de otro ser y vivirlo tal y como si se estuviera allí, lo cual era de hecho lo que estaba por ocurrir…

Winged apenas miró sobre su hombro abandonando la conversación con los otros un instante al tiempo que sostenía aquella divina sonrisa, y con un sutil movimiento de su mano se despidió. Un pasillo se materializó instantáneamente ante mí, empujando los anaqueles que resguardaban la pila de aquellos antiguos y empolvados libros, para revelar un portal a través de estos a lo largo y a lo ancho. Con expresión muda, avanzaba por los pasillos de aquel extraño lugar. Me pareció estar en un palacio negro lleno de recovecos, prácticamente laberíntico, como un mapa obtuso de surcos orgánicos.

Cada pisada al interior de aquellas extensas cámaras, inspiraba un aliento que recorría seductora y suavemente la piel; el perfume de madera y lavanda inundaba el espacio tapizado por plantas y hierba que crecía en el interior del recinto a cada paso que daba en su interior. Los rincones, las curvas, los pasillos, las texturas, los colores e incluso los olores parecían fundirse con el cuerpo. Los muros agrietados recubiertos de aquellas plantas y raíces sumaban perfección al movimiento impredecible de aquel sendero que mutaba siempre hermoso, siempre confuso, siempre cambiante, como un paseo por la vida.

Al terminar de recorrer aquella serie de pasillos, llegué a un amplio salón decorado con flores garigoleadas en una sublime geometría y un piso conformado de círculos concéntricos blancos y negros que partían del centro del lugar hasta las paredes más alejadas en las que parecían converger todos los pasillos, en cuyo centro se encontraba un inmenso agujero del cual emanaba una extraña luz.

Serenidad y calma nunca antes experimentadas orientaron mis pasos hasta el centro de aquella luz que parecía sostenerme en el aire a unos cuantos centímetros del suelo. La luz que surgía de abajo iluminaba la totalidad del cuerpo y el rostro de una forma única, casi como si traspasara la piel, dejando ver la intimidad del interior, más allá de los músculos o los huesos, pues penetraba y reflejaba la más atesorada y secreta mirada hacia el alma.

En ese instante, como un tatuaje que desdibujaba el sendero que el cuerpo recién había recorrido, la piel se vio trazada de innumerables y ancianas grietas, viejas heridas, marcas, huellas, besos e historias, no sólo de esta sino de todas las vidas, como si el alma misma quedara incrustada en las paredes del lugar; cicatrices que se enredaban como ramas alrededor de todo el cuerpo.

En ese momento, otra figura entró en la habitación, era Garamont quien, al ver las cicatrices tatuadas en la piel, sintió un remolino en el corazón y una gran pena. Permaneció allí, observando por unos momentos el extraño espectáculo, hasta que aquella luz cesó su intensidad y aquellas antiguas marcas volvieron al secreto oculto resguardado en la intimidad de cada cicatriz.

Parecía sorprendido, al observar aquella escena con los ojos muy abiertos, sin mover un solo músculo de su cuerpo.

Me miró con sus ojos profundos en un cuestionamiento, como si la llave al secreto de la existencia se hallara en el interior de esas grietas reveladas momentáneamente por la luz, así que se dirigió hacia mí

  • ¡¿A qué has venido aquí niño?! – preguntó con su helada voz.

Después de un momento de lucha con mi miedo, abrí la boca para contestar al fin con voz temblorosa:

  • Me perdí en el laberinto mientras me buscaba a mí mismo, cuando vi la luz que salía de la habitación y no pude evitar observar.

Por primera vez, Garamont esbozó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, me miró nuevamente y dijo:

  • Pues entonces no te has perdido, éste es el lugar indicado, es el recinto del espejo del alma y yo soy su guardián.

Con una gran sorpresa miré a Garamont dubitativo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, ya respondía a mis cuestionamientos, tal como si adivinara mis pensamientos:

  • Lo que viste ahí, es tu eseidad; el cuerpo oculta las esencias a los ojos de los que saben ver y a uno mismo, en este espejo, verás tu ser como es en realidad.

En ese momento, sentí como si esa fuerza con la que había estado en conflicto toda mi vida, dejara de ser un ente ajeno, aunque no entendía del todo cómo todas esas grietas podían constituir y reflejar la totalidad de la eseidad. El posó lentamente la mano en mi hombro, y me condujo hacia el centro del salón hasta llegar al borde de la luz, y ahí nos detuvimos.

  • Si has llegado hasta aquí, es porque estás listo. Yo vigilo este lugar y solo hay algo que debo advertirte: lo que verás en el espejo es solo la verdad, el espejo no miente. Debes entender que el reto no es conocerte sino aceptarte una vez que el espejo te hable.
    • ¿Acaso a ti no te duele ver el alma agrietada? ¿no te confunde?
    • No, esas grietas te conforman, y me gusta lo que veo cuando veo lo que refleja aquel espejo, porque para mí, no son grietas, son bordados que adornan la vestidura de tu eseidad, y sin ellas, incluso sin las más pequeñas, no serías lo que eres ahora.

Me sentí muy sorprendido con la respuesta, admiraba la forma en que Garamont podía referirse a las heridas, y entonces entendí lo que había querido decir, ¿Qué vería él en el espejo? No lo sabía, y el desconocimiento de mí mismo me provocaba un gran temor y una gran angustia, pero decidido, miré la luz y dando las gracias a Garamont con una mirada, entré en el espejo de las almas.

Erguido y con paso firme crucé aquel sendero luminoso, dentro del cual, a cada paso que cernía dentro de éste; me daba la sensación de que en realidad estaba dando un paso hacia el interior de mí mismo; la idea en sí me resultó divertida, de tal suerte que una pequeña sonrisa empezó a dibujarse en mis labios acompañada de una breve y difusa risilla, puesto que no estaba avanzando y tampoco retrocediendo, sino que, más bien me pareció estar envolviéndome en mí mismo hacia el interior mientras sublimes fractales se enmendaban en éste movimiento que parecían reverberar hasta el infinito.

  • Es casi como una galaxia – decía en mis adentros – Un universo compuesto de éstas infinitas posibilidades.

La consistencia de la atmósfera comenzaba a cambiar conforme me adentraba cada vez más y más en aquella luz cegadora, y, por un momento, me pareció que, en realidad, la luz no provenía del exterior, sino de mí mismo, porque a cada pasó que daba en el interior de la luz, está en realidad empezaba a tomar cuerpo, forma e inclusive presencia…

Una vez inmerso en aquella luz blanca, e incluso valdría decir, en derredor de mí mismo y mi propia presencia, la consistencia de la atmosfera se tornó líquida, lechosa, al grado que con cada respiro que inhalaba, me parecía estar alimentando mi ser con algo que llenaba el más sórdido vacío de todo cuanto se había criado en la duda, el miedo o el dolor; éste no era un alimento que saciaría la apetencia del estómago o el intestino, sino que en realidad estaba nutriendo aquello más esencial dentro de los componentes de la materia misma.

Conforme me dejaba envolver en aquella atmosfera, y a llenar mi ser con cada respiro, empezaba a notar que mis ojos se adaptaban a la intensidad y densidad de aquella extraña luz, pues estaba llenándome de ella puesto que, en realidad, estaba llenándome de mi propio ser.

Poco a poco, aquella luz que envolvía el entorno, comenzó a transmutar en diminutas formas que emergían de modo independiente a la corriente de aquella luz líquida que pululaba a mí alrededor y, notaba que aquellas diminutas formas, las cuales habían comenzado a adquirir una apariencia antropomórfica, comenzaron a danzar entre ellas y corrían en aquellas ondulaciones líquidas que emanaban de la totalidad de la atmosfera, sin embargo, había algo extraño acerca de éstas formas y figuras, pues me resultaban familiares, es más, juraría haberlas visto antes en algún momento de mi vida.

Observé con más detenimiento dentro de éstas, y en efecto eran familiares, de hecho, podía ver que cada una de estas formas, representaba algo tan familiar para mí como la propia vida, porque estas formas antropomórficas dibujándose en aquella extraña substancia líquida, eran en realidad cada una de mis experiencias y mis memorias, algunas de ellas tan viejas que me era difícil reconocerlas, creía haberlas olvidado, pero no, ahí estaban, todas y cada una de ellas. Y en ese momento, todas las visiones se conjuntaron en un mismo entendimiento, y de mi ser emergieron palabras como nada que hubiese pronunciado antes…

  • Este espejo…no puede mostrar imagen, porque la imagen no consiste de lo que parece, sino de lo que es

Había visto mi reflejo antes en miles de espejos, pero esta vez era diferente, pues ya no estaba viendo un reflejo, estaba viendo en mí, la totalidad de todos mis reflejos, porque incluso la imagen no puede ser entendida a través de un solo fragmento en el tiempo y el espacio, de la misma forma en que no puede entenderse una obra de arte por uno solo de sus fragmentos, o una sola de sus tinturas. No… debe verse completa, debe verse en la existencia misma de lo que es, para poder entender, porque en ese entender se puede ver, y eso que se ve, es lo que se vive, desde donde se ve. ¿Qué veo de mí mismo y qué he hecho con aquello que veo de mí? ¿Qué estoy viviendo en mí?

En ese momento, una voz se hizo presente proviniendo de todas las direcciones exclamando:

  • Es irónico que las antiguas razas consideraran el perder la vista como algo peor que la muerte ¿no es verdad?

Trataba de encontrar el origen de aquella voz que como un estruendo irrumpía con tal fuerza, pero a la vez con tal solemnidad, que me daba la impresión que el mismo rayo habría enmudecido ante su sola presencia…

Entonces, todas aquellas figuras antropomórficas empezaron a reunirse en una sola masa gelatinosa que poco a poco se solidificaba, dejando ver la figura de un hombre de estatura cercana a la mía y, aunque era la primera vez que cruzaba aquel espacio, sus ojos y su rostro eran como una visión de un pasado remoto, aunque su vestimenta y apariencia pertenecían a una existencia y mundos desconocidos por la consciencia.

  • ¿Quién eres? – Pregunté
  • De verdad ¿no me recuerdas?
  • … ¿Qué? ¿Cómo voy a recordarte si es la primera vez que te veo?
  • Tú eres mi Wabi.
  • ¿Wabi?
  • Significa El canto del Universo, más específicamente el canto de la oscuridad, como la vibración que resuena del Cosmos en la más eterna de las noches. Mi querido niño, tú que has nacido bajo la bendición del Enlazador de Mundos, a la numerología resonante del 9 y el tono blanco. Cuánto has debido sufrir mi niño para ser ahora portador del poder de la muerte. Puedes conectar con el más sórdido de los mundos, para cerrar los ciclos y dar resolución incluso a aquellos dilemas más improbables de resolver; eres el nexo entre éste y todos los mundos. Yo fui quien engendró y dio su poder a quienes han sido alguna vez los más grandes líderes que la historia haya nombrado, incluso he dado poder a aquellos que han reinado y siguen dominando la Tierra desde el rincón más insospechado y anónimo de los silencios. Desde los más nobles filósofos y diestros artistas, hasta los más temidos criminales y crueles dictadores… y me conocen de muchas formas, en realidad, soy el origen y el fin, el alfa y el omega, Dios, el Diablo, la Muerte y tú mismo…
  • Es curioso, replicaba, en realidad no me siento tan importante como para ser el origen y el fin de todo.
  • Me conocen de muchas formas, en realidad, soy el origen y el fin, el alfa y el omega, Dios, el Diablo, la Muerte y tú mismo…
  • Es curioso, replicaba, en realidad no me siento tan importante como para ser el origen y el fin de todo.

El hombre rió difusamente, y respondió:

  • ¿De verdad? Entonces ¿crees que los materiales que componen tu corporeidad, devienen de un punto ajeno a la existencia y el origen mismo de ésta? Si bien tu cuerpo es bastante nuevo, los materiales no lo son, porque datan desde el origen mismo de ésta creación. El origen y por tanto la creación de toda experiencia de vida deviene del creador mismo que crea una creación, porque al final, son los hombres quienes experimentan y viven la vida, mueren sus muertes, aman, odian, crean y destruyen sus propias vidas.

Debes entender que, las respuestas que has venido a buscar en el espejo, no las encontraras en la luz, sino en la oscuridad.

– ¿Qué quieres decir? Si ya he entrado al espejo, y he caminado hacia la luz de mi interior, mi propia alma, he visto en mi mismo.

– ¿Y qué viste más allá de cúmulos de memorias, ideas y creencias sobre los cuales has vivido y crecido sin llegar a verte por completo, más allá de eso?

– … (me mantuve en silencio ante sus palabras, pues reconocía e invocaba en estas aquellas lagunas que imploraban desde la duda y la soledad una respuesta otra por la vida y la expresión inexplorada de mi ser)

– Has visto apenas los canales perceptuales edificados por tu consciencia acerca de ti, la definición del “quien yo soy”, pero eso no significa que hayas visto algo en concreto, porque para realmente “ver en el espejo”, necesitas ser capaz de ver en ti mismo, sin ninguna idea, juicio, creencia o memoria acerca de ti, porque esas percepciones sólo harán que lo que veas, se encuentre distorsionado por las imágenes que harán de ti algo lejano e inauténtico, y al final será únicamente lo que tú querrás ver e incluso creer sobre ti mismo, pero no serás tú.

– Pero si todo lo que he visto en mi vida, han sido esas innumerables ideas, pensamientos, juicios, imágenes, creencias y memorias, ¿cómo puedo estar seguro de que reconoceré aquello que existe detrás de todo eso?

  • No deja de sorprenderme que de todas las criaturas que cruzan el espejo, solo los seres humanos tienen éste curioso, aunque ciertamente extraño conflicto con la muerte. Todas las criaturas que acuden a mí es únicamente para despojarse de aquello que sólo supone añadidura a su eseidad original, sin expectativas ni resentimientos, a fin de cuentas, la muerte es algo que ocurre en múltiples ocasiones a lo largo de la vida. Sin embargo, el ser humano cree por alguna razón que… su temor a la muerte podrá protegerlo de alguna forma de ella, incluso a raíz de su propio temor ha creado la “imagen” de un cielo, para poder encontrar una suerte de paz dentro de sí mismo, esperando que al morir pueda ir al lugar que ha ideado. Es irónico en cierto sentido, porque la gran mayoría de los seres humanos crea una “expectativa” acerca de lo que les gustaría ser o convertirse en algún futuro. Sin embargo, nada de ese futuro es presente o certero, y aun así lo construyen como una certeza, se imaginan a sí mismos muriendo de viejos en sus camas, pero aún en su lecho de muerte, resisten e incluso algunos niegan la inevitabilidad y certeza que es la muerte misma, y tratan de escapar a esta ideando la promesa del cielo tras la muerte…

Por eso no cualquiera cruza el espejo…si estás aquí, has de saberte privilegiado, pocos tienen la oportunidad de hacer esto mientras están vivos, el resto sólo ha de hacerlo en la muerte…

  • No entiendo, ¿Cómo afirmar que existe la muerte o que uno muere cuando ni siquiera podemos decir con certeza lo que es la vida? ¿qué me haría tan especial como para ser de los pocos que cruzan el espejo en vida cuando todos vivimos pequeñas muertes con el paso de cada etapa de la vida, cada sueño irrealizado o cada amor quebrantado?
  • Nada te hace especial, eres uno e igual con y como la vida misma; la única diferencia es la decisión que has hecho de cruzar, porque el resto ha decidido simple y sencillamente que hará este proceso tras la muerte, quieren vivir en la negación. Y si estás aquí, es porque aquel gran señor del recinto sabía que tenías la capacidad de hacerlo, de otra forma no habría permitido que cruzaras el espejo. Algunas veces, nos encontramos más vivos cuando enfrentamos el prospecto de nuestra propia mortalidad, tal vez porque eso significa que, si nos convencemos de que viviremos por siempre, nunca nos sentimos del todo vivos. Así que… ¿qué dices? ¿estás listo?

Evidentemente respondí que SI, aunque en mis adentros sentía un rotundo NO por respuesta, también es cierto que ya no quería dar marcha atrás, si moría o no, ya no me importaba, había llegado hasta allí, y listo o no era mi momento.

  • Tu viaje apenas está comenzado… disfruta…

En ese momento, aquel hombre desenvolvió de entre su túnica un objeto que parecía ser un espejo. Aunque este espejo tenía una cualidad interesante, era un espejo dentro de un espejo, de modo que éste formaba una imagen que se refractaba copiosamente una y otra vez dentro de sí misma, tal y como lo hacen cuando se colocan un espejo frente al otro y uno se coloca en medio de ambos. Al momento de asomarme al interior de este, en ésta ocasión, no hubo luz, sino oscuridad y el entorno cambió en su totalidad radicalmente a profundas y densas tinieblas. En ese momento que me desvanecí, sumergiéndome en el abismo

Durante este proceso en el que entré dentro del espejo, me pareció trasladarme hasta una época cuando el hombre aún hablaba la lengua de los animales antes de perderse en su propio ego, y allí, mi cuerpo no era el mío, yo era un joven nativo en medio del bosque y allí me encontré con un viejo maestro que me instruiría en los secretos del maestro cazador…

En medio de la densa maleza, mi cuerpo se ajustaba perfectamente a la extraña geometría de las ramas en las que me encontraba postrado, el mapa ajedrezado del tiempo se disolvía entre mis pensamientos que aguardaban el encuentro con la presa. Calculaba y repasaba mis movimientos, la distancia que se describía entre el arco y el corazón, la mortal danza que habría de realizar para ajustarse magnánimamente con los de la presa. Pronto, mi vida y la de ésta, se encontrarían en juego.

El bosque era una tumba imbuida en el silencio y el cuerpo empezaba a cansarse en aquella incomoda postura, hasta que de pronto, el esperado sonido… una rama se quebraba en el suelo anunciando la presencia de la que habría de ser mi víctima.

Me levanté lentamente, manteniendo el frágil equilibrio entre las ramas y más importante aún, el silencio que me otorgaba el factor sorpresa que tanto necesitaba: extendí cuidadosamente mis dedos para desplazar las frondosas ramas que revelaron a la mirada dos cristalinos ojos que se encontraron con los míos; la magna osamenta de aquella criatura figuraba entre las coronas de los más grandes reyes, aunque en su mirada se describía dentro de sí la más dulce inocencia, ésta era fija y penetrante, como si en esos grandes ojos se revelaran los más íntimos y profundos secretos de la vida.

Un sutil susurro escapó de mis labios:

  • Perfecto.

Alisté el arco y preparé la flecha, un firme movimiento conteniendo la respiración, con la mirada fija en mi objetivo, alineé la punta del mortal proyectil… y me detuve…

  • No puedo… – repetía en mis adentros pues me encontraba cautivado por la belleza de aquel soberbio ejemplar.

Era simplemente magnifico, de modo que decidido a tolerar un día más el hambre que me sobrecogía hasta poder encontrar otra presa, poco a poco empecé a destensar la cuerda del arco.

Pero en ese momento un torpe movimiento del pie me hizo resbalar y caer de la rama hasta el suelo; la flecha se disparó en el aire, al tiempo que mi cuerpo se precipitó hacia el vacío; golpeando mi cabeza contra una de las raíces del tronco del árbol en el que me hallaba oculto; vi la luz desvanecerse de mis ojos en el instante de la contusión, seguida al sórdido golpe que paralizó la totalidad del cuerpo…

Me percibí ausente unos instantes antes de poder levantar la mirada, la centellante luz que se colaba entre las coloridas hojas de los árboles, había sido arrebatada por la negrura del manto nocturno; la luna pintaba algunas dunas blancas en el firmamento describiendo un océano estático en medio del bosque. Los olores a lima y pino inundaban la atmósfera con tal armonía que mis respiros bastaban para alimentar al espíritu.

Me detuve un momento a contemplar la hermosura de aquella escena, recorriendo el inusual paisaje oculto a los ojos ya acostumbrados a encontrar normalidad en las apariencias. Aunque pronto entre los matorrales asombré el destello rojizo que destacaba en medio de las hojas azules; la curiosidad no se hizo esperar para conducirme a averiguar el origen de aquella extraña tintura. No obstante, ante mí se produjo el horror, pues el ciervo había desaparecido. Y hallé en su lugar el cuerpo de un infante, en cuyo rostro se apreciaba la muda expresión del eterno descanso.

La flecha que profanaba el cuerpo de aquel niño fue retirada veloz, pero delicadamente del corazón, el cual ahora había dejado de latir, y en ese preciso instante me envolvió una impasible culpa y remordimiento que me derrumbó sobre mis rodillas al hallarme responsable del terrible incidente. Tomé un respiro y sequé mis lágrimas, levanté la mirada y decidido a rendir los justos ritos funerarios, envolví la soga originalmente destinada al arrastre de la presa en torno al pecho del niño, iniciando el largo viaje a través del bosque de vuelta hasta el campamento.

Con el transcurso de las horas, el cuerpo pesaba el doble y la carga de la culpa lo hacia el triple, pero aún con los dedos lacerados, ni siquiera la tensión de la cuerda me hace desistir o escapar al confinamiento de mi propio calvario; la cruz tallada en el remordimiento sirve a pretexto y propósito de asirme a la carga que había depositado sobre mis propios hombros, la cual pesaba más que el cuerpo del infante, o la memoria misma del incidente, la carga era tan pesada como todos los juicios y los errores de mi existencia, como toda la tristeza y la rabia de mi corazón.

La oscuridad es tan densa, que a cada paso que doy en ella, en lugar de sentir la gélida caricia del viento invernal me siento inmerso en mitad del más denso océano glacial; cada pisada en el interior de ésta desgarra mi piel como agujas que parecen perforar el músculo y taladrar hasta la médula, entorpeciendo mis movimientos y doblegándome hasta la voluntad. Por si fuera poco, al caminar sobre aquel atropellado suelo puedo sentir como la tierra y las piedras abren la planta de los pies y los tobillos, los cuales tambaleaban con torpeza frente al inmenso dolor mientras trato de mantener el equilibrio en medio de aquella densa penumbra.

La ausencia de vida en el cuerpo que arrastro no evita, ni detiene el diálogo que me siento impulsado a entablar con éste. Aun cuando sé que el otro no habrá de responder, y aun cuando sé que estas palabras no habrán de ser escuchadas por nadie sino por mí. Pero como si fuera una invocación que pretende devolverle algo de la esencia vital a los muertos, las palabras conjuran un respiro a mi soledad, una compañía inmutable que refrena la culpa; culpa que sopesa en la consciencia en este acto, acto que atribuye vida a un cuerpo que ahora carece completamente de ella:

  • Ya no sé por cuantos años habré vagado en esta oscuridad. No te ofendas, pero me alegra que al menos no puedas sentir el frío que está arreciando esta noche… no creo que vayamos a llegar hoy hasta el campamento, voy a comenzar el fuego aquí, ya mañana pondré tu cuerpo en la tierra.

Rápidamente escogí algunas ramas y hojas secas de los alrededores, un poco de resina que llevaba conmigo y predispuse todo lo necesario en forma circular a fin de poder iniciar una pequeña fogata; una chispa con la fricción de la piedra pedernal y poco a poco una sutil flama comenzó a emerger entre las hojas.

La tenue luz de la flama dibujaba algunas sombras en medio de aquella sordidez a pesar de la debilidad del resplandor, con el destello que iluminaba sutilmente el entorno podía apreciar con suficiente claridad el rostro del infante – su pelo negro, sus mejillas redondeadas, sus delicados labios y su delgado cuerpo; se mantuvo cerca de él, observando y contemplando sus rasgos preguntándose por su madre y su padre.

  • “Tal vez se encuentren preocupados” – susurraba en mis adentros – Y si los encuentro ¿Cómo voy explicarles lo sucedido? ¿Cómo puedo aliviar su dolor justificándome en la torpeza de mis acciones y asiéndome a la banalidad de mi culpa? ¿Cuál será su reacción ante la terrible noticia?

Contemplaba detenidamente el rostro del niño y trataba de adivinar el interior de sus memorias, las cosas que le habrían hecho reír y llorar, las experiencias que había vivido, los caminos que había recorrido, los amigos que había hecho y quienes tal vez ahora lo echarían de menos.

El débil resplandor de la llama advertía en mi interior un primitivo impulso que me obligaba a conservar una respetuosa distancia entre mi cuerpo y el ente que ahora se hacía presente ante mí; un antiguo e irracional temor que anunciaba la presencia de un poderoso ser. No obstante, la inexplicable familiaridad y gentileza que le invita a uno a resguardarse en la cercanía de la flama, me invitaba a hacer caso omiso de mi propio temor aferrándome a la única señal apenas tan clara como la tenue flama en la distancia, su curiosidad.

La flama comenzaba a cambiar a medida que me acercaba a ésta; pues se acrecentaba su tamaño e intensidad paulatinamente, silenciosa y lánguida al inicio, impetuosa y estrepitosa al final, como si la cercanía mutua avivara algo en ambos al encontrarnos en medio de aquella negrura. Un lugar donde el fuego ya no era un elemento inerte como lo había concebido la mayor parte de mi vida. No, este era algo más, algo sujeto de cuerpo y presencia cuya forma se mantenía difusa, aunque íntegra al mismo tiempo.

Su luz no abarcaba la totalidad del perímetro en aquella profunda sordidez, pero se mantenía constante ante la brutalidad e inclemencia de las sombras que parecían consumirlo todo a una velocidad tanto más vertiginosa de lo que el fuego consumía las ramas que lo avivaban. Y cada paso en el interior del fuego liberaba mis músculos de aquellas agujas formadas por la gélida y fría oscuridad. El calor que desprendía ya no podía ser razonado en la vana lógica que define el frío por frío y el calor por calor. La mente ya no alcanzaba para eso, pues el cuerpo estaba siendo liberado de sensaciones que describían algo tan abstracto que no lograba articularse con las palabras.

Al contemplar en su interior, sintiendo la presencia que cruzaba aquel abismo, algo de éste parecía de igual modo observar y cruzar el espacio entre su cuerpo y el mío; su calor resultaba tan único en ese instante como nada que hubiese experimentado antes, pues aquello tan antiguo, tan poderoso y sabio que sentía en el fuego, no se sentía por el fuego en sí mismo, sino que lo sentía y hablaba a través de mí. ¿Quién es el que siente el calor que nombra lo antiguo sino en un reconocimiento de lo que existe en sí?

En ese silencioso e íntimo diálogo que cruzaba entre el espacio que suponía la distancia de lo corpóreo e incorpóreo, rompiendo la fría lógica de la consciencia en ese fuego que atravesaba el frío abismal de aquellas tinieblas. Y en un respetuoso rito de comunión conmigo mismo, reflexionaba en mis adentros:

  • “Dicen que los objetos jamás se tocan realmente en el espacio, porque las moléculas jamás se tocan entre ellas. Siempre hay una cierta distancia que existe entre cada una de estas. Los átomos no se tocan entre sí, porque de hacerlo tomaría lugar lo que conocemos como una fisión nuclear y éstos estallarían de forma tan veloz y dramática como para siquiera haber podido albergar alguna vez la presencia de cualquier forma de vida… todo parece requerir de cierta individualidad, alguna clase de independencia, pero la verdad es que nada se consolidaría o manifestaría sin la unión y cercanía que estas moléculas mantienen entre sí. Cuando uno corta la madera ¿qué es lo que divide realmente las moléculas de la misma? A medida que el hacha golpea la madera y ésta se separa ¿qué es lo que la divide? ¿es el filo del hacha o es el calor generado por la fricción del impacto? ¿qué es el calor entre las moléculas?

¿Cuántas veces he contemplado realmente el fuego más allá del estado de cosa que le he atribuido? ¿Cuántas veces me he cuestionado el origen de su existencia o el calor que emana de su interior? Qué extraña manifestación es el fuego, pues siempre creí que éste simplemente consumía la madera como un combustible, a razón de algo que le permite permanecer con vida, no obstante, el fuego no muerde o mastica, no come o devora, sino que en realidad la acaricia, la toca, la oxida, se posa sobre ella y la envuelve en sí mismo, del mismo modo en que los amantes frotan sus cuerpos y sienten el calor entre ellos avivando su presencia hasta que ambos se integran en aquel abrazo como uno… Irónicamente, al igual que la materia se transforma en la caricia del fuego, los amantes también se transforman el uno al otro con cada una de sus caricias, pero no llamamos a esas caricias una simple “aceleración de partículas”, aceleración que se supone reconstituye la solidez de la madera al viento y al calor del fuego…

Hay algo en el calor de aquellas lágrimas que he llorado durante mi vida que transformaron mi interior: ya sea fuere de alegría, rabia o tristeza; todas esas emociones, todas esas experiencias, todos esos sentimientos son el calor que ha transformado mi cuerpo con cada uno de todos los que han ido y venido a lo largo de mi vida, algo de mí ha cambiado, se ha transformado y se ha envilecido con cada pensamiento que recorre mi cabeza, cada pensamiento como la chispa que genera todas esas emociones, todo ese calor en mi interior…

Algo en esos amantes también envilece a medida que el fuego los consume… de pronto se manipulan, utilizan el calor del otro como una vía para el chantaje, el engaño y la manipulación; las promesas se convierten en lanzas y espadas heladas que son usadas el uno contra el otro, como si con ello intentaran aferrar y volver dependiente al otro de su presencia… pero ¿quién depende realmente de quién? ¿quién intenta asegurar la permanencia del otro al mundo propio? Es como si ahora, ambos lucharan por conseguir el combustible del otro para poder continuar consumiéndose hasta que el fuego se ha vuelto incontrolable y termina por consumirlos totalmente a ambos.

El fuego puede crear y dar vida, como la madre que resguarda a la cría en su interior donde podrá conseguir el alimento, y sobre todo el calor que necesita para su supervivencia o aquella madre que constituye una especie de útero externo, una expresión sólida en una manifestación ovoide que, aunque delicada para contener temporalmente aquella vida que sigue esperando por nacer, aguanta y resiste las inclemencias del tiempo. En tanto la madre busca el calor que ella no puede proveer y el huevo no puede generar en el suelo de la tierra, donde apenas a unos centímetros debajo de la superficie existe calor suficiente para abrigar a las crías que en ese calor reciben el abrazo de otra madre, el abrazo de la tierra misma. Ninguna forma de vida puede existir sin la presencia de calor suficiente, sin el fuego interno, pero cualquier forma de vida puede consumirse rápidamente si éste pierde su balance y estabilidad por alguna razón, cuando la pequeña flama se convierte en un incontrolable incendio que lo consume todo, de la misma forma en que nuestra mente puede ser consumida por la locura si no domamos nuestro sentir.

¿Qué es el fuego en verdad?”

Mis propios murmullos envolvían la totalidad de la escena, en ese silencio donde incluso el más ligero sonido resonaba en un eco que reverberaba en todo el entorno. Miré detenidamente el cuerpo de aquel infante y de pronto, el impulso desprendido de la curiosidad me llevó a colocar la palma de la mano aún más cerca del fuego y llevarla hasta el pecho del infante que yacía a mi lado y ahí la mantuve unos instantes mientras contemplaba su rostro.

La luz de las llamas delineaba los contornos de su expresión serena, pintando su rostro de matices rojizos y anaranjados. De pronto, entre los matices y los colores podía advertir una estrecha familiaridad con aquel niño, el cual no era ningún ajeno o extraño a mi consciencia, porque ese rostro lo había contemplado antes innumerables veces a lo largo de mi vida, porque ese niño, era yo…

Y aún más sorprendente y aterrador, fue sorprender los murmullos que había proferido reverberaban en expresiones distintas a lo que había pronunciado:

  • ¿Qué más se volvería evidente para ti sino el desorden de tu propia ignorancia ante la existencia misma? No sabes ver las cosas como son, porque solo ves las cosas desde tu limitada perspectiva, ves las cosas como tú eres.

La intensidad del fuego había hecho retroceder la penumbra a mi alrededor, hasta que un chasqueo de las chispas llamó repentinamente mi atención dirigiendo la mirada directamente al interior de éstas, donde mis ojos se encontraron directamente con los de un misterioso ser que se abrigaba en las tinieblas al otro lado del fuego. Dos diminutas chispas anaranjadas se delineaban sutilmente a través del fuego ocultando la penetrante mirada de un feroz animal.

Una inmensa sombra comenzó a emerger entre las flamas, destellando la afilada sonrisa entre el hocico y las puntiagudas orejas de la bestia, las cuales sostenían entre éstas los ojos de un implacable e impiadoso juez cuya mirada parecía posarse sobre su misma eseidad, adivinando todos sus movimientos y previendo su inevitable final; su cuerpo se veía sostenido entre delgadas aunque musculosas patas, cuyos pasos, aún en medio de la oscuridad eran tan firmes como su evidente voluntad para matar, imbuyéndome en la sensación de saberme acorralado y destinado a no ser ya más que el aperitivo de aquella bestia…

  • ¿Quién eres extraño? – pregunté al feroz animal mientras alistaba arco y flecha a la defensa de mi vida y resguardando el cuerpo del infante a mis pies – ¿A qué has venido?
    • Vengo a reclamar el alimento que tú has despreciado
    • ¡No hay nada para ti aquí, tendrás que buscar en otro lado!
    • Humano defiendes a un ser que ha cesado sus alientos en un mundo destinado a los vivos, ya no hay lugar para él aquí y te recomiendo que, así como has dado muerte a éste ser en su presencia sobre la tierra, termines con lo que queda de él en el interior de tu consciencia y sigue con tu propia vida.
    • ¡No es alimento lo que ves aquí lobo, sino el cuerpo de mi hermano caído!

El gesto del lobo cambió dramáticamente del acecho a la sorpresa y una veta de extrañeza se apreciaba en su mirada que ahora recorría mi rostro, curioso ante el sentido de las palabras que recién había pronunciado. La mirada del lobo inspeccionó la mía por algunos segundos hasta avistar la fisura aún sangrante en mi cabeza por el incidente, y entonces prosiguió con sus palabras:

  • Humano ¿Cómo te has hecho esa herida?
    • Cazaba en el bosque cuando avisté un ciervo al cual intentaba derribar, pero resbalé del árbol en el cual me encontraba oculto golpeándome la cabeza con las raíces del tronco y la flecha perdida alcanzo al que ahora yace a mis pies.
    • Humano, veo una gran confusión en tus ojos y temo decirte que te has extraviado. En éste momento no existe en ti otra cosa más que duda y miedo.
    • No me he extraviado ¡Tú eres quien no tiene nada que hacer aquí!
    • Joven es tu raza entre aquellos que le han precedido, demandan respeto en un mundo al cual apenas han arribado, pero toman e imponen sobre la vida aquello que además tienen la osadía de pronunciar como verdadero.
    • ¡Cómo puedes pretender saber lo que se mueve en mi interior? ¡¿Acaso puedes ver el dolor y la culpa que yacen en mí?! ¡Ya sé! ¡¿Por qué no mejor trato yo de explicar la vida de un lobo y tú tratas de explicar mi dolor??!
    • ¿Y qué sabes tú de nosotros? ¿A qué crees que sabe el miedo y el dolor de nuestra presa en nuestras mandíbulas? Te lo diré, sabe a eso que uno mismo ha sentido y temido. No soy yo quien lleva vagando por tantos años inmerso en la densa oscuridad… crees que la existencia está separada y la vida en sus expresiones individualizadas, lo cual es sólo un fragmento de la verdad, pero te has encontrado apartado de tu luz por más vidas de las que podrías vislumbrar. Ustedes creen haber poseído el fuego como instrumento para sus deseos, pero aun así siempre decidieron permanecer apartados de todo cuanto resultara ajeno a ustedes mismos.

Por ello la tuya ha sido más bien una ausencia que no ha hecho más que poner en evidencia la ignorancia en la cual has vivido… sinceramente, un buen cazador no titubea ni escapa a la oportunidad de una presa certera. ¿Por qué resbalas privándote deliberadamente del alimento dispuesto ante ti a pesar del hambre que te aqueja?

  • ¿Cómo pude haber elegido dar muerte a la inocencia? ¿Es un error la decisión resistir un día más el hambre hasta encontrar otra presa, a fin de honrar aquella visión?
    • Es cierto que hubo un tiempo en el que el hombre no requirió de la carne de otros para continuar su marcha por el mundo. No obstante, eligieron el poder y el dominio sobre todos los otros, e incluso sobre los suyos. ¿Por cuantos días habrías podido seguir honrando dicha visión antes de que el hambre te doblegase y finalmente te vieras en la necesidad de justificar la culpa que ahora te carcome por dentro? ¿no crees que habrías descubierto en otros seres la misma mirada reveladora de tu propia naturaleza? ¿Por qué te escondes en las tinieblas de tu inconsciencia, ignorando el reflejo de tus hermanos?
    • Severas palabras viniendo de un ser que no puede evitar la carne de aquellos que ahora tiene la hipocresía de llamar hermanos a fin de que estos le mantengan con vida.
    • La vida y la muerte no son cosas tan distantes, ambas forman parte de uno mismo, algunas cosas terminan y otras comienzan. Uno respira trayendo a sí mismo la manifestación de la vida y exhala de la misma forma en que da su último aliento cuando ésta termina. La vida y la muerte se encuentran presentes en cada respiro, a cada momento; abres los ojos a cada amanecer de la misma forma en que viste la luz de este mundo y los cierras cada noche como cierras tus ojos a la luz de la vida tras tu último aliento. Lo irónico es que la vida inicia en el caos, ya que a pesar de que tratamos de reconocer e interpretar el mundo a través de la luz, es en las sombras desde donde se configura la materialidad de la vida… el caos y el orden, la vida y la muerte…

Algunas veces, me he visto obligado a comer de la misma carne que ha viajado y cazado conmigo, sangre mi sangre y carne de mi propia familia. Pero eso no significa que no vea que la carne de mis hermanos que me ha alimentado, es la misma carne que me sostiene en este mundo y que un día servirá de alimento a otros seres quienes también son mis hermanos…

  • ¿¡Cómo lo hacen!? ¿Cómo es que ustedes pueden permanecer ajenos ante la pérdida de sus seres queridos? ¿Cómo puedes ignorar y ser indiferente a lo que te vincula con aquellos que constituyen tu propia manada? ¿Cómo puedes apartar la vista de aquello más sagrado que el alimento? ¡Un hermano no se come a otro hermano!
    • Entonces te has perdido en tu propia individualidad e incredulidad, ignoras las relaciones que te conectan con todos los seres en la existencia, como la diminuta hormiga que se alimenta de los cuerpos de los más grandes seres, o el gusano en la tierra que nutre el suelo y se alimenta aún de los restos que no alcanza a consumir la hormiga. Nada se desperdicia en este mundo, hasta los más pequeños forman parte de tu existencia y tú formaras parte de la suya, aun cuando tu presencia ya no camine sobre esta tierra. No obstante, ustedes humanos se apartan a sí mismos del resto de la vida en aras de su superioridad “moral” y no hay nada más equivocado para justificar su errada percepción de aquellas falsas nociones que se han ideado de la independencia y la libertad. Tus ojos se han acostumbrado a ver a través de ideas erradas y ahora es esa profunda ceguera la que nubla tu consciencia.

Aceptar la muerte no es indiferencia a la fatalidad de la misma. Yo contemplo la belleza del sacrificio que la araña hace al ofrecer su cuerpo como alimento para dar vida a sus hijos, no lucha contra ellos, no intenta detenerlos y más importante aún, no resiente la acción de los mismos al devorarla y no es necesario el perdón si no se resiente la acción de una entrega incondicional. Entrega tan consciente y valiente como la de cualquier madre dispuesta a dedicar su vida al cuidado de sus hijos. El amor se revela en formas extrañas y profundas, de alguna forma, lo que alimenta mi carne es algo de ellos que pasa hacia mí. Cuando su carne se vuelve mi carne, tal vez sea algo que la araña también sabe cuándo devora a la mariposa que queda atrapada en su telaraña, y tal vez sabe que algo en su carne será parte de aquellos que ahora construirán las telarañas que alguna vez ella hizo. Puedo ver el fuego en mí, yo soy el calor que habita el fuego, que habita en cada molécula, en cada partícula, en cada ser que respira y en la exhalación misma del último aliento que vuelve al todo.

  • No logro entender ¿por qué el creador daría garras y dientes a sus hijos para verlos destrozarse y devorarse entre ellos?
    • Tal vez era necesario forzarnos a hacer lo necesario para continuar demostrándonos que, sin importar cuales son las circunstancias bajo las cuales nacemos y existimos, ya sea que tengamos dientes y garras, plumas o aletas, pulmones o agallas, éstas no limitan lo que hacemos con lo que se hizo de nosotros, y que no por esto dejamos de seguir expresando amor, a pesar de nuestros dientes y nuestras garras.

Yo no sé del origen que no encuentro en mí mismo, tampoco entiendo por qué el ser humano teme su propio poder, tanto que lo aparta de sí mismo y hace a otros responsables por lo que él crea, tanto así que espera que la presencia de lo que alguna vez caminó sobre la tierra continúe andando de otra forma, en otra parte, una vez que suspira su último aliento. En realidad, creo que es cobarde y egoísta, pensar que su individualidad permanece o se mantiene, sólo porque no se atreven a tener un momento de honestidad consigo mismos para reconocer la ignorancia en la que viven. Y en ello reside su más grande temor, porque el humano no está dispuesto a formar parte de algo más grande que él, espera sentarse a la derecha del padre sin dejar de existir como individuo. Pero la verdad es que el ser humano no se percata de que ya forma parte de algo más grande que él, algo tan grande como la hormiga, el gusano, la mariposa, la araña y aquello que los conecta y los hace formar parte de lo que llaman vida. Si no puedo hallar el origen, no trato de responsabilizar a otro negando mi existencia, tal vez yo soy el origen, porque veo mi reflejo en todas las cosas, en todas las criaturas.

  • ¡Lo único que quería hacer era mostrar mi amor por aquello que pude ver en el ciervo! ¿¡Es eso algo cobarde y egoísta!?
    • Si lo es, no creas que si no tocas o influyes a la tierra y sus criaturas evita, previene o carece de consecuencias. Lo único que en realidad haces es apartarte de las relaciones que nos conectan a todos, es como venir al mundo y pasar por la vida sin haber realmente existido, porque todo a tu alrededor seguirá creciendo y alimentándose. Tú no podrás formar parte de ese equilibrio, llevándote la condición inevitable de tu extinción junto con la de tu especie, porque aún si el humano cree que estas ideas lo hacen en alguna forma encontrarse por encima de las criaturas que habitan este mundo. El humano depende mucho más de ellas de lo que éstas dependen de él y si estas relaciones se rompen, el ser humano perecerá con ellas, porque jamás logró comprender el equilibrio del cual forma parte.

Sus ideas son en apariencia nobles, pero también distantes de la vida; se esconden en falsas ideas que han creado sobre el honor y el respeto solo para poder sentirse seguros dentro de ellas, porque se encuentran aterrados del mundo que no alcanzan a comprender.

  • Tus palabras no alivian la culpa que aqueja mi consciencia
    • Ese momento no fue un momento que viviste, sino un momento que moriste… cada momento te acerca más a tu muerte y cuando tratas de vivir definido en esos momentos… adivina qué pasa…
    • Permanezco muerto en la memoria…
    • Exacto…
    • ¿La muerte hablando del perdón…? ¡¿Vamos a quién pretendes engañar?!
    • ¡La muerte no perdona a nadie, ni cumple caprichos banales o materiales! No obstante, si logras dar muerte a ese rencor, ese odio, ese egoísmo, realizas un regalo a la vida, e incluso en la muerte la vida puede volver a emerger. En ese sencillo acto el hombre que una vez conociste muere y se crea a sí mismo, es decir, literalmente realiza un acto de creación, donde desde la nada crea algo y da vida a aquello que decide traer a la vida como una expresión y manifestación de sí mismo. La muerte no es necesariamente el fin de las cosas, puede también ser el inicio de las mismas; la verdadera cuestión aquí es: ¿Qué es exactamente lo que dejamos morir y qué es lo que permitimos vivir?

Perdonar un error es una cosa, perdonar la maldad es algo muy distinto… sobre todo cuando la misericordia es confundida con indulgencia, la cual te ciegue sobre tus acciones y te impulsa a hacer lo que crees correcto en lugar de hacer lo que es necesario, lo cual muy pocos entienden cómo hacer y mucho menos se atreven a hacer. Ésta no es una acción realizada por quienes creen que el fin justifica los medios, sino porque ésta es en realidad una acción que sacrifica sus intereses por lo que realmente es lo mejor tanto para ti mismo como para tus hermanos, y supone un acto de valor supremo…

  • Yo no quería matar a este niño.
    • ¿¡Cuál niño humano!? ¡Mira de nuevo al ser que se encuentra tras de ti!
    • ¿Cómo saber que al bajar la guardia no aprovecharás mi descuido para atacarme?
    • ¿De verdad crees que habría venido hasta aquí sin haber garantizado la victoria desde el inicio? Mira a tu alrededor

Aparte la mirada de aquellos afilados ojos un momento para contemplar el entorno, descubriendo con agenesia una jauría de lobos apostados tras cada árbol y matorral a nuestro alrededor, quienes habían estado escuchando mi conversación con su líder.

  • Si lo hubiese querido, habría terminado ya contigo desde el inicio de esta conversación humano. Y deberías sentirte afortunado, porque un lobo no suele sentarse a platicar con la comida.
    • Muy astuto …
    • Honestamente, no sé si sentirme alagado por el cumplido que viene de alguien lo suficientemente ignorante para no saber que los lobos no solemos cazar solos; ahora, observa detrás de ti …

Resignado ante el hecho de encontrarme completamente acechado, descendí arco y flecha, otorgando un profundo suspiro al tiempo que viraba el cuerpo para contemplar el sitio en el cual había depositado el cuerpo del infante. Descubriendo que tras de mí el diminuto cuerpo de aquel niño había desaparecido, dejando en su lugar el cuerpo de aquel ciervo que había intentado derribar, el cual tenía alrededor de su pecho las cuerdas que había utilizado para arrastrarlo hasta la mitad del bosque…

  • No es posible…
    • El niño que viste humano, eras realmente tú, eso fue lo que viste en los ojos del ciervo, te viste a ti mismo, asustado y solo ante el mundo en el cual temes vivir… debes entender que el único que tiene el derecho sobre su propio destino eres tú mismo. Puedes optar por utilizar el pasado como guía para alimentar tu propio odio y resentimiento o puedes decidir renacer y ser el siempre misericordioso niño que estima más al reflejo de su propia existencia como la vida misma por encima de su propio rencor. Olvida el pasado, abandona la voz que te dice que debes cuidarte de la vida misma a la cual perteneces.

Si pretendes vivir midiendo y comparando tus experiencias, tratando de decidir después cuales son las que te gustan y cuáles son las que no, te pierdes de la imagen completa y no sólo eso, sino que además ni siquiera entiendes de qué trata realmente la vida.

  • Creí que aquel niño había muerto…
    • No murió humano, solo se hizo hombre.

Al concluir con sus palabras, el lobo se sentó a mi lado, esperó pacientemente contemplando la alforja en la que llevaba el cuchillo, pero al tomarlo, encontré nuevamente el cuerpo de aquel niño ante mí. Lágrimas rodaron por mis mejillas, y al contemplar estas el lobo protestó.

  • ¡Si no eres capaz de pasar por esta prueba no sobrevivirás!

Una vez más empuñé el cuchillo con fuerza y comencé a abrirme paso a través del pecho tratando de llegar al corazón, aún caliente y humeante en la negrura de aquella noche gélida; los lobos observaban impacientes el acto que daría inicio a nuestro festín, aguardando impacientes la mordida que habría de inaugurar el banquete. Pero en el momento que lo llevé hasta mis labios, y apenas sentí el roce sangrante de sus paredes inertes, no pude contener el terror de la imagen que suponía devorar mi propio corazón, no me atrevía a compartir un momento que parecía profano y sagrado al mismo tiempo.

Bajé los brazos y me derrumbé sobre mis rodillas, y en ese momento, cuando los lobos se cansaron de mi indecisión, se lanzaron contra mí tratando de arrebatarme el corazón de las manos y devorar el cuerpo ante mí. Mis manos se extendieron desproporcionadamente, mis dedos se transmutaron en afiladas garras, mis dientes se volvieron enormes fauces que devoraron y descarnaron hasta el último de ellos… Tomé sus corazones, y entonces sujetándolos todos con fuerza entre mis manos… volví a romper en llanto al escuchar el latido del mío…

Fue en ese momento, que entendí la traición máxima que el ser humano tuvo para con toda la vida tanto dentro como fuera de sí.

Al siguiente instante, una mano me arrastró de vuelta al centro de aquel gran salón del espejo… y apenas abrí mis ojos fuera de aquella espeluznante visión, la mirada de Garamont permanecía fija sobre mí vigilando el sueño; y fue entonces que pude verlo… de una forma en la que jamás le había visto antes… pues derrumbado allí, absorto ante la centellante imagen de su afilada sonrisa entre aquellas enormes mandíbulas y garras, pude finalmente entender lo que era aquella criatura ante mí, la cual era ahora una visión tanto más aterradora que las propias fauces del lobo; no era el terror encarnado en una entidad ajena, sino el desprecio y la monstruosidad que forjé vida tras vida, alma tras alma…

Derrumbado allí sobre el piso sin pronunciar palabra alguna, no podía evitar cuestionarme si las leyendas que cuentan diciendo que fuimos los hombres quienes domesticaron al lobo habrán estado equivocadas; para mí no había mayor certeza de que fue el lobo el que domesticó al hombre, sólo para controlar un poco de aquella naturaleza demoniaca que forjamos en y de nosotros mismos.

La imagen de la bestia quedó atrapada en el relampagueante destello de las flamas, las cuales permanecieron danzando en la profundidad de los ojos y la intimidad de la retina.

-¿Qué me has hecho?- pregunté a Garamont

-Nada que no te hubieses hecho a ti mismo, lo único que hice fue darte los medios para enfrentar aquello que no tuviste el valor de ver por ti mismo. Hace tan solo unos momentos habrías jurado que esa luz que viste al inicio de tu viaje en el espejo era la totalidad de ti, pero en realidad no estabas enfrentando la totalidad de la imagen que estabas viendo.

– ¿Era necesario? ¿No existe otra forma de encararnos con la verdad que no sea por medio de un suceso tan… horrendo?

– Los espejos son a menudo feos…y honestos…; lo siento, pero aquello que ves como una maldición no es otra cosa más que la esencia de la verdad…

En ese momento, una lágrima broto de mis parpados, exhalando una emoción que provenía desde un rincón todavía más íntimo del alma; a los pocos instantes, sin poder resistir más el grito que me ahogaba, quebré en un llanto como el que jamás había conocido o experimentado en mi vida; la calidez de aquellas lágrimas, abrían en mi pecho aquella veta de realidad, sinceridad, honestidad y verdad que había buscado toda mi vida… fue entonces que entendí, que toda mi vida me estuve buscando a mí mismo, en cada persona que había conocido, en cada pareja con la cual había pernoctado y en todo deseo que alguna vez había deseado.

Y aunque lo que había encontrado no resultó ser en lo absoluto lo que esperaba, ahora entendía que yo era el origen mismo del mal en mi propio mundo, todo lo que alguna vez había negado de mí mismo había vuelto esa noche, en una sola imagen; podía recordar aquellas discusiones con mi padre, mi madre, con la vida, con la existencia e incluso con Dios… e incluso con aquel amor que partió tan pronto… porque la realidad que había dejado atrás no sólo me afectaba y carcomía personal e íntimamente, sino de igual modo consume, afecta y devora la eseidad de todos los seres, incluso de aquellos amados; una pregunta reprochaba la decisión que había empujado mis pasos por aquel sendero, pero otra dimensión de la misma pregunta reverberaba en mi interior:

  • ¿Alguna vez podré reparar este daño?
    • Tomar una vida es fácil, pero reparar una puede el resto de tu vida. Esta memoria precede la existencia misma de aquel que eres ahora. Incluso si no puedes recordar lo que fue antes de ti, esa herencia viajará contigo a través del tiempo, así como lo hizo con todos aquellos que te antecedieron.
    • Pero esto ocurrió hace cientos, sino miles de vidas, ¿Alguna vez podremos volver a ser hermanos de aquellos de quienes nos distanciamos?
    • No es posible dejar de pertenecer a la fuente que ha dado origen a todo, si lo que preguntas es si el humano podrá alguna vez volver a entablar comunicación y hermandad con los animales, la respuesta es sí, pero eso no ocurrirá mientras sigas tratando de escapar de la verdad, así como yo no puedo evitar hacerme presente en tu existencia o la existencia de cualquiera que trate de negar la oscuridad en sí.

A medida que aquellas palabras resonaban en el vacío, éstas comenzaban a hacer eco en mi interior, el entendimiento comenzaba de igual modo a crepitar como un escalofrío por mi médula… resultaba irónico que me hubiese parecido tan familiar aquella seguridad con la que llevaba mis pasos por el sendero hacia el interior de aquel reciento del espejo; pues sentía que conocía ésta verdad, y empezaba a darme cuenta de que mis pasos, la certeza de éstos, reflejaban la realidad que ya conocía desde hace mucho tiempo. Entonces Garamont dijo:

  • Vuelve a ver en el espejo
    • ¡¿Qué más quieres de mí?! Por favor… ya no me obligues a ver de nuevo
    • Tú escogiste este camino…Entiende que la bestia que combates no está en el espejo, sino que existe en ti mismo, como la esencia de tu naturaleza… has vivido en las sombras toda tu vida, y te has aferrado a la ilusión y comodidad de esa luz, sin embargo…hasta el hombre que ha vivido en las sombras toda su vida puede llegar a florecer, mira de nuevo…
    • ¿Pero qué más puedo hacer? Ya no me queda nada de lo que creía real…
    • La pregunta no en si la imagen del espejo es o no real, eso ya lo sabes, la cuestión que has de enfrentar ahora, es si eres o no capaz de cambiar lo que ves en esa imagen… es decir, si tú eres o no real; la creación es un arte y el arte debería ser la creación de nosotros mismos, nuestra expresión de un momento

Luchando una vez más contra la resistencia que oponía la mente a confrontar la impronta de las refracciones del espejo, logré llevar mis ojos de vuelta una vez más al mismo; pude ver como el ardor de mis lágrimas quemaban la imagen de aquel demonio que había hecho de mí, formando cuarteaduras que poco a poco desintegraban aquel rostro que creía mío, revelando así un rostro tras el rostro…

De mi cara realmente empezaron a desprenderse esos fragmentos a pedazos, y poco a poco, empecé a reconocer la nueva imagen que ahora se presentaba ante mí, mi verdadero yo; aunque ciertamente, tal y como cuando uno abandona la caverna creyendo encontrarse con algo real, ahora no podía evitar cuestionarme si en realidad sólo había revelado una nueva máscara tras la máscara. No obstante, finalmente pude trazar un origen a la existencia de la Bestia, sobre quien era él, no se había convertido en alguien mejor, ni alguien peor, él simplemente era.

Busqué a Garamont en la mirada de aquel ante mí, pero este ya no estaba, su apariencia había transmutado, sus garras se habían limado, sus dientes se habían recortado; aún era la Bestia, pero al menos, me sentía más integro, porque me tenía a mí mismo…

Una a una se encendieron una hilera de antorchas de manera prácticamente instantánea a la apertura de un pasadizo en el secreto de las sombras. Garamont se orientó hacia la salida de aquella imposibilidad arquitectónica trazada por dos gigantescas puertas, ambas talladas con un exquisito diseño que contaban la historia de la creación del universo y del hombre…

A medida que mis pasos se adentraban en la intimidad de aquel corredor, su imponente presencia estremecía mi ser y me dotaba al mismo tiempo de vigor y fortaleza, pues le sabía un aliado en el campo de batalla, aun siendo la Bestia, aun siendo el Dragón, estaba conmigo y yo con él, y eso era suficiente. Así fue que el miedo se volvió un maestro, aunque la Bestia no estaba domada, pues no podía ser domada, sino aceptada y abrazada en la inevitabilidad de su naturaleza y su destino, los cuales nos vinculan intrínseca y fatalmente hasta el final de los tiempos.

Antes de cruzar las puertas Garamont extendió una nueva advertencia:

  • Este proceso apenas ha comenzado, no será la última vez que tengas que visitar este salón, aunque hasta el momento en que tengas que volver a contemplar en el reflejo de la obscuridad, tendrás que prepararte para recibir las nuevas revelaciones que habrán de presentarse ante ti.

Llamó mi atención que en sus ojos destellaba una veta de esperanza, al tiempo que sus labios dibujaban una serena y apacible sonrisa; se le notaba satisfecho y ciertamente feliz de la decisión que había realizado no sólo a nombre mío, sino a nombre de todo el mundo al sacrificar un aspecto de ese que fui… no pude, ni quise contener la sonrisa que se dibujó al instante en el mío, pues como si de una certeza se tratara, había sellado la ruta de mi propia travesía y firmado con una sonrisa mi destino, el cual pronto habría de ser gozado y heredado por toda la humanidad.

La doctora Werzehog escuchaba atentamente al relato de este sueño, manteniendo una mirada inmutada en su rostro de facciones impávidas. Hasta que una sutil sonrisa se dibujó en su rostro y comentó en mitad del relato.

  • Me agrada cómo has logrado transmutar a la criatura de la infancia en este sueño. El hecho de que hayas logrado entablar diálogos con esta sombra indica un avance importante con respecto a la integración de tu pasado.
    • Creo que he empezado a darme cuenta que éste viaje, no ha sido para descubrir y entender, sino para reconocer y aceptar, para dejar de huir y perdonar… pude ver mi propio egoísmo, y empecé a reconocer al causante de todos aquellos conflictos con mi familia, porque este sueño, aunque no necesariamente involucraba algo del mundo, digamos normal, me llevo a reconocer que tenía a ese creador, ese Dios ante mí todo ese tiempo en el mismo espejo que maldecía, tenía ante mí al responsable de la experiencia de este mundo y de esta vida… siempre me tuve a mí mismo.
    • ¿Sabes? A veces confundimos la familia con el linaje, la sabiduría con la jerarquía y la culpa con el perdón; lo que me agrada de tu sueño es que estás comenzando a transmutar la religión que te dieron tus padres y todo lo que ello implica alrededor del perdón, en un proceso que se desprende desde ti mismo como una decisión, porque es en la medida en que aprendamos a vernos a nosotros mismos de forma sincera y honesta, aprendiendo a dejar ir la falsa imagen, idiosincrasias, religiones, políticas y economías que alguna vez permitimos que nos dividieran entre nosotros, que podremos darnos a nosotros mismos una nueva oportunidad, dejando ir el pasado para crear un mejor futuro. Tal y como lo has visto en tu sueño, si esa oportunidad está aquí, es porque ya estás listo.
    • Siéndole bien sincero doctora, en este sueño no me llevé a mí mismo a integrar el pasado. A mí me pareció más bien que vine a destruirlo pieza por pieza hasta que no quedó nada de aquello que alguna vez llamé o definí como Yo mismo.
    • Y eso también es madurar… pero Gabriel, antes de terminar, tengo una pregunta para ti
    • Dígame doctora.
    • ¿Quién es Winged?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s