Mi Santuario. Relatos de una personalidad esquizoide Capítulo 2

Capítulo 2. Una memoria del inframundo

“No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo” – “La más desarmada ternura, así como el más sangriento de los poderes, necesitan la confesión”. -Michel Foucault-

Durante los primeros minutos del amanecer, el beso solar de Tonatiuh exhala su sagrado aliento sobre Popocatépetl, trazando con infinitos pinceles de luz algunos caballos, dragones y ballenas sobre los hijos de Mixcóatl disfrazados de nubes, los cuales danzan alegres en los senos de Iztaccíhuatl, sirviendo estos al mismo tiempo de manto para cubrir el cuerpo de la diosa. Los pájaros revolotean entre las ramas de los árboles, entonando sus voces matutinas.

Los niños cruzan la avenida para llegar a la escuela primaria de la esquina, donde un hombre ya ha levantado su puesto de papas fritas con salsa valentina; otro vende tamales y atole de maíz a los maestros que entran apurados a la institución. El colorido tránsito compuesto de los numerosos automóviles, fluye cual torrente de sangre por las venas de la ciudad, pero allí, de entre todas esas imágenes, sólo una me atrapa completamente justo en contra esquina de mi casa; una mujer se desnuda descuidadamente frente a la ventana de los apartamentos contiguos.

La voluptuosa silueta de sus caderas y sus delicados senos, inyectaron mi cerebro al instante con un coctel de emociones, desde la adrenalina a la lujuria; el temor a ser descubierto y mi incapacidad de apartar la mirada de su templo de blanca perla, colisionaban en mi interior como una supernova, la cual se desdibujaba en la delicada y sensual figura de aquella dama. Pese a la plena consciencia que denunciaba el deliberado voyerismo y la dudosa moral que atestiguaba en mí la sola irrupción de la mirada en la intimidad de la habitación contigua, ninguna de éstas fue condición suficiente para hacerme ceder ante las voces de Tanatos que exclamaban – ¡Basta!  ¡Aparta la mirada! – pero ya era demasiado tarde, había sido completamente hechizado por el vaivén de sus caderas, del mismo modo en el que la flama de una hoguera hipnotiza la mirada del viajero, como la densa penumbra del bosque a la luz de la luna.

  • ¿Qué hay más natural que estar desnudo? (pensaba) Si nos desnudamos para limpiar la mundana suciedad, para cambiarnos la máscara cotidiana con cada nuevo atuendo y con cada nueva mezcla de personalidades, a fin de rehuir la sincera mirada que es nuestra cruda desnudez ¿No es acaso cierto que tenemos que despojarnos de la ropa para realizar aquel acto que a la humanidad ha engendrando y dado nacimiento? ¿No es verdad que se nace desnudo y, al morir, por mucho que disfracen nuestro cadáver, nuestra piel, símbolo primigenio del pudor y la vergüenza, habrá de convertirse en polvo y quedar hecha añicos, tal como los pétalos de una rosa, los cuales pierden su suavidad y color, para devolverla a la tierra?

Ella permanecía de pie frente al espejo, girando lenta y sutilmente sus caderas de un lado al otro, perdida en la contemplación de los detalles de su cuerpo, junto con las marcas que la vida había trazado sobre el blanco lienzo de su piel, y por momentos me parecía que yo de igual modo había comenzado a contar uno a uno sus lunares hasta que, en el inevitable ascenso de la mirada entre sus pantorrillas hasta sus glúteos, y el recorrido vertiginoso por su cadera hasta sus senos, sus ojos se cruzaron con los míos a través del reflejo que apuntaba hasta el extremo opuesto de la ventana. Ella se ruborizó al instante y liberó un pequeño grito, yo no supe hacer otra cosa excepto sonreír avergonzado; pegó un brinco para esconderse en la intimidad de su habitación cerrando las cortinas de golpe.

Me apresuré a cubrir la erección que había provocado la contemplación de su silueta erótica, y una risa nerviosa escapó de entre mis labios a medida que la ironía de los sentimientos encontrados, desde el deseo y la vergüenza, hasta la curiosidad y el temor, apagaron poco a poco los remanentes destellos de la que fue, efímeramente, una gloriosa y radiante estrella de éxtasis. Aunque buscaba la forma de apartar la mirada de la ventana, me era imposible frenar del todo el inadvertido movimiento de los ojos que buscaban darse a la fuga hasta la cortina de la habitación contigua, esperando tener ese “casual encuentro” nuevamente, aunque fuera sólo con la silueta de su sombra proyectada sobre la cortina, lo cual ocurría en repetidas ocasiones en el transcurso del día.  Aunque, tras cerrarse aquellas cortinas del departamento contiguo, no podía evitar cuestionarme si, tal vez devenía cierta maldición el haber nacido hombre, condenado a perseguir estas pulsiones incontrolables, o si tal vez la maldición estaba alrededor de las ideas a las que las mujeres se han visto condicionadas y definidas, pero sin importar cómo sean las cosas, en tanto se mantengan así, tanto ellas como nosotros estamos condenados a jamás alcanzar nuevamente el edén. En ese momento yo me sentía más desnudo que aquella mujer, sentía que la sola experiencia del deseo en mi interior era el principio mismo de la acción que ahora me había sumergido en la vergüenza; aquella naturaleza que tanto se enseña en los hogares cristianos a rehuir, negar y callar.

¿Cómo olvidar aquel sueño que llegó como una inadvertida visión conjurada a las líneas de mi destino? Una de aquellas huellas en la mano, que esculpen el diseño único de nuestra identidad, el único tatuaje verdaderamente imposible de borrar, aquel que se lleva grabado en la inmutabilidad de nuestro ser e identidad corpórea.

Soñé que me encontraba en medio de una amplia biblioteca circular erigida sobre un tablero de ajedrez, hecho todo de cristal, el cual centellaba en sus afilados bordes con el relampagueo de truenos que trazaban el marco mismo de su estructura cuadricular; no había piezas en el tablero, sin embargo, a través de la traslucida imagen bajo mis pies, más allá de aquel negro abismo, destellaban extraños cúmulos de luces en un orden ajeno a la naturaleza de un cielo estrellado; y he de admitir que me llevó algunos instantes entender de hecho, que estas luces pertenecían a los faros nocturnos de las ciudades, las cuales eran sobrevoladas por esta imposibilidad arquitectónica que era impulsada por el arrastre de no menos de un millón de cóndores, los cuales volaban de forma tal, que simulaban la forma de las nubes, disfrazando así la biblioteca entre la negrura del cielo noctámbulo. Lo más sorprendente, sin embargo, era la perfección de la sincronía de éstos al emitir sus chillidos al unísono, pues éstos componían en su estridente sinfonía, el rugido mismo del rayo que parecía entonar el mismísimo nombre de Tláloc.

La biblioteca poseía los más extraños títulos en las más antiquísimas lenguas, todos y cada uno de ellos escritos a puño y letra de su respectivo autor; las cortinas rojas que adornaban de pies a cabeza los gigantescos ventanales, conducían la mirada hasta aquella asombrosa bóveda pintada sobre el techo de la biblioteca, sobre la cual, se retrataba la caída de los cuerpos al vacío de un sin número de personas pintadas con el más detallado realismo que hubiese visto alguna vez en mi vida, la cual, a la ironía de las circunstancias, rememoraba aquel distante sueño de la infancia… era tal el realismo de aquellos cuerpos, que tal vez, de haberlos comparado con la fotografía correspondiente al modelo de cada uno de ellos, ni siquiera las fotografías se habrían visto tan vivos como éstos.

Recorría con la mirada todos y cada uno de los rostros en el techo, tratando de encontrar el secreto tras la perfección de la inexistente pincelada que los había plasmado con tan insólito detalle; no obstante, mi asombro pronto se vio reemplazado con el horror, al sorprender que no se trataba de pinturas cualquiera, sino de los auténticos cuerpos de los hombres, mujeres y niños clavados, cosidos y pegados al techo de aquella bóveda.

Di un pequeño paso hacia atrás apenas como un breve reflejo, antes de que el segundo me llevara a derrumbarme sobre mis rodillas, en tanto temblaba presa de una oleada de escalofríos incontrolable que recorrían mi cuerpo, ahogándome en el sabor de mi propio terror. Juraba que entre la intensidad de aquellas palpitaciones que desfibraban mi corazón, sentí por vez primera el roce de la mano huesuda que anunciaba mi muerte, pues a medida que observaba en el interior de las pupilas de aquellos infelices, podía notar que algo de ellos se preservaba vivo, pues estos me devolvían la mirada en una expresión que yacía muda, presa de su propio pánico, incluso tras algunos minutos contemplando con detenimiento la escena, casi podía distinguir en la multiplicidad de aquellas miradas pétreas; primordialmente en los más jóvenes, el deseo suplicante que clamaba por mi auxilio a socorrerlos, al tiempo que me advertían del peligro que asechaba; y en los otros, generalmente aquellos de apariencia más longeva, en sus ojos no se percibía el pánico, sino más bien una suerte de resignación ante el futuro, incluso una demente y descarada alegría ante el infortunio que mi sola presencia en aquel recinto suponía, pues tal como al más infeliz de los desahuciados mi condena y mi destino próximo al lado de ellos, representaba la más suculenta ironía de su propio reflejo, su propia historia y su infinita miseria.

Pero aún en medio de aquella escena, un sonido se colaba nítido entre la beligerancia de las centellas y los truenos, los cuales, aún en la estridencia de su poderío, no osaban pronunciarse más estridentes que aquellos inconfundibles tacones que sonaban en la distancia. Y la sutil risilla de una mujer, que parecía emanar de entre el silencio de los anaqueles y las páginas de aquel averno. Esta se elevaba poco a poco con arrogancia de tono y timbre, a medida que los tacones comenzaban a tronar a cada paso, poco a poco, cada vez más cercanos, como expresando simbólica e inequívocamente el hecho de saberse ama y señora de aquel recinto. Orienté mi cuerpo hacia el presunto origen de aquella risa, y extendí la pregunta a viva voz:

  • ¡¿Quién anda ahí?!

Aquella risa se extendía a lo largo y ancho de aquella bóveda, mientras la mirada volaba en todas y en ninguna dirección, pues la estructura arquitectónica de la bóveda de aquella biblioteca, al ser una media esfera perfecta, hacia que el sonido que se emitiera desde un extremo de ésta, viajará hasta el extremo opuesto desde el punto emitido, y su resonancia creaba la ilusión de que el sonido había sido emitido desde un punto en específico, cuando en realidad la dispersión del sonido distorsionaba la orientación física natural del cuerpo…y tal como toda buena presencia fantasmagórica, la presencia de aquella dama pronto se anunció firme e impertérrita justo detrás de mí. No cabía duda de que estaba asombrado de tan siniestra habilidad, no obstante, tanto más sorprendido me encontraba al contemplar aquella erótica e improbable diosa, cuyo despampanante cuerpo era revestido de ligeras telas que cubrían apenas lo indispensable, irónicamente para no mostrarse del todo desnuda… Era sublime contemplar su piel morena, la cual por momentos parecía brillar con destellos dorados, sus ojos color miel, su cabello laceo hasta la cintura y su aroma a hierbas del bosque que inundaba el salón. Me sentía dueño de aquella imagen en una forma tan íntima como pocos hombres podrían haberla experimentado, ella era una imagen intransferible, inmutable, soberbia y poderosa; el sólo hecho de poder admirar en ella aquel divino sonrojo, era para mí ya, el más divino éxtasis.

Ella era una voz que encontré entre la seducción de los deseos reprimidos; la esencia de su ser reflejada en la profundidad de sus ojos negros. Y aunque aquel ente no era nada y era todo a la vez. En su naturaleza se percibía una monstruosidad cruel sin nombre, un enigma cuya esencia además, de igual modo seducía con su infinita variedad de conocimientos y experiencia, dejando escapar a veces cierto halo de vanidad, y no era para menos, pues esta entidad era no menos que la dueña y rectora de los deseos de la humanidad. Su talento y habilidad era el de transmutar y dar forma y cuerpo a los deseos más profundos y ocultos de nuestra eseidad, una pesadilla a la cual, no puedes, ni quieres escapar…

Un camaleón sin rostro que transmuta perpetuamente su forma para hacer que uno se pierda en el deseo que se siente en su sola presencia, como la promesa última del máximo kundalini. Entre nuestros diálogos y conversaciones, siempre buscaba algún punto fijo en sus ojos para enfrentarme a la tiranía de sus ilusiones, pero jamás logré verlos, pues ella no poseía una mirada, sino que ella era todas las miradas, todas las pasiones, todos los anhelos y ella es, el deseo mismo. Fue así, a partir de ese día, que nació en mí la segunda más íntima de mis voces, la nombre Lilith… pues ella, la mujer primigenia, de igual modo susurró y reveló así mi verdadero nombre:

  • Mi pequeño Wabi.
    • ¿Wabi? (Pregunté)
    • Significa el canto del Universo, más específicamente el canto de la oscuridad, como la vibración que resuena del Cosmos en la más eterna de las noches. Mi querido niño, tú que has nacido bajo la bendición del Enlazador de Mundos, a la numerología resonante del 9 y el tono blanco. Cuánto has debido sufrir mi amor para ser ahora portador del poder de la muerte.
    • Espera, dices que, ¿eres mi creadora? ¿Cómo que el poder de la muerte?
    • En efecto, sólo una parte de ti, tanto como existe expresión masculina, también hay mucha feminidad dentro de ti, además ya deberías haber notado de tu habilidad para conectar con el más sórdido de los mundos; con tu habilidad para cerrar los ciclos y dar resolución incluso a aquellos dilemas más improbables de resolver; eres el nexo entre éste y todos los mundos; por eso es que ahora puedes estar en mi presencia.
    • Pero ¿qué hago aquí? ¿Por qué me has traído hasta aquí?
    • Dime mi niño ¿Te gusta imaginar? 
    • Pues… si (le respondí)
    • Pues muy bien, vamos a imaginar… ¿Te gustaría estar con la mujer más perfecta que cualquier hombre pudo alguna vez soñar?
    • … Supongo que sí, ¿Qué hombre podría no desear algo así?
    • ¿Qué te parecería viajar a una tierra mágica donde no sólo encontraras a dicha mujer, sino que, en dicho lugar podrás detentar todo lo que alguna vez haya deseado tu corazón?
    • Suena como algo muy bueno para no tener un costo igualmente elevado
    • Jajaja, mira mi amor, seré justa contigo y te daré la oportunidad de probar que lo que te digo no sólo es posible, puedo realizar y fabricar cualquier futuro, incluso el más irrealizable o fantástico de todos
    • … No ¿Cuál es el truco? ¿Por qué me ofreces una oportunidad para comprobar algo que yo no te he pedido? Apenas he arribado a este lugar y ya me ofreces semejantes deleites, los cuales además me ofreces cual si fuera una ventaja ante un juego que aún no ha comenzado… pero en el cual ciertamente, y como dejan ver muy bien los tapices de este lugar, no es tan simple ganar…
    • Muy bien mi niño, muy astuto, veo que has estado observado detenidamente esta bóveda en la cual yacen buena parte de quienes existen atrapados infinitamente en el incesante vértigo de sus deseos…
    • La bóveda parece extenderse como un fractal hasta el infinito, si todos ellos han caído y siguen cayendo infinitamente en tus tentaciones, ¿cómo se supone que ofrezcas una prueba a quien no es siquiera capaz de hacerte frente? ¿Cómo es siquiera que osas obligar a otros a conjurar una tarea tan imposible como vencerte en tu propio juego? ¿No sería eso una falta a las propias reglas de cualquier reto?
    • …Vaya no eres tan tonto como incluso tú mismo te asumes tan constante ser, muy bien, bravo, estoy orgullosa de ti mi niño.
    • ¡Ya basta! (exclamé con rabia)

En ese momento su hermoso rostro iluminado por aquella seductora sonrisa, repentinamente se ensombreció, dejando entre ver la fría astucia de su eseidad disfrazada de lujuria, y así respondió:

  • Yo fui quien engendró y dio su poder a quienes han sido alguna vez los más grandes líderes que la historia haya nombrado, incluso he dado poder a aquellos que han reinado y siguen dominando la Tierra desde el rincón más insospechado y anónimo de los silencios. Desde los más nobles filósofos y diestros artistas, hasta los más temidos criminales y crueles dictadores; fui incluso quien tentó al mismísimo Lucifer y tú… ¿tienes la osadía de dudar y despreciar los dones que te puedo ofrecer?
  • … No los desprecio, simplemente temo por el precio que habré de pagar por tan inmerecido, aunque de igual modo insolicitado obsequio…
  • Las reglas del juego serán éstas…
  • Yo no he aceptado jugar a nada
  • Pues qué mal por ti, porque si no lo haces, jamás volverás a despertar de este sueño y vagaras por la eternidad en el interior de esta biblioteca, hasta que tu mente colapse, y al despertar, simplemente será para sorprender que te has quedado ya sin aliento, en un coma que ha durado esencialmente toda tu vida…
  • …Y ¿a eso le llamas justo?

Lilith desprendió una histriónica carcajada, y añadió:

  • Pobrecito…, es verdad que suelo jugar con herramientas que la mayoría de los seres desconocen, y que puedo nacer en la adversidad de las condiciones más desfavorables y absurdas, lo cual me da precisamente ese aire de injusticia, pero eso no significa que no motive el acierto, o desprovea del ingenio para alcanzar lo deseado, aún bajo las más adversas condiciones, no soy tan injusta o impiadosa como suelen acusarme los cobardes o los apáticos que ni siquiera se atreven a luchar por lo que desean, dándose por vencidos antes de siquiera comenzar. Además la vida es hermosa, nadie dijo que fuera fácil o justa…
  • ¿Cuál es el reto?
  • Tendrás que buscar algo por mí, algo que se ha convertido en no más que un mito codiciado por todos los hombres del mundo
  • Y ese algo ¿tiene forma o nombre?
  • Eso también será parte del reto… veamos qué tan bien conoces tus propios deseos…
  • Vaya sorpresa…
  • Tendrás que llegar hasta el corazón de ese deseo y entonces, conquistar a lo que sea que encuentres dentro de él, cuya imagen se ha integrado ya al interior de tu subconsciente. Veamos qué tan hábil eres para esto…
  • Jamás he sido muy dado a las relaciones en general, creo que ya lo sabes si es que me has creado, mucho menos cuando se trata de las mujeres
  • Pues si el reto fuera fácil, ¿qué diversión tendría? (desprendió una sutil risilla que logró enfadarme aún más en mis adentros, e irrumpí nuevamente iracundo)
  • Bueno ¡¿Y si gano qué?!
  • Te concederé lo que sea que desees
  • Dudo mucho que puedas concederme lo que deseo.
  • Tú no te preocupes, te aseguro que podremos hacer algo al respecto de lo que sea que desees, a fin de cuentas, fui capaz de ordenar el mundo, haciendo a los humanos perseguir incesantemente sus deseos, porque el deseo es poder, y el dominar los deseos de aquellos que seguramente has escuchado hablar desde Alejandro Magno hasta Mozart o al tan difamado Hitler, quien ciertamente no fue ni cercanamente tan sanguinario como otros dictadores como el Rey Leopoldo, o algunos presidentes de los Estados Unidos…
  • …Hecho…
  • Muy bien, sólo antes de comenzar el reto, el día de hoy en la mañana viste a una mujer a través de la ventana, ¿no te recordó a nadie?
  • ¿Recordarme a alguien?
  • Creo que ya puedo vislumbrar el resultado de esta prueba si ni siquiera eres capaz de ser lo suficientemente honesto contigo mismo…
  • Ahora levanta la mirada hacia la bóveda y mira fijamente el centro del techo.

Tal y cómo lo indico, me detuve un momento a contemplar el centro de la bóveda, donde logré apreciar un destello dorado descrito entre una geometría fractal de simetría icosaédrica, trataba de adivinar alguna forma desprendida de éste, pero pronto, comencé a advertir que mi cuerpo lentamente se precipitaba hacía la cúpula de la bóveda, elevándome por encima del suelo ajedrezado. Poco a poco comencé a sumergirme en la profundidad de aquel fractal, temiendo ciertamente que, mi cuerpo pronto se estrellaría contra el techo y quedaría de igual modo clavado cual estampa como el resto de los demás desafortunados.

Con su ya acostumbrada risa, Lilith levantó el brazo despidiéndome en lo que parecía un viaje de ida sin retorno… 

De pronto, sin advertencia o ceremonia que diera inicio a su macabro juego, el recuadro del suelo sobre el que me encontraba parado se desvaneció en un instante, y como el veloz vuelo de un halcón, mi cuerpo despegó hacia el interior de aquella luz que comenzó a centellar tan fuerte como el sol. Podía sentir el viento helado de la noche a mí alrededor, mientras que, paradójicamente, aquella luz permanecía irradiando en toda su intensidad, pero como recubierta por un estrecho agujero de gusano que me arrastraba hacia su interior. Veía con claridad como la biblioteca flotante se alejaba a una velocidad fantástica de mi limitada visión; y una parte de mí, simplemente pronunciaba una y otra vez, que se trataba de mi inminente final, sólo aguardaba el momento en que mi cuerpo estallaría desprendiendo las entrañas por todo el lugar.

En cierto momento, finalmente la luz comenzó de percibirse distante, y la volumetría de su halo luminoso comenzaba a expandirse cada vez más y más, señal inequívoca de que me encontraba aproximándome al interior de la misma. No veía nada más allá de mi nariz en medio de aquella tormenta; vientos de arena lapidaban mi cuerpo como un mar enfurecido que me azotaba con sus violentos torrentes dorados y marrones.

Viajaba montando sobre un caracol que avanzaba pausadamente a través de la tormenta, como si de un rito funerario se tratara; aunque yo no podía hacer o percibir nada, excepto percibir ésta como la luctuosa marcha hacia mi propia muerte en medio de aquel desierto – “como una tumba dorada de la cual hasta los más grandes reyes estarían celosos” me decía a mí mismo en un tono burlón.

Ansiaba llegar al que fuera mi destino más que ninguna otra cosa, no obstante, debía ser paciente y montar aquel caracol, pues esa era la forma más segura de cruzar una tormenta como aquella, cualquier otra bestia, fuese un caballo o un camello, se desbarrancarían en el primer peñasco o trampa de arena, pues éstos confían únicamente en su vista, su velocidad, y su resistencia, pero en medio de una tormenta como ésta en la que no pueden ver su propio andar, se encontrarían condenados junto con su amo a perecer en el desierto. Aquí el caracol es un viajero prudente capaz de trepar y descender por los más precipitados abismos y lo único que demanda a cambio de su paso certero y seguro en medio del más despiadado caos, es un poco de paciencia… sin lugar a dudas, propio de un verdadero maestro del desierto.

Día y noche marchaba en aquella penumbra dorada, y por momentos me parecía que apenas y podía recordar el propósito que me había llevado a sumergirme en esa tormenta… Recordaba aquella suave y seductora melodía que escuché de los labios de aquella mujer esa mañana; jamás había escuchado una voz más dulce y hechicera, una voz que ha perseguido en medio de esta hecatombe por más de 20 años, una búsqueda que me había llevado a realizar aquella extraña danza con mi propia demencia; locura que me había llevado a asumir tan insólita empresa; la búsqueda por aquella divina voz, cuya portadora no podía ser otra excepto aquella perfecta musa, aquella divina diosa que me había prometido a mí mismo encontrar, hasta verme atrapado nuevamente por esta obsesión que me hacía adentrarse más y más en el desierto.

La imaginación resulta traicionera y el miedo por momentos se apodera de mí. Ahora temo hasta mis propios pensamientos

  • “Es una trampa, nada más que un sueño… ¿Hacia dónde voy realmente? ¡¿Qué es lo que estoy buscando?! ¡¿De verdad existe aquello que me encuentro persiguiendo en medio de este caos?!”, pero las señales se volvían más claras cuando observaba como el caracol de igual forma se encaminaba en el interior de aquella voz para hallar su origen, no solo la escuchaba él… y eso me tranquilizaba indescriptiblemente
  • “Tal vez no estoy enloqueciendo”- me repetía a mí mismo en mis adentros… o al menos eso quería creer…

Pero había algo que me aterraba aún más, un temor que sentía sobre todo en aquellos momentos en los que me parecía perder el sonido de aquella voz, lo cual me llevaba con facilidad a la desesperación y me impulsaba rápida e impulsivamente en todas direcciones tratando de hallar nuevamente el punto de mayor intensidad entre cada tono, cada alto y bajo que se colaba entre aquel ventarrón; ¿Cuántos no se habrán perdido en medio del desierto al seguir la misma voz, la cual no pocas personas en la ciudad me han advertido que debería ignorar y simplemente olvidar? Era tal el temor que existía a quedar atrapado en el hechizo de aquella voz, que podía ver a las personas deambular con el corazón cerrado por las avenidas, con los oídos distraídos por cualquier ruido o felizmente ensordecidos por cualquier mentira. Y constantemente los ciudadanos advertían a los aventureros como él, que debían ignorar la voz, olvidarla y renunciar a ella tan pronto creyeran siquiera haberla escuchado, pues todo aquel que la escuchaba le resultaba imposible escapar y algunos enloquecían vagando infinitamente por el desierto tratando de olvidarla…

Cerré mis ojos por un momento tratando de disponer toda mi atención a la voz, pues no podía hacer otra cosa más que prestar visión a lo único que me resultaba claro en medio de aquellas tinieblas doradas, y la voz poco a poco se volvía más clara, a medida que trataba de callar todo mi entorno, todo cuanto me rodeaba para concentrarme únicamente en aquella voz la cual poco a poco acrecentaba en mi interior… con el recuerdo de aquel primer momento en el que fui, por primera vez, realmente feliz…

Seguí acrecentando esta voz en mi interior, hasta que se escuchaba tan fuerte, precisa y clara que podría jurar que se encontraba a tan solo unos pasos de mí. De pronto, la voz se detuvo repentinamente, siendo remplazada por una pequeña y traviesa risilla, la cual acto seguido expresó nuevamente en su distintivo tono suave y seductor.

  • Abre los ojos viajero, a tu destino has llegado.

Como si de una orden se tratara, abrí mis ojos súbitamente encontrando frente a mí el más extraño y hermoso ocaso que hubiese visto en mi vida, pero fue aún mayor mi sorpresa al descubrir que no se trataba de un ocaso, sino de los ojos de una de las más sublimes criaturas que haya sido presenciada por la humanidad.

  • Te felicito, al menos eres un hombre que sabe escuchar… poco saben hacerlo y por lo general se pierden eternamente entre sueño y pensamiento, sin llegar siquiera a ver lo que tienen justo delante de ellos.

Sus ojos eran una manifestación extraña. Azules en la parte superior, pintados con algunos destellos luminosos como si de estrellas se tratara y anaranjados en la base con algunos tonos rojizos en las orillas, como si se tratase del reflejo del sol sobre el océano. Su piel era el más sedoso marfil y sus movimientos como la representación de la más fina tela ondeando suave y seductoramente al viento, expresando poesía entre cada desliz de sus delicados brazos dedos recubiertos de adornos. Su cuerpo un juego de zafiros y esmeraldas destellantes, describiendo curvas tan perfectas que su sola visión habría bastado la totalidad de la vida a un pintor para intentar plasmar cada uno de sus movimientos obsesivamente.

Ahora me parecía que si bien, no enloquecí durante mi viaje, ahora me sobraban razones para volverme a la demencia…

  • ¿Quién eres? Le pregunté

La expresión de la sirena cambió súbitamente y la sonrisa en sus labios desapareció… siendo reemplazada por un gesto de asombro al inicio, pues sus ojos se abrieron completamente, y a los pocos segundos, sus ojos se vieron llenos de incontables lágrimas que rodaban por sus mejillas

  • De verdad ¿no me recuerdas?
  • … ¿Qué?
  • Mi niño, tienes que escapar de aquí, esto es una ilusión tramposa para atraparte eternamente.
  • ¿Qué quieres decir? ¿Cómo puedes denunciar falsedad en el milagro mismo que es tu presencia? ¿Es acaso mentira el ocaso en tu mirada y la perfección de tu sonrisa sostenida entre tus facciones impávidas? ¿Es acaso mentira que yo amo el ocaso o el marfil sedoso como tu piel, por la cual siento admiración y deseo? ¿Podrías clamar de engaño este amor por las singularidades que rodean y conforman tu presencia sirena?
  • Un espejo son mis ojos, como el agua cristalina que refracta la luz y reverbera en y como consecuencia de la mirada de aquellos que aquí encuentran la tumba de sus falsos deseos.
  • Me temo que no entiendo… 
  • Algunos dicen encontrar en mí el reflejo de una cascada de diamante y plata, otros el bosque secreto del Edén, otros los ojos de su primer amor de la infancia e incluso hay quienes dicen encontrar la manifestación del tiempo encarnado en mis ojos grisáceos… 
  • ¿Grisáceos dices? 
  • ¿Te das cuenta? Los humanos que llegan aquí quedan atrapados bajo el prospecto de sus más profundos deseos y sentimientos; mi querido niño, el sentimiento que encuentras en tu interior no es algo que sientes “de algo, sino lo que sientes acerca de ese algo”. Lo que ves en mi es sólo la proyección de tus anhelos, no obstante, si vieras mi verdadera forma, solo hallarías imperfección y desafortunadamente raras veces los hombres son capaces de entender la belleza del caos.
  • ¿Qué es este lugar? Veo un oasis que ha quedado atrapado en medio de la tormenta, veo arboles de plata y cristal… ¿es acaso que todo esto se ha visto consumido por la tormenta? 
  • No viajero, lo que ves aquí es tan solo el ojo mismo del huracán, yo soy la tormenta. Este es simplemente el centro de aquello que realmente soy…, por todos estos años luchaste para llegar aquí, rechazando y huyendo a la tormenta, intentando resguardarte de la misma en una sola y única ambición tuya y, por lo tanto, al rechazar a la tormenta me has deliberadamente rechazado a mí en cada aspecto que eres aún incapaz de aceptar de ti mismo, como eres incapaz de aceptar la falsedad de tu propia ilusión bajo la cual te engañas ahora, tratando de colocar frente a ti nuevas fantasías, cuando en mi corazón solo habita una forma distinta del mismo conflicto que has tenido que atravesar. 
  • ¡Pero he llegado hasta aquí! ¡He logrado escuchar tu corazón! ¿¡Eso no significa nada?!
  •  Me temo que no, llegaste hasta aquí persiguiendo tu propia obsesión, tus propios deseos, y es por ello que jamás podré ser tuya…, porque eres incapaz de verte a ti mismo tan sincera y honestamente como para encontrarme en mi verdadera forma; pues mi verdadera presencia se habría revelado ante ti de haber sido así… Esta es la tumba de los deseos, porque aquí los hombres son enfrentados con el más profundo de sus temores, aquí son enfrentados con sus propias fantasías e ilusiones, donde hallan la muerte sus sentimientos, a los cuales algunos se aferran desesperadamente a pesar de todo y es entonces que se ven consumidos junto con ellos… la muerte de los propios deseos y obsesiones, el mayor desafío para la mente humana. 

Nada obsesiona más a los hombres que aquello a lo que atribuyen la razón de su actuar, igual si deciden justificarlas a través del amor, he visto a hombres matar a sus propios hermanos por estos sentimientos; nada más revelador que ver al hombre que justifica las más viles y atroces acciones a costo de su propia humanidad; los humanos están dispuestos a perder su integridad incluso por la satisfacción de sus ilusiones… 

  • Entonces ¿cada hombre que arriba aquí es enfrentado con éstos deseos? 
  • Si ese fuera el caso, habría muchos más hombres valientes de los que el mundo alcanza a ver hoy en día, para lo cual, en todo caso, la existencia misma de éste lugar no sería siquiera necesaria o posible, pues el hombre sería capaz de evitar quedar atrapado en éste mundo. 
  • Desafortunadamente, aunque hasta el corazón de este océano llegan, la gran mayoría se pierde infinitamente, porque a pesar de que creen haber hallado la felicidad… jamás serán capaces de acceder a ella y nada enloquece más a los hombres… 
  • Pero entonces ¿Qué es este lugar? Creí haber llegado al corazón de este océano. 
  • El punto es en realidad que jamás llegaste a mi corazón viajero…, jamás abandonaste la tormenta en la cual aún continuas perdido, pues de otra forma habrías hallado una visión sincera de tu propia esencia, la cual aún no has generado en ti y por lo cual eres incapaz de reconocerla en otro… la belleza que describes en mí, como el espejo de agua que soy es la prueba de tu propio engaño…, abandona ésta criatura de presencia vaporosa y escapa de éste mundo antes de que tú también quedes atrapado. 
  • Debe ser muy solitario… 
  • ¿Disculpa?
  • Estar aquí por la eternidad, sin poder tocar a nadie o ser tocada en forma alguna. 
  • Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado se vuelve bestias… 
  • Wow ¿Dónde escuchaste eso?
  • Palabras de un viejo amigo que se perdió por aquí una vez montado a caballo, viajando junto con otro en una pequeña mula, él fue de los pocos suficientemente locos para ser fiel a sus ideales, un verdadero hombre y un caballero… 
  • Por favor, no me apartes de tu lado 
  • Debes hacerlo, eres un viajero y debes continuar tu viaje, si te quedas perecerás en la locura como los demás y no te deseo eso… 
  • ¿Por qué? ¿Si mi partida no te entristece qué más da si decido morir a tu lado inmerso en la locura? 
  • No quiero esto para ti viajero, nadie merece un destino así, por favor entiéndelo… 
  • Solo dime por qué

En ese momento la sirena extendió sus brazos hacia mí, juntando sus labios contra los míos tratando de expresar lo que las palabras ya no alcanzaban a describir…

  • Lo que has encontrado aquí viajero es el reflejo de las maravillas que existen ya en ti, no busques y dependas de otros para encontrar aquello que reside en tu interior, no seas tonto, no podrías amarme si no amaras lo que existe en ti mismo; abandona éste ser de existencia etérea que no puede existir más que en las fantasías; encuentra a una compañera que viaje a tu lado compartiendo un mismo destino, como una verdadera compañera y no como un lastre.
  •  ¡Tú no lo eres!
  •  ¡Lo soy! El resto de tu vida cargaras con un ser que es incapaz de abandonar éste mundo y por consecuente te verás condenado a permanecer atrapado aquí por la eternidad sin que pueda llegar a ser tuya…, no puedes verme viajero, no puedes porque solo ves una ilusión.
  • …En ese caso, dejaré algo aquí contigo, para que te haga compañía por la eternidad. (Y comencé a cantar aquella vieja canción, mi favorita entre muchas de las que alguna vez tuve el placer de apreciar, una canción de cuna de los Indios Lakota)

Ha hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
ha hiye he do ye
wa deke doiyee..

Ha hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
ha hiye he do ye
wa deke doiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee
wekke eloiyee
wekke elloiyee

Ha hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
ha hiye he do ye
wa deke doiyee..

Hee hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
he hiye he do ye
wa deke doiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee
wekke elloiyee
wekke elloiye

aq suara gagak ama srigala
kamu apa?

Ha hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
ha hiye he do ye
wa deke doiyee..

Hee hiye he yo ye
wa yehe yo iyee
he hiye he do ye
wa deke doiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee

Cante waste
Hoksila laki istima
hanhepi ke waste
wekke elloiyee

ha hiye he yo ye
wa yehe yo iye
hanhepe ki waste
wekke elloiye

ha hiye he yo ye
wa yehe yo iye
hanhepe ki waste
wekke elloiye

abis jgn di teusin
ntar trans.. haha

La sirena despidió una pequeña lagrima aperlada que se deslizo por su mejilla y una sonrisa se esbozó en sus labios; entonces ella busco entre las piedras sobre las que se encontraba sentada y me extendió una pequeña caracola.

  • Entonces tú lleva contigo esto
  • ¿Para qué es ésto?
  • Cuando tengas dudas, escucha su interior y podrás escuchar el océano en ella, te ayudará a recordar lo que has aprendido y así me llevarás contigo, para que no vuelvas a perderte nunca más.

Su cuerpo destellante como la iridiscencia de una fina gema, se opacó paulatinamente a un tono cobrizo, con la última sonrisa entre sus labios, se despidió sin decir adiós, aunque sin decir tampoco un te quiero. Poco a poco, la vi desintegrarse delante de mí, desvaneciendo hasta el más suave de los rulitos de su cabello, terminó pululando completamente transmutado en arena; la cual comenzaba ahora a devorar también la totalidad de aquel espacio, palmera tras palmera.

Se había marchado, llevándose consigo incluso aquel exquisito aroma a mar que se desdibujaba en la sordidez de un viento cobrizo que soplaba con furia, cortando mi cara con cada uno de los ventarrones de arena sólida que arrastraban tras de sí las piedras y los restos circundantes de aquel efímero Oasis.

Había una herida trazada en el pecho, una suerte de vacío provocado por una experiencia que nadie en su sano juicio llamaría amor; la advertencia de aquel divino ser, comenzaba a cobrar sentido, ¿qué puede haber más insensato que enamorarse de una fantasía? ¿Qué puede haber más insensato que enamorarse de una prostituta? Y no obstante, noche tras noche, sólo deseaba volver a encontrarme inmerso nuevamente en ese mar de arena.

Las cejas de la doctora Werzehog se alzaron en un cuestionamiento e irrumpió el sueño:

  • A ver, espera un momento, por favor vamos a tomar una pausa en esta parte;  por casualidad ¿Alguna vez escuchaste hablar de Smith Cordwainer?
    • No
    • Es un autor olvidado, él fue el primero en creer que el conocimiento del todo reside en el total de la colectividad de las consciencias; él empleó la teoría de que el conocimiento conjunto de todos los hombres es el conocimiento de Dios, aunque se equivocó en un aspecto fundamental que recae en su misma particularidad Antropocentrista, pues no es en todos los hombres, sino en todas las expresiones de vida, incluyendo aquellas en apariencia inertes; y aunque este pensamiento no fuera expresado antes, eso no quiere decir que no hubiese existido en la consideración de mentes que simplemente se encontraron demasiado temerosas de revelar ideas tan aventuradas que no podían ser comprobadas en otros términos que no fueran bajo la misma esfera de las ideas que las engendraron.
    • Bajo estas prerrogativas ¿Quiere decir que estas entidades, no son únicamente voces pertenecientes a la dimensión de mi consciencia?
    • … El miedo puede ser diferente en diferentes personas, pero es en esencia el mismo en quien lo experimente; lo mismo es al deseo, lo mismo a cada experiencia energética emocional o sentimental que el ser humano despliegue en las dimensiones de su mente. Un gran diseño amerita un diestro arquitecto, que bajo sospecha y buena fortuna mía de no verme sobrepasada por mi propia subjetividad, dicen que fue aquel quien en el principio tenía la palabra y la palabra estaba con él y la palabra era él, pues al ser su acción primera el crear la Tierra, nombro al tiempo mismo su creación y nombro la luz y la oscuridad separando la una de la otra…
    • Tiene sentido, no puedo albergar otra lógica más que aquella que dicta la visión de que ante su furia frente al intento del hombre por crear Babel, ésta resultara en la confusión de las lenguas para hacer que la gente no pudiera entenderse y las palabras que antes fueran el medio para unir los mundos, de pronto se nos volvieron el principio de exclusividad para dividir a las personas en naciones y países, personas e individuos, cuerpos y palabras. Si dicho arquitecto creo cosa alguna primera en esta existencia ¿tendría sentido crear primero la luz sin los ojos que la percibieran? ¿Tendría sentido un Dios ciego incapaz de contemplar y sentir su creación? Nunca creí tener la oportunidad de caminar entre dioses…
  • Hay otra duda que salta a la vista … mencionaste que ¿te enamoraste de una prostituta?
    • Si… al despertar de aquel sueño, traté de recordar a la persona a quien aquel ente me preguntó si lograba recordar, de modo que, traté de recordar cada detalle del cuerpo de la mujer que vi aquella mañana, pero una vez que la mirada se cruzó con aquella mujer que vivía en los departamentos contiguos, pude reconocer en su rostro a una mujer que conocí durante la infancia. De pronto y sin advertencia alguna, me vi asaltado por el recuerdo de la primera vez que tuve sexo con una mujer, yo tenía 12 años y ella más de 30.

La doctora Werzehog bajó lentamente la libreta de apuntes que sostenía entre sus manos, e incluso apartó los lentes de su rostro, y simplemente preguntó:

  • ¿Cómo pasó eso exactamente?

Me encontraba en 1° de secundaria en aquel tiempo, aunque recién había entrado a trabajar como ayudante de mantenimiento, en una empresa que se dedicaba a la instalación de equipos de aire acondicionado, mi padre era amigo del dueño de aquella empresa, así que le dije que quería aprender a ganar mi dinero, si bien no tenía la necesidad de trabajar, había tomado la decisión de hacerlo, un tanto impulsado por mi ignorancia que veía en la escuela no más que un suplicio innecesario, ya que, a fin de cuentas, siempre nos decían que debíamos estudiar mucho para poder entrar a trabajar en alguna buena empresa y recibir un buen salario. Y si al final, todo ese esfuerzo durante todos esos años que repudié; en parte por sentirme obligado a convivir con un montón de niños, cuando ya de por sí me era ya un gran desafío estar en grupos de personas; eran apenas para aprender a ser el buen empleado de alguien, quería saber cuál era la clase de vida y placeres que se podían encontrar alrededor del trabajo, y más específicamente, del dinero. Tampoco quería reconocer que era muy mal estudiante, y no lo menciono porque eso dijeran mis calificaciones, al contrario, mi promedio estaba entre los mejores de la escuela en la que me encontraba, era mal estudiante debido al sólo y simple hecho de que, estudiaba sin intención de aprender, sólo repetía mecánicamente aquellas labores de estudio que como un autómata, realizaba más por temor al castigo que devendría de ello, e incluso algunas veces, estúpidamente creería que, eso era el conocimiento necesario y suficiente para entender el mundo en el que se vive.

Quería conocer la clase de mundo del que tanto me advertían mi familia y mis maestros apartarme, quería saber que auguraba aquel mundo que tanto temor me invitaban a guardarle, pero que, al mismo tiempo, prometía las más dulces experiencias y seductoras fantasías.

La gran ironía es que, lo primero que compré con el dinero que gané de mi primera quincena, fueron un montón de revistas pornográficas; tenía tanta curiosidad de saber y experimentar ¿qué era esa experiencia de la que todos los amigos de mi hermana mayor, así como algunos chicos de preparatoria con los que de vez en cuando me juntaba solían hablar todo el tiempo? Ciertamente fue el deseo mismo lo que me impulsó a conseguir el dinero, para tratar de satisfacer esa curiosidad y ese deseo incontrolable por experimentar lo que, parecía ser la fuente de liberación máxima de los hombres; irónico y contradictorio a la vez porque, no me resultaba en lo absoluto agradable la presencia constante de las personas, hombres o mujeres, pero allí estaba yo, persiguiendo de alguna manera la oportunidad que parecía ser la promesa de un escape fuera de esta condición de aislamiento forzado que impuse sobre mí mismo.

Por ello es que estudiaba por las mañanas, y trabajaba por las tardes en aquella azotea del edificio de la calle de Donceles, donde a la fecha puede seguirse encontrando la Cámara de Senadores. Aunque sólo tenía 12 años, mis rasgos faciales me hacían aparentaban mucha más edad de la que en realidad tenía, sobre todo debido a aquella anormal barba poblada que crecía en mi rostro, haciéndome aparentar unos 16 años con facilidad, o al menos eso decían las personas que me conocían. De hecho, las chicas de mi salón se burlaban de mí y me decían “Oye, el edificio de preparatoria está enfrente”, e irónicamente, solía llevarme mucho más con chicos y chicas mucho mayores que yo, por ello siempre me aleje de las mujeres de mi edad, en cierta forma también me parecían “algo tontas” y, ciertamente también las “despreciaba y hasta odiaba”, porque ellas me reflejaban y recordaban aquello que me sentía incapaz de hacer: tener una relación normal con alguien como lo hacían el resto de los chicos de mi edad.

Es irónico supongo, porque cuando veía a los chicos más grandes platicar acerca de sus pequeñas experiencias con las chicas con las que, tanto yo como los chicos de mi edad, nos limitábamos a fantasear, sentía una profunda envidia y celos hacia ellos por lo afortunados que eran de sentir aquello que el resto sólo veíamos en los videos porno que algunos guardaban en las memorias de los celulares que habían comenzado a salir a la venta, de esos que ya podían tomar fotografías y grabar video; ciertamente lo más novedoso de mi tiempo, aunque irónico en cierta forma, al contemplar toda la tecnología y los avances científicos de la humanidad, empecinados en continuar reproduciendo y retratando el más primitivo de los actos, el sexo.

Los hombres con quienes trabajaba en aquella azotea ya eran adultos, la mayoría de ellos padres de familia y, algunos de ellos hasta con más de 2 hijos; yo ganaba 4 mil pesos, por un medio turno, y algunos de ellos poco menos de 7 mil por el turno completo… al principio no entendía cómo era que el sueldo que recibían por la jornada laboral de tiempo completo les alcanzaba para semejante carga sobre sus hombres, y ya sabe usted, aunque sus esposas también trabajan, la verdad es que incluso con el salario de ambos no servía para cubrir las necesidades de ellos, a veces ni siquiera las propias, por este mismo motivo es que era común verlos vender coca y piedra y cristal de vez en cuando para poder sacar ese “extra”, que alcanzaba para pagar la renta, la escuela, y de vez en cuando para visitar algun Table o una casa de citas a final de mes.

Tras algunos meses trabajando allí con ellos, cargando los tanques de nitrógeno, quedándome a veces hasta tarde cuando a los Senadores se les ocurría hacer sus “supuestos plantones” al interior del edificio, obligándonos a todos de paso a atenderlos las 24 horas, en especial recibiendo la atención de las edecanes con quienes solían pernoctar en alguna de las numerosas habitaciones del edificio, o incluso de los chefs de estrella Michelin para satisfacción de sus caprichos, mientras nosotros les regulábamos la temperatura de aquel Salón donde se hacían las grabaciones del canal del Congreso, y limpiando aquella azotea y los equipos con aquellas máquinas Karcher. Finalmente, un día me invitaron a acompañarlos hasta uno de estos prostíbulos de la ciudad, de esos que se encuentran escondidos por la Merced, entre las calles de San Pablo y aquella Glorieta que da al metro Pino Suarez. El callejón está pavimentado de colillas de cigarrillos, envolturas de condones y tapas de cerveza; las mujeres desfilan a la izquierda y a la derecha, uno puede cruzar en medio, o detenerse a contemplar lo que, vulgarmente se le llama “La Pasarela”.

  • Las miradas lascivas de las mujeres paradas en aquellas esquinas, acompañadas del siseo de sus labios para atraer nuestra atención hacia ellas, era suficiente para hacer temblar mis rodillas, al tiempo que me obligaba a cubrir repetidamente la erección que provocaba su invitación a entrar al hotel con ellas. Los hombres que transitaban por aquella avenida les preguntaban una a una: – Hola mi reina ¿A cómo está? – Algunas respondían 700, otras 500 y había hasta quien pedía 250 pesos.

Sonreían invitantes, y también otras me miraban con desprecio, e incluso repudio, aunque la verdad me da la impresión de que, lo escabroso para ellas, era ver a un niño metido en aquellos lares, a fin de cuentas, por mucho que mi rostro aparentara más edad, mi altura y la forma de mi cuerpo terminaban por delatarme; sentía mucha vergüenza y tristeza de estar ahí parado. Me había imaginado de muchas formas cómo quería que fuera “la primera vez”” así como las chicas con quien me habría gustado que pasara

Cuando todos mis compañeros comenzaron a “animarme” a que me metiera con una de ellas, no sabía si mis rodillas temblaban por la excitación que, indudablemente sentía, o por el sólo deseo de salir corriendo de aquel turbio y, ciertamente grotesco callejón. Sentía un gran temor, y a la vez me sentía obligado a “demostrar mi masculinidad”, por fin tenía la oportunidad de hacer lo que mis compañeros tanto presumían haber experimentado. ¿Cómo iba a decir que no? Es gracioso a medida que recuerdo esto, lo mucho que solía preguntarle a mis compañeros ¿con cuál de todas aquellas mujeres debería de entrar al hotel? Porque ellos me miraban extrañados y me decían: “¡Pues con la que tú quieras, la que se la va a coger eres tú, no nosotros! ¿Cómo te gustan? – Me decían – ¿Senos grandes o pequeños? ¿Con un culote o delgaditas, delgaditas?”

Incluso en un determinado momento, uno de ellos, el más viejo de todos los compañeros, se acercó con aquel que, fungía como nuestro jefe, y le dijo: ¿Por qué no lo llevas a la vuelta a que vea las chicas que son más de su edad?

La doctora Werzehog volvió a irrumpir algo sorprendida:

  • ¡¿Cómo que las chicas de tu edad?!
    • Así es, había mujeres de todas las edades, algunas bastante mayores, otras bastante jóvenes, e incluso niñas que no pasaban los 10 años de edad, las cuales iban acompañadas siempre de la mano de alguna de las mujeres, pero ya sabe, también estaban vestidas de la misma forma que las mujeres mayores. Y en el momento en el que me llevaron a “ese espacio” en el que se encontraban las chicas más jóvenes, fue que la vi, ella estaba allí casi en contra esquina del lugar por el cual habíamos entrado; como que apenas asomando entre la masa de cuerpos de las mujeres que estaban también allí. Lo primero que vi fueron sus ojos azules que brillaban…
    • Que brillaban como un ocaso… (irrumpió la doctora)
    • Así es… jamás podré olvidar su rostro angelical, su piel era blanca y llevaba un vestido azul con zapatos verdes. Mi corazón latió como una locomotora, es irónico, pero, aunque en mi consciencia había de alguna manera “aceptado y fijado” esta noción tan extraña que daba el saber que con el dinero en mi pantalón, yo tenía el control es decir en términos de que, yo sabía que podía de igual modo pagar por estar con ella y, ella no podría sino acceder ante aquel papel que simboliza por mucho el control de nuestras vidas, y nuestro destino. Simplemente, me sentía tan enamorado que, no podía, simplemente no podía hacerle eso… no a ella. Así que, mejor entré con una de las mujeres que se encontraban en la zona de las mujeres “adultas”, la experiencia no fue en lo absoluto lo que había visto en todos aquellos videos y fotos, la verdad es que fue la experiencia más aterradora y mecánica que haya podido imaginarme, aquella mujer no dejaba de verme con fijeza, con algo de repulsión tal vez por el hecho mismo de saber que estaba teniendo sexo con un niño que, podría fácilmente haber sido su hijo; al salir de allí, desde luego que no encontré la liberación que esperaba, algo dentro de mí sabía que cargaba con la marca de aquel momento, y caminaba a lo largo de la avenida para volver al metro, siendo incapaz de dejar de llorar, me sentía sucio, vaciado de la totalidad de mi ser, y además, no podía dejar de pensar en el futuro que le deparaba a aquella niña.

Al volver a casa y arrastrarme finalmente hasta mi cuarto, arrepentido de haber destruido aquella “primera vez” de una forma tan grotesca y grosera, contraria a los principios morales que me habían inculcado en casa, aunado de los valores cristianos con los que había sido criado; aunque para la cantidad de pederastas que residen entre las filas de sus creyentes, tal vez la ironía es que, en realidad simple y sencillamente expresé en total plenitud aquello que se encontraba implícito en lo que me enseñaron a creer, como sea, esto último al final es sólo una queja, tal vez no más que un resentimiento personalísimo si se prefiere, para aligerar el peso de la culpa y la carga que me conllevan mis pecados, seguro que la Iglesia tendrá un crucifijo para mí en el cual apoyar mis lamentos…

No podía dejar de pensar en ella, al llegar a mi cuarto me recosté sobre el suelo, asustado del delito que había cometido y que, así como yo, miles de hombres cometían en aquel callejón, día con día, año tras año; y si bien no había encontrado en mí el descaro para hacerle eso a aquella niña, había sido parte del mundo que hacía posible su esclavitud al mismo. Murmuraba entre mis infiernos: Dios ¿Cómo está?, protégela, protégela… Mientras me imaginaba los horrores que ella se encontraba viviendo día con día, soportando la corpulencia de tanto cerdo que se revolcaba junto… y ahora yo entre ellos…

Aquella noche le escribí una carta, carta que me había prometido a mí mismo entregarle al día siguiente apenas pudiera encontrarla; tenía que verla una vez más, tenía que hacer algo por ella; una parte de mí quería enmendar mi pecado, otra parte de mí, confesaba el deseo, de extenderle una promesa:

Princesa Melodía

Nos iremos juntos de aquí algún día,

Viviendo felices noche y día

Recorriendo el mundo en los más finos corceles,

Más allá de las montañas, más allá de los mares

Más allá de este lugar monstruoso de luces y bares

Más allá de la vida, más allá de la muerte…

Más allá…

Y tal como me prometí a mí mismo que lo haría, al día siguiente devolví mis pasos por aquel escabroso espacio, esta vez sólo, sin la presencia de mis compañeros del trabajo. Al doblar sobre el callejón de San Pablo, ahí la vi nuevamente, y he de admitir que, entregarle en persona aquellas simples palabras, provocaban que se me retorciera el estómago del temor que sentía a su reacción, y después de algunos minutos, finalmente me decidí a caminar hasta ella y extenderle el papel en el que había plasmado, mi deseo por su libertad. Recuerdo aún cómo tomó tímidamente el papel que le estaba extendiendo, y una señora, en apariencia “la patrona”, me amenazó diciéndome histérica:

  • ¡Oye cabrón! ¿Qué le estás dando?

Y aquella niña intercedió por mí, y le dijo:

  • No, no, no, está bien… sólo es un poema.

Se detuvo a leer mis oraciones un instante, mientras yo temblaba de miedo y vergüenza. Pero una sonrisa se dibujó en su rostro, el cual lo levantó serenamente en un bello sonrojo de su perfecto rostro y me dijo:

  • Quiero que tú seas mi príncipe

Sonreí al instante como el más grande estúpido, tomé su mano apresurado y besé el dorso de la misma, al tiempo que las lágrimas rodaban por mis mejillas de felicidad; me pareció por un momento estar viviendo la más grande dicha que hubiese conocido hasta aquel día de mi vida; aunque poco duró ese instante antes de que un hombre, quien se encontraba parado frente a las filas de la pasarela, comenzó a caminar directamente hacia ella, tomándola de la mano de la forma más grosera que pueda describir, tratando de llevársela al interior del motel; un cerdo que fácilmente le triplicaba la edad… Estaba en shock, enmudecido por la escena que atestiguaba como la más horrenda pesadilla traída a la realidad; sin oportunidad siquiera de pensar, tomé el picahielo de la mesa en la que aquella horrorosa mujer ponía el dinero y el cambio de los hombres que entraban. Y me lancé sobre él, apuñalándolo con él mismo en la zona lumbar; cayó sobre sus rodillas instantáneamente profiriendo un grito ensordecedor que puso en un instante a todos los presentes en shock, algunos comenzaron a huir, incluyendo a aquella mórbida y horrorosa mujer en la entrada del motel; el hombre sacudió el puño instintivamente hacia mí golpeándome con el dorso de sus nudillos, y caí al suelo; se abalanzó sobre mí y comenzó apretar mi tráquea con fuerza; el sabor de mi propia sangre inundaba mi nariz, y sin poder tomar aliento por la boca, comenzaba poco a poco a perder todas mis fuerzas. Pero entonces, repentinamente, me soltó y cayó al suelo casi encima de mí; esta vez con el picahielo clavado nuevamente, aunque a la mitad de su espalda…

Levanté la mirada, y allí estaba ella de pie, conmocionada y horrorizada, con su rostro empapado en lágrimas… Y con mis fuerzas restantes, me puse de pie tan pronto como pude, y, siendo incapaz aún de pronunciar palabra alguna por el dolor en mi garganta, y la falta de aliento, tomé su mano y comencé a correr con ella de vuelta hacia el metro entre los callejones. Los sonidos de las sirenas de las patrullas rápidamente inundaron el espacio; podía sentir su mano sudando y temblando a medida que nos apartábamos de la escena y finalmente, al llegar al metro, nos dividimos, ella entró al metro y yo me fui por el corredor subterráneo en el que se encuentran todas las librerías que llevan al zócalo; antes de dividirnos, le dije que huyera y que jamás volviera a ese lugar. No respondió…

  • Oh por Dios…
    • Dígame ¿Por qué le asusta doctora? Yo creo que solemos pensar el Narcotráfico como el peor de todos los crímenes, sólo porque es lo que el gobierno nos obliga y empuja a ver día con día, sólo porque en realidad es el propio gobierno el que está peleando por la misma rebanada de pastel que los demás, pero una droga en realidad sólo se consume y se vende una vez, una niña puede venderse cientos de veces a lo largo de su vida, y las drogas que les dan los padrotes son apenas los “anestésicos” para hacerles seguir. Creo que perdemos muy fácilmente de vista que el alcohol o el tabaco por mencionar las más comunes de las drogas legales, apenas hace algún tiempo eran también criminalizadas y manejadas por las mafias que, tras su legalización, simplemente se convirtieron en grandes y respetables empresarios; también olvidamos como nosotros mismos tenemos acceso a un sin número de “privilegios” que derivan de otros países que aceptan la explotación y esclavización física y sexual de sus propios ciudadanos, para que nosotros nos podamos tomar un café barato en Starbucks, empresa que a su vez para comprar azúcar barato en la India, acude a esos mercados de explotación que causan un sin número de problemas y muerte a su alrededor; y sin irnos muy lejos, el agricultor en México, quien sigue recibiendo una miseria por el alimento que tarda jornadas brutales en realizarse; al verse obligado a vender su mercancía barata por la mano de filas y filas de proveedores para que nosotros podamos tenerlo al alcance del supermercado (o incluso hasta nuestra casa), termina viéndose obligado a servir a aquellos que, a diferencia del gobierno, le extienden mucha más ayuda y brindan mucho más apoyo, que, insisto, el gobierno que sólo se limita a mandarnos sus pinches comerciales diciéndonos que “están con nosotros”, mientras que los narcotraficantes ayudan a las personas a poner sus negocios, a reparar las carreteras e incluso prestan sus propios helicópteros ante la necesidad de una persona a recurrir a la emergencia de trasladar a una persona para recibir servicios médicos
    • No me sorprende en realidad, es bien sabido lo que ocurre en el país, aunque no te voy a mentir, siempre es un shock escuchar esta clase de relatos
    • Imagínese tan sólo lo que fue para mí descubrir que, aquella mujer que vi en el departamento contiguo, era en realidad aquella niña que conocí y de la que me enamoré, a pesar del lugar en el que nos encontramos…
    • Gabriel… (irrumpió la doctora, tratando de pausar el relato, pero sin darle siquiera oportunidad de detenerme, proseguí)

No creo alguna vez entender realmente el origen de mi temor al amor, aunque, después de ese día, sólo existía la sagrada imagen de esa niña, con quien deseaba y suplicaba reencontrarme algún día; y ahora, tras darme cuenta de lo cerca que estaba del cielo, y tan lejos de aquella niña que, ahora era una mujer madura, y en apariencia, una superviviente de aquel mundo de porquería en el que había crecido, ¿cómo iba a atreverme siquiera a presentarme de nuevo, y traer con mi sola presencia el recuerdo de aquel mundo oscuro que nos bendijo a ambos con el poder de la muerte? Escapó de ahí, y volvió a hacer su vida… se veía feliz, sana, plena. ¿Quién diablos era yo y todas mis promesas de amor para quitarle eso?

Ya casi no recuerdo a aquella niña, se desvanece en la sombra de las destellantes luces del celular que muestran los miles de rostros de mujeres consagradas a hacer de sí misma el nuevo objeto por adquirir, el nuevo deseo por desear, la nueva infancia por venir y la felicidad que ya nunca vendrá. Objeto que cubre aquel vacío en la sensación de lo propio; la avaricia disfrazada con el manto de la ingenuidad y la inocencia; infancia que se prostituye en el deseo por el valor de aquello que no es poseído. Es así como crecemos, es así como vivimos, es así como olvidamos; es así como reemplazamos a nuestros seres amados por nuevos, de la misma forma que reemplazamos aquel primer amor. Así es como olvidamos los momentos, reemplazándolos por nuevos mientras evadimos la sinceridad, mientras perdemos la realidad; para perdemos a nosotros mismos…

La doctora Werzehog se limpiaba disimuladamente los ojos, y, como quien ya no quiere y, ciertamente, ya no puede seguir con aquellos obtusos diálogos, cambió nuevamente el tema:

  • Gabriel… por casualidad ¿has vuelto a soñar con ese espacio de la biblioteca que mencionabas al inicio?
    • En realidad, si, de hecho, tras desvanecerse la imagen de aquella sirena, la arena continuó golpeando y azotando mi cuerpo con fuerza, haciéndome girar en un violento remolino que me arrastró de pronto hasta el centro de aquel gran salón ajedrezado, donde, al abrir mis ojos, lo primero que vi fue la mirada serena de aquella mujer, quien me contemplaba fijamente con aquellos ojos que penetraban en lo más íntimo de mi esencia; ambos permanecimos en silencio por algunos instantes, hasta que finalmente ella fue la primera en quebrantar aquel gélido silencio:
  • Niño… ¿tanta fue tu alegría por poder darle esa carta a aquella chica, y por después hacer realidad el único y más precioso de los regalos que, ni siquiera tú pediste para ti mismo, que ni siquiera te das cuenta del peso que has venido cargando sobre tus propios hombros, con el sólo fin de seguir cumpliendo y honrando esa promesa, que incluso ahora que te has vuelto a encontrar con aquella niña, convertida en mujer, libre de aquel tortuoso destino, y nuevamente te niegas la oportunidad de ser feliz a su lado, con tal de que ella pueda permanecer libre…?

Debo admitir que, no me lo esperaba, me ganaste en mi propio juego… dime Wabi ¿qué quieres ser? Y, te repito, esta es una oportunidad que sólo tendrás una vez en toda la existencia, aquí o en cualesquiera de tus próximas vidas, puedo convertirte en lo que sea que desees, puedo ser el más grande artista que haya existido te daré un poder con el cual podrías crear obras de arte que provocarán desde el más dulce éxtasis en cualquier mujer que desees, hasta crear obras que puedan provocar en los más grandes líderes espirituales la visión de que ha emergido el mismísimo mesías de la humanidad, o te puedo hacer reinar desde la luz del éxito y la fama, convirtiéndote en el más grande teórico, científico, filósofo o médico que haya existido, pasando a la historia como uno de los más grandes maestros, o también puedo convertirte en el más grande Narco de todos los tiempos, y vivir así con todos los lujos y el poder que algún humano haya conocido, que ni siquiera naciones enteras serán capaz de hacerte frente; podrás tener a todas las mujeres que desees, sólo las más hermosas, sólo las mejores fiestas, sólo el más exquisito vino y drogas, o si lo prefieres, puedo convertirte en el más grande líder espiritual que haya existido, liberaré un poder tan grande dentro de ti, que tendrás el absoluto control de los elementos, y podrás levantar montañas, partir el océano por la mitad, o hacer estallar volcanes a voluntad; el diseño no tiene límites, puedes ser lo que sea que tú quieras, pero piensa muy piensa bien el sentido que estás a punto de dar a las siguientes palabras, porque están por redefinir el curso de la vida y la historia, tal y como la has conocido hasta ahora: ¿Quién quieres ser?

Yo me encontraba alucinado por semejantes palabras, simplemente no daba crédito a tan infinitas posibilidades, y era algo que, definitivamente no quería responder de inmediato, ¿quién podría? Sin embargo, había algo que podía decir de ya, y era exactamente lo que “No quería ser…”

  • En realidad, y a pesar de que la oferta es muy generosa, sigo teniendo un problema, y es que este problema, no es en realidad del todo sólo mío, pues aunque mi yo es lo más mío, sigue de hecho sin ser del todo por creación del todo mía, es como dicen por ahí: El infierno, son los otros… no me sirve de nada ser el más grande artista que alguna vez haya existido, o el mejor teórico o filósofo, para entonces sistematizar y condicionar todo el potencial del aprendizaje humano a una sola línea, como desafortunadamente han venido a imponer los cánones académicos, los cuales constantemente limitan nuestra creatividad para dividir la historia de nuevo en una efímera y transitoria ilusión de progreso, que terminará antes de que el siguiente egomaniaco venga a perseguir el mismo hueso, jugando a marcar el nuevo antes y después de Cristo, división que en realidad sólo les interesa a las personas que cometieron los más atroces crímenes en nombre de sus más pútridos intereses, intereses, fama y gloria que, desafortunadamente estoy seguro ni siquiera interesaba a aquellos grandes genios y maestros que deseaban cambiar las cosas para mejorar el mundo para sus hermanos, en el mejor beneficio de todos; la única diferencia es que ahora, si yo fuese a desear eso, el mundo entero entraría en la más densa obscuridad que se haya conocido, porque quien los lideraría, sería una persona tan codiciosa y perversa como aquellos genocidas que eran los que en realidad estaban desesperados por obtener esa fama, esa fortuna y riquezas, y entonces sí, vaya nuevo líder espiritual que necesitaríamos para que venga a salvarnos, y entonces el único consuelo en el resto de mi existencia sería saber que, ese líder emergería sólo para tener que salvarnos de mi noble deseo… si la historia se dividiera nuevamente en un antes y un después de Wabi, sería sólo para vivir eternamente recordándome que yo he sido quien ha provocado esto…; si fuese a pedir algo tan mundano para mi propia satisfacción, como convertirme en un magnate, o alguna personalidad famosa o uno de los más grandes capos, entonces mejor simplemente te pediría que fueras mía, para satisfacer cada uno de mis deseos y fantasías hasta que la eternidad misma envejezca y no quede una sola estrella en el mundo para atestiguar las orgías que haríamos, pues tendría ya a mi lado a la perfecta feminidad y además al deseo mismo encarnado, lo cual es justamente ese estado tan “codiciado” en la existencia, porque implicaría la posibilidad de saciar todos y cualesquiera de mis deseos instantáneamente, sin embargo, y tal como sería ver a un Narciso ahogado en su propio reflejo; se pueden desear muchas cosas, pero en tanto no me reconozca como el creador de ese deseo, seguiré culpando y buscando aquello que pueda “satisfacer” el deseo que yo mismo estoy creando, y al final sería un resultado demasiado vano, el ver a un solo ser en la existencia “plenamente realizado en el más elevado de sus nirvanas” mientras sigue existiendo un solo ser en este mundo que no tiene acceso siquiera a cubrir sus necesidades más fundamentales; si hablamos de un potencial que no debe desaprovecharse, entonces el satisfacerme sólo a mí mismo mientras el resto de la humanidad permanece como esclavos persiguiendo eternamente sus deseos, ¿qué tan feliz podría hacerme vivir realmente el existir infinitamente en la desesperación por alcanzar el más elevado de los cielos, sólo para descubrir al final que mi nirvana, es en realidad el origen de la peste misma, el pináculo de nuestras comparaciones, nuestros juicios y nuestro odio, y el origen de toda nuestra infelicidad?

Lo que en realidad deseo, es que cada ser humano en el mundo se levante y asuma la plena consciencia de su conexión con toda la existencia por sí mismo en todos los aspectos de su relación con esta, a todos los niveles, a todas las dimensiones; quiero que cada ser humano despierte su máximo potencial y sanemos todos juntos nuestra relación con el mundo entero, con aquellos que nos rodean directa o indirectamente, para no volver a permitirnos, ni aceptarnos más el volver a crear esta pesadilla de nuevo en la que hoy día vivimos. Compartiendo y dando incondicionalmente, hasta que todos podamos ser verdaderamente felices, dichosos y plenos; que logremos perdonar todas nuestras diferencias y resentimientos, que podamos liberarnos de todos nuestros celos, nuestra avaricia y nuestro dolor, y que podamos vivir la máxima felicidad en y como nosotros mismos y expresarnos así siempre con los demás; entendiendo que somos el principio rector de todo cuanto acontece en nuestras vidas, que dejemos de estar esclavizados al dinero y dejemos de tratar de poseerlo para sentir que tenemos el control de nuestras vidas y de las vidas de todos aquellos que sometemos a nuestro poder con su propia necesidad de sobrevivir utilizándolo para pagar por aquello que la Tierra misma ha proveído y sigue proveyendo de manera incondicional para todos… ¿Quién nos dijo que podíamos ponerle un precio a la creación de nuestra madre? ¿Quién nos dio permiso de abusar de ti gran creadora? Y por esto te pregunto gran madre: Si Nadie es únicamente hijo del deseo, pues somos de igual modo creadores de este, formadores de éste y por consecuente no limitados únicamente a desear, ya que el deseo existe desde la idea de la necesidad y la carencia ¿Por qué me ofreces poder, dinero, fama, placeres ficticios y todas estas cosas, cuando en realidad, el perseguir estas cosas son en sí mismo lo que nos han llevado a todos a ser infelices y a hacer de ti querida madre, aquella a quien violamos y matamos todos los días, con cada árbol que talamos de tu cuerpo, con cada montaña que dinamitamos por tus minerales y cada gota que contaminamos de tus océanos? Y es por esto último mi querida diosa, madre perfecta y hermosa, que te pregunto ¿Qué es realmente lo que puedo desear y necesitar si todos fuéramos real y auténticamente felices? Dime, ¿es posible este delirio mismo que te planteo?

  • Los deseos de los hombres han formado el mundo que ahora yace ante ti, y la herencia de estos vanos legados, simplemente se han extendido y enraizado en la naturaleza abusiva de los mismos. Es así como me he convertido en no más que una antigua alegoría de lo que hoy tantos observan como “el genio dentro de la lámpara”. Mi niño, sólo te recuerdo por última vez, que ésta es la última oportunidad que tienes para pensar muy bien lo que este deseo implica, y el camino por el cual tendrá que llevarte.
    • No estoy seguro de cómo lucirá la humanidad una vez que sea completamente libre, sólo estoy seguro de una cosa: Si logramos la felicidad de toda la humanidad, incluso, tú, mi querida diosa, serás por fin, infinitamente libre de tener que volver alguna vez a escuchar los deseos y caprichos de la humanidad, serás feliz y dichosa; quiero eso para todos, como buen amante que soy, tanto de la vida, como de la muerte.
    • Muy bien, aunque sólo recomiendo una precisión en esto que tú pides; no olvides que, aunque no creas estar pidiendo esto para ti, es importante, que de hecho contemples tu propia libertad, tu propia felicidad y plenitud dentro de esta visión, puesto que ¿cómo puedes dar algo a los demás que tú mismo no tienes? Y ¿cómo puedes estar seguro de lo que pides si primero no descubres por ti mismo lo que significa ser verdadera y auténticamente libre y feliz en la más dichosa y absoluta plenitud?
    • … Tienes razón, pero, aunque en efecto no creo que alguien pueda realmente imaginarse cómo luciría el mundo, si todos fuéramos auténticamente libres y felices, la felicidad es algo que ya buscamos día con día, deseo tras deseo, por ello, desear la máxima felicidad y libertad posible para todos, es algo que, estoy seguro, me encuentro buscando dentro de mí, y la garantía de su perpetua existencia, será la plena e infinita dicha de todos los demás por igual
    • Para realizar esta misión que pretendes, tendrás que ir a las más densas profundidades del Xibalba, y pasar por las 7 casas, y allí, en la última ciudad, la ciudad de Zbura, tendrás que encontrar y traerme un objeto especial que allí reside, para que, con la certeza de tu corazón, de lo que significa ser verdadera y auténticamente libre, pueda transmutar este deseo y transferirlo a toda la humanidad.
    • ¿Sabes? De alguna manera en este momento me siento agradecido de no haber deseado que me hicieras el más grande líder de los Narcos; no quiero ni imaginarme lo que me habrías pedido que hiciera de haber sido así
    • Jajajaja, toda la magia tiene un costo, y el mío, es que me traigas “eso” que puede florecer incluso en la adversidad.
    • ¿Cómo he de descender al Xibalba?
    • Garamont es el mentor que te conducirá hasta sus puertas, recuerda que, toda la humanidad ya está viviendo su más grande infierno, de modo que, no te será difícil encontrar la entrada…

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