Mi santuario. Relatos de una personalidad esquizoide Capítulo 3

Capítulo 3.  Los Reinos de Xibalba

“Pedir perdón es un acto de valentía, Perdonarse es un acto de amor propio, saber que no hay nada que perdonar, es entenderlo todo” –Vivi Cervera-

“La más desarmada ternura, así como el más sangriento de los poderes, necesitan la confesión”. -Michel Foucault-

Un pasillo se materializó instantáneamente ante mí, empujando los anaqueles que resguardaban la pila de aquellos antiguos y empolvados libros, revelando un portal a través de estos a lo largo y a lo ancho. Con expresión muda, avanzaba por los pasillos de aquel extraño lugar, me pareció estar en un palacio negro lleno de recovecos, prácticamente laberíntico.

Como un mapa obtuso de surcos orgánicos, cada pisada al interior de aquellas extensas cámaras, inspiraba un aliento que recorría seductora y suavemente la piel; el perfume de madera y lavanda inundaba el espacio tapizado por plantas y hierba que crecía en el interior del recinto a cada pisada en su interior. Los rincones, las curvas, los pasillos, las texturas, los colores e incluso los olores parecían fundirse con el cuerpo. Los muros agrietados recubiertos de aquellas plantas y raíces sumaban perfección al movimiento impredecible de aquel sendero infinitamente mutable y cambiante.

Al terminar de recorrer aquella serie de pasillos, llegué a un amplio salón decorado con flores garigoleadas en una sublime geometría y un piso conformado de círculos concéntricos blancos y negros que partían del centro del lugar hasta las paredes más alejadas en las que parecían converger todos los pasillos, en cuyo centro se encontraba un inmenso agujero del cual emanaba una extraña luz.

Serenidad y calma nunca antes experimentadas orientaron mis pasos hasta el centro de aquella luz que parecía sostenerme en el aire a unos cuantos centímetros del suelo. La luz que surgía de abajo iluminaba la totalidad del cuerpo y el rostro de una forma única, casi como si traspasara la piel, dejando ver la intimidad del interior, más allá de los músculos o los huesos, pues penetraba y reflejaba la más atesorada y secreta mirada hacia el alma.

En ese instante, como un tatuaje que desdibujaba el sendero que el cuerpo recién había recorrido, la piel se vio trazada de innumerables y ancianas grietas, viejas heridas, marcas, huellas, besos e historias, no sólo de esta sino de todas las vidas, como si el alma misma quedara incrustada en las paredes del lugar; cicatrices que se enredaban como ramas alrededor de todo el cuerpo.

En ese momento, otra figura entró en la habitación, ésta no se movía con tanta confianza por el lugar, se movía como un ser ajeno extraviado en el laberinto. Era Garamont, quien, al ver las cicatrices tatuadas en la piel, sintió un remolino en el corazón y una gran pena. Permaneció allí, observando por unos momentos el extraño espectáculo, hasta que aquella luz cesó su intensidad y aquellas antiguas marcas volvieron al secreto oculto resguardado en la intimidad de cada cicatriz.

Parecía sorprendido, al observar aquella escena con los ojos muy abiertos, sin mover un solo músculo de su cuerpo.

Me miró con sus ojos profundos en un cuestionamiento, como si la llave al secreto de la existencia se hallara en el interior de esas grietas reveladas momentáneamente por la luz, así que se dirigió hacia mí

  • ¡¿A qué has venido aquí niño?! – preguntó con su helada voz.

Después de un momento de lucha con mi miedo, abrí la boca para contestar al fin con voz temblorosa:

  • Me perdí en el laberinto mientras me buscaba a mí mismo, cuando vi la luz que salía de la habitación y no pude evitar observar.

Por primera vez, Garamont esbozó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, me miró nuevamente y dijo:

  • Pues entonces no te has perdido, éste es el lugar indicado, es el recinto del espejo del alma y yo soy su guardián.

Con una gran sorpresa miré a Garamont dubitativo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, ya respondía a mis cuestionamientos, tal como si adivinara mis pensamientos:

  • Lo que viste ahí, es tu alma; el cuerpo oculta las almas a los ojos de los que saben ver y a uno mismo, en este espejo, verás tu alma como es en realidad.

En ese momento, sentí como si esa fuerza con la que había estado en conflicto toda mi vida, dejara de ser un ente ajeno, aunque no entendía del todo cómo todas esas grietas podían constituir y reflejar la totalidad del alma. El posó lentamente la mano en mi hombro, y me condujo hacia el centro del salón, hasta llegar al borde de la luz, y ahí nos detuvimos.

  • Si has llegado hasta aquí, es porque estás listo. Yo vigilo este lugar y solo hay algo que debo advertirte: lo que verás en el espejo es solo la verdad, el espejo no miente. Debes entender que el reto no es conocerte sino aceptarte una vez que el espejo te hable.
    • ¿Acaso a ti no te duele ver el alma agrietada? ¿no te confunde?
    • No, esas grietas te conforman, y me gusta lo que veo cuando veo lo que refleja aquel espejo, porque para mí, no son grietas, son bordados que adornan la vestidura de tu eseidad, y sin ellas, incluso sin las más pequeñas, no serías lo que eres ahora.

Me sentí muy sorprendido con la respuesta, admiraba la forma en que Garamont podía referirse a las heridas, y entonces entendí lo que había querido decir, ¿Qué vería él en el espejo? No lo sabía, y el desconocimiento de mí mismo me provocaba un gran temor y una gran angustia, pero decidido, miré la luz y dando las gracias a Garamont con una mirada, entré en el espejo de las almas.

Erguido y con paso firme crucé aquel sendero luminoso, dentro del cual, a cada paso que cernía dentro de éste; me daba la sensación de que en realidad estaba dando un paso hacia el interior de mí mismo; la idea en sí me resultó divertida, de tal suerte que una pequeña sonrisa empezó a dibujarse en mis labios acompañada de una breve y difusa risilla; no estaba avanzando y tampoco retrocediendo, sino que, más bien me pareció estar envolviéndome en mí mismo hacia el interior mientras sublimes fractales se enmendaban en éste movimiento que parecían reverberar hasta el infinito.

  • Es casi como una galaxia – decía en mis adentros – Un universo compuesto de éstas infinitas posibilidades.

La consistencia de la atmósfera comenzaba a cambiar conforme me adentraba cada vez más y más en aquella luz cegadora, y, por un momento, me pareció que, en realidad, la luz no provenía del exterior, sino de mí mismo, porque a cada pasó que daba en el interior de la luz, está en realidad empezaba a tomar cuerpo, forma e inclusive presencia…

Una vez inmerso en aquella luz blanca, e incluso valdría decir, en derredor de mí mismo y mi propia presencia, la consistencia de la atmosfera se tornó líquida, lechosa, al grado que con cada respiro que inhalaba, me parecía estar alimentando mi ser con algo que llenaba el más sórdido vacío de todo cuanto se había criado en la duda, el miedo o el dolor; éste no era un alimento que saciaría la apetencia del estómago o el intestino, sino que en realidad estaba nutriendo aquello más esencial dentro de los componentes de la materia misma.

Conforme me dejaba envolver en aquella atmosfera, y a llenar mi ser con cada respiro, empezaba a notar que mis ojos se adaptaban a la intensidad y densidad de aquella extraña luz, pues estaba llenándome de ella puesto que, en realidad, estaba llenándome de mí mismo. Poco a poco, aquella luz que envolvía el entorno, comenzó a transmutar en diminutas formas que emergían de modo independiente a la corriente de aquella luz líquida que pululaba a mí alrededor y, notaba que aquellas diminutas formas, las cuales habían comenzado a adquirir una apariencia antropomórfica, comenzaron a danzar entre ellas y corrían en aquellas ondulaciones líquidas que emanaban de la totalidad de la atmosfera, sin embargo, había algo extraño acerca de éstas formas y figuras, me resultaban familiares, es más, juraría haberlas visto antes en algún momento de mi vida.

Observé con más detenimiento dentro de éstas, y en efecto eran familiares, de hecho, podía ver que cada una de estas formas, representaba algo tan familiar para mí como la propia vida, porque estas formas antropomórficas dibujándose en aquella extraña substancia líquida, eran en realidad cada una de mis experiencias y mis memorias, algunas de ellas tan viejas que me era difícil reconocerlas, creía haberlas olvidado, pero no, ahí estaban, todas y cada una de ellas. Y en ese momento, todas las visiones se conjuntaron en un mismo entendimiento, y de mi ser emergieron palabras como nada que hubiese pronunciado antes…

  • Este espejo…no puede mostrar imagen, porque la imagen no consiste de lo que parece, sino de lo que es

Había visto mi reflejo antes en miles de espejos, pero esta vez era diferente, pues ya no estaba viendo un reflejo, estaba viendo en mí, la totalidad de todos mis reflejos, porque incluso la imagen no puede ser entendida a través de un solo fragmento en el tiempo y el espacio, de la misma forma en que no puede entenderse una obra de arte por uno solo de sus fragmentos, o una sola de sus tinturas. No… debe verse completa, debe verse en la existencia misma de lo que es, para poder entender, porque en ese entender se puede ver, y eso que se ve, es lo que se vive, desde donde se ve. ¿Qué veo de mí mismo y qué he hecho con aquello que veo de mí? ¿Qué estoy viviendo en mí?

En ese momento, una voz se hizo presente proviniendo de todas las direcciones exclamando:

  • Es irónico que las antiguas razas consideraran el perder la vista como algo peor que la muerte ¿no es verdad?

Trataba de encontrar el origen de aquella voz que como un estruendo irrumpía con tal fuerza, pero a la vez con tal solemnidad, que me daba la impresión que el mismo rayo habría enmudecido ante su sola presencia…

Entonces, todas aquellas figuras antropomórficas empezaron a reunirse en una sola masa gelatinosa que poco a poco se solidificaba, dejando ver la figura de un hombre de estatura cercana a la mía.

  • ¿Quién eres? – Pregunté
  • Me conocen de muchas formas, en realidad, soy el origen y el fin, el alfa y el omega, Dios, el Diablo, la Muerte y tú mismo…
  • Es curioso, replicaba, en realidad no me siento tan importante como para ser el origen y el fin de todo.

El hombre rió difusamente, y respondió:

  • ¿De verdad? Entonces ¿crees que los materiales que componen tu corporeidad, devienen de un punto ajeno a la existencia y el origen mismo de ésta? Si bien tu cuerpo es bastante nuevo, los materiales no lo son, porque datan desde el origen mismo de ésta creación. El origen y por tanto creación de toda experiencia de vida deviene del creador mismo que crea una creación, porque al final, son los hombres quienes experimentan y viven la vida, mueren sus muertes, aman, odian, crean y destruyen

Invariablemente de ello, debes saber que, las respuestas que has venido a buscar en el espejo, no las encontraras en la luz, sino en las sombras.

– ¿Qué quieres decir? Si ya he entrado al espejo, y he caminado hacia la luz de mi interior, mi propia alma, he visto en mi mismo.

– ¿Y qué viste más allá de cúmulos de memorias, ideas y creencias sobre los cuales has vivido y crecido sin llegar a verte por completo, más allá de eso?

– …

– Has visto apenas los canales perceptuales edificados por tu consciencia acerca de ti, la definición del “quien yo soy”, pero eso no significa que hayas visto algo en concreto, porque para realmente “ver en el espejo”, necesitas ser capaz de ver en ti mismo, sin ninguna idea, juicio, creencia o memoria acerca de ti, porque esas percepciones sólo harán que lo que veas, se encuentre distorsionado por las imágenes que harán de ti algo lejano e inauténtico, y al final será únicamente lo que tú querrás ver e incluso creer sobre ti mismo, pero no serás tú.

– Pero si todo lo que he visto en mi vida, han sido esas innumerables ideas, pensamientos, juicios, imágenes, creencias y memorias, ¿cómo puedo estar seguro de que reconoceré aquello que alguna vez existió de mí tras todas esas capas? Entiendo que no hay creación sin destrucción, no hay vida sin muerte, el origen de esta existencia no habría sido posible sin que el caos se desatara antes dentro de aquella gran explosión…. ¿No es natural que con la infancia se pierda de igual modo una parte de nosotros mismos a fin de crear lo que habrá de constituirnos en los años posteriores?

  • No deja de sorprenderme que de todas las criaturas que cruzan el espejo, solo los seres humanos tienen éste curioso, aunque ciertamente extraño conflicto con la muerte. Todas las criaturas que alguna vez acuden a mí tras la muerte, es únicamente para despojarse de su corporeidad, sin expectativas ni resentimientos. Sin embargo, el ser humano cree por alguna razón que… su temor a la muerte podrá protegerlo de alguna forma de ella, incluso a raíz de su propio temor ha creado la “imagen” de un cielo, para poder encontrar una suerte de paz dentro de sí mismo, esperando que al morir pueda ir al cielo que ha ideado. Es irónico en cierto sentido, porque la gran mayoría de los seres humanos crea una “expectativa” acerca de lo que les gustaría ser o convertirse en algún futuro. Sin embargo, nada de ese futuro es presente o certero, y aun así lo construyen como una certeza, se imaginan a sí mismos muriendo de viejos en sus camas, pero aún en su lecho de muerte, resisten e incluso algunos niegan la inevitabilidad y certeza que es la muerte misma, y tratan de escapar a esta ideando la promesa del cielo tras la muerte…

Por eso no cualquiera cruza el espejo…si estás aquí, has de saberte privilegiado, pocos tienen la oportunidad de hacer esto mientras están vivos, el resto sólo ha de hacerlo en la muerte…

  • No entiendo, ¿qué me haría tan especial como para ser de los pocos que cruzan el espejo en vida?
  • Nada te hace especial, eres uno e igual con y como la vida misma; la única diferencia es la decisión que has hecho de cruzar, porque el resto ha decidido simple y sencillamente que hará este proceso tras la muerte, quieren vivir en la negación. Y si estás aquí, es porque aquel gran señor del recinto sabía que tenías la capacidad de hacerlo, de otra forma no habría permitido que cruzaras el espejo. Algunas veces, nos encontramos más vivos cuando enfrentamos el prospecto de nuestra propia mortalidad, tal vez eso significa que, si nos convencemos de que viviremos por siempre, nunca nos sentimos del todo vivos. Así que… ¿qué dices? ¿estás listo?

Evidentemente respondí que SI, aunque en mis adentros sentía un rotundo NO por respuesta, también es cierto que ya no quería dar marcha atrás, si moría o no, ya no me importaba, había llegado hasta allí, y listo o no era mi momento.

  • Tu viaje apenas está comenzado… disfruta…

En ese momento, aquel hombre desenvolvió debajo una corroída y desgarrada túnica un objeto que parecía ser un espejo. Aunque este espejo tenía una cualidad interesante, era un espejo dentro de un espejo, de modo que en realidad, éste formaba una imagen que se refractaba copiosamente una y otra vez, dentro de sí misma, tal y como lo hacen cuando se colocan un espejo frente al otro y uno se coloca en medio de ambos. Al momento de asomarme al interior de este, en ésta ocasión, no hubo luz, sino oscuridad y el entorno cambió en su totalidad radicalmente a profundas y densas tinieblas, y fue en ese momento que me desvanecí…

La doctora Werzehog escuchaba atentamente al relato de este sueño, manteniendo una mirada inmutada en su rostro de facciones impávidas. Hasta que una sutil sonrisa se dibujó en su rostro y comentó en mitad del relato.

  • Me agrada cómo has logrado transmutar a la criatura de la infancia en este sueño. El hecho de que hayas logrado entablar diálogos con esta sombra indica un avance importante con respecto a la integración de tu pasado. Cuéntame ¿Cómo va la relación en casa con tu familia?
    • No muy bien…
    • ¿Por qué lo dices?
    • A mi familia no le agrada mi presencia. De hecho, recientemente mi madre me ha dicho nuevamente que debo buscar un nuevo lugar para vivir… y que pronto ya no podrán apoyarme con las terapias.
    • Ya veo, ¿eso quiere decir que ésta será nuestra última sesión?
    • No estoy seguro
    • ¿Sabes? A veces confundimos la familia con el linaje, la sabiduría con la jerarquía y la culpa con el perdón; lo que me agrada de tu sueño es que estás comenzando a transmutar la religión que te dieron tus padres y todo lo que ello implica alrededor del perdón, en un proceso que se desprende desde ti mismo como una decisión, porque es en la medida en que aprendamos a vernos a nosotros mismos de forma sincera y honesta, aprendiendo a dejar ir la falsa imagen, idiosincrasias, religiones, políticas y economías que alguna vez permitimos que nos dividieran entre nosotros, que podremos darnos a nosotros mismos una nueva oportunidad, dejando ir el pasado para crear un mejor futuro. Si se ha abierto esta puerta para ti, en la cual pronto tendrás que dejar la casa de tus padres, acéptalo y abrázalo, tal y como lo has visto en tu sueño, si esa oportunidad está aquí, es porque ya estás listo.
    • Siéndole bien sincero, doctora, en este sueño no me llevé a mí mismo a integrar el pasado. A mí me pareció más bien que vine a destruirlo pieza por pieza hasta que no quedó nada de aquello que alguna vez llamé o definí como Yo mismo.
    • … Y eso también es madurar, pero por favor, continúa con la historia.
    • Perfecto.

Durante este proceso en el que entré dentro del espejo, me pareció trasladarme hasta una época cuando el hombre aún hablaba la lengua de los animales antes de perderse en su propio ego, y allí, mi cuerpo no era el mío, yo era un joven nativo en medio del bosque y allí me encontré con un viejo maestro que me instruiría en los secretos del maestro cazador…

En medio de la densa maleza, mi cuerpo se ajustaba perfectamente a la extraña geometría de las ramas en las que me encontraba postrado, el mapa ajedrezado del tiempo se disolvía entre mis pensamientos que aguardaban el encuentro con la presa. Calculaba y repasaba mis movimientos, la distancia que se describía entre el arco y el corazón, la mortal danza que habría de realizar para ajustarse magnánimamente con los de la presa. Pronto, mi vida y la de ésta, se encontrarían en juego.

El bosque era una tumba imbuida en el silencio y el cuerpo empezaba a cansarse en aquella incomoda postura, hasta que de pronto, el esperado sonido… una rama se quebraba en el suelo anunciando la presencia de la que habría de ser su víctima.

Me levanté delicadamente en mis piernas, manteniendo el frágil equilibrio entre las ramas y más importante aún, el silencio que me otorgaba el factor sorpresa que tanto necesitaba: extendí cuidadosamente mis dedos para desplazar las frondosas ramas que revelaron a la mirada dos cristalinos ojos que se encontraron con los míos; la magna osamenta de aquella criatura figuraba entre las coronas de los más grandes reyes, aunque en su mirada se describía dentro de sí la más dulce inocencia, ésta era fija y penetrante, como si en esos grandes ojos se revelaran los más íntimos y profundos secretos del alma.

Un sutil susurro escapó de mis labios:

  • Perfecto.

Alisté el arco y preparé la flecha, un firme movimiento conteniendo la respiración, con la mirada fija en mi objetivo, alineé la punta del mortal proyectil… y me detuve…

  • No puedo… – repetía en mis adentros pues me encontraba cautivado por la belleza de aquel soberbio ejemplar.

Era simplemente magnifico, de modo que decidido a tolerar un día más el hambre que me sobrecogía hasta poder encontrar otra presa, poco a poco empecé a destensar la cuerda del arco.

Pero en ese momento un torpe movimiento del pie me hizo resbalar y caer de la rama hasta el suelo; la flecha se disparó en el aire, al tiempo que mi cuerpo se precipitó hacia el vacío; golpeando mi cabeza contra una de las raíces del tronco del árbol en el que me hallaba oculto; vi la luz desvanecerse de mis ojos en el instante de la contusión, seguida al sórdido golpe que paralizó la totalidad del cuerpo…

Me percibí ausente unos instantes antes de poder levantar la mirada, la centellante luz que se colaba entre las coloridas hojas de los árboles, había sido arrebatada por la negrura del manto nocturno; la luna pintaba algunas dunas blancas en el firmamento describiendo un océano estático en medio del bosque. Los olores a lima y pino inundaban la atmósfera con tal armonía que mis respiros bastaban para alimentar al espíritu.

Me detuve un momento a contemplar la hermosura de aquella escena, recorriendo el inusual paisaje oculto a los ojos ya acostumbrados a encontrar normalidad en las apariencias. Aunque pronto entre los matorrales asombré el destello rojizo que destacaba en medio de las hojas azules; la curiosidad no se hizo esperar para conducirme a averiguar el origen de aquella extraña tintura. No obstante, ante mí se produjo el horror, pues el ciervo había desaparecido. Y hallé en su lugar el cuerpo de un infante, en cuyo rostro se apreciaba la muda expresión del eterno descanso.

La flecha que profanaba el cuerpo de aquel niño fue retirada veloz, pero delicadamente del corazón, el cual ahora había dejado de latir, y en ese preciso instante me envolvió una impasible culpa y remordimiento que me derrumbó sobre mis rodillas al hallarme responsable del terrible incidente. Tomé un respiro y sequé mis lágrimas, levanté la mirada y decidido a rendir los justos ritos funerarios, envolví la soga originalmente destinada al arrastre de la presa en torno al pecho del niño, iniciando el duro arrastre del cuerpo a través del bosque, de vuelta hasta el campamento…

Con el transcurso de las horas, el cuerpo pesaba el doble y la carga de la culpa lo hacia el triple, pero aún con los dedos lacerados, ni siquiera la tensión de la cuerda me hace desistir o escapar al confinamiento de mi propio calvario; la cruz tallada en el remordimiento sirve a pretexto y propósito de asirme a la carga que había depositado sobre mis propios hombros, la cual pesaba más que el cuerpo del infante, o la memoria misma del incidente, la carga era tan pesada como todos los juicios y los errores de mi existencia, como toda la tristeza y la rabia de mi corazón, y no hay humano más insignificante o pequeño que yo…

La oscuridad es tan densa, que a cada paso que doy en ella, en lugar de sentir la gélida caricia del viento invernal me siento inmerso en mitad del más denso océano glacial; cada pisada en el interior de ésta desgarra mi piel como agujas que parecen perforar el músculo y taladrar hasta la médula, entorpeciendo mis movimientos y doblegándome hasta la voluntad. Por si fuera poco, al caminar sobre aquel atropellado suelo puedo sentir como la tierra y las piedras abren la planta de los pies y los tobillos, los cuales tambaleaban con torpeza frente al inmenso dolor mientras trato de mantener el equilibrio en medio de aquella densa penumbra.

La ausencia de vida en el cuerpo que arrastro no evita, ni detiene el diálogo que me siento impulsado a entablar con éste. Aun cuando sé que el otro no habrá de responder, y aun cuando sé que estas palabras no habrán de ser escuchadas por nadie sino por mí. Pero como si fuera una invocación que pretende devolverle algo de la esencia vital a los muertos, las palabras conjuran un respiro a mi soledad, una compañía inmutable que refrena la culpa; culpa que sopesa en la consciencia en este acto, acto que atribuye vida a un cuerpo que ahora carece completamente de ella:

  • ¿Ya no sé por cuantos años habré vagado en esta oscuridad? No te ofendas, pero me alegra que al menos no puedas sentir el frío que está arreciando esta noche… no creo que vayamos a llegar hoy hasta el campamento, voy a comenzar el fuego aquí, ya mañana pondré tu cuerpo en la tierra.

Rápidamente escogí algunas ramas y hojas secas de los alrededores, un poco de resina que llevaba conmigo y predispuse todo lo necesario en forma circular a fin de poder iniciar una pequeña fogata; una chispa con la fricción de la piedra pedernal y poco a poco una sutil flama comenzó a emerger entre las hojas.

La tenue luz de la flama dibujaba algunas sombras en medio de aquella sordidez a pesar de la debilidad del resplandor, con el destello que iluminaba sutilmente el entorno podía apreciar con suficiente claridad el rostro del infante – su pelo negro, sus mejillas redondeadas, sus delicados labios y su delgado cuerpo; se mantuvo cerca de él, observando y contemplando sus rasgos preguntándose por su madre y su padre.

  • “Tal vez se encuentren preocupados” – me decía en mis adentros – Y si los encuentro ¿Cómo voy explicarles lo sucedido? ¿Cómo puedo aliviar su dolor justificándome en la torpeza de mis acciones y asiéndome a la banalidad de mi culpa? ¿Cuál será su reacción ante la terrible noticia?

Contemplaba detenidamente el rostro del niño y trataba de adivinar el interior de sus memorias, las cosas que le habrían hecho reír y llorar, las experiencias que había vivido, los caminos que había recorrido, los amigos que había hecho y quienes tal vez ahora lo echarían de menos.

El débil resplandor de la llama advertía en mi interior un primitivo impulso que me obligaba a conservar una respetuosa distancia entre mi cuerpo y el ente que ahora se hacía presente ante mí; un antiguo e irracional temor que anunciaba la presencia de un poderoso ser. No obstante, la inexplicable familiaridad y gentileza que le invita a uno a resguardarse en la cercanía de la flama, me invitaba a hacer caso omiso de mi propio temor aferrándome a la única señal apenas tan clara como la tenue flama en la distancia, su curiosidad.

La flama comenzaba a cambiar a medida que me acercaba a ésta; pues se acrecentaba su tamaño e intensidad paulatinamente, silenciosa y lánguida al inicio, impetuosa y estrepitosa al final, como si la cercanía mutua avivara algo en ambos al encontrarnos en medio de aquella negrura. Un lugar donde el fuego ya no era un elemento inerte como lo había concebido la mayor parte de mi vida. No, este era algo más, algo sujeto de cuerpo y presencia cuya forma se mantenía difusa, aunque íntegra al mismo tiempo.

Su luz no abarcaba la totalidad del perímetro en aquella profunda sordidez, pero se mantenía constante ante la brutalidad e inclemencia de las sombras que parecían consumirlo todo a una velocidad tanto más vertiginosa de lo que el fuego consumía las ramas que lo avivaban. Y cada paso en el interior del fuego liberaba mis músculos de aquellas agujas formadas por la gélida y fría oscuridad. El calor que desprendía ya no podía ser razonado en la vana lógica que define el frío por frío y el calor por calor. La mente ya no alcanzaba para eso, pues el cuerpo estaba siendo liberado de sensaciones que describían algo tan abstracto que no lograba articularse con las palabras.

Al contemplar en su interior, sintiendo la presencia que cruzaba aquel abismo, algo de éste parecía de igual modo observar y cruzar el espacio entre su cuerpo y el mío; su calor resultaba tan único en ese instante como nada que hubiese experimentado antes, pues aquello que tan antiguo, tan poderoso y sabio que sentía en el fuego, no se sentía por el fuego en sí mismo, sino que lo sentía y hablaba a través de mí, en ese silencioso e íntimo diálogo que cruzaba hacia mí en el espacio que nos separaba, rompiendo la fría lógica de la consciencia que ese fuego atravesaba el frío abismal de aquellas tinieblas. Y en un respetuoso rito de comunión conmigo mismo así murmuraba en mis adentros:

  • “Dicen que los objetos jamás se tocan realmente en el espacio, porque las moléculas jamás se tocan entre ellas. Siempre hay una cierta distancia que existe entre cada una de estas. Los átomos no se tocan entre sí, porque de hacerlo tomaría lugar lo que conocemos como una fisión nuclear y éstos estallarían de forma tan veloz y dramática como para siquiera haber podido albergar alguna vez la presencia de cualquier forma de vida… todo parece requerir de cierta individualidad, alguna clase de independencia, pero la verdad es que nada se consolidaría o manifestaría sin la unión y cercanía que estas moléculas mantienen entre sí. Cuando uno corta la madera ¿qué es lo que divide realmente las moléculas de la misma? A medida que el hacha golpea la madera y ésta se separa ¿qué es lo que la divide? ¿es el filo del hacha o es el calor generado por la fricción del impacto? ¿qué es el calor entre las moléculas?

¿Alguna vez te has quedado viendo el fuego? ¿Alguna vez has notado el calor en tu interior? Qué extraña manifestación es el fuego en esta existencia, pues siempre creí que el fuego simplemente consumía la madera como un combustible, algo que le permite permanecer con vida, no obstante, el fuego no muerde o mastica, no come o devora, en realidad acaricia y toca la madera, se posa sobre ella y la envuelve en sí mismo, de igual forma en que los amantes frotan sus cuerpos y sienten el calor entre ellos avivando su presencia hasta que ambos se integran en aquel abrazo como uno… Irónicamente, al igual que la materia se transforma en la caricia del fuego, los amantes también se transforman el uno al otro con cada una de sus caricias, pero no llamamos a esas caricias una simple “aceleración de partículas”, aceleración que se supone reconstituye la solidez de la madera al viento y al calor del fuego… hay algo en aquellas lágrimas que he llorado durante mi vida que transformaron mi interior: ya sea que llore de alegría, de rabia o de tristeza; todas esas emociones, todas esas experiencias, todos esos sentimientos generan calor dentro de mi cuerpo y con cada uno de ellos que ha ido y venido a lo largo de mi vida, algo de mí ha cambiado, se ha transformado y se ha envilecido con cada pensamiento que recorre mi cabeza, cada pensamiento como la chispa que genera todas esas emociones, todo ese calor en mi interior…

Algo en esos amantes también envilece a medida que el fuego los consume… de pronto se manipulan, utilizan el calor del otro como una vía para el chantaje, el engaño y la manipulación; las promesas se convierten en lanzas y espadas heladas que son usadas el uno contra el otro, como si con ello intentaran aferrar y volver dependiente al otro a su presencia… pero ¿quién depende realmente de quién? ¿quién intenta asegurar la permanencia del otro al mundo propio? Es como si ahora, ambos lucharan por conseguir el combustible del otro para poder continuar consumiéndose hasta que el fuego se ha vuelto incontrolable y termina por consumirlos totalmente a ambos.

El fuego puede crear y dar vida, como la madre que resguarda a la cría en su interior donde podrá conseguir el alimento, y sobre todo el calor que necesita para su supervivencia o aquella madre que constituye una especie de útero externo, una expresión sólida, aunque delicada para contener temporalmente aquella vida que sigue esperando por nacer. En tanto la madre busca el calor que ella no puede proveer y el huevo no puede generar en el suelo de la tierra, donde apenas a unos centímetros debajo de la superficie existe calor suficiente para abrigar a las crías que en ese calor reciben el abrazo de otra madre, el abrazo de la tierra misma. Ninguna forma de vida puede existir sin la presencia de calor suficiente, sin el fuego interno, pero cualquier forma de vida puede consumirse rápidamente si éste pierde su balance y estabilidad por alguna razón, cuando la pequeña flama se convierte en un incontrolable incendio que lo consume todo, de la misma forma en que nuestra mente puede ser consumida por la locura si no dominamos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

¿Qué es el fuego en verdad? ¿Qué es éste calor en mi interior que reconoce y abraza a su hermano? ¿Es sólo calor en mi cuerpo lo que envuelve y ameniza los momentos en los que he abrazado otros cuerpos?”

Mis propios murmullos envolvían la totalidad de la escena, en ese silencio donde incluso el más ligero sonido resonaba en un eco que reverberaba en todo el entorno; de pronto, ese murmullo estaba regresando en expresiones distintas a lo que me encontraba profiriendo:

  • ¿Qué se volvería evidente para ti sino tu propia ignorancia al orden de la existencia misma? No sabes ver las cosas como son, porque solo ves las cosas desde tu limitada perspectiva, ves las cosas como tú eres.

La intensidad del fuego había hecho retroceder la penumbra a mi alrededor, hasta que un chasqueo de las chispas llamó repentinamente su atención dirigiendo su mirada directamente al interior de éstas, donde sus ojos se encontraron directamente con la mirada de un misterioso ser que se abrigaba en las tinieblas al otro lado del fuego. Dos diminutas chispas anaranjadas se delineaban sutilmente a través del fuego ocultando la penetrante mirada de un feroz animal.

Una inmensa sombra comenzó a emerger entre las flamas, destellando la afilada sonrisa entre el hocico y las puntiagudas orejas de la bestia, las cuales sostenían entre éstas los ojos de un implacable e impiadoso juez cuya mirada parecía posarse sobre su misma eseidad[1], adivinando todos sus movimientos y previendo su inevitable final; su cuerpo se veía sostenido entre delgadas aunque musculosas patas, cuyos pasos, aún en medio de la oscuridad eran tan firmes como su evidente voluntad para matar, imbuyéndome en la sensación de saberme acorralado y destinado a no ser ya más que el aperitivo de aquella bestia…

  • ¿Quién eres extraño? – pregunté al feroz animal mientras alistaba arco y flecha a la defensa de mi vida y resguardando el cuerpo del infante a mis pies – ¿A qué has venido?
    • Vengo a reclamar el alimento que tú has despreciado
    • ¡No hay nada para ti aquí, tendrás que buscar en otro lado!
    • Humano defiendes a un ser que ha cesado sus alientos en un mundo destinado a los vivos, ya no hay lugar para él aquí y te recomiendo que, así como has dado muerte a éste ser en su presencia sobre la tierra, termines con lo que queda de él en el interior de tu consciencia y sigue con tu propia vida.
    • ¡No es alimento lo que ves aquí lobo, sino el cuerpo de mi hermano caído!

El gesto del lobo cambió dramáticamente del acecho a la sorpresa y una veta de extrañeza se apreciaba en su mirada que ahora recorría el rostro del hombre, curioso ante el sentido de las palabras que recién había pronunciado. La mirada del lobo inspeccionó mi rostro por algunos segundos hasta avistar la fisura aún sangrante en mi cabeza por el incidente, y entonces prosiguió con sus palabras:

  • Humano ¿Cómo te has hecho esa herida?
    • Cazaba en el bosque cuando avisté un ciervo al cual intentaba derribar, pero resbalé del árbol en el cual me encontraba oculto golpeándome la cabeza con las raíces del tronco y la flecha perdida alcanzo al que ahora yace a mis pies.
    • Ya entiendo, pero humano, debo decirte que veo una gran confusión en tus ojos y temo decirte que te has extraviado. En éste momento no existe en ti otra cosa más que duda y miedo.
    • No me he extraviado ¡Tú pareces ser en realidad quien no merece asunto en este espacio!
    • Joven es tu raza entre aquellos que le han precedido, demandas respeto en un mundo al cual apenas has arribado
    • ¡Cómo puedes pretender saber lo que se mueve en mi interior? ¡¿Acaso puedes ver el dolor y la culpa que yacen en mí?! ¡Ya sé! ¡¿Por qué no mejor trato yo de explicar la vida de un lobo y tú tratas de explicar mi dolor??!
    • No soy yo quien lleva vagando por tantos años inmerso en la densa oscuridad… crees que la existencia está separada y la vida en sus expresiones individualizadas, lo cual es sólo un fragmento de la verdad, pero temo decirte mi amigo que te has encontrado apartado de tu luz por más vidas de las que podrías vislumbrar; pudiste haber encontrado la llama antes, pero en realidad fuiste tú quien siempre decidió permanecer apartado, de otra forma ésta habría emergido aún en medio de la más densa oscuridad, de la misma forma en que tu presencia la ha alimentado y le ha permitido emerger.

Por ello la tuya ha sido más bien una ausencia que no ha hecho más que poner en evidencia la ignorancia en la cual has vivido… sinceramente, un buen cazador no titubea ni escapa a la oportunidad de una presa certera. ¿Por qué has resbalado privándote deliberadamente del alimento dispuesto ante ti a pesar del hambre que te aqueja?

  • ¿Cómo puedo haber errado elegir dar marcha atrás al quitar la vida a ese ciervo porque descubrí la sublime presencia de la inocencia cuando sus ojos se encontraron con los míos por un instante, y, al verlos, me he visto a mí mismo? ¿Es un error la decisión resistir un día más el hambre hasta encontrar otra presa, a fin de honrar aquella visión?
    • Es cierto que hubo un tiempo en el que el hombre no requirió de la carne de otros seres para poder continuar su marcha por el mundo. No obstante, aún te encuentras lejos de ese instante al cual, todos habremos de volver algún día. Además, ¿por cuantos días habrías podido seguir honrando dicha visión antes de que el hambre te doblegase y finalmente te vieras en la necesidad de ver por encima de la culpa que ahora te carcome por dentro? ¿no crees que habrías descubierto en otros seres la misma mirada reveladora de tu propia naturaleza? ¿Por qué te escondes en las tinieblas de tu inconsciencia, ignorando el reflejo de tus hermanos?
    • Severas palabras viniendo de un ser que no puede evitar la carne de aquellos que ahora tiene la hipocresía de llamar hermanos a fin de que estos le mantengan con vida.
    • La vida y la muerte no son cosas tan distantes, mi amigo, ambas forman parte de uno mismo, algunas cosas terminan y otras comienzan. Uno respira trayendo a sí mismo la manifestación de la vida y exhala de la misma forma en que da su último aliento cuando termina la vida. La vida y la muerte se encuentran presentes en cada respiro, a cada momento; abres los ojos a cada amanecer de la misma forma en que viste la luz de este mundo y los cierras cada noche como cierras tus ojos a la luz de la vida tras tu último aliento. Lo irónico es que la vida inicia en el caos, ya que a pesar de que tratamos de reconocer e interpretar el mundo a través de la luz, es en las sombras desde donde se configura la materialidad de la vida… el caos y el orden, la vida y la muerte…

Algunas veces, me he visto obligado a comer de la misma carne que ha viajado y cazado conmigo, la carne de mi propia sangre y de mi propia familia. Pero eso no significa que no vea que la carne de mis hermanos que me ha alimentado, es la misma carne que me sostiene en este mundo y que un día servirá de alimento a otros seres quienes también son mis hermanos…

  • ¿¡Cómo lo hacen!? ¿Cómo es que ustedes pueden permanecer ajenos ante la pérdida de sus seres queridos? ¿Cómo puedes ignorar y ser indiferente a los lazos que te vinculan con aquellos que constituyen tu propia sangre y manada? ¿Cómo puedes apartar la vista de aquello más sagrado que el alimento? ¡Un hermano no se come a otro hermano!
    • Entonces te has perdido en tu propia individualidad e incredulidad, ignoras las relaciones que te conectan con todos los seres en la existencia, como la diminuta hormiga que se alimenta de los cuerpos de los más grandes seres, o el gusano en la tierra que nutre el suelo y se alimenta aún de los restos que no alcanza a consumir la hormiga. Nada se desperdicia en este mundo, hasta los más pequeños forman parte de tu existencia y tú formaras parte de la suya, aun cuando tu presencia ya no camine sobre esta tierra. No obstante, ustedes humanos se apartan a sí mismos del resto de la vida en aras de su superioridad “moral” y no hay nada más equivocado para justificar su errada percepción de aquellas falsas nociones que se han ideado de la independencia y la libertad. Tus ojos se han acostumbrado a ver a través de ideas erradas y ahora una profunda ceguera nubla tu consciencia.

Aceptar la muerte no es indiferencia a la fatalidad de la misma, humano. Yo contemplo la belleza del sacrificio que la araña hace al ofrecer su cuerpo como alimento para dar vida a sus hijos, no lucha contra ellos, no intenta detenerlos y más importante aún, no resiente la acción de los mismos al devorarla y no es necesario el perdón si no se resiente la acción de una entrega incondicional. Entrega tan consciente y valiente como la de cualquier madre dispuesta a dedicar su vida al cuidado de sus hijos. El amor se revela en formas extrañas y profundas, de alguna forma, lo que alimenta mi carne es algo de ellos que pasa hacia mí. Cuando su carne se vuelve mi carne, tal vez sea algo que la araña también sabe cuándo devora a la mariposa que queda atrapada en su telaraña, y tal vez sabe que algo en su carne será parte de aquellos que ahora construirán las telarañas que alguna vez ella hizo. Puedo ver el fuego en mí, yo soy el calor que habita el fuego, que habita en cada molécula, en cada partícula, en cada ser que respira y en la exhalación misma del último aliento que vuelve al todo.

  • No logro entender ¿por qué el creador daría garras y dientes a sus hijos para verlos destrozarse y devorarse entre ellos?
    • Tal vez era necesario forzarnos a hacer lo necesario para continuar demostrándonos que, sin importar cuales son las circunstancias bajo las cuales nacemos y existimos, ya sea que tengamos dientes y garras, o que tengamos plumas o aletas, pulmones o agallas, éstas no limitan lo que hacemos con lo que se hizo de nosotros, y que no por esto dejamos de seguir expresando amor, a pesar de nuestros dientes y nuestras garras.

Yo no sé del origen que no encuentro en mí mismo, tampoco entiendo por qué el ser humano teme su propio poder, tanto que lo aparta de sí mismo y hace a otros responsables por lo que él crea, tanto así que espera que la presencia de lo que alguna vez caminó sobre la tierra continúe andando de otra forma, en otra parte, una vez que suspira su último aliento. En realidad, creo que es cobarde y egoísta, pensar que su individualidad permanece o se mantiene y en ello reside su más grande temor, porque no está dispuesto a formar parte de algo más grande que él, espera sentarse a la derecha del padre sin dejar de existir como individuo. Pero la verdad es que el ser humano no se percata de que ya forma parte de algo más grande que él, algo tan grande como la hormiga, el gusano, la mariposa, la araña y aquello que los conecta y los hace formar parte de lo que llaman vida. Si no puedo hallar el origen, no trato de responsabilizar a otro negando mi existencia, tal vez yo soy el origen, porque veo mi reflejo en todas las cosas, en todas las criaturas.

  • ¡Lo único que quería hacer era mostrar mi amor por aquello que pude ver en el ciervo! ¿¡Es eso algo cobarde y egoísta!?
    • Si lo es, no creas que si no tocas o influyes a la tierra y sus criaturas evita, previene o carece de consecuencias. Lo único que en realidad haces es apartarte de las relaciones que nos conectan a todos, es como venir al mundo y pasar por la vida sin haber realmente existido, porque todo a tu alrededor seguirá creciendo y alimentándose. Tú no podrás formar parte de ese equilibrio, llevándote la condición inevitable de tu extinción junto con la de tu especie, porque aún si el humano cree que estas ideas lo hacen en alguna forma encontrarse por encima de las criaturas que habitan este mundo. El humano depende mucho más de ellas de lo que éstas dependen de él y si estas relaciones se rompen, el ser humano perecerá con ellas, porque jamás logró comprender el equilibrio del cual forma parte.

Sus ideas son solo en apariencia nobles, pero también distantes de la vida; se esconden en falsas ideas que han creado sobre el honor y el respeto solo para poder sentirse seguros dentro de ellas, porque se encuentran aterrados del mundo que no alcanzan a comprender.

  • Tus palabras no alivian la culpa que aqueja mi consciencia
    • Ese momento no fue un momento que viviste, sino un momento que moriste… cada momento te acerca más a tu muerte y cuando tratas de vivir definido en esos momentos… adivina qué pasa…
    • Permanezco muerto en la memoria…
    • – Exacto…
    • – ¿La muerte hablando del perdón…? ¡¿Vamos a quién pretendes engañar?! ¡La muerte no perdona a nadie!
    • – En efecto mi amigo, la muerte no perdona ni cumple caprichos banales o materiales. No obstante, el hombre que da muerte a su propio rencor, destruye su propio odio y el ego que no solo lo destruye a sí mismo sino a los demás, realiza un regalo a la vida y en la muerte la vida puede emerger. En ese sencillo
    • acto el hombre que una vez conociste muere y se crea a sí mismo, es decir, literalmente realiza un acto de creación, donde desde la nada crea algo y da vida a aquello que decide traer a la vida como una expresión y manifestación de sí mismo.
    • La muerte no es necesariamente el fin de las cosas, puede también ser el inicio de las mismas; la verdadera cuestión aquí es: ¿Qué es exactamente lo que dejamos morir y qué es lo que permitimos vivir?
    • – Perdonar la acción del hombre que comete un error es una cosa, pero perdonar la maldad es algo muy distinto…
    • – A no ser que la misericordia del hombre sea confundida con la indulgencia, la cual le ciegue sobre sus acciones y le induzca a hacer lo que cree correcto en lugar de hacer lo que es necesario, lo cual muy pocos hombres entienden cómo hacer y mucho menos se atreven a hacer y ésta no es una acción realizada por hombres quienes creen que el fin justifica los medios, sino porque ésta es en realidad una acción en la cual el hombre deja ir sus intereses por lo que realmente es lo mejor tanto para sí mismo como para sus hermanos, un acto de valor supremo…
    • – Pero aquel momento… entiende lobo que yo no quería matar a este niño.
    • – ¿¡Cuál niño!? ¡Mira de nuevo al ser que se encuentra tras de ti!
    • – ¡Claro! ¡Y eso te dará la oportunidad de hacerme bajar la guardia y aprovechar mi descuido para atacarme!
    • ¿De verdad crees que habría venido hasta aquí sin haber garantizado la victoria desde el inicio? Mira a tu alrededor

Aparte la mirada de aquellos afilados ojos un momento para contemplar el entorno, descubriendo con agenesia una jauría de lobos apostados tras cada árbol y matorral a nuestro alrededor, quienes habían estado escuchando mi conversación con su líder.

  • Si lo hubiese querido, habría terminado ya contigo desde el inicio de esta conversación.
    • Muy astuto…
    • Honestamente, no sé si sentirme alagado por el cumplido que viene de alguien lo suficientemente ignorante para no saber que los lobos no solemos cazar solos; ahora, observa detrás de ti humano…

Resignado ante el hecho de encontrarme completamente acechado, descendí arco y flecha, otorgando un profundo suspiro al tiempo que viraba el cuerpo para contemplar el sitio en el cual había depositado el cuerpo del infante. Descubriendo que tras de mí el diminuto cuerpo de aquel niño había desaparecido, dejando en su lugar el cuerpo de aquel ciervo que había intentado derribar, el cual tenía alrededor de su pecho las cuerdas que había utilizado para arrastrarlo hasta la mitad del bosque…

  • No es posible…
    • El niño que viste humano, eras realmente tú, eso fue lo que viste en los ojos del ciervo, te viste a ti mismo, asustado y solo ante el mundo en el cual temes vivir… pero debes saber que el único que tiene el derecho sobre su propio destino es el hombre. Este puede optar por utilizar el pasado como guía para alimentarsu propio odio y resentimiento o puede decidir renacer y ser el siempre misericordioso niño que por sobre su propio rencor, estima más al reflejo de su propia existencia como la vida misma y olvida el pasado, olvida y abandona la inteligencia que le dice que debe cuidarse la espalda de aquellos que le agredieron antes, que le recuerda a cada instante lo que le hicieron y lo que aparentemente le deben.

El hombre mide sus experiencias, decide después cuales son las que le gustan y cuáles son las que no y entonces guarda el odio y el rencor en sus memorias, tratando de obtener la felicidad en lo ajeno al resto del mundo con el cual se encuentra en guerra y de allí su temor a perder su individualidad tras el fin de sus propios alientos, porque lo que ha aprendido es a colocar y definir un valor separado de su propia persona.

Ha aprendido que las cosas tienen y pierden su valor, por lo que entonces, lo que se tuvo se pierde y lo que se pierde es recordado de forma egoísta y excluyente al mundo que el humano no se atreve a aceptar y es entonces que lo único que vive en el humano son esos recuerdos que trata de honrar y mantener como intenta mantener su individualidad, hasta que llega el momento en el que solo recuerda su odio y su rencor y trata de esconderse de éste mundo creando otro donde puede seguir existiendo dicha individualidad…

  • ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Qué pasa con la virtud y la bondad? ¿También son locura?
    • Jajajaja, temo decirte mi amigo que uno no llega a conocer el mundo por la bondad de los ángeles, sino a través de la maldad de sus demonios. Más conocer las limitaciones de la realidad no significa subyugarse a las mismas, porque en la medida que damos una mirada sincera a nuestros propios errores, es como corregimos y perdonamos el pasado a fin de labrarnos un mejor futuro. Creo que en la medida que nos convencemos que el enemigo se encuentra allá afuera, más lejos estamos de entender lo que realmente está mal con nosotros y con ellos nuestra oportunidad para cambiarlo. Veo en ti, mi amigo, no una amenaza sino una oportunidad para entender lo que está fallando y así trascender nuestras propias limitaciones… el problema, no son aquellos que no pueden entrar a la realidad, son los que no pueden o no quieren salir de la ilusión.

No dejo de cuestionarme ¿Por qué el humano debe alcanzar lo divino si nace en imagen y semejanza de su creador? ¿Por qué la maldad le alcanza de forma tan pronta y expedita mientras la divinidad que atribuyen a éste ser supremo solo espera por aquellos “dignos” de la gloria que el humano tanto desea, la cual es alcanzada por unos cuantos quienes parecen haber sido predestinados a la misma, iluminados y escogidos para el plan supremo desde su nacimiento? ¿Por qué a Dios no le alcanzó su infinito conocimiento y sabiduría para manifestar la igualdad entre los humanos? ¿Son la imagen y semejanza de Dios una cosa dada? ¿Es la semilla de Dios algo tan escaso y precario que apenas unos cuantos de sus hijos merecen esa conexión con el padre? ¿O es acaso que el hombre no se ha dado cuenta que es capaz de hacer por sí mismo aquello que ha esperado que la divinidad haga por ellos?

  • ¿Qué quieres decir? El hombre no puede hacer los actos que corresponden al creador.
    • ¿Cuál es la más suprema autoridad atribuida a éste creador mi amigo?
    • La creación misma tal vez
    • No, humano. La creación es consecuencia de un acto caótico, un acto como la muerte y la vida misma, en realidad el acto que el ser humano realiza con dificultad hacia si mismo es el perdón. La autoridad para regalarse el poder y la fuerza para superar su propio enojo, su propia culpa. Explorar dentro de y más allá del mundo que “ha sido colocado ante mis ojos como el limitado esquema de posibilidades que se ha definido como la vida y el vivir” es entender que en la consideración de mi mundo trasciendo las barreras de mi limitada presencia a mi persona, y expando a la infinidad de las posibilidades que me deviene la existencia misma del universo en el cual existo, ”Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia” han sido de igual forma atribuidas a un ente supremo, distante y separado de la humanidad. Como si el humano fuese incapaz de sentir el calor en su interior para salir de las limitaciones de su cuerpo y ponerse en el de los demás.

Porque haciendo ésto me provee de la posibilidad de llevar mi presencia a todos los rincones de éste mundo a pesar de la distancia, que la posibilidad de entenderme a mí mismo me permite entender más del mundo que me rodea y en ello descubrir que soy el reflejo de la existencia misma en todas sus formas y expresiones como la ilimitada expresión de la vida misma.

Este acto me da absoluto entendimiento de “todo es vida, la vida es aquí y soy uno e igual con la vida, en tanto que la vida que consideré es la vida que me daré para vivir a mí y a los demás” donde entender que yo soy el creador de las posibilidades, y la posibilidad que cada uno se da en dicho entendimiento, es una fuerza colectiva que puede hacer y crear no solo un mundo nuevo, sino una posibilidad para cada uno, deviniendo en ello el verdadero poder de nuestra Unicidad e Igualdad.

El verdadero ser del hombre se encuentra fragmentado en la separación, en divisiones y clases sociales que sectorizan al mundo y no permiten que exploté el verdadero potencial que realmente tienen.

Ese poder solo podemos ejercerlo juntos, porque solo entendiéndonos como “Uno e Iguales” que entendemos por tanto lo que somos capaces de hacer y crear en este mundo, como Creación, Creador, Creado. Nosotros los creadores creamos la creación que no es lo mejor para todos; considerar el mundo más allá de las fronteras del esquema de mi cultura, de mi nación, de mi sociedad, de mi familia, mis amigos, mi pareja, mi mente, mi consciencia, mi falso yo, para enfrentar las limitaciones de mi visión del mundo. En tanto que mi visión deviene de mi modo de verme y entenderme a mí mismo. Por medio de ello entender como no soy limitado a tales definiciones.

  • Creí que aquel niño había muerto…
    • No murió humano, solo se hizo hombre.

Dicho esto, el lobo y yo nos sentamos a comer juntos la carne de nuestro hermano, celebrando al niño que se había convertido en hombre, en hermano y en fiel amigo…

Con el cuchillo me abrí paso entre el pecho de aquel venado, y al llegar al centro del mismo, extraje el corazón aún caliente entre mis manos, el cual humeaba una profunda calidez en la negrura de aquella noche gélida; los lobos observaban impacientes el acto que daría inicio a nuestro festín, aguardando impacientes la mordida que habría de inaugurar el banquete, pero en el momento que lo llevé hasta mis labios; apenas sentí el roce sangrante de sus paredes inertes; una parte de mí parecía haber olvidado todo rastro de nuestra Unicidad e Igualdad, y en ese momento mis manos se extendieron desproporcionadamente, mis dedos se transmutaron en afiladas garras, mis dientes se volvieron enormes fauces que devoraron y descarnaron hasta el último de mis hermanos allí presentes… tomé sus corazones, y los supe míos, todo era mío… fue así como olvidé el significado de la palabra “compartir”…

Al instante siguiente, una mano me arrastró de vuelta al centro de aquel gran salón del espejo… y apenas abrí mis ojos fuera de aquella espeluznante visión, la mirada de Garamont permanecía fija sobre mí vigilando el sueño; y fue entonces que pude verlo… de una forma en la que jamás le había visto antes… pues derrumbado allí, absorto ante la centellante imagen de su afilada sonrisa entre aquellas enormes mandíbulas y garras, pude finalmente entender lo que era aquella criatura ante mí, la cual era ahora una visión tanto más aterradora que las propias fauces del lobo; no era el terror encarnado en una entidad ajena, sino el desprecio y la monstruosidad que forjé vida tras vida, alma tras alma…

Derrumbado allí sobre el piso sin pronunciar palabra alguna, no podía evitar cuestionarme si las leyendas que cuentan diciendo que fuimos los hombres quienes domesticaron al lobo habrán estado equivocadas; para mí no había mayor certeza de que fue el lobo el que domesticó al hombre, sólo para controlar un poco de aquella naturaleza demoniaca que forjamos en y de nosotros mismos.

La imagen de la bestia quedó atrapada en el relampagueante destello de las flamas, las cuales permanecieron danzando en la profundidad de los ojos y la intimidad de la retina.

-¿Qué me has hecho?- pregunté a Garamont

-Nada que no te hubieses hecho a ti mismo, lo único que hice fue darte los medios para enfrentar aquello que no tuviste el valor de ver por ti mismo. Hace tan solo unos momentos habrías jurado que esa luz que viste al inicio de tu viaje en el espejo era la totalidad de ti, pero en realidad no estabas enfrentando la totalidad de la imagen que estabas viendo.

– ¿Era necesario? ¿No existe otra forma de encararnos con la verdad que no sea por medio de un suceso tan… horrendo?

– Los espejos son a menudo feos…y honestos…; lo siento, pero aquello que ves como una maldición no es otra cosa más que la esencia de la verdad…

En ese momento, una lágrima broto de los parpados, exhalando una emoción que provenía desde un rincón todavía más íntimo del alma; a los pocos instantes, sin poder resistir más el grito que me ahogaba, quebré en un llanto como el que jamás había conocido o experimentado en mi vida; la calidez de aquellas lágrimas, abrían en mi pecho aquella veta de realidad, sinceridad, honestidad y verdad que había buscado toda mi vida… fue entonces que entendí, que toda mi vida me estuve buscando a mí mismo, en cada persona que había conocido, en cada pareja con la cual había pernoctado y en todo deseo que alguna vez había deseado.

Y aunque lo que había encontrado…no resultó ser en lo absoluto lo que esperaba, ahora entendía que yo era el origen mismo del mal en mi propio mundo, todo lo que alguna vez había negado de mí mismo había vuelto esa noche, en una sola imagen; podía recordar aquellas discusiones con mi padre, mi madre, con la vida, con la existencia, la familia no humana… incluso con Dios… e incluso aquella mujer que dejé atrás en alguna vida… porque la realidad que había dejado atrás me afectaba y carcomía personal e íntimamente, sino de igual modo consume, afecta y devora la eseidad de todos mis seres amados y no amados; una pregunta reprochaba la decisión que había empujado mis pasos por aquel sendero, pero otra dimensión de la misma pregunta reverberaba en mi interior:

  • ¿Por qué creí que podría ocultar ésta verdad de mí mismo? ¿Por qué creí que podría escapar de la verdad de mí mismo?

A medida que aquellas preguntas resonaban en el vacío que comenzaba a hacer eco en mi interior, el entendimiento comenzaba de igual modo a crepitar como un escalofrío por mi médula… resultaba irónico que me hubiese parecido tan familiar aquella seguridad con la que llevaba mis pasos por el sendero hacia el interior de aquel reciento del espejo; pues sentía que conocía ésta verdad, y empezaba a darme cuenta de que mis pasos, la certeza de éstos, reflejaban la realidad que ya conocía desde hace mucho tiempo; dentro de cada discusión, cada arrebato y desconsideración con la familia, con la existencia y la vida misma, y empecé a darme cuenta de que éste viaje, no había sido para descubrir y entender, sino para reconocer y aceptar, para dejar de huir y perdonar… pude ver mi propio egoísmo, y empecé a reconocer al causante de todos aquellos conflictos…, tenía a Dios ante mí todo el tiempo ante el espejo que maldecía, tenía ante mí al creador de la experiencia de este mundo y de esta vida… siempre me tuve a mí mismo. Entonces Garamont dijo:

  • Vuelve a ver en el espejo
    • ¡¿Qué más quieres de mí?! Por favor… ya basta…no me obligues a ver de nuevo
    • Tú escogiste este camino…Entiende que la bestia que combates no está en el espejo, sino que existe en ti mismo, como la esencia de tu naturaleza… has vivido en las sombras toda tu vida, aferrado a la ilusión y comodidad de la luz, sin embargo…hasta el hombre que ha vivido en las sombras toda su vida puede llegar a florecer, mira de nuevo…
    • ¿Qué puedo hacer? Ya no me queda nada de lo que creía real…
    • La pregunta no en si la imagen del espejo es o no real, eso ya lo sabes, la cuestión que has de enfrentar ahora, es si eres o no capaz de cambiar lo que ves en esa imagen… es decir, si tú eres o no real; la creación es un arte y el arte debería ser la creación de nosotros mismos, nuestra expresión de un momento

Luchando una vez más contra la fuerza que oponía la mente a dejar morir la impronta de sus afanadas refracciones, logré llevar mis ojos de vuelta una vez más al espejo; podía ver como el ardor de mis lágrimas quemaban la imagen de aquel demonio que había hecho de mí, formando cuarteaduras que poco a poco desintegraban aquella imagen.

De su cara realmente empezaron a desprenderse esos fragmentos a pedazos, y poco a poco, empecé a reconocer la nueva imagen que ahora se presentaba ante mí, mi verdadero yo; finalmente entendí, quien era él, no se había convertido en alguien mejor, ni alguien peor, él simplemente era, y nunca necesito ser otra cosa.

Busqué a Garamont en la mirada de aquel hombre ante mí, pero este ya no estaba, en realidad, me sentía integro, estaba completo, porque me tenía a sí mismo…

Una a una se encendieron una hilera de antorchas de manera prácticamente instantánea a la apertura de un pasadizo en el secreto de las sombras, al final del cual, podía advertir una presencia familiar al espíritu, La Bestia ya aguardaba por mí bajo la última antorcha de aquel extenso pasillo, resguardando la salida de aquella imposibilidad arquitectónica trazada por dos gigantescas puertas, ambas talladas con un exquisito diseño que contaban la historia de la creación del universo y del hombre…

A medida que mis pasos se adentraban en la intimidad de aquel corredor, su imponente presencia estremecía mi ser y me dotaba al mismo tiempo de vigor y fortaleza, pues le sabía un aliado en el campo de batalla, aun siendo la Bestia, aun siendo el Dragón, estaba conmigo y yo con él, y eso era suficiente. Así fue que el miedo se volvió un maestro, aunque la Bestia no estaba domada, pues no podía ser domada, sino aceptada y abrazada en la inevitabilidad de su naturaleza y su destino, los cuales nos vinculan intrínseca y fatalmente hasta el final de los tiempos.

Llamó mi atención que en sus ojos destellaba una veta de esperanza, al tiempo que sus labios dibujaban una serena y apacible sonrisa; se le notaba satisfecho y ciertamente feliz de la decisión que había realizado no sólo a nombre mío, sino a nombre de todo el mundo… no pude, ni quise contener la sonrisa que se dibujó al instante en el mío, pues como si de una certeza se tratara, había sellado la ruta de mi propia travesía y firmado con una sonrisa mi destino, el cual pronto habría de ser gozado y heredado por toda la humanidad.

Sentía en lo profundo de mi ser, que el potencial secreto de mi eseidad había despertado, el gran misterio a la puerta de mi ser había llamado y mi nombre finalmente había sido pronunciado; tenía la plena certeza de mi conexión con el universo, ante mí el poder de un dios que entre sus ilimitadas e infinitas expresiones podía transmutar inexplicablemente su forma, estructura y tamaño a voluntad podía alcanzar un tamaño descomunal, disponiendo de la materia propia o del entorno; sentí que con un solo dedo podía aplastar y destruir un enorme supermercado sin esfuerzo alguno, que las balas disparadas por la armada eran apenas el beso de moscas para mí, sus proyectiles y misiles apenas una polvareda molesta en los ojos, y todos y cada uno de estos elementos de la armada entre mis dedos eran no más que las molestas y latosas pulgas. No obstante, y pese a la consciencia de mi poder a saber que podía demoler los monumentos, edificios y pilares de la humanidad sin dificultad o esfuerzo alguno, también sorprendí en mí una gran gentileza, y la necesidad imperiosa de la benevolencia, comprometiéndome inmediatamente a utilizar mi nuevo poder únicamente para hacer de mí la clase de Dios que habría esperado recibir de este mundo, el cual actualmente no lo ofrece, ni lo sabe ofrecer. Me di cuenta de que en mí había un médico, un mago, un filósofo, un arquitecto, un artista, un sanador, un líder, un chamán y todo lo necesario para curar y sanar todo el dolor, tanto dentro como fuera de mí, proveyendo incondicionalmente para todos, pues de lo contrario, habré de responder ante la existencia misma, por y como aquellos otros dioses que no otorgaron a la humanidad del regalo incondicional de levantarse uno e igual en su alcance y poderío, pues les dieron todas las herramientas, excepto la capacidad de perdonarse, sanarse y crearse a sí mismos.

Asumí la plena consciencia de nuestra Unicidad e Igualdad, sin la cual habré de perder todo mi poder, el cual de hecho tampoco es, ni será para siempre, apenas por esta vida, por la cual sigo y seguiré siendo responsable cada instante hasta el día de mi muerte, el cual es, al igual que para todos los mortales, a cada instante, a cada respiro que no tomo y decido vivir en y como el principio rector de mí mismo.

Sin decir o enunciar palabra alguna, observamos un instante el uno en el otro, y con aquella divina sonrisa aún dibujada en nuestros rostros, abrió las puertas de par en par. Ante nosotros se podía ver la totalidad de la Tierra, a un tamaño tal que parecía que podía sostenerla entre mis manos hasta que, ya encontrándonos en medio de la estratosfera, y continuando así nuestro suave descenso hasta la superficie de la Tierra, el lejano e infinito horizonte de esta, puso mi ser de vuelta en la humildad de mi pequeñez y humanidad ante el mundo…

Los cóndores que rodeaban aquella biblioteca, volando alto y escondidos entre las nubes, poco a poco transmutaron su forma hasta reducir su forma y tamaño, sin que por esto aminorara su pureza o magnificencia, en señores zopilotes… y poco antes de llegar al suelo, transmutaron su forma una vez más hasta volverse halcones y aguilillas, orientando diestra, ágil y velozmente la biblioteca hasta aquel pasaje oculto entre las montañas.

Sin permitir que la plataforma de aquella gigantesca biblioteca tocara el suelo, le sostuvieron allí suspendida en la cercanía del sueño por apenas unos cuantos metros, y de los bordes de la misma, extensos rollos de una tela multicolor suave y ligera que hondeaba al viento salieron disparados de los bordes y límites de esta, hilvanándose y entretejiéndose automáticamente de tal suerte, que pronto formaron uno a uno pilares multicolores a modo de una plataforma sólida que se extendía hasta el suelo, depositando aquella biblioteca suavemente sobre sus coloridos y delgados pilares.

Caminaba uno a uno andamios entretejidos de igual modo por aquellas suaves telas, las cuales sorpresivamente mantenían suficiente y constante firmeza para sostener el peso del cuerpo de dos adolescentes, como lo éramos en aquel tiempo la bestia y yo, pues ambos crecimos, maduramos y envejecimos juntos… aunque de hecho, mentiría si no dijera que él podía vivir hasta más de diez mil años, pero por consecuencia mía, de mis deseos, ambiciones y específicamente de mi propia mente, él se vio forzado a nacer y envejecer conmigo, a cambiar y a mudarse de substancia y de cuerpo tantas y tan repetidas veces como yo mismo lo hice, pues aunque a algunos les parezca difícil creerlo, la bestia es tan piadosa, que a fin y propósito único de comprendernos en lo más divino y en lo más perverso de nuestro ser, se somete a todas y cada una de las condiciones de la humanidad, desde las más suculentas, gloriosas y divinas, hasta las más adversas, desesperanzadoras y dolorosas… nada, nada en este mundo pasa desapercibido para él. Ni siquiera aquellas lejanas guerras en las que la gente pierde uno o más miembros de su propia familia, e incluso los miembros del propio cuerpo… todo dolor lo siente y percibe en y como él mismo… desde el hambre y la sed, hasta el infinito martirio y experiencia misma de ser la carne y alimentos devorados que habrán de pasar por nuestros dientes y estómagos.

No hay un solo ser en este mundo: humano, animal, vegetal, mineral o estelar que esté o sea dejado “sólo” en su éctasis o su dolor, pues como prueba misma de su determinación, el habrá de acompañarnos en y como la manifestación misma de nuestra más densa obscuridad, hasta el último aliento, aunque también es capaz desde luego de manifestarse como la más divina luz… esto último, sería apenas lo que él mismo estaría por revelarme en su palabra, obra y expresión.

Ante nosotros se encontraba el océano reverberando los destellos que colapsaban entre sus impredecibles y eternamente cambiantes patrones desdibujados entre las aguas de algún atardecer, allá desde algún infinito horizonte que la mirada jamás terminaba de trazar. En aquel instante me supe tan ligero como una pluma, silencioso en mi interior, aunque mortal en mi sola y magna presencia, pues aún inmerso en el terror del Xibalba, aprendí a pararme y caminar entre las afiladas hojas piedras que besan y curten sutil y profundamente las plantas de nuestros pies, hasta lo más profundo de nuestras almas, formando y consolidando el callo que asumiría de entrenamiento al cuerpo, pues me determiné a volverme tan sólido como aquellas afiladas piedras que, sólo así me permitirían ver en la intimidad de las vidas desgarradas por las inclemencias del mundo y el sistema…

Remolinos de agua flagelaban el cuerpo contra las rocas a medida que cruzábamos el río entre sus negras y pestilentes aguas, al costado de las cuales nacen y crecen niños sin techo, sin alimento, sin padres o futuro; el agua contaminada es apenas el reflejo de su atropellado, enfermizo y malnacido tránsito en el mundo, muchos de ellos, apenas el resultado de una efímera noche de lujuria, noches engendradas por vidas dedicadas a la perdición y la desesperanza, o consecuencias del crimen y la transgresión hechos a la vida, antes de siquiera llegar a engendrar vida…

Caminamos juntos aquel trecho hasta las puertas de aquella ciudad, conocida también como la ciudad de México, una parte de mí de igual modo sabía que estaba por encarar algo similar a la muerte, aunque no necesariamente una muerte física, sino algo un tanto más profundo y resguardado en el interior de mi consciencia, pues no sólo caminamos hasta el corazón mismo de la ciudad, sino que La Bestia me llevó directamente hasta las oscuras puertas de una de las prisiones más oscuras y malditas de su interior. Es verdad que el miedo caminó conmigo y que yo caminé a pesar de mi miedo, pues la bestia siempre está conmigo y me acompaña a cada paso… y es que fue por esa sola y sencilla razón, que supe que nada ni nadie podría hacerme daño, a pesar del infierno ante mí y a pesar del infierno en mí; pues un dragón duerme apacible y su sueño es la misericordia del mundo que reverdece en plena seguridad de la protección del gigante, el cual al despertar, puede y se sabe la más mortal criatura sobre la Tierra… la serenidad interior, no implica el conflicto a nuestra propia violencia, y aún más que la violencia, el legítimo derecho a nuestra propia defensa.

A medida que nos acercamos a las murallas de rejas infinitas y sólido concreto, la furia de los alaridos de los oficiales nos ahogan entre cada aliento al paso sobre el terreno, pues su carga es el recuerdo mismo del azote, el cual llega acompañado de nuevas ordenanzas e instrucciones para ser acatadas sin dubitaciones o cuestionamientos, y cada una de estas es apenas subjetiva a la consciencia por consecuencia de su nueva dificultad, valorada mediante la cantidad de heridos que surgían de ella en el intento mismo de acatarla o consumarla.

En la cima de las torres negras, avistamos el diestro y majestuoso vuelo de un águila que remontaba el cielo con suavidad, posándose entre las antenas de vigilancia de los francotiradores con ánimo de vigilia al movimiento que ocurría justo debajo de ella. Y a pesar de la irreflexiva e insensata idea de contraponerse a la autoridad misma, no había pocos que salían a la caza de alguna de aquellas doradas plumas que aguardaban en la cúspide del panóptico, no sobraban las razones para ofrecerse a empresa semejante, había más que razón o deseo en la certeza de que ésta prometía el encuentro de un destino más grande para todo aquel que en su búsqueda acudiera…había fe… nada más invaluable en un mundo dictado por la ley del más desesperanzados de los desiertos.

Podíamos ver el puente que conectaba aquel inframundo con la ciudad, la cual parecía por momentos ser tragada por la densa mancha de smog de las fábricas y calderas aledañas. Escuchaba entre los murmullos de las rejas, alguna que otra risilla a respuesta de los obscenos silbidos desprendidos desde las ventanas de la prisión, a capricho del ego y la necesidad imperiosa de mostrar al macho fijado sobre algún par de pechos o piernas desfilando descuidadas en las calles aledañas de aquella institución; el fustigue de las memorias tiritan entre los silenciosos lamentos de la eterna penitencia, en compañía de demonios que susurran entre navajas y marros las mismas historias ocultas tras las ventanas de cada hogar en aquella ciudad decadente, las cuales se conjuran y rememoran desde el llanto infernal y el oleaje rojo pintado por los errores cometidos, los pasados perdidos y los sueños destruidos.

Pues en cada casa, podía ver claramente a cada hombre encerrado en una prisión con sus demonios, cada uno intentando por todos los medios posibles de arrancarse la vida acorde a su idea y deseo de la apropiada muerte, ya fuese por una vía pronta y expedita como una sobredosis, o en ataúd disfrazado de auto del año, en soledad o compañía, ya sea de la lujuria o el matrimonio, fuere con o sin hijos… todo un culto dedicado a la idea del buen vivir o el buen morir, pero en todos, siempre castigando y sacrificando algo más que el propio cuerpo, incluso más que la ilusión del alma ante el prospecto del inevitable e inescapable fracaso de aquella ilusa y fantasiosa idea del progreso… empresa única de todos los individuos que aspiran esclavos y adictos de su anhelo, aquello que ninguno de ellos o nosotros podía o podría alguna vez llegar a ser… el hombre perfecto.

Los gritos entre las rejas claman auxilio, piedad y misericordia repetida e insistentemente, aun si cuando no logran otra cosa más que estremecer de igual suerte las almas del resto en las cercanías, como el infante que con su llanto, emprende la sinfonía de la desesperación y la impotencia a la cual se añade cualquier otro, el cual llora solo porque algún otro llora, que ríe, sólo porque el otro ríe… ¿qué otro motivo habría de reproducir risas en medios masivos de comunicación que pretenden comedias y divertimento, que son todo excepto chistosas o entretenidas?

El magno destello en la mirada de los ojos de la bestia, fijó la ruta en un punto que asomaba por encima de aquellas rejas, incluso hasta el interior de lo profundo y oscuro de aquellas almas; así me lo había encomendado, y así lo habría de cumplir fijando la propia mirada en aquella inadvertida senda, a fin de resolver aquello, que oculta los secretos del misterio que habrá de liberar a la humanidad.

Uno a uno pasamos los filtros de seguridad, deteniéndonos en cada puerta resguardada por guardianes y quimeras, quienes nos advertían una y otra vez a la entrada y salida de cada puerta y umbral que resguardaban, en el cada vez más obscuro interior de aquel inframundo: la ley de la prisión es una y la misma para todos: VER, OÍR Y CALLAR…

Primero pasamos por el módulo 12, mejor conocido en el bajo mundo como “la carnicería”, donde sostuve la primera de las conversaciones con el primero de los señores de aquel inframundo, cuya característica más significativa, era el simple y singular hecho, de que caminaba con 3 patas, dos de ellas hechas de madera y metal, la otra de carne corrupta y pútrida, pues una de ellas, las había perdido en combate al interior de las puertas del inframundo.

Así me expresé ante este señor del inframundo, exponiendo ante él mi propósito e intención de encontrarme allí con él tras aquellas rejas

  • ¡Mis hermanos! Vengo aquí a compartir con ustedes la buena nueva: El cielo ha caído y el infierno ha naufragado. ¡Ya no hay motivo para que permanezcan encerrados en esta metáfora diseñada en acero y concreto! ¡Ustedes, Ellos y Yo! ¡todos somos libres!

Sin embargo, y como era de esperarse, mis palabras no fueron tomadas demasiado en serio, pues una gran carcajada inundó aquel espacio, y así me respondió aquel gran señor:

  • Jajajaja… Vaya, vaya… esto sí que es una sorpresa… sin embargo no entiendo ¿por qué habríamos de creer que un niño como tu ha venido a liberarnos?
    • ¡Mis hermanos! Yo fui un demonio, antes de la caída del cielo y el naufragio del infierno; antes de que el cielo fuera tragado por su propia luz y el infierno sucumbiera en su propia oscuridad. Había tantas profecías, tantas ideas, y entendimientos entorno al fin de los tiempos; la llegada de Dios entre ellas… aunque nadie pudo imaginar, lo que en verdad estaba por venir, sobre todo cuando tienes una eternidad para observar la existencia, muchos eventos se vuelven una certeza. Y por esto les digo que, para mí, predecir el futuro de nuestra existencia y nuestra inevitable liberación, es más que sólo una habilidad fascinante, porque poder predecir el futuro quiere decir que todas las acciones son predecibles, al punto que tus pensamientos son predecibles, tus sentimientos, tus emociones, absolutamente, el gran plan de un gran carcelero, el diseño de Dios… y eso me hacía preguntarme: ¿Si el futuro es tan específicamente predecible, ¿cuál es el propósito de vivir? ¿Cuál es el propósito de existir? ¿Es eso vida? Pero se acabó…, ahora no nos queda nada más que un relato, la historia del fin de los tiempos, la historia de lo que está pasando y lo que pasará… como reza el dicho: “Así en la Tierra como en el cielo”.

Ocurrió aquí, justo aquí en las dimensiones, lo que para nosotros son años equivale apenas a un suspiro en la existencia física. Es un poco difícil definir si lo que estoy a punto de narrarles puede siquiera llamarse una predicción del futuro, un eco del pasado o es un suspiro del futuro narrando el presente y ahora mi comentario es pasado y ahora el recuerdo desavenido de una visión poco grata…

Al principio aquellos demonios solo me observaban con fijeza desde el interior de las rejas de sus ojos, evidentes a los ojos ajenos por aquella distintiva y familiar marca de la serpiente que albergaba cual portal en la mirada. Algunas tenues y breves risillas escapaban de sus afiladas sonrisas, a sabiendas de la infortunada y, ciertamente, familiar circunstancia que hacía de mis palabras un soliloquio a la ingenuidad y la inocencia… tal y como se denunciaría de aquel insensato bailarín que en mitad de la guerra danzaría con fusil en mano, por aquellos quienes permanecen incapaces de escuchar la música… o mismo si se le escuchara al niño cantando en la soledad de la pobreza, tras haber escuchado tan clara y nítidamente el mismísimo coro del cielo…

  • ¡Oh, niño! Esta soledad… esta profunda sensación de no poder comprenderse a sí mismos… de no poder explicarse en lo que uno es, o como dicen por ahí: No es como si un “yo” existiera independientemente por aquí y que simplemente perdiera a un “tú” por allá, especialmente si el vínculo con ese “tú” forma parte de lo que constituye mi “yo” y que si bajo estas condiciones llegara a perderte, lo que me duele no es sólo la perdida, sino volverme inescrutable para mí ¿Qué soy sin ti? En un nivel descubro que te he perdido a ti sólo para descubrir que yo también desaparezco…

Pero ¿Acaso sabes lo que es perder el orden mismo de tu cosmos? Pregúntale a las personas que lo han perdido todo a causa de la guerra o de algún desastre natural… y apenas estarán cerca de entender, como se siente dejar de existir… y entonces y sólo entonces, entenderán la maldición de la libertad… esto comenzó hace demasiadas eras en un campo de batalla, antes de nos convirtiéramos en demonios… ¿Y vienes tú aquí a decirnos que vas a liberarnos?

Tras estas últimas palabras, desataron otra estridente carcajada al unísono en aquel paredón y así prosiguió aquel demonio:

  • No te equivoques niño, tú no viniste aquí a enseñar nada; tú sólo viniste a aprender… Tal como aquellos tontos uniformados que se hacen llamar guardias parándose tan gallarda y soberbiamente a la entrada de cada reja; has de saber de son ellos quienes nos pagan tributo a nosotros, los jefes de las pandillas, pues son ellos quienes abren y cierran nuestras puertas secretas de las cuales sólo nosotros extendemos las llaves, las armas, las drogas y substancias necesarias, no sólo para mantener discretamente el divertimento y entretenimiento, sino también para mantener el control que, sin nuestra ayuda, ni siquiera las instituciones que han levantado estos muros, ni los gobiernos que han escrito las leyes que nos tienen aquí encerrados, serían capaces de orquestar y mantener
    • ¿De qué hablas?
    • Hablo de la pregunta que te ha traído hasta aquí, la duda que ha crecido en tu corazón desde que llegaste a este mundo, sabiendo a pesar de toda ley, de toda razón y verdad pujada a través de tus padres y maestros, que hay algo que simplemente está muy mal con este mundo.
    • Recuerda bien esto niño: En este lugar maldito donde reina la tristeza, no se castiga el delito ¡Sólo se castiga la pobreza! Si no lo hiciéramos así ¿Cómo podríamos “mantener a todos estos demonios controlados en el interior, sino gracias a sus propias deudas, temores y adicciones? Es gracias a estos intercambios que habrían de hacer y consumar; todo vale en el trueque, desde la prenda y el alimento, hasta la vida y el cuerpo de algún otro, sea hombre o mujer, sea incluso hasta la propia familia… todo puede darse en intercambio o prenda por el acceso temporal y esporádico a uno sólo de aquellos dulces venenos
    • Pero si tienes tanto poder aquí, ¿por qué no te liberas de las cadenas que te atan a este sitio?
    • ¿Tú crees que de verdad estoy atado? Yo siempre puedo salir y entrar…
    • ¿De qué hablas?
    • Pues si… a veces alguien me pide a mí o a algún otro que nos encarguemos de alguien más allá de estas murallas… ellos nos abren esta y todas las puertas, desde la celda hasta la calle… y una vez hecho aquello que requieren que sea hecho, nosotros volvemos, con nuestra recompensa desde luego…
    • ¿Recompensa? ¿Qué clase de recompensa?
    • Pues es muy sencillo en realidad, ¿sabes? Aún cuando hablas de libertad, y dices todas estas cosas que suenan tan bonito, es sólo que personalmente no entiendo ¿por qué querría salir? Aquí yo tengo todo, porque puedo hacer que me traigan hermosas mujeres, las más suculentas y lujosas drogas, además de que, cuento con la más inquebrantable e incuestionable fortaleza que ni siquiera mis enemigos pretenden penetrar. Yo sigo matando y ¿quién va a buscarme afuera si a la satisfacción de aquellas limitadas y estúpidas mentes de todas las personas que quieren y pretenden ser “buenas almas” en el exterior, yo ya me encuentro adentro compareciendo mi sentencia? Lo que esas “buenas personas” no saben es que ellos también tienen y prueban los barrotes de su propia prisión… una construida por los mismos ideales y cadenas ilusorias que crea aquella extraña y sutil barrera lingüística que simplemente define en sus mentes “el exterior”, porque según todas esas personas, la gran diferencia es que “yo estoy adentro y ellos están afuera”… pero no se dan cuenta que son ellos quienes creen y por consecuencia crean esa delgada línea en sus mentes que les hace creer que, “porque ellos son buenos”, pueden vivir ingenua y ciegamente en la tranquilidad de “sus vidas normales, comunes, cómodas y corrientes”… porque según ellos, es gracias a “su bondad” que entonces las fuerzas divinas en las que tan ciega e ingenuamente deciden creer, me tienen encerrado aquí… nada más irónico, porque yo no estoy encerrado con ellos, ellos están encerrados conmigo jajaja. Y son sus mismas fuerzas divinas, las que me abren las puertas de la celda cada noche a petición personal de sus propias “autoridades celestiales”.

Sin embargo, y a pesar de la severidad de sus palabras, esto no me detuvo, ni contuvo en mí la sonrisa y carcajada que ahora yo abofeteaba en los rostros de aquellos insensatos:

  • ¡De verdad que todos ustedes son unos estúpidos!

Las risas de aquella prisión enmudecieron al instante, y sus sonrisas se vieron reemplazadas por gestos de sorpresa, duda e incluso miedo… un demonio gritaba

  • ¡Mucho cuidado con lo que dices niño, mira a quienes le estás hablando de esa forma! ¡Aquí el respeto se gana!

Pero sin dar marcha atrás al momento, la intención y mucho menos las palabras que habrían de exponer y desnudar a estos demonios ante mí, hasta hacer de ellos no menos que los niños asustados que podía ver con claridad tras aquellas máscaras de rabia que escondían sólo aquella misma y familiar tristeza que había atestiguado en mi propia alma, así me pronuncié:

  • ¡¿De verdad me estás diciendo que, a pesar de haber tenido la oportunidad de abandonar la prisión, no solo una, sino en diversas y múltiples ocasiones, escogiste caminar de vuelta a estas rejas por tu propia voluntad, a la soledad de estas pinches murallas para poder tener la misma sensación de seguridad que tanto críticas en aquellos imbéciles que ahora caminan fuera de éstas?! ¡Jajajajaja! ¡Solo quiero que sepan todos y cada uno de ustedes que veo bien la clase de esclavos que tengo ante mí… y esto nada más y nada menos que por el mismo miedo que encamino a tus acciones a encerrarse una y otra vez en la seguridad de su pinche prisión, tal y como lo hacen aquellos fieles imbéciles que los señores celestiales tienen por esclavos! ¡Se los digo señores, son de verdad la cosa más cómica que he tenido la oportunidad de presenciar en toda mi vida, porque justo cuando esperaba que al menos, aquellos supuestos desobedientes, malparados y mal portados, los jurados y eternos enemigos de aquel desgraciado que se sienta en su trono dando órdenes desde la seguridad de su cielo, tuvieran aunque fuera tantitos huevos para levantarse y hacer insurgencia contra nuestros carceleros, todos y cada uno de ustedes corren asustados de vuelta a las manos de sus amos como los más obedientes y leales perros! ¡¡¡¡¡JAJAJAJA!!!!!

Tras haber dicho esto, incluso aquel señor del inframundo no pudo evitar la sorpresa que se dibujaba en su rostro, al darse cuenta de su propio temor y cobardía expuesta por no menos que este niño, que por su propia voluntad y sin haber cometido delito o crimen alguno, había caminado hasta el interior de aquel oscuro rincón desde el cual aquel gran señor del Xibalba decía reinar… pero mi discurso para esos demonios apenas comenzaba, y así proseguí:

  • ¿Y si despertar fuera tan simple como entender que jamás tuvimos o poseímos “uno solo de aquellos que llamamos nuestros pensamientos” en la mente, y que todos y cada uno de ellos fueron el espejo de nuestra realidad personal, formulada y conjurada por consecuencia única de nuestras ideas y creencias; consecuencia misma de la metodología implícita en y cómo esta para nuestra supervivencia, la cual ni siquiera fue impuesta por voluntad propia, sino que todo esto y más provino de todos aquellos en nuestro entorno, quienes a su vez recibieron las mismas instrucciones de aquellos que les antecedieron?

    Durante buena parte de mi vida, siempre tuve una extraña tendencia a tratar de imitar a las personas que me molestaban en la escuela, lo cual de hecho comenzó como simples pensamientos en los cuales me vería y proyectaría a mí mismo encontrándome “del otro lado de la situación”, es decir, en y desde la posición de “control. Tenía en mi mente su forma de pararse, de caminar, de hablar y de expresarse, incluso imitaría su forma de vestirse y de sonreír con esa cara maliciosa que me invitaba a creer por un momento en esta “promesa del control”.

    Aún recuerdo el día que pisé por primera vez la prisión, encontrándome con todos aquellos que, como usted gran señor, sin lugar a dudas tienen “el control” no sólo de las pandillas sobre las cuales reinan, sino incluso de las mismas autoridades a las que podían tan fácilmente sobornar… sentí un miedo como nada que hubiese sentido antes, literalmente llegaría a casa de algunos de mis amigos y, mientras les contaba las historias, no podía dejar de temblar mientras imaginaba todo lo que podrían y eran capaces de hacerme a mí y a mi familia…

    Y aunque también sobran las palabras respecto a lo mucho que comenzó a pesar sobre mi consciencia el riesgo en el que acababa de poner a mi familia por tan sólo permitirles a ustedes haber visto mi rostro, y a mi ingenua osadía de cruzar aquellas murallas sin tener idea de lo que me aguardaba tras de éstas, también sabía que si me dejaba dominar por el terror, las consecuencias serían sin lugar a dudas aquellas que, de igual modo le esperan y aguardan a uno cada día en no pocos barrios de la ciudad de México; si no volvía a la prisión el miedo seguro me mataría, y si lo hacía, de igual modo corría el riesgo de morir y ver a mi familia asesinada, pero había una tercera alternativa = Pararme allí adentro y dar TODO de mí, entregar de una vez TODO lo que de por sí podían y tendrían interés en quitarme. Así que cada vez que entraba a la prisión, sabía de antemano que, perdería más de la mitad de los materiales que, sin lugar a dudas tenía que estar dispuesto a dejar ir y entregar de antemano, y de igual modo les entregué mis habilidades para dibujar, ¿Cómo? Regalándoles y dando mi tiempo y dinero impartiendo aquellos talleres de dibujo paciente y diligentemente…

    Y sin esperarlo, de pronto, comencé a darme cuenta poco a poco que detrás de esas rejas, había algo más simple que estas ideas que me habían enseñado y que había aprendido a temer acerca de “la mente de los criminales”, lo cual era que, simple y sencillamente detrás de cada una de estas personas también había un niño asustado del mundo en el cual había crecido y que había aprendido a imitar…

    Es irónico que, no pocas veces me sorprendí en mi mente imitando algunas de estas “personalidades” que vería en el interior de la prisión, sobre todo cuando me movía por ciertos barrios de la ciudad, porque de alguna manera, haría de ellos “mis disfraces”, mis “camuflajes”, a fin de cuentas un buen “comunicador visual, tiene que aprender a dar una imagen apropiada para cualquier ocasión”.

¿Sabes qué es lo curioso del miedo? ´Que éste jamás tendrá “miedo” de dejarte, pero tu si tendrás miedo de dejarlo a él…. es irónico que, a pesar de haber hecho tantas veces Perdón a Uno mismo sobre los mismos puntos, siempre me veía a mí mismo volviendo a esas “escenas del trauma…” a las imágenes de aquel mundo que era incapaz de olvidar y ciertamente de “perdonar”, no porque el mundo “no merezca una segunda oportunidad” o “porque los criminales no merezcan el beneficio de la duda”, sino porque “la vergüenza” que encontré dentro de mis memorias, en todos aquellos momentos en los que me acepté y permití a mí mismo ser “débil, cobarde y huir” en lugar de levantarme, siempre volvían una y otra vez en y como aquel obtuso, aunque sutil sentimiento de “impotencia, debilidad y miedo” ante el mundo que de hecho se encuentra allí afuera de nuestras casas cada día, e incluso desde el momento en el que abrimos los ojos y nos damos cuenta “Mierda… sigo aquí… sigo vivo…” y es que es ESE el pensamiento que parece la sola y única confirmación necesaria y suficiente para confirmar nuestra necesidad de “RECUPERAR EL CONTROL”, y de ser Valiente una vez, solo una vez por TODOS esos momentos en los que fui débil en el pasado.

Sin embargo, y aun cuando parece y suena a “Frase de Microondas”, ¿Qué pasaría si la respuesta fuera tan fácil como darse cuenta de que: si cambiamos desde adentro, el mundo ante nosotros también cambia? ¿Qué pasaría si por un momento me diera la oportunidad de darme cuenta de que ninguno de esos pensamientos que tuve en mi infancia sobre la persona que aparentemente tenía que ser ante el mundo era de hecho real? Y que siempre podía y puedo volver a ser esa “inocencia” que dejé atrás por creer que “tenía que ser fuerte”, que tenía que “ser EL HOMBRE” que la gente me decía una y otra vez que tenía que mostrar y presentar para tener derecho a esa mamada que llaman “RESPETO”… ¿Respeto? ¡Aprende primero a respetarte y amarte a ti mismo CARAJO!!!! Porque lo que tanto adoran y llaman respeto, no es sino el mismo Miedo de levantarnos sobre nuestros propios pies y atrevernos en ello a ser “nuestro máximo potencial” que no es otra cosa, excepto ese AMOR INCONDICIONAL que expresamos desde que somos niños… y si… es cierto que aun cuando el niño ha quedado atrás, junto con los años que han pasado por mi rostro, mis huesos, mis músculos y las heridas acumuladas en todos y cada uno de estos, también es cierto que la compasión y la misericordia han crecido y se han criado en mí, incluso por y hacia aquellos que parecían no merecer ¡UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD! Sólo porque el sistema les dijo a ellos y a todos que ¡¡¡¡NO ERAN LO SUFICIENTEMENTE BUENOS, APTOS, INTELIGENTES Y TALENTOSOS!!!!

Mi madre me lo dijo muchas veces: No son tus palabras el problema, es tu actitud… 

Pase tanto tiempo ocultando lo que soy debajo de las máscaras y fachadas que tanto tenía quitarme, que aquello que resultó más difícil, no fue quitarme la máscara en sí, sino apartar a todas las personas que estaban “encantadas/enamoradas” de la máscara, y no de mi…

Tanto temía perder el afecto que creí recibir de otros, sólo porque me creía incapaz de amarme y apreciarme a mí mismo, que cuando finalmente rompí y quemé las máscaras, me di cuenta que lo que me estaba asfixiando realmente, era la misma máscara que no me dejaba respirar…  

Soñé que llevaba entre mis brazos cuantiosas plumas de las aves de poder, todas y cada una un símbolo de autoridad entre las diversas tribus y caminos para llevarme a los pináculos de la ascensión; en dicho sueño me encontraba parado ante los grandes líderes, presentes y pasados de numerosas tribus, como Lame Dear, Sitting Bull, Leonard Crowdog, entre otros… solicitaba mi oportunidad para sentarme en el círculo sagrado, no obstante, sentía que aquella gran duda crepitaba en mis adentros, aquel gran juicio que cargamos todos más guardado que un secreto, escondiendo mis juicios y mi auto-percibida insuficiencia…

Sentía la gran necesidad de ofrendar las plumas, no sólo para rendir respeto a todos los presentes, sino de igual modo para liberarme a mí mismo de esa gran atadura y esa gran carga mundana, basada en no más que la ilusión y la ambición misma por el poder y la autoridad que no me había dado a mí mismo… ¿una pluma me hace un líder? ¿Una gema de jade me hace inmortal? ¿Una cabellera del enemigo me hace un guerrero?

Recuerdo las noches en la presencia de las sagradas medicinas, viendo a todos y cada uno de los “ascendidos” vomitando y purgando, llorando y olvidando… me pregunté entonces ¿existen acaso los iluminados? ¿o son los iluminados aquellos que saben vivir de forma simple y humilde, sirviendo a otros como a sí mismos para alcanzar su máximo potencial, como ellos reconocen que el poder que detentan ahora habría sido imposible sin la ayudad de aquellos de quienes recibieron el mismo servicio que ahora ofrendan en y como sí mismos a dar a otros? ¿No es el acto de compartir lo más grande que siempre se puede dar? Aún en la carencia o en la enfermedad, aún en la vida o en la muerte, quien puede dar y ofrece de sí a otro, tiene tanto que ya está por encima de aquellos que son atendidos por cien mil esclavos, o que tienen bajo su mando 1 millón de guerreros.

En los rostros de aquellos demonios, una veta de alegría se dibujó por primera vez en muchos años… y aun cuando estaba prohibido abrazarnos, sentí su abrazo, sentí por primera vez una calidez del infierno que no quema… sino que ama, y lo hace profundamente, revelando entre sonrisas y lágrimas, el mismo amor que tanto desesperan conseguir de la sociedad misma que tanto se esfuerza en rechazarlos, despreciarlos y odiarlos.

No por gratuidad, es que uno puede encontrar casi siempre en aquellos demonios liberados de las rejas, a fieles amantes y fieros guerreros, tal vez como pocos o casi ninguno de aquellos hombres quienes, jamás han tenido que arriesgar o perder algo en la comodidad de sus vidas normales, comunes y corrientes… y esto sin siquiera mencionar la pérdida de la libertad misma.

Sólo estas últimas palabras se enunciaron por aquel señor del inframundo, antes de concedernos la salida por aquel segundo portal:

  • Niño, tus palabras son grandes para ser tu una criatura tan pequeña, jamás olvides el mundo en el que caminas, pues aquellos a quienes tratas de enfrentarte no se tocarán el corazón para aplastar a uno más de entre todos los que ya se han dedicado tan comprometida y fervientemente a masacrar, y todo a fin de satisfacer los más crudos y egocéntricos intereses… no olvides que son 3 mil los que gobiernan y dirigen el destino de este mundo… todos ellos ocupan una posición significativa del sistema, y apenas trates de cuestionar o dudar el origen de su poder, pronto encontraras con que serán aquellos más cercanos y queridos por ti, los primeros en salir a su defensa… por eso el notarlos es tan difícil, sino bien que para la mayoría, esto resulta una tarea casi imposible…

Como un regalo a lo que aquí has traído, no podemos prometer el apoyo que nosotros mismos somos incapaces de dar, lo que si te damos y regalamos para tu viaje es lo siguiente:

Cuando observas al deseo mismo de dar la muerte a otros (cualesquiera) individuos que uno ha percibido en forma alguna, poseedores de alguna suerte de control sobre uno, la vida o mi experiencia dentro de la vida misma; te encontrarás con un descubrimiento fascinante alrededor de estas experiencias, el cual es que éstas existen en todos y cada uno de nosotros (sino de manera presente o incluso consciente, persiste como potencial manifiesto en la sola manifestación de la corporeidad que supone el cuerpo, el PODER que supone ser y haber nacido “HUMANO”). Y es que, en realidad cada uno de nosotros, somos el prisionero, el guardia, la institución y el PODER tanatológico = El poder de dar muerte a otros, que es en realidad, el PODER sobre LA VIDA misma de OTROS, el cual supone el poder y control sobre mí mismo…

Quítale a este mundo todos los seres humanos y ¿qué queda? ¿Tendría sentido alguna institución, gobierno, país, frontera, escuela, hospital, cementerio o lo que tú gustes y mandes? 

Bien dicen que, la felicidad es en realidad un proyecto en sí mismo inalcanzable, y mucho menos en el contexto que ha venido desarrollando la modernidad como aspiración de la “felicidad”, ya que, ninguna de estas experiencias en torno al “éxito”, me dicen más de mí mismo, que el hecho de que, por supuesto puedo programarme a mí mismo a fin de ajustar las condiciones necesarias que me llevarán hasta ese sitio que pretendo donde, según mi mente, existe y tendré “PODER y CONTROL” de mi experiencia de vida, pero lo irónico es que una vez que en mi mente ya ha fabricado la imaginación en un determinado punto de “éxito”, mi cerebro ya está desplegando la “máxima cantidad de endorfinas” que es posible de hecho experimentar dentro de dicha “imagen” y, al encontrarme allí, realizando incluso aquello que imaginé y preparé previamente, me encuentro pronto con el hecho de que, “No se siente ni más elevado el sentimiento, ni más intensa la experiencia”.

Es como cuando uno se masturba pensando en la persona amada, ya sabes, la musa más improbable, más deseada, más requisitada, pero una vez que se tiene la relación sexual, física y real con dicha persona, puede en efecto satisfacerme temporalmente, pero no lo hará por siempre, e incluso uno descubre que ha tenido mejores orgasmos cuando uno se limitaba a fantasear con dicha persona, que en la experiencia misma de la relación consumada. No hay nada más desalentador, que descubrir que uno se encuentra obsesionado de la fantasía misma, la cual jamás podrá de hecho alcanzarse en forma alguna… porque simplemente no es, ni puede, ni será alguna vez REAL…

Si eres de los que creen que la vida es sentimiento y que lo que sientes según tu mente es real, no te preocupes, ya puedes irte y cerrar la reja por fuera por favor, porque nada de lo que diga aquí va a convencerte de lo contrario. Pues lo único que sabemos a ciencia cierta, es que el límite de nuestras percepciones es determinado por los sentidos mismos que, el cuerpo y la mente, son capaces de proveernos, pues así como existe un límite al espectro sonoro perceptible por nuestro oído, de igual modo existe un límite para la gama visual de los ojos, o el tacto y, desde luego la mente no puede sino pensar en el sentido mismo de la programación instalada desde el lenguaje grafológico, visual, táctil, sonoro, etc., que se ha instaurado en nosotros al contexto mismo de la sociedad y la cultura en la que hemos crecido. Es por esto mismo, que jamás habremos de entender y experimentar “EL TODO”, ni podremos alguna vez alcanzar de hecho “LO REAL”, en tanto haya mente QUE DICTAMINE, LIMITE Y DIRIJA EL CUERPO.

Cada vez que te adentras más y más en el interior de la prisión, ¿no te parece cada vez más evidente la similitud que comparte este dispositivo llamado “la cárcel”, con la vida diaria? Porque, de hecho, la prisión es una estructura que deriva directamente del sistema educativo (para abordar de manera más amplia este punto… si no me crees, pregúntale a Foucault…

Yo sé lo que te trajo realmente aquí niño… tu pregunta es: ¿Por qué la vida se siente como una prisión? Bueno, es simple y sencillamente porque lo es… una prisión que creamos todos y cada uno de nosotros, cuando salimos a la calle y juzgamos las acciones de tal o cual individuo. (que son de hecho también nuestras acciones, palabras y contexto, el que hacen posible dicha manifestación y reconocimiento de aquello que, si bien podemos juzgarlo y señalarlo en el otro, es porque simple y sencillamente se encuentra instaurado en nosotros) Es decir… ¿de verdad alguna de esas pinches empresas, instituciones o gobiernos tienen más control sobre nosotros que el orden que nosotros mismos hemos aceptado y permitido en nosotros mismos como la sociedad, gobierno y país que de hecho SOMOS Y REPRESENTAMOS, tal y como NUESTROS REPRESENTANTES Y GOBERNANTES NOS MUESTRAN Y REFLEJAN QUE SOMOS EN REALIDAD?

Si de verdad existiera el ferviente deseo de la sociedad por parar el Narcotráfico, ya lo habrían hecho, dejando de consumir las mismas substancias que han llenado los bolsillos del cartel, así como proveído las armas, físicas y psicológicas, para delegar el control y el poder sobre aquellos que “NOSOTROS HEMOS ELEGIDO PARA QUE TOMEN DIRECCIÓN Y PLENA DICTAMINACIÓN DEL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS”. Porque en realidad, lo que deseamos más que ninguna otra cosa, es que alguien tome el control de nuestras vidas, que alguien tome el PODER y LA RESPONSABILIDAD POR NOSOTROS. Tal y como añoramos aquel primer momento en los brazos de nuestra madre que nos alimentaba con la leche que manaba de su seno, sabiéndonos indefensos y vulnerables, protegidos y acogidos por un ser que ha sobrevivido más que nosotros, que comprende, domina y puede más que nosotros… ese es nuestro deseo de “volver a la comodidad de la satisfacción inmediata” que nos enseñamos a nosotros mismos a replicar, con el llanto y la queja que, al igual que cuando éramos bebés, entendimos que, al quejarnos, emberrincharnos y frustrarnos, podíamos simplemente demandar y atraer “la atención” de nuestros protectores para satisfacernos…

Por eso es que nos quejamos del gobierno en turno, por eso nos quejamos del sistema económico, por eso es que imponemos resistencia. Porque si no existiera resistencia ante el PODER, el sistema mismo no tendría sentido, porque, en el dominio absoluto de todo ¿Qué sentido tendría un líder? ¿Qué sentido tendría un gobierno, un sistema o una institución? Somos nosotros con nuestras quejas que hacemos posible el CONTROL que hemos DELEGADO a otros.

Dicen por ahí que “El jugar a hacer de nosotros mismos la víctima, es una de las drogas no farmacológicas más adictivas de todas, porque nos LLEVA a buscar “LA SATISFACCIÓN TEMPORAL”, separándonos de la realidad que supone nuestra responsabilidad por la cárcel PASIONAL en la que nosotros mismos nos hemos encerrado…

Queremos que nos controlen, porque tenemos miedo de nuestras propias mentes, cuando vemos cómo emerge el enojo, el deseo, la ansiedad, la felicidad… tenemos miedo a vivir y por eso hemos establecido un control, que solicitamos y demandamos, se imponga sobre nosotros, con todo el rigor y el peso de la autoridad, la cual nosotros mismos hemos armado y dotado de la capacidad para ejercer la violencia ante el desacato de las normas que nosotros mismos hemos demandado que se impongan, todo para que el mundo “funcione”.

Si tanto quieres cambiar el sistema, vas a tener que empezar por cambiar desde adentro… porque cada uno somos ya el prisionero, el guardia y la institución. Sólo estamos a respiro de la decisión que le hace falta al mundo para cambiar radicalmente en sus pilares, los cuales somos todos y cada uno, en esa decisión que cada uno ha hecho por levantarse, o por permanecer esclavo…

Tu jornada aún es larga niño… mantente firme, aprende, sé humilde y llegarás lejos; pero no cuentes con nosotros… ya es demasiado tarde para quienes no son capaces de reparar las vidas que han arrancado de este mundo…

  • ¡¿De qué estás hablando?! (Exclamé) Siempre hay oportunidad para corregir el camino

Pero en aquel instante, apenas externé aquella queja interna al señor del inframundo, La Bestia, que había permanecido en silencio durante toda la conversación, finalmente se pronunció:

  • ¿Cuál es el día que todos temen? El “Día del juicio”, el día en que se te revelará a todos los que juzgues y culpes por tu condición actual. Ese es el “Día del juicio”. Obviamente, tu idea es diferente: alguien te dirá “lo malo que eres”, pero ese no es el “día del juicio”, ese es un “mal día”, el “día del juicio” es el día de ajustar cuentas. ¿Qué es el juicio final o este ajuste de cuentas? El Día de la Razón, el Día de rendir cuentas por ‘Qué’ y ‘A quién’ culpas, y ‘A Quién’ y ‘Qué’ usas como excusa para justificar “por qué’ no puedes honrar la vida por igual” – Entonces, ese es ‘El Sermón de la Serpiente’ – es decir la cantidad de juicios por los que culpas a los demás, de modo que tu montaña es “demasiado grande” para escalarla, y luego profesas desde tu ‘Estrado’ desde el cual arrastras a todos los demás al puto hoyo de Serpientes, e intentas congregar la mayor cantidad posible de personas en tu Congregación para profesar tu engaño, y dices: “No puedo tener esto en mi conciencia, tengo que culparte”

    Tengo que culpar a mis padres, tengo que culpar a Satanás y al diablo, ¡son ellos! “Tengo que culpar a Dios!”

    Y luego, en el silencio de tu habitación hay un gran ruido: te sientas con tu pareja y chismeas o te sientas en tu mente con una de tus demonios y personalidades y chismeas.

    ¿Qué es el chisme? Pensar mierda o hablar mierda sobre otros seres, eso es chismear. Es drenar la esencia vital de los demás, porque aparentemente “eres mejor que ellos”, ¿qué te muestran tus chismes? Que eres un demonio, un vampiro de mierda. ¿Y sabes qué? En realidad lo haces

    Pensamos pensamientos en los que culpamos a los demás o “Hablamos acerca de los demás”, en nuestros “Espacios de Confianza”, nuestras “Condiciones Seguras”, En Secretismo. ¿Cuál es el conocimiento secreto del mundo? Es que todos están culpando a alguien más por la condición del mundo y no hacen nada al respecto de éste, porque, ¿Cuál es la forma perfecta de asegurarte de que puedes permanecer siendo deshonesto? ¡Culpas a otro! Porque no puedes cambiarlos, y a menos de que ellos cambien, tú no vas a cambiar = vas a proteger tu puto trasero – pero no vas a cambiar – cada excusa, cada razón y ‘por qué’, todos a los que apuntas con tu pinche dedo, culpándolos “Por qué” estás en la condición en la que estás, eso es tu “día del juicio”. De modo que has estado viviendo el ‘Día del juicio’ cada pinche día de tu vida, todo lo que está sucediendo en el universo y en la creación es que el mismo día se repite todos los días: ‘El día del juicio’ – y mira ‘cómo se ve’… en el mundo.

    Ahora escúchame: para aquellos que afirman que el amor resolverá el problema, en el mismo momento en que profesas amor y permites que el mundo exista como está = estás juzgando al mundo y eres el único que lo está causando. ¿Por qué? ¡Porque estás permitiendo que exista! Tú eres el Creador, está dentro de Tu Conciencia, Tu Conciencia es Holográfica – ‘Como es Arriba, es Abajo’, ‘En lo Pequeño está lo Grande’ – el hecho mismo de que puedes ‘Pensarlo’, Puedes ‘Crearlo’ – ‘La Ley de la Atracción ‘, la ‘Conciencia de Prosperidad’ es tu prueba de que el amor es la causa, y el que tú estés profesando amor representa el juicio en sí mismo que estás imponiendo, al culpar a todos los demás, porque estás afirmando que estás por encima de todo esto, ‘Eres Mejor’ porque eres amoroso, pero no estás haciendo nada al respecto, eres un veneno deshonesto y asqueroso de la serpiente, ¡hablando con una lengua bífida! Porque dices una cosa mientras que haces otra.

    Por eso es que hemos estado colocando puntos deliberadamente para sacar al demonio en todos. Para resaltar el punto que culpas, y así puedas comenzar a ver qué es lo que estás culpando y que no estás perdonando: el mismo momento en que quieres que alguien más “te perdone” = Estás culpando a algo por tu condición, estás en juicio.

    Es por eso que el perdón a uno mismo es la clave porque tú, te perdonas a ti mismo, el único que puede perdonarte, eres tú, y si no dejas de culparte, no te has perdonado a ti mis       mo, Aún te estás juzgando a ti mismo por la condición del mundo, lo cual sólo te desempoderará…

    ¿Qué es la honestidad con uno mismo? La honestidad con uno mismo es ver las cosas como son para que tengas el poder de hacer algo al respecto, de modo que afirmar que hay un “poder superior” que está haciendo que el mundo sea como es y negar que es la condición humana lo que lo está causando, significa que tu participación en este mundo en términos de ‘cómo’ participas, ¿qué es? ¡Deshonesto! El sentido común dice: que nada en este mundo puede existir excepto lo que es provocado directamente por los participantes. Entonces, si quitas al humano, no tendrás ningún problema humano, ¿verdad? – para que no puedas culpar a “Satanás”, al “diablo” o a “dios” – porque si te llevas a los humanos = ¡no hay problemas!

    Deshonesto sería entonces culpar a ‘Satanás’, al ‘Diablo’, ‘Lucifer’ o ‘Dios’ o un ‘Alien’ o cualquier pinche cosa: tu hermano, tu madre, tu hermana, el sexo, la pornografía, la masturbación, no puedes culpar nada. Tú eres el participante: desempeña el papel y siempre que esté separado, eso significa que no forma parte de la búsqueda de una solución, ¿por qué deberías existir? ¿Quién debería preocuparse por ti cuando no estás dispuesto a preocuparte por nadie?

    El día del juicio final: “Día de ajustar cuentas”. ¿Por qué estás esperando el día del juicio cuando ya lo estás viviendo cada día? Es deshonestidad. ¿Por qué culpas a otros por tu condición y no te perdonas a ti mismo? ¿Por qué te estás quitando el poder al aferrarte a la deshonestidad? ¿Por qué finges estar loco y enojado al no ver el simple sentido común de que eres el mismo creador de los sistemas que existen? Para que puedas afirmar que no eres tú, eso es una condición de locura, por eso es que todos están encerrados…

Ahora era yo había sido quien no por menos enmudeció ante las palabras de aquel señor del inframundo… y de La Bestia… parecía tan evidente que ciertamente, lo único que más sorprendente que la simpleza de sus palabras, era el ¿Por qué no lo habíamos visto antes? Y es que más bien, parecía simple y sencillamente que el problema no es que no se hubiese visto o entendido antes, es sólo que, tal y como aquellos demonios parecían haber expresado en su fuero interno a “no brindar apoyo alguno a la causa”, era más bien que todos y cada uno habían tomado ya esa decisión de rendirse dentro de sí mismos… de darse por vencidos… y como bien decía La Bestia, el perdón parecía simplemente algo fuera del alcance…

Una pregunta aún circundaba mi mente… ¿Quiénes podrían ser aquellos 3 mil líderes, 3 mil puntos, 3 mil fragmentos de la verdad desperdigados en el mundo… ¿Quiénes podían ser aquellos a quienes buscaba detener a fin de frenar y cambiar el caos del mundo?

Al salir de las fauces de aquella institución, comencé a deambular por las calles, tratando de trazar el nuevo sendero, la nueva dirección que habría de asumir, pues el inframundo, justo el lugar donde esperaba hallar a los valientes necesarios y suficientes que probaran su insurrección ante el sistema mismo que los había aprisionado, encontré no más que otra versión de los mismos esclavos, quienes no sólo tenían una vida destruida, sino en su gran mayoría un corazón derrotado…

No obstante, un milagro ocurrió aquella tarde; Los que me conocen, saben lo mucho que me gustan las plumas de las aves. Y el día de ayer, me encontré un ave muy hermosa, un Celestino. Lo encontré muerto a un lado del camino, y lo levanté entre mis manos. Tenía un plumaje azul cielo con destello tornasolados en el lomo, como el destello del plumaje del colibrí.

El ave no llevaba mucho tiempo muerta, se notaba en la “flexibilidad de los músculos del cuello” y las alas, las cuencas de los ojos aún conservaban el brillo… Y pasó algo mientras estaba sujetando a esa ave entre mis manos.

Sentí un diálogo con el ave, un diálogo que desde luego ocurría solo dentro de mí, no obstante, este diálogo, parecía tan “íntimo”, qué tal vez impulsado por mi propia “necedad y deseo” de atribuirle vida a un ente que simplemente ha dejado este mundo para hacerme creer a mí mismo en un “más allá”, así dialogue con el ave:

Mi hermanito, has dejado atrás hasta tú plumaje… al cual o le he dado “un valor”, pero ¿si incluso has dejado atrás tus hermosas plumas, será que yo me he aferrado tanto a “darle un valor a las cosas” que no está en las cosas sino en la vida?

 Yo tomo una pluma tuya, pero esta pluma es para ti como un dedo… ¿y si no te llevas ni esto contigo, porque tomo entonces tus plumas mi hermanito?

 Me di cuenta que un anciano me observaba a unos cuantos metros adelante, me acerqué a él, pero tan pronto advirtió el cadáver del ave en mis manos, comenzó a hacerme señas demandando que mantuviera la distancia, no me acerqué más, era evidente el origen de su temor como la evidencia misma de la muerte que acompañaba mi andar… sin embargo, traté de explicar: 

  • Es que jamás había tenido la oportunidad de ver uno de éstos tan de cerca; es hermoso…

 No me entendió, lo supe ya que respondió:

  • No, thank you…

 Percatándome de la brecha lingüística, cambié al idioma inglés de inmediato y le respondí:  

  • I´m not trying to sell it… 

 Su mirada cambió instantáneamente, y proseguí: 

  • I was trying to tell you that it´s the first time that I have ever got a chance to see one of these such a close distance. I mean, I´m going to wash my hands obviously; nevertheless, it´s just that sometimes life it´s right there for us to explore it, and we have to get beyond “that step of our fears and believes” to able to get to know it… right?
    • You are not from here are you? (me respondió)
    • No jaja (repliqué) 
    • Where are you from? (preguntó) 
    • Méshico (concluí…) 

Seguí caminando al costado de la banqueta, con el ave depositada en la palma de mis manos, y a medida que me acercaba al pueblo. Le canté una canción al ave, una simple canción de arrullo para despedir su ser y su cuerpo de todo lo que alguna vez fue, después sentí que dijo:  

  • Hermano deposítame a la sombra de ese árbol y déjame allí

Así lo hice

Es de las pocas veces que no tomo una pluma cuando encuentro la oportunidad

Pero quise honrar la visión que tuve. Para permitirme a mí mismo de igual modo soltar todo

lo que en este momento me preocupa y no me deja vivir.

No nos llevamos nada… ni siquiera este cuento…

Puedo soltar…

Esta empresa, este camino es mío, y en tanto yo me comprometa a andarlo… estará bien…

Ambos, la bestia y yo salimos de aquel primer portal, y a la ironía de las circunstancias, pese a haber sido apenas 2 meses los que transité en la cercanía del encierro junto con aquellos demonios, mi mente demoró prácticamente 2 años en digerir del todo las palabras, las rejas, la tristeza y la realidad oculta allí a la vista de todos y, ciertamente a la cara de todos, sobre todo en la de aquellos que más se esfuerzan en negar las circunstancias de su privilegio, que hace la prisión y sus rejas posibles.

La Bestia me encaminaría ahora hasta el corazón de la ciudad, donde me reuniría ahora con los maestros de Marte, los hombres de medicina del camino rojo, los Indios Americanos.

Caminamos por varias horas hasta la falda de la montaña, donde los Indios se encontraban ya reunidos ante el círculo sagrado, el Inipi aguardaba la llegada de las piedras, el agua y la madera. La Bestia fue la primera en tomar asiento, de hecho parecía ya tener un lugar bien especial en el círculo para sí, como si le estuvieran esperando, pero tan pronto quise sentarme con ellos, el hombre búfalo se pronunció:

  • Antes de sentarte, irás a cortar madera y traerás leña para hacer un fuego, traerás 40 piedras volcánicas, llenarás 2 cubetas de agua, y no olvides lo más importante, debes traer tabaco…
    • … No entiendo, ¿por qué debo dar algo de esto si yo no he pedido por nada?
    • Estas aquí, y si estás aquí es porque has venido a servir, ¿no te explicaron eso?

Mire a La Bestia sin poder esconder del todo la veta de inconformidad en mi mirada, mientras el me devolvía la misma con una sonrisa burlona en sus labios y los ojos bien abiertos esperando mi reacción, la cual he de confesar no se hizo de esperar:

  • ¡Pues no me explicó nada!
    • ¡Muy bien! (exclamó sarcásticamente el hombre búfalo), pues entonces yo te lo explicaré: Inipi es una palabra en el idioma original Lakota para la ceremonia del Temazcal, pero éste “Temazcal” no es un Spa como suele venderse en el turismo espiritual, no, el Inipi es una ceremonia de Sanación que realmente te lleva a los límites de tu fuerza para encontrar la humildad, o al menos así ha sido mi experiencia dentro de éste, contamos historias y abrimos las cosas que estamos enfrentando en nuestro día a día, después escuchamos a los demás y recibimos retroalimentación para nuestros problemas o situaciones, por eso es una verdadera ceremonia de sanación, porque cada quién usa la medicina de la honestidad con uno mismo y recibe la medicina de los demás con sus palabras para encontrar las soluciones que para uno no son tan evidentes, a diferencia (insisto) de las ceremonias del turismo espiritual donde sólo es toda ésta jalada de “Si, tu eres luz, tu eres brillante, tu eres todo”. Pero no entenderás la profundidad de esto ni comenzarás tu sanación hasta que no cumplas con el servicio que habrás de prestar… puedes agradecerle a Garamont que no te explicara, porque con lo terco e infantil que eres, seguramente habrías puesto cualquier pretexto para no venir y evitar servir, ahora ve por la madera, las piedras y el agua. Ah y no olvides traer tabaco…

Me quedé inmutado por las palabras de aquel hombre, y ciertamente no sentía agradecimiento en aquel momento ante La Bestia, eso, también fue algo que tuve que aprender a realizar en el servicio al círculo sagrado…

Seguí entonces la instrucción que me dieron y primero fui a cortar 3 pilas de leña, acarreándolas una por una hasta llegar de vuelta al centro del círculo, donde las deposité, después busqué 40 piedras a las faldas de aquella montaña, la cual siglos atrás había sido un gran volcán, ahora inactivo, las reuní por montones y comencé a llevarlas hasta el círculo, seleccionando cuidadosamente su tamaño y acomodándolas en hileras de 10. Después reuní el agua en 2 grandes cubetas, para entonces ya había caído la noche y el tabaco aún no estaba presente…

El hombre búfalo sacó un pequeño morral de su manga y puso el tabaco al centro, no sin antes expresar:

  • El día de mañana vas a volver y tendrás que reponer el tabaco que hoy voy a prestarte.

Accedí a esta petición, y al hacerlo me permitieron sentarme con ellos en el círculo, en el cual ya comenzaba a correr el tabaco para fumar y ofrendar al fuego, mientras los líderes extendían una oración:


“Hanhepi iyuha mi ihanbla ohinni yelo
Òn sunkmanitutankapi hena, sunkawakanpi watogha hena
Oblaye t’ankapi oihankesni hena
T’at’epi kin asni kiyasni he
Akatanhanpi iwankal
Oblaye t’anka kin
Osicesni mitakuyepi òn
Makoce kin wakan
Wakan Tanka kin òn
Miwicala ohinni – Hanhepi iyuha
Kici – Anpetu iyuha kici yelo
Mi yececa hehaka kin yelo
Na ni yececa sunkmanitutankapi
Kin ka mikaga wowasaka isom
Uncinpi tu weni nitaku keyas ta k’u
Unwakupi e’cela e wiconi
Wanji unmakainapi ta yelo
Anpetu waste e wan olowan
Le talowan winyan ta yelo
Unwanagi pi lel e nita it’okab o’ta
Untapi it’okab o’ta
Na e kte ena òn hanska ohakap
Ni itansni a’u nita ni ihanke yelo”[2]

“Aún sueño cada noche

De aquellos lobos, aquellos caballos salvajes, aquellos prados sin fin

Los vientos turbulentos sobre las cimas de las montañas

La frontera virgen de mi familia y mis parientes

La tierra sagrada del gran espíritu

Aún creo

Cada noche

Cada dia

Que soy como el  caribú

Y tú cómo los lobos que me hacen más fuerte

Jamás te debimos nada

Nuestra única deuda es una vida para nuestra madre

Era un buen día para cantar esta canción

Por ella

Nuestro espíritu se encontraba aquí, mucho antes que tú, mucho antes que nosotros.

Y permanecerá mucho después de que tú orgullo te lleve a tu fin.”

Una vez se rezaron los tabacos, y las piedras lucían de un rojo vivo, el hombre búfalo hizo el llamado para entrar al vientre de la tierra, el Inipi.  comenzó su relato:

  • “Iktomi no era un cazador, no era un pescador y tampoco un buen agricultor; su suerte en la vida se valía más bien de vivir de su ingenio. Así que consecuentemente se encuentra constantemente necesitado en alguna u otra forma. Una bella tarde, Iktomi se despertó en una cueva abandonada en una colina y decidió tomar una caminata. Estaba pensando que debería conseguir algo de comer en alguna parte. Iktomi descendió por la colina y se encontró con un pozo de agua, lo cuál era afortunado porque se encontraba sediento. A medida que se agachó para beber, notó un reflejo sobre la superficie del agua. Tras un momento de confusión, se dio cuenta de que se trataba de su propio reflejo.

Iktomi se encontraba complacido de ver su reflejo en el agua, especialmente debido a que se encontraba a sí mismo bastante atractivo. Pasó así el resto del día admirando su reflejo. Tras el atardecer, Iktomi volvió a la cueva en la colina.

Volvió al pozo de agua la siguiente tarde, aunque se encontraba soleado y soplaba el viento provocando que se dibujaran pequeñas olas sobre la superficie del agua. Ignorando el viento, Iktomi se recostó y observó la superficie del estanque. En lugar de encontrar el atractivo reflejo que esperaba ver, encontró uno distorsionado. En un gesto de incredulidad, cerró sus ojos y los abrió de nuevo, sólo para encontrar una cara que se estrechaba y alargaba. Tras meditar sobre la situación por un largo tiempo, Iktomi decidió que el extraño reflejo en el agua no era suyo. 

Disgustado, decidió ir a buscar comida para poder tener otra perspectiva. Comió algunas bayas de un cerezo y se quedó dormido. El viento trajo consigo unas nubes tormentosas y las gotas comenzaron a caer, algunas de ellas sobre la cara de Iktomi. Pronto cayó una llovizna e Iktomi al sentir la humedad se despertó. Enojado por la lluvia, corrió hacia su cueva. Y por azares de la suerte, pasó nuevamente junto al estanque. La lluvia caía con fuerza; el agua en el estanque era grisácea y las gotas de lluvia la volvían turbia. A pesar de todo, Iktomi se agachó frente al estanque intentando ver si su reflejo se encontraba allí. Una obscura e indistinguible sombra asomó de vuelta. LA sombra no tenía ojos, nariz o boca. Sólo era una silueta oscura. Un poco asustado, Iktomi se apartó apresuradamente hacia su cueva para salir de la lluvia, todo el tiempo preguntándose de quién era la sombra que había visto. Seguramente no era la propia.

Iktomi se levantó a la mañana siguiente, se encontraba hambriento pero a la vez molesto. él se encontraba seguro de que el estanque estaba jugándole bromas. Mientras pasaba por un matorral, Conejo pasaba por allí y saludó a Iktomi. Era un encuentro afortunado, pues Iktomi quería hablar con alguien sobre el estanque. Le relató sobre sus pocos satisfactorios encuentros con el estanque, quejándose de que éste le mostraba reflejos que no eran reales. 

Conejo reflexionó sobre la historia de Iktomi un momento y llegó a una conclusión. Reveló a Iktomi que todos los reflejos eran de hecho suyos, pero cada uno parecía diferente e incluso extraño, debido al sol, el viento y la lluvia. Esta respuesta por supuesto no ayudó en lo absoluto a Iktomi. ¿En cuál de esos reflejos debía confiar, si todos le pertenecían? Le preguntó a Conejo.

La respuesta de Conejo fue simple y contundente. Él no tenía opción más que confiar en todos ellos, sin importar que tan buenos o malos pudieran parecer. Conejo finalmente ofreció un último consejo: “Si no sabes quién eres, no importa lo que creas, porque siempre te verás influenciado por las condiciones de tu entorno”[3]

“Después de una larga noche sentados frente al fuego, luego de que ya se habían rezado todos los tabacos y servidos los alimentos, se cerraba la ceremonia con un temazcal.

Una belleza, pensé, entre el cansancio, el desvelo, y todas las magias que ocurren mientras pasan las estrellas hasta que vuelve el sol, trayendo de vuelta la esperanza que todo pasa.

Entramos a las tiendas del sudor, antes de cerrar la puerta y el viejo empezó a decir:

“Todos portamos una enfermedad, a veces la sanamos, a veces no.

Lo importante es reconocerla, saber cuál es tu sombra, debilidad, para que no te hagas el pendejo con eso.

Si ya has hecho todo esto, vienes a la medicina a conocerte y mirar profundo, si ya te conoces, ya sabes cómo eres.

Cuídate de eso mismo que traes y portas, aunque no te guste, a ver si con el tiempo lo resuelves o al menos lo pones en un lugar que no te desmadre la vida.

ya sabes cabrón, cuídate de ti mismo”

Así, entre risas y silencios profundos, se cerró la puerta, el agua se transformó en vapor transformándonos nosotros también y entramos en la memoria de la casa de las abuelas, mientras sus palabras se hacen parte de mi propia memoria.

Luz y sombras que brillan en la oscuridad.”[4]

Terminada la noche, finalmente le di un reposo al cuerpo, me encontraba cansado y a la vez extasiado por el efecto del temazcal, no obstante, la jornada con los indios apenas estaba comenzando, pues sabía que habría de volver al día siguiente, y así lo hice, esta vez, asegurándome de llevar el tabaco.

El día siguiente transcurrió con lentitud, pues esperaba impacientemente aquel momento en el que habría de saldar finalmente mi deuda con los Indios, pero pronto descubriría que la única “deuda” que habría de saldar, era aquella que iba mucho más allá de la retribución de apenas un puño de tabaco, era una deuda conmigo mismo, una ofrenda en sí de mi propia intención en y para esta vida, la ofrenda que me había negado a mí mismo en la idea y creencia misma de la deuda.

Pasando frente a un cruce de caminos, lanzaba una moneda al aire copiosamente como lo había hecho toda mi vida. Como siempre, solo dejaba que esa moneda decidiera mi destino, lo había hecho toda mi vida. Lo hacía porque en realidad tenía tanto miedo de decidir mi propio destino que era mucho más simple dejar que la moneda decidiera por mí. Y allí estaba yo, una vez más a punto de regalar mi destino a esta idea mía del azar… tal vez es esto lo que llaman absoluto control. Es decir, esta idea me resulta tan cómoda: pensar en el universo en su totalidad completamente organizado, acomodado, ajustado a mi idea del destino, del azar y de la vida; todo en derredor de esta simple, insignificante y estúpido pedazo de metal… llamado formal y mentalmente como moneda, medio de pago, energía de intercambio

A decir verdad, no recuerdo bien cómo fue que obtuve la moneda. No recuerdo quién me la dio, o más importante aún ¿por qué me la dio? ¿si dicha persona la creo o de igual modo la recibió? ¿cómo la llegó a convertirse en el sublime objeto de ésta ideología ahora hecha mía consistente ya fuera del control, la administración o incluso del azar? Pero… ¿qué importa ya? ¿No es acaso cierto que todas esas respuestas puedan simplemente limitarse a la misma respuesta? El azar, la casualidad, la coincidencia… tal y como cuando a un niño se le puede responder que Dios es el creador de todas las cosas… ¡Qué idea tan perfecta, simple y útil para resolver cualquier complejidad o complicación! Porque si la creación y sus creadores, en caso de haberlos, permanecieran como un gran misterio, y el adulto respondiera genuina y honestamente al niño que él mismo no sabe o no comprende cómo fue que éste llego a existir, la curiosidad innata del niño sería alimentada, pero no… no queremos que hagan preguntas, queremos que callen, y dejen de buscar explicaciones ajenas, diferentes o mal llamadas “complejas” a cuestiones que nosotros mismos hemos dejado de cuestionarnos…

Ajusté la moneda entre el índice y el pulgar como siempre lo había hecho, decidido a hacer el lanzamiento decisivo sobre aquella encrucijada de mi vida sin ninguna diferencia o complejo ritual que la distinguiera de las otras mil veces que la había estado arrojando para decidir sobre cada uno de mis pensamientos, mis emociones, mis sentimientos, antes de ese lanzamiento decisivo. La moneda en el aire, girando una y otra vez sobre si misma hasta que fue súbitamente atrapada por una mano que la atrapo en pleno vuelo…

Estupefacto me volví rápidamente para buscar el rostro de quien me había arrebatado aquel momento tan íntimo creado entre el azar y yo… un ente que doblaba mi estatura, de una delgada y delicada complexión vestido en una suave túnica blanca sujetaba la moneda en el aire a unos cuantos centímetros de mi cabeza:

  • ¡¿Qué haces?! ¡¿Por qué interfieres en mi destino?! – grite iracundo.
    • Jajajaja ¡Qué divertido es tener control del destino de los hombres cuando son tan cobardes e irresponsables como para hacerse cargo del mismo! ¡Vamos! seguramente te sientes muy agradecido de que la moneda limite la cantidad de elecciones en tu vida.
    • ¿Qué quieres decir?
    • Digo que en realidad, si tuvieras en verdad tantas elecciones como tú quisieras, no tendrías siquiera la capacidad de decidir por una. Es por eso que a los hombres les gusta el control. O debería decir: les gusta ser controlados.
    • A mi no me gusta la idea de que me vida puede ser controlada… por eso escapé de la militarizada
    • No te gusta que controlen tu vida, pero te gusta controlar la vida de otras personas mediante tus juegos morales y éticos… te gusta jugar con la idea de “la deuda”, pero créeme mi amigo cuando te digo que pronto serás manipulado por tu propia idea…
    • No llevo nada de valor conmigo…
    • Si que lo llevas, llevas más que madera, piedras, agua o tabaco contigo… llevas otra carga, una sutil, pero tanto más pesada…
    • ¿Una deuda?
    • Así es… una deuda, las personas son capaces de hacer lo que sea por culpa… y tratan de compensarlo de alguna manera…llevo demasiado tiempo viendo a los hombres ir y venir motivados por los motivos más absurdos, los más banales, los más traicioneros, pero pocos han sido motivados por el amor, todo depende de lo que entiendas por éste. Después de tantos siglos siempre me he preguntado ¿Qué pasaría si los hombres finalmente amaran al mundo? ¿Sentirían esa misma deuda con el mundo? ¿Y si se amaran genuina y auténticamente a sí mismos? ¿Se darían a sí mismos aquello que tanto esperan encontrar en los otros?
    • Me temo que no entiendo, personalmente creo que las personas hacemos muchas más cosas que no están motivadas por una deuda o por dinero…
    • Allí vas de nuevo con tu negación y tu moralidad, ya sé lo que vas a decir. Vas a decirme que harías muchas más cosas por cosas como la bondad o el amor, pero si tan sólo entendieras el verdadero origen de éste, te darías cuenta de que sólo estas tratando de cumplir con otra de tus deudas, así como la misma moral que aprendiste como regla única a la satisfacción de ese compromiso tanto más viejo como tu existencia misma…
    • El amor es algo más viejo que yo, es algo que se ha pasado de generación en generación porque es algo bueno, es algo que motiva el bien en las personas
    • Jajajaja, y también ha provocado los más crueles y egoístas deseos en los humanos; por amor se han declarado y combatido guerras, se han destruido y erradicado civilizaciones enteras; y lo más irónico es que el simple hecho de que has recorrido la vastedad de éstos infinitos caminos, trazados y definidos para ti desde el día en que naciste, sin atreverte siquiera a cuestionar a tus mentores o incluso a los mentores de tus mentores, hace de tu ingenua, pero inocente idea del amor algo todavía más divertido. Dime ¿Crees de verdad que eres bueno? Si tan sólo entendieras el peso de aquello que estas cargando entre tus dedos, lo cual es más que un metal acuñado, habrías arrojado la moneda lo más lejos que pudieras y aún así, sabrías que jamás estarías libre de la carga que has aceptado llevar sobre tus hombros… en tu consciencia lo único que siempre has tenido que hacer es cargar con esa odiosa moneda tuya dándote lo mismo cual camino recorres o más importante aún ¿por qué lo recorres?
    • ¿De todas formas qué elección tengo? Solo puedo decidir entre un camino y otro y en realidad ¿quién puede realmente decir a donde llevan estos caminos? Jamás se está seguro de nada. La moneda simplifica el camino, facilita el intercambio y el consenso
    • ¿No te has preguntando quien ha trazado éstos caminos? O más importante aún ¿Por qué alguien se daría a la pesada e incansable tarea de trazar estos caminos para otras personas?
    • ¿Qué quieres decir?
    • Digo que eres tan holgazán que ni siquiera has tenido la inconveniente sutileza de considerar trazar tu propio camino, no. Tal vez alguien simplemente se dio cuenta de la holgazanería de los hombres y se dio cuenta de que si él se daba a la tarea de trazar los caminos por los hombres hacia donde él quería que fueran, ellos los seguirían… Es decir, es sumamente brillante, aquí estás siguiendo un sendero sin certeza o idea alguna de a dónde te lleva, por eso el azar tiene sentido. Por eso tu estúpida moneda tiene sentido. Desde luego, no puedes saber a dónde llevan estos caminos. Así, ¿qué más da seguirlos? ¿qué más da lanzar una moneda al aire y dejar que la moneda decida por ti?
    • La verdad es que aún cuando tuviera un millón de caminos más por escoger ninguno de ellos los habría trazado yo. Es decir, ¿Qué más puedo hacer? ¡Es el único camino que conozco!
    • ¿Y qué pasaría si trazaras tu propio camino? Así te asegurarías de que es el camino que has creado solo para ti, yendo solo a donde tú quieres realmente ir.
    • ¿Qué pasaría si trazara mi propio camino? ¡Qué pregunta más estúpida! ¡A donde quiera ir! ¿Y qué pasa si mi deseo es ir por el camino que otro seguramente ya ha trazado y terminó descubriendo que jamás hice mi propio camino? ¿A dónde se supone que trazaré ese camino?
    • Ese es exactamente tu problema: eres demasiado flojo y por lo mismo prefieres y te concilias con cualquier artimaña demasiado astuta de tu propia mente…
    • … No es verdad, no soy, ni me considero superior a otros… mucho menos a la vida misma
    • Te has acostumbrado tanto a seguir el camino de otros que ahora sientes tanto miedo y desconfianza de ti mismo que únicamente puedes confiar en el camino y el método que toda tu vida has conocido. El único que has querido conocer ciertamente, eso es prueba suficiente de tu deliberada y consensuada ignorancia en la cual pretendes cubrirte con el manto de la virtud, cuando el hecho es mi amigo que tienes una moneda en la mano… y eso… es mucho más de lo que un gran, gran número de personas siquiera tiene para llevarse un pedazo de pan a la boca…. ¿quieres hablar de privilegios con tu supuesta humildad? reconsidera tus palabras, sobre todo cuando y si tuvieras que pronunciar esas mismas palabras ante aquellos menos afortunados que tú, porque te garantizo mi amigo, que vas a perder… Crees que la ignorancia es cómoda, y ciertamente es un placebo para mitigar el peso de la realidad, pero créeme que nadie asume las consecuencias y resultados como lo más cómodo, sobre todo cuando la casa está inundada, sus fortunas perdidas y cualquier promesa del futuro finiquitado… Verás, tu pereza no reside en la capacidad o la fuerza para recorrer el camino, sino en la valía de atreverte a pensar en otro.
    • ¿Y cómo iba a pensar en otro? ¡¿Uno nace en este mundo condenado a la muerte y el único deseo sensato es acaso el de mantenerse vivo?! Si bien la vida es una oportunidad aquí, ¿Qué clase de oportunidad se tiene cuando unos nacen en cunas de oro y otros miles no tienen ni medio centavo? ¡¿Cómo no íbamos a seguir el camino de otros que han llegado más lejos que uno, sobre todo cuando lo único que se tiene para seguir adelante es una o dos monedas que como bien has dicho es mucho más que lo que una gran mayoría suele siquiera tener al nacer?!
    • ¿Quién serías si pudieras soltar esta vida que conoces? Tal vez se parece a la muerte el deseo de soltar la vida, pero la vida no es algo que se defina en una sola forma, en un solo camino o expresión, la vida se transforma, transmuta, metamorfosea, y lo que estás tratando de soltar no es la vida, sino el camino…
    • ¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
    •  ¿Cómo han hecho aquellos que pese a haber nacido sin medio centavo logran construir y edificar fortunas mayores que las monedas que tan celosa y egoístamente te resignas a conservar y pelear? ¿Cómo sabes hasta donde habrías llegado? ¿Crees que alguno de quienes comenzaron y trazaron dichos caminos sabía o tenía idea de lo lejos que llegarían, o que tenían algo más que tú para trazar la brecha que trazaron, cuando ni siquiera había una moneda sobre la faz de la tierra? Tan solo piensa en todas las dificultades que has tenido que pasar: todas las insufribles y afanosas situaciones e inconvenientes que has tenido que vivir solo porque decidiste seguir a través de un camino que no sabes quien ha trazado, hacia donde lo ha trazado y más importante aún porque lo ha trazado…
    • Y ¿qué puedo hacer? Qué alternativas nos quedan en un mundo donde todo funciona y se mueve únicamente con dinero…
    • El hecho de que cada uno nazca con herramientas distintas no significa que no pueda hacerse de nuevas. A lo largo de este camino encontraste herramientas y descubriste que otro las dejo atrás. No porque no fueran útiles, sino porque simplemente creyeron que ya no eran necesarias, y justo cuando enfrentaron problemas demasiado complejos, se dieron cuenta de que soltaron las bases de aquello que les había ayudado a llegar tan alto… y así se perdieron… básico no es sinónimo de inferior, básico significa simple y sencillamente la base de todo cuanto se pretende edificar, pero ¿Quién construye un edificio sin cimientos? ¿Quién erige un monumento sin pilares?
    • Estoy cansado de pretender y engañarme creyendo que un nuevo camino hará la vida de algún otro mejor que la mía, cuando honestamente no puedo decir que estoy contento con la vida que he creado para mí hasta este punto de mi existencia…
    • No se trata de pretender, sino de simplemente hacer lo que puedes con lo que tienes, además honestamente lo único que has hecho hasta ahora es seguir el camino trazado por otros, jamás has creado el tuyo propio… recuerda que el camino se va trazando según la situación lo vaya demandando y nuevas herramientas vendrán. Pero no vendrán y no las reconocerás si no aprendes a usar las herramientas que tienes. Si llegas a una colina puedes trazar tu camino alrededor o a través de ella, pero tendrás la certeza del camino que va por delante, no porque se encuentre convenientemente ahí, sino porque tienes la completa certeza de que entiendes porque estás ahí.
    • ¿Porque yo me he puesto y llegado hasta allí?
    • Exacto. 
    • ¿Quién eres?
    • El Destino mismo.
    • ¿Por qué me ayudas ahora?
    • ¿No te cansas de ver a los hombres sin voluntad y sin valor para ejercer su voluntad? Yo si… y llevo mucho, mucho tiempo en esta existencia mi amigo…
    • ¿Has venido por mí? ¿Estoy muerto?
    • Aún no. Solo es un regalo que te doy. Ya nos volveremos a encontrar y entonces estarás listo.
    • ¿Listo?
    • Para llegar al fin del camino, donde nos encontraremos y entenderás.
    • ¿Entender qué?
    • Que el camino lleva a todos a un solo lugar, uno que no necesitan buscar o encontrar, pero los humanos prefieren pasar toda la vida tratando de negarlo y huir de él, que entonces crean toda clase de excusas, juegos mentales e ideas para evitar vivir sus propias vidas… el dinero es un Dios para la mente, pero una excusa para el destino, sobre todo cuando por su misma causa, se justifican los más viles y cruentos actos hacia uno mismo y los demás
    • ¿Cuál es ese lugar?
    • Uno mismo. Y cuando encuentres ese lugar, no necesitaras caminar más, porque todos los caminos se conectarán y el camino serás tú.

Aquel extraño ente extendió de vuelta la moneda hasta la palma de mi mano, depositándola suave y gentilmente sobre la misma, pero apenas devolví la mirada para agradecerle, no la moneda, sino sus palabras, ya se había marchado…

Sus palabras dejaron un amargo sabor en mis memorias, y sería demasiado arrogante de mi parte ignorar el hecho de que me llevó no poco tiempo entender el verdadero significado y sentido de aquella esporádica conversación, sobretodo en un punto tan importante de mi vida como el compromiso que estaba por emprender con los señores de Marte.

Con las escasas herramientas que tenía, empecé nuevamente la ardua tarea de preparar la ceremonia a fin de celebrar el camino rojo; corté madera, acarreé agua, apile y alinee las piedras… y ofrendé el tabaco… no obstante, lo que no sabía, era que el tabaco que había ofrecido del día anterior, no pagaba la ceremonia del día siguiente, y así una vez más la deuda estaba aún sin cumplirse.

Las palabras de aquel gran ser reverberaban una y otra vez en mi memoria y así lo hicieron por 3 largos y exhaustivos años sirviendo ante el fuego para la ceremonia de sanación:

  •  “Siempre podemos culpar a las circunstancias, podemos culpar a Dios y a nuestro destino y ¿por qué no? Podemos culpar a la estúpida moneda. Pero no son las circunstancias, ni Dios, ni la moneda la que decide nuestro destino: somos nosotros quienes dejamos que otros lo decidan por nosotros.

Paso un invierno tras otro y la sanación de mi ser seguía sin consumarse, la deuda seguía sin cumplirse, y un buen día, en una de esas tardes de invierno celebramos la llegada del invierno en el Inipi, celebrar el Invierno es empezar la época de la Paciencia y durante esa semana había estado pensando en el significado de esa palabra, así como sobre las diferentes ideas que he formado alrededor de ésta; me resultó curioso que habláramos de ésta palabra durante aquel Inipi. Los líderes explicaban: La definición de “Paciencia”:

  • “La palabra paciencia describe la capacidad que posee un sujeto para tolerar, atravesar o soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la calma. De esta manera, puede decirse que un individuo con paciencia es aquel que no suele alterarse.”
    •  

Algo que me preguntaba con respecto a la palabra “Paciencia” es la forma en que aparentemente cualquier acto que implique “una espera” es lo mismo a tener “Paciencia”, pero la Paciencia no sólo es tener la capacidad de sentarte sobre tu trasero a esperar que las cosas pasen, la Paciencia también implica movimiento, constancia, persistencia sabiendo que tus acciones apuntan a una dirección hasta que finalmente las concretas, a diferencia de esperar sin una dirección, apuntando a cualquier cosa para ver qué pasa.

De hecho, dentro de algunos de los Inipi, cuando el calor se volvería tanto que empieza a quemar tus orejas, tu espalda y sientes como arde todo tu cuerpo, llevándote al punto de que no aguantas la necesidad de rascarte o arrojarte al suelo, donde la tierra nos abraza con su frescura, tal como una madre consuela a su niño, dentro de mí tendría éste pensamiento “¡Aguanta, aguanta, aguanta! ¡Ya va a terminar!” Y relacionaría ese pensamiento con “tener paciencia”, pero no había paciencia en lo absoluto dentro de ese pensamiento, sino completa y absoluta ansiedad y desesperación para que éste terminara lo más pronto posible. En éste caso, la Paciencia se convierte en realidad en el entendimiento de que uno no sólo “soporta o tolera” el calor, sino que es más como entender que ese momento que estás atravesando tiene su propósito. 

Esa tarde frente al fuego nos contaron una historia acerca del Invierno, la historia de dos cazadores que deben salir a buscar comida en medio del más crudo e implacable invierno; Los nombres de éstos cazadores, eran “Left Hand” y “Nube”:

  • “En medio del Invierno más crudo que haya enfrentado aquella tribu, los jefes se reunieron y mandaron llamar a los 2 mejores cazadores para que buscaran algo de comer, pues la tribu se moría de hambre.
    •  

Left Hand y Nube, sabían que no podían darse por venidos, ni tenían alternativa, debían encontrar comida o morir en el intento, porque no podían permitir que la tribu muriera de hambre. Al salir, la nieve era tan alta, que a cada paso que daban se hundían hasta la cintura en la nieve y en ello se gastaban todas sus fuerzas y su empeño. Pasaron 2 días, 3 días, 4 días y no encontraban comida. En medio del camino Nube cayo en un profundo agujero que había sido cubierto por la nieve, Left Hand lo sostuvo y con todas sus fuerzas lo subió, pero ambos observaron que dentro de aquel agujero había caído un enorme ciervo y ambos dispararon sus flechas con una soga y con lo que quedaba de sus fuerzas lo subieron; con un cuchillo lo abrieron apresurados para comerse el corazón caliente y el hígado, para poder tomar las fuerzas necesarias para llevar el ciervo hasta la tribu

Empezaron el arrastre del ciervo a través de la nieve y como pudieron encendieron un pequeño fuego, cuando entonces en medio de aquel frío llegó un lobo que se encontraba herido de una pata y les dijo a ambos, “hermanos, ha sido un invierno muy duro, mis cachorros están muriendo de hambre, puedo rastrear las presas pero no me es posible alcanzarlas, ¿podrían darme un poco de aquel ciervo?” Left Hand le respondió al lobo: “Lo siento, pero nuestra tribu también se muere de hambre, el invierno es duro para todos y cada uno debe encontrar la forma de sobrevivir” entonces Nube corto un pedazo del ciervo y se lo arrojo al lobo y dijo: “Hay suficiente para todos”, el lobo agradecido por este acto, le dijo a Nube, tú tendrás me habilidad para rastrear presas y ésto hizo enojar a Left Hand.

Ambos continuaron su camino arrastrando el enorme ciervo y en el camino se encontraron a unos cuervos, aves oportunistas que les dijeron a los cazadores: “Hermanos, ha sido un invierno muy duro y no encontramos nada que comer, ¿podrían darnos un poco de aquel ciervo?” Left Hand nuevamente se negó, pero Nube dijo nuevamente “Hay suficiente para todos”, cortó otro pedazo del ciervo y se lo entregó a los cuervos, los cuervos agradecidos le dijeron a Nube: “El próximo invierno vendrá un invierno mucho más fuerte que éste, prepárate bien” Left Hand se molestó nuevamente con Nube y le dijo: “No voy a poder seguir caminando contigo, nos vas a matar de hambre a todos” y Nube sólo le dijo: “No te preocupes, hay suficiente para todos”.

Esa noche acamparon y mientras Left Hand dormía un Zorro apareció y nuevamente le dijo a Nube “Hermano, ha sido un invierno muy duro, soy muy pesado y me hundo en la nieve, no puedo perseguir a los conejos que son ligeros y van por encima de ésta, ¿podrías compartirme un poco de ese ciervo?” y Nube, respondió en voz baja para no despertar a Left Hand: “Hay suficiente para todos” cortó nuevamente un pedazo del ciervo y se lo arrojó; el Zorro agradecido le dijo: “Soy muy hábil disfrazándome y ésta será tu habilidad también”. En la mañana cuando Left Hand se despertó, se dio cuenta de que faltaba otro pedazo del ciervo y molesto se levantó y le dijo a Nube: “No voy a seguir caminando contigo, vas a matarnos a todos de hambre” y Left Hand se fue, dejando a Nube con el enorme ciervo el cual continuo arrastrando como pudo hasta la tribu; durante su camino encontró a un Águila que le dijo: “Hermano, acabo de luchar con un Gato Montes, ha sido un invierno muy duro, ¿podrías compartirme un poco de ese ciervo?” Nube cortó otro pedazo del ciervo y se lo dió al Águila y ésta le dijo: “Sube a las montañas del Norte, la nieve no es profunda allí y hay buena caza, tu tribu no pasará más hambre”.

Nube continuó el arrastre del ciervo, hasta que llegó un momento en el que no pudo más y lo escondió bajo la nieve para protegerlo de los carroñeros, se dirigió a su tribu y al llegar Left Hand se había adelantado y encontrándose con los jefes le preguntaron: “Left Hand nos ha contado parte de lo ocurrido, ¿Qué nos cuentas tú?”, a lo que Nube respondió: “Soy hermano del Lobo, del Cuervo, del Zorro, del Águila y he cuidado de mis hermanos, hay suficiente aún para todos”. Nube los dirigió entonces hasta donde había escondido el ciervo y al tratar de arrastrarlo, no se pudo con 1 ni 2 hombres, se requirieron 4 hombres para poder sacar al ciervo de la nieve y al hacerlo, el ciervo se encontraba completo. Entonces un ciervo blanco se apareció en ese momento frente a la tribu y les dijo, yo soy el espíritu del ciervo, mi carne ha servido para alimentar a tus hermanos y a cambio sólo pido un pequeño sacrificio. A partir de ese día, Nube instruyó a todos los niños y cazadores de la tribu, tenía habilidades que nadie más tenía, como la habilidad para rastrear presas, para esconderse sin ser descubierto, sus flechas raras veces fallaban y llevó a su tribu a las montañas donde tuvieron buena caza y no padecieron ya el invierno.”[5]

Esa noche, tras escuchar aquella historia, finalmente lo entendí, el tabaco en mi puño, tenía un valor, ¿Cuál? El que yo le había dado, siempre pude entregar un puño o diez bolsas, pero lo que se entrega sirve o vale por un compromiso… y lo irónico es que incluso si se ofrendara una pizca de tabaco, sería suficiente, porque el valor no está en aquello que se ofrenda, sino en el que defino y entrego en y como la ofrenda misma… de modo que, ya no ofrendé tabaco “una vez”, sino que me di cuenta que en mi puño había suficiente para ofrendar más de una vez, a cada dirección, a cada punto cardinal, y por ello, me paré ante los jefes, y dividí la cantidad en mi puño, dos veces, y la ofrendé dos veces, una para completar el compromiso previo, otro para saldar finalmente la deuda y concluir así mi servicio como hombre de fuego…

El hombre búfalo me sonrió, La Bestia que observaba detenidamente sonrió de igual modo… habían transcurrido ya 3 años desde el primer compromiso, y ahora finalmente estaba completando la labor… ese día me explicaron el significado de otra palabra Lakota que se emplea mucho dentro del Inipi la cual es: “Aho Metakiase”, esta palabra significa: “Por todas mis relaciones”, pero por todas mis relaciones, significa al mismo tiempo “por mis hermanos, por mis hermanas” es decir hago ésto porque es lo mejor para todos, porque si atravieso este dolor, si atravieso esta prueba, haré un regalo, un beneficio para todos.

Todos tenemos algo que nos duele, y sabemos qué es lo que nos duele, lo cual es algo que nos puede facilitar el “perdonar” y al mismo tiempo ser humildes. ¿por qué? Porque si soy capaz de entender que aquello que existe en mí, “no es algo que existe SOLO en mí”, así como “no es algo que alguien me hizo en mi pasado sólo a mí”, sino que esto que estamos viendo y viviendo en nuestro actual sistema, es el resultado de todo aquello que hemos “aceptado y permitido” que nos defina y limite…

El problema desde luego viene cuando nos aprovechamos “de esas debilidades e inferioridades” para esclavizar a aquellos que “se encuentran atrapados en la ilusión del esclavo”… los cuales no son necesariamente aquellos que “sirven” a la clase “ALTA”. Porque cuando “aprendí a servir” (proceso que he compartido en mi proceso con los Indios Americanos) y hablo específicamente “No de la servidumbre”, sino del “acto de servicio y apoyo a otro ser humano” en ese punto de reconocimiento que es “nuestro Sentido Común”; más evidente se vuelve lo que es “necesario hacer” para que la vida “sea digna para todos” = Paciencia y Perdón con cada persona que conocemos. Porque No sabemos ¿Qué le puede estar doliendo? ¿Por qué es cómo es? ¿Cómo le habrá tenido que golpear el mundo para que llegaran a ese punto, o de abuso a sí mismos o de abuso a los demás?

Es irónico porque, al comenzar a servir con los Indios primero sentía “que estaba obedeciendo como si se tratara de un empleo”, mi labor era específica y su rutina y repetitividad también, y de ésto incluso a veces llegaba a creer y sentir que “estaba esclavizado” jajaja. sin ver que en realidad, “esa fue la mentalidad creada por el sistema”. Lo irónico es que la vida necesita “orden”, pero es tanto el condicionamiento, y el abuso específicamente por el dios que se ha convertido en el dinero, que ya no hay “un acto de amor en el servicio”, sólo un interés especifico en aquello que supone el alcance del interés personal…

¡¿Cuándo olvidamos que el acto de servir es divertido?! ¡Y que es hacer un regalo! ¡Es dar un apapacho! Es ayudar a una persona que, incluso si no conoces… al conocerla y saber LO QUE LE DUELE y trabajar conjuntamente para “sanarnos” = Invariablemente si en el sistema ocupamos una posición de “superioridad e inferioridad”, podemos “liberarnos de nuestra esclavitud juntos”.

Participar tanto de la experiencia de la “Inferioridad, como de la Superioridad” es participar de nuestra propia esclavitud.

Nuestra sanación, y nuestra capacidad de PERDONAR y DEJAR IR se ha visto mermada por el temor a la supervivencia, por los resentimientos del pasado – el cual sólo es la idea formada por el sistema del Quién YO soy, como individuo, y donde la gran mayoría de estos problemas como Humanidad, se deben de igual modo a nuestra sola participación en nuestra idea de la individualidad, la cual es creada primordialmente por la ilusión del dinero – , y lo que el dinero (el cual no entendemos realmente lo que es como un simple medio de intercambio de nuestra labor) se ha convertido en nuestro “derecho a la individualidad”, el cuál irónicamente sólo es posible en un mundo donde TODOS quieren sobresalir, donde TODOS queremos ser especiales y tener nuestros 5 minutos de fama al expresar nuestras opiniones, las cuales pronto se han convertido en las trincheras desde las cuales nos “excluimos y exiliamos del resto”, creyéndonos “exclusivos y diferentes”. Nadie está dispuesto a trabajar como Iguales, dejando cualquier drama o tema personal, puesto que existe aquella labor que nos hace Uno e Iguales en la consideración de las necesidades básicas de cada uno como ser humano, y nuestras necesidades colectivas y comunicativa como Humanidad. Cuando uno necesita “mandar u ordenar” a alguien que haga las cosas por nosotros, o incluso si esperamos que dicha labor simplemente sea asumida por otro, no es el “sirviente” el que es el esclavo… sino uno mismo el que se ha enseñado a “depender” de las habilidades y conocimientos de otros, sólo porque no hemos tomado la iniciativa de involucrarnos e investigar.

Siento pena por aquellos que dependen tanto de los esclavos, y siento admiración por aquellos que, a pesar de su posición privilegiada (ya sea económica, intelectual, espiritual, etc.)  tratan de apoyar a otros como a sus iguales.

Personalmente no quiero que otros que me sirvan, por lo cual me he hecho la decisión y el compromiso de aprender a “vivir sin esclavos”, haciéndome responsable de mí mismo, asumiendo la dirección de mis consumos y necesidades, para que en consciencia de mi entorno, pueda actuar de forma que pueda traer el mejor “resultado” en mis interacciones, donde me apoyo a mí mismo y a los demás a trascender nuestras “limitaciones, creencias, pensamientos y todo aquello que no esté alineado con lo que es mejor tanto para mí como para la vida como UNA e IGUAL.

Esa noche, en el interior del Inipi, el vapor desprendido de las piedras transmutó el centro del Inipi y este en su totalidad en una bóveda en la cual repentinamente nos encontrábamos sentados, y esta comenzó a extenderse por encima de nosotros, una bóveda conformada de mosaicos geométricos que destellaban con antiguas imágenes, en múltiples colores como vitrales y, cada uno dibujando la silueta de un animal, en un estilo similar a las líneas de nazka, y en sus paredes marmoleadas de tonos azulados se dibujaban aquellos antiguos símbolos y signos de los animales sagrados, tal y como el de las culturas primigenias que habitaron la tierra.

Notaba que aunque mi cuerpo permanecía en el centro, mi consciencia podía moverse a través del espacio y las dimensiones de aquella bóveda, la cual, en cada una de sus cámaras internas mostraba sus diferentes y diversas siluetas traslucidas, las cuales permanecían en perpetua transmutación y cambio, pues con cada cámara que dejaba atrás de aquella bóveda, las geometrías de unas y otras siluetas se empalmaban por la luz que provenía del interior, dando lugar siempre a nuevas formas, nuevos colores, nuevas expresiones que siempre era capaz de reconocer tanto dentro, como fuera de mí.

No sería sino hasta la llegada de aquel extraño y divino sueño que la apertura del segundo portal se anunció ante mí… el llamado fue claro y nítido como su permanencia en las instancias más conscientes de la memoria, indicación clara para mí de su poderío y relevancia al futuro cercano; aunado a este, se anunciaba en mí el temor a mi propia vulnerabilidad, el cual me llamaba resguardarme de un distante, aunque familiarísimo peligro anunciado en la plena consciencia de la fragilidad que constituye la propia vida en las manos descarnadas de la muerte.

Soñé que me encontraba caminando en una ciudad antigua, iluminada en su totalidad por la luz de incontables velas; debía andar con cuidado, pues dentro de aquella ciudad habría de recorrer por extensos senderos, todos hechos de tierra y cubiertos por densas y cuantiosas hierbas, tras las cuales aguardaba en cada esquina y cada cruce el intenso aroma del peligro. Pues había de temer no sólo a los guardias del camino, sino a los residentes de aquella vieja y primitiva urbe; sin embargo, sabía bien que todos y cada uno de los allí presentes nos encontrábamos al mismo tiempo envueltos en una gran y señora ceremonia.

Todos los allí presentes éramos viejos y formidables guerreros, por ello caminábamos entre aquellas ancianas rutas, al final de las cuales uno encontraba aquellas casas de arcilla, piedra y granito con techos todos de paja y palmera, en cuyas puertas y ventanas se hallaban aquellas antorchas que iluminaban la casa y el sendero.

En aquella ciudad había una cantidad de vida lujuriante, desbordando de cada rincón y de cada árbol, de cada piedra e incluso bajo cada hoja, tal como si se tratara del más primigenio paraíso; selva y jungla servían de bordes y murallas a la ciudad, con jaguares, cocodrilos y tiburones como sus más antiguos y fieles protectores; aves de las más diversas y exquisitas variedades revoloteaban en la vasta extensión de aquel puro e impecable cielo, con aguas teñidas cual paleta de pintores, con las múltiples crestas y cuerpos de peces de todos los colores.

Más no podíamos perdernos en la singular belleza de aquel paraíso, pues la trampa misma de tan exquisito diseño, auguraba una trampa inadvertida por la mente, aunque familiar al espíritu; y por ello me prevenía de bajar la guardia o las precauciones pertinentes; pues cruzar la mirada o la presencia con el otro estaba prohibido, pues aun cuando se advertían las sonrisas y la alegría que nos invadía de estar allí, no era menos cierta o verdadera la prudencia que habría de guardarse entre nosotros, pues había un peligro indecible en cada uno transmutado en fiera y en guerrero, y tan pronto se perdiera uno del sendero, se corría el riesgo de verse envuelto en el combate, y perderse así por completo del camino…

Todos corríamos un gran peligro a cada instante, más aguardábamos al mismo tiempo aquella “cura” a la sanación de nuestros males… esa era la ceremonia. Y no obstante, había una ceremonia dentro de la ceremonia, en la primera de ellas se habría de caminar sólo, detentando y paladeando la fórmula de Hoffman. Y me parecía en ella caminar de una noche a otra, pues el amanecer no estaba a la vista, ni en uno u otro horizonte, ni cercano ni lejano, ni para mí ni para nadie; más no por esto la noche era menos amena, pues esta me arropaba con un cálido viento que cobijaba nuestros males con un aliento sereno, y una tregua ritualista… ver, oír y callar…

Un viejo maestro, uno de tantos que me educaron en arte y espíritu, habría de acompañarme durante el transcurso de la segunda ceremonia, la cual tomó lugar en un espacio secreto, al otro lado del mar. Ahora tenía la certeza de que me encontraba en la playa, y no en una playa cualquiera, sino en una gran isla; allí estaba en un punto difuso entre el Cielo y la Tierra, al pie de aquella gran ceremonia, y a pesar del medio que aún me invadía, me sentía protegido por la sabiduría de mis maestros, quienes caminaban todos conmigo, como uno y el mismo en mí, como un todo e igual.

Veía volar en la distancia un águila que cruzaba el mar, al emprender el vuelo, aún era joven, al comenzar a planear cerca del agua para atrapar alguna presa, ya era adulta, y al elevarse de vuelta al cielo tras atrapar un enorme pez, comenzó a expandirse y a volverse tan grande y colosal, que la envergadura de sus alas, abarcaban casi la totalidad del horizonte descrito en la azulada curvatura del cielo, para entonces era anciana y leyenda; así se elevó más allá de las nubes, ascendiendo hasta las estrellas. Recuerdo que fue tanto mi asombro ante aquel sueño, aquella visión que me envolvió una paz de tal profundidad que ya no tuve temor a la muerte.

Al despertarme supe con certeza, que aun cuando me era imposible decir si seré tan grande como aquella Águila, podía afirmar sin temor a equivocarme, que no quería ni aceptaría en mí una vida ordinaria, comprometiéndome en esta vida a hacer de mí mismo más que un Héroe, pues aspiro a ser Leyenda. Apenas unos instantes posteriores a estas palabras pronunciadas a mí eseidad, el segundo portal se reveló ante mí, el cual me trasladó hasta las playas donde un buque de las fuerzas armadas esperaba por mí, una isla a la cual sólo se podía llegar tras un viaje que duraría más de 11 horas en el denso y oscuros océano…

En el interior de aquellas paredes, encontré al segundo señor de aquel inframundo, un joven soldado desertor de las líneas fronterizas del Norte, allá por las guerreras tierras del Sinaloa; nieto espiritual adoptado por uno de los altos y obscuros señores del inframundo; a quienes servía personalmente desmembrando y pulverizando en el olvido, los cuerpos de todos y cada uno quienes caían víctimas del cartel de la droga. Él fue despreciado por sus padres desde los 5 de edad, quienes lo echaron a la calle dejándolo a su suerte, en las mismas sobrevivió por cosa de un año, hasta que el Cartel lo acogió entre los suyos y lo instruyó como al mejor de los soldados. Desde los 7 años el ya andaba con pistola, siguiendo órdenes de matar a todo aquel que no perteneciera al Cartel y sirvió al pozolero cortando y mutilando los cuerpos que posteriormente habrían de disolverse en ácido…

Aunque ahora preso y recluso de la ama, guardiana y señora de las puertas de aquella prisión, el no había perdido ni un poco de su poder, pues dentro de la prisión se sabía amo y señor de otros grupos, el debía de ser vigilado las 24 horas al día, los 7 días de la semana, con un único guardia parado a su lado sin importar la actividad que realizara: comer, dormir o cagar, el sería y debía ser observado, pues no por gratuidad, y como resultado de tan diestra instrucción militar, aprendió y supo fugarse de los centro de máxima seguridad, y no lo hizo una vez, sino 3 veces… sabía sobrevivir en el desierto y construir radios compuestos de basura para comunicarse con el exterior… y por esa misma circunstancia lo tenían sedado con fuertes dosis de Clonazepam 3 veces al día… todos los días…

  • Tú eras un soldado antes de llegar aquí ¿cierto? Dime ¿Por qué un soldado acata la orden de tomar las vidas que supuestamente jura, día tras día proteger frente aquellos lábaros patrios ante los cuales es forzado a repetir su estúpido y bélico himno, el cual repiten y cantan con palabras tan vacías como sus corazones en el cual ni siquiera ellos o las personas que los diseñaron o los escribieron creían realmente? Porque de lo contrario ¿podríamos ver ante nosotros el mundo que enfrentamos hoy día?
    • Jajaja, es ahí donde te equivocas niño… el trabajo del soldado jamás ha sido el de proteger y servir a las personas, sólo sirve a la nación y a la patria, la cual está fundamentada en las bases y los pilares de la esclavitud… no te engañes a ti mismo, tú de igual modo fuiste impulsado a unirte al ejército por los mismos intereses de convertirme y verte a ti mismo como “el héroe”, que no son otra cosa sino los asesinos de otros asesinos. El trabajo del soldado consiste en aprender, memorizar y programar en su cuerpo y en su mente la acción del asesinato.

El soldado, el guardia, el policía o el criminal, agudizan y perfeccionan sus habilidades al punto en el que se sienten “orgullosos de ellas”, y aún en el momento en el que toman la vida de una persona, poco antes de deliberadamente apartar la mirada a la moralidad y justificar sus crímenes con su supuesta “superioridad moral”, ninguno puede evitar aquel momento de satisfacción que viene justo antes del acto mismo del homicidio, en el que se sonríe internamente al jalar aquel gatillo, susurrando en nuestros adentros: “Gané…” o “Te tengo…”

  • Eso es mentira, es verdad que quería pelear, y que quería tomar las armas, pero porque dentro de mí también quería hacerle frente a las personas que abusan de otros para tomar lo que no les pertenece.
    • ¡No, tú deja de mentirte a ti mismo niño! ¡No pretendas que no escogiste esto y que no te ponías ese uniforme, puliendo cada medalla, afilando cada cuchillo y estudiando cada arma esperando que cada puta mañana tu vida fuera de otra forma!
    • Recuerda bien mis palabras… lo único peor que la muerte, es apartar tu mirada de esta, y aún peor que ello, es pretender apartar los juicios de tu mente con ideas y excusas como “sólo hice lo que era necesario, sólo estaba siguiendo órdenes, es que no tenía otro camino”; e incluso aquellos que hipócrita y cobardemente claman: “Lo hice porque quería vivir, porque era su vida o la mía”, escucha bien cuando te digo lo siguiente:

Si de verdad vas a tomar la decisión de matar a alguien, más vale que lo mires a los ojos, porque créeme cuando te digo que… esas personas, jamás… JAMÁS te van a olvidar… y si tu vida, no sirve al propósito y principio mismo de traer verdaderamente un mundo que sea el mejor para todos, más vale que te prepares para enfrentar a las personas ante las cuales habrás de responder una vez que te reúnas con ellos. Porque ¿de qué sirve tu vida o el sólo hecho de vivir en sí mismo si sólo estás aquí para tomar y arrebatar de otros en tu egoísmo y pretensión de alcanzar y saborear tu propia gloria? Si vas a pelear, pelea por algo que tenga sentido…

Toda prisión es un laboratorio social, y la isla… era un laboratorio sumamente especial, uno en el cual se podían realizar pruebas que en ninguna otra prisión del país podían llevarse a cabo, pues una vez establecida la totalidad de la isla como una “colonia”, en la cual no sólo se retenía a personas bien conocidas por los crímenes que habían cometido, sino que de igual modo se les permitía a dichas personas “convivir” con sus familias, trayendo de este modo a mujeres, niños y personas sin, digamos “perfiles criminales o tipificados” a un mismo punto, en el cual se les podría observar detenidamente, sabiendo de antemano la clase de problemas que podrían y habrían de surgir, no sólo entre los internos y guardias como ocurre ya en toda prisión, sino de igual modo entre las mismas familias y personas sin dichos perfiles tipificados…

  • ¿Cuál era el objeto de dichos estudios? ¿Qué trataban de alcanzar o de comprobar según usted?
    • Aquí la clave está en la misma palabra “permiso”, ¿Por qué le permitirían a criminales de la peor calaña acceso a un privilegio que, escúchame bien esto, en ninguna otra prisión del mundo se les iba a permitir?
    • … ¿Para hacerles creer que estaban consiguiendo un privilegio?
    • Eso fue sólo en el primer momento, cuando dicho acceso fue concedido por primera vez en la historia del país, lo interesante, está en lo que ocurre después de que, como tú bien sabes, la gente comienza a “acostumbrarse a fortuna o buena suerte”, cuando los problemas cotidianos comienzan a surgir, y tienes la oportunidad de poner al pederasta, al asesino, al pandillero, al estafador y todos los demás juntos en la cercanía y la vecindad los unos de los otros… observando detenidamente lo que tú ya sabes, que en realidad existe en todos y cada uno de los seres humanos… aún si lo niegan, aún si lo esconden, aún si por azares del destino o la buena suerte, han sido un poco más astutos o más tontos, o más cobardes que los criminales a quienes si han agarrado. Lo único que necesitas es esperar y ver las interacciones, observando qué castigos son los más eficientes, que privilegios puedes quitarle a una persona que se ha acostumbrado demasiado a creer que “es libre…” dime ¿No sientes después de una semana aquí que todo este lugar, con sus hermosas playas, su naturaleza, su comida y convivencia de semi-libertad con los internos, que la prisión de alguna manera desaparece y que el futuro se ve brillante y prometedor?
    • Creo que estas exagerando, ¿por qué no habría de ser así un auténtico modelo de re-adaptación social? ¿No es acaso el propósito mismo de las prisiones conseguir que los internos vuelvan a confiar en el sistema mismo?
    • Si de verdad fuera así niño… mi pregunta en realidad sería ¿por qué han esperado tanto para implementar este mismo modelo en cada uno de los 500 ceferesos del país? ¿Por qué no han hecho ya de este un mundo mejor si tanto les importa la re-adaptación social como tú dices?
    • El propósito de la prisión, no es reformar criminales, mucho menos liberar prisioneros, sino el de simplemente perfeccionar el sutil arte de modelar esclavos; no tengo que decirte que la prisión fue de hecho una creación desprendida del sistema educativo, el cual se originó en y a partir de las guerras civiles que los padres poco a poco perdieron ante el sistema, logrando que estos se rindieran ante los poderes gubernamentales para delegar la educación de sus propios hijos a los que habrían de hacer de ellos los perfectos empleados; pero desde luego siempre había y habrá que hacer algo con aquellos que, incluso tras los siglos de perfeccionamiento de estos mecanismos, continuaban y continúan resistiendo los humanitarios poderes y sutiles controles del padre, el Dios de todos esos estúpidos incrédulos que ofrecen voluntariamente su lealtad y obediencia al sistema que no se atreven, ni se atreverán a desafiar.
    • Pero ¿a dónde vas con todo esto? ¿Por qué sería importante o siquiera relevante mirar a la isla como un campo diferente o especial al resto de las prisiones?
    • Porque lo más interesante, no es lo que ocurrió aquí en y cuando era aún una colonia, cuando aún contaba con sus primarias y sus escuelas en las cuales acudían no sólo los hijos de aquellos que habían sido privados de su libertad, sino de igual modo los internos a quienes se les ofrecía una segunda oportunidad; sino aquello que ocurrió justo después que decidieron simplemente arrancar de raíz todo eso, sin provocación o advertencia alguna, sin negociación o tregua a considerar alternativas a aquello que estaban haciendo. Cuando comenzaron a dejarlos encerrados negándoles el agua y los alimentos. Fue entonces que comenzó a emerger la verdadera naturaleza escondida dentro de y detrás de cada uno de ellos… la cuestión es. Si con y gracias al resultado de estos “experimentos sociales”, sabían de antemano lo que estaban por desatar en el momento que llamaron a la gente a encerrarse por meses en sus casas, perdiendo sus trabajos, sus ahorros, sus futuros… y en el caso de muchos países, incluso el acceso a la nutrición y alimentación básica… ¿Por qué llamar a la población entera a una cuarentena a causa de un virus que, se ha demostrado ya por virólogos de todo el mundo que poseía un índice de mortalidad no superior al 0.8 %… incluso tal vez el 1.3%…, aunque invariablemente de la diferencia entre dichos porcentajes, el resultado sigue siendo simplemente insignificante a comparación de la cantidad de muertes anuales resultado de otras enfermedades como el Resfriado común, el Dengue, y esto sin mencionar el Cáncer o la Diabetes? Observa bien lo que te digo: Lo mismo que obligan a los internos a hacerse entre ellos, lo mismo ocurre y ocurrirá con la sociedad en los tiempos de crisis; crisis que son controladas a voluntad por aquellos mismos que adiestran y crean las ovejas y el ganado, que responde discreta y lealmente a la campana que les llama de vuelta a los establos, tal vez para hallar allí alimento o tal vez para encontrar así el destino último de su noble y expedito sacrificio. La decisión última de este destino, esta dictaminada por los mismos que detonan las alarmas que pronto habrán desatar las estampidas necesarias y suficientes para sumergirlos a todos en el terror.
    • … Me estás diciendo que están tratando de desatar una guerra civil…
    • Tú lo dijiste, no yo… recuerda, el guardia al interior de la prisión es el mismo humano que ha sido programado a seguir las mismas órdenes que el criminal; órdenes que anteceden toda instrucción u ordenamiento policiaco, militar u combativo. El eje mismo que antecede la decisión del llamado “libre albedrío” está determinado por el principio del condicionamiento que llevará a las personas a pensar en la necesidad de “conseguir eso que les han enseñado que tiene valor por encima de la vida misma”, si quieres comer necesitas dinero, si quieres beber necesitas dinero, si quieres satisfacer cualesquiera de las necesidades del cuerpo, el dinero es el principio y el fin de la decisión consecuente que el individuo habrá de tomar para garantizar su supervivencia… Y desafortunadamente, ni siquiera las personas que nos han instruido a todos y cada uno de nosotros en y bajo el mismo condicionamiento son necesariamente conscientes de ello, para ellos simplemente es lo que es… el sistema necesita y demanda esta clase de instrucción para poder salvaguardar la integridad de lo más amado.
    • ¿De qué estás hablando? Pues ¿Quiénes pujaron por dicho condicionamiento? ¿Los maestros en la escuela?
    • No… nuestros propios padres.
    • Ok, pero ¿Cómo ocurre eso según tú?
    • ¿Recuerdas cómo era ser regañado y castigado por tus padres cuando trataban de tenerte porque, de lo contrario romperías todas aquellas cosas que, por momentos parecían ser más valiosas y valuadas que tu propia vida?
    • Jajaja, ¿cómo puedes decir eso, no valoramos más las cosas que la vida humana?
    • ¿Si tan seguro estás de ello, entonces dime, no sentías acaso que cuando se enojaban contigo e incluso te pegaban por haber roto aquel valioso recuerdo o aquel valioso y costoso regalo, parecía que defendían más eso que a ti mismo? Por el simple y sencillo hecho de que a ti estaban más que dispuestos a pegarte y hacerte pagar y entender por lo que habías hecho, lo que habías roto, lo cual no era el objeto en sí, sino algo dentro de ellos, la emoción y el valor mismo atado a aquel valioso objeto. Mientras que tú eras enviado día con día a aquella institución de mierda y te dejaban a cargo de gente que no conocías y a quien ciertamente no les importabas una mierda, porque no eran tus familiares, ni siquiera personas que fueran tus amigos, simplemente te dejaban allí y te forzaban a convivir con toda esa gente que te molestaba y que detestabas. Incluso el bully alfa siente la represión de aquellos contra quienes tanto lucha y se esfuerza por desobedecer, con tal de mantener libre aquella libre, cínica y hedonista expresión incondicional que somos cuando aún no hemos pasado por tanto trauma, por tanto dolor…

O dime… no te ha pasado que cuando ves a un niño corriendo, gritando, y divirtiéndose incondicionalmente tanto como tu solías hacerlo, que vienen estos pensamientos en los que te imaginas diciéndole “lo imbécil que es, lo maleducado que es, lo egoísta y desconsiderado que es”… ¿de dónde viene todo eso? Es decir ¿Quién rayos lo está diciendo? Es una voz en tu mente, no eres tú…

 obedeciendo es mi temor a la pérdida en sí mismo, en lugar de detenerme a cuestionar en honestidad conmigo mismo el origen de estos miedos en los cuales puedo ver cómo tengo miedo de que sean mis propios padres los que ahora me castigan por haber perdido esto o aquello, porque ellos me enseñaron que “las cosas tienen un valor” y que “ese valor se mide en el costo y el dinero empleado en la compra de todas y cada una de esas cosas que, tuvieron que conseguir a través de esclavizarse a sí mismos al sistema que tanto detestan” como las vidas mismas que tanto detestan tener que vivir

  • ¿Por qué estás haciendo esto? Es decir, es muy noble y todo, pero ¿por qué un ex miembro de uno de los carteles más sanguinarios, está ahora arriesgando su vida, su integridad física y mental al servicio de algo que ni siquiera él mismo comprende? Porque dices estar al servicio de la vida, bueno ¿qué es la vida para un hombre que no ha hecho otra cosa sino destruirla para sí mismo y para los demás? Te consumiste en las drogas que de igual modo pusiste al alcance de otros… ¿Qué es eso que ahora tratas tanto de salvar de la tiranía de aquellos que gobiernan el mundo? Es decir ¿cómo has llegado a convencerte de que ESTO que ahora tratas de cambiar no es en sí la vida, lo cual parece ser ciertamente la creencia de muchos de los otros internos aquí?
    • Porque si es que queda en ti, aunque sea el más mínimo ápice de inocencia, te darás cuenta de que no hay nada más contradictorio a la vida que la permanencia, y no hay nada más contradictorio al cambio que forzar las cosas a permanecer de la misma forma sin admitir o aceptar que nada dura, ni persiste por siempre. Tal como el adulto que se niega a aceptar la muerte, tratando por todos los medios de crearse un cielo allá en alguna parte de su cobarde intento por perder aquello que tanto desespera controlar… su propia mente, lo cual es lo único que ha aprendido a amar… no amamos la vida, la controlamos, la despreciamos, la destruimos y aniquilamos y a nosotros con ella… pero no nos importa porque, carajo mira cómo estamos progresando, mira todas las comodidades y los lujos que nos hemos creado a costa de la erradicación de la vida, su transmutación alquímica en algo que no es, ni está vivo… está tan muerto, frío y podrido como el oro mismo al cual damos y ponemos tanto valor. Incluso si está manchado con la sangre de millones de vidas, incluso si está impregnado con el aroma de los infinitos cadáveres apilados en la pirámide sobre la cual hemos permitido a los tiranos construir y edificar sus imperios… ¿por qué humanidad? ¿por qué disfrutas el brillo de los diamantes manchados con la sangre de los niños a quienes se les ha hecho masticar el corazón de sus hermanos? ¿Por qué disfrutas del dolor desprendido del llanto de aquellas madres a quienes con tanto ahínco te has esforzado por reducir a menos que perras, putas y rameras?
    • … Eres muy valiente…
    • ¿Por qué lo dices?
    • Porque aun cuando tu vida no es, lo que muchos han creído y llamado “la vida que uno debería hacer”, creo que tampoco tu vida es, ni ha sido fácil…
    • No… no es fácil…

No me fui sin darle un abrazo, ciertamente una de las experiencias más desafiantes y extrañas en mi vida… no es común que los demonios den abrazos, pero allí estaba yo abrazando a la muerte descarnada, cubierta con la sangre de aquellos cientos de miles de humanos destazados por sus propias manos, parándose firme y gallarda con aquella corona conformada por sus enormes cuernos encendidos en llamas…

Encontrándome entre sus brazos, no pude evitar preguntarme si ¿podría considerarme a mí mismo afortunado por haber sobrevivido la sola presencia y el abrazo de aquel señor del inframundo? Sabía que, aun encontrándose drogado con aquellas poderosas dosis de Clonazepam, no olvidaría mi rostro y de una cosa estoy seguro… yo jamás voy a olvidar el suyo.  Me sentía victorioso, y al mismo tiempo no podía sino maldecir las fuerzas que me habían invitado a una reunión tan aterradora con un ente de semejantes proporciones…

Podía escuchar en mi interior y sentir las miradas de cientos de entes que me advertían del peligro, y al mismo tiempo gritaban y denunciaban iracundas mi torpeza e hipocresía a estrechar “tregua y compasión” a quien los había erradicado sin piedad o misericordia…

El guardia me llevó hasta la puerta y sabiendo que una vez la cruzara no nos volveríamos a ver, emprendí la marcha en silencio, sin mirar atrás…

De la insondable oscuridad de la celda, surgió el alma perdida de una memoria que difícilmente recuerda. Apareció de noche y me acompañó hasta que pude recordar. El olor era inconfundible porque la muerte estancada no sólo tiene un hedor a podrido, sino a un alma podrida. Lo supe apenas lo percibí. Mis ojos comenzaron a lagrimar, mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi espíritu buscó defenderse ante las alucinaciones taciturnas, de ese ente perdido. Mi cuerpo se mantenía inmóvil en la extraña posición que había adoptado apenas me contagié del miedo.

¿Es razonable hablar con la muerte?, me preguntaba a la vez que pensaba qué decirle a aquella identidad que conocía la respuesta de la duda final de toda religión: qué hay más allá de la vida. Mis pies se empezaron a entumir y cuando menos lo esperé mis dedos ya no formaban parte de mí; en cuestión de segundos los había perdido. El frío dolía, anunciando así la llegada de la ausencia de cuerpo.

Trataba de evitar el miedo, de negarle la entrada y sacar a aquél que había entrado en mi momento más vulnerable. Era más difícil de lo que había pensado, pues el miedo se nos figura humano, más no por ello nos sujeta a lo corpóreo; incluso el miedo desaparece cuando muere la vida. En cuanto a la entidad, evitaba buscarla en la oscuridad, pero su carencia de forma alimentaba la duda y obligaba a mis ojos a permanecer abiertos, intentando enfocar la muerte.

En ese momento el hedor había dejado de ser parte de la escena para convertirse en una identidad real. La sentí, pues con sus dedos tentó mi cuerpo, lo acarició con inimaginable nostalgia y lloró; el sonido más terrible que un hombre es capaz de escuchar. Por fin pude recordarlo. Y así desapareció, sin decir nada, tatuando su memoria en mi piel. La brillante luz taladraba la retina de mis ojos, los cuales poco a poco se incorporaban a la trama de la vida. No había muerto; ni siquiera me había encontrado cerca de estarlo; pero sentía con claridad que una parte de mi era devuelta a lo físico; nuevamente podía sentir la densidad de mi cuerpo, el castigo de la impiadosa gravedad sobre mi cabeza, e incluso la densidad del aire y la masa del mundo habían sido devueltos a su sitio, aunque por momentos se me antojaba la idea de extender mi mano para probar su ligereza, tal vez ésta flotaría con ligereza en el espacio y de la misma suerte podría enviar mi cuerpo a navegar entre las moléculas del espacio, pero no, todo había vuelto a la normalidad

Las paredes, los olores y miradas de las personas en aquellas celdas, no dejaban de traer aquellas vívidas memorias de las noches en el internado en aquella institución militarizada, sobre todo aquellas en las que nuestro escuadrón era llamado a desfilar con el traje de gala para conmemorar alguna falsa y pretensiosa fiesta, so pretexto de avivar la llama de aquellas mentiras que llamábamos “nuestros héroes patrios”. Nada más irrisorio que ver a la gente conglomerarse para celebrar con cualquier pretexto aquellos dulces venenos que beben y pujan por sus gargantas, los cuales son en realidad los únicos y verdaderos héroes que importan en la mediocridad de estas vidas sin sentido; vidas dedicadas a recordar y celebrar los motivos mismos de su amada esclavitud, así como su infame y falsa independencia.

Independencia que llega con la ilusión misma de nuestra supuesta individualidad, la cual es otorgada por el contrato implícito con el sistema que aceptamos sumisamente billete tras billete, cheque tras cheque, quincena a quincena.

¿Cómo olvidar el día que la trompeta entonó el toque de guerra estando nosotros aún en las aulas de clase? Haciéndonos salir a todos disparados por la puerta descendiendo aquellos escalones, al pie de los cuales se encontraban ya los oficiales repartiendo armas de todo tipo, desde estacas y martillos hasta pequeñas hachas de mano improvisadas con los respaldos de las mismas bancas que nuestros cuerpos solían ocupar para tomar las mentadas instrucciones del manual de Carreño…

Uno a uno nos apuntalamos en cada esquina, cada puerta, cada rincón que daba a la calle de aquella institución, la cual se encontraba franqueada por las unidades de policía que habían secuestrado al comandante… todo como resultado de un pequeño ajuste de cuentas orquestado por el hermano del comandante, no más que una vieja disputa entre hermanos que apostaban por el destino de aquella intangible mina de oro valuada en y por la extensión de las propiedades dispuestas a nombre de la institución, aunado al costo de la producción de uniformes, equipos y, no menos importante, la fuerza misma constituida por el cuerpo que constituíamos todos y cada uno de los futuros agentes que habríamos de conformar el futuro de los cuerpos policiacos y militares.

Prueba misma de nuestra “programación”, residía en el hecho de que con un solo llamado de la trompeta, habían logrado reunir a una fuerza de más de 3 mil niños, llamados formalmente simples cadetes, a disponer nuestros cuerpos y nuestras vidas con las más simples y patéticas armas a enfrentarnos a oficiales armados para defender los intereses de aquel par de imbéciles que no tenían el menor interés por nuestros futuros o nuestras vidas…

Yo quería entrar al ejército, para matar gente de manera legal…no para servir a la nación, sentía clara y firmemente el deseo de cumplir con aquel cometido mismo que desesperaba por devolverme algo de ese “valor y poder” que creí perdido, tras haber sido forzado a comer del basurero, mientras era forzado a entregar mis alimentos fiel y sumisamente a quienes estaba obligado a llamar “sargentos y oficiales”, quienes eran no más que simples seres humanos disfrazados con una o dos medallas más que las mías; aquellos a quienes había aprendido a temer aceptando todas y cada una de sus patadas, golpes, insultos e incluso aquellos latigazos que recibíamos con las cuerdas de rapel, ante los cuales no debíamos, ni podíamos ejercer resistencia u objeción alguna.

Los oficiales supervisaban cuidadosamente que los arrestos, castigos y reprimendas se distribuyeran correcta y fatalmente entre los sargentos, quienes al mismo tiempo habrían de distribuirlos y forzarlos al resto de sus subordinados; una cadena perfecta que aprende a temer e incluso a admirar “el galardón”, símbolo mismo de la libertad que implica para la mente del esclavo, recibir de las manos de su opresor, la suerte y destino de otros esclavos… no entendíamos que no eran el título o el galardón lo que hacía la obediencia y la disciplina posible, sino el temor mismo existentes en todos y cada uno de aquellos educados a voluntad y diseño mismo del patriarcado.

¿Qué clase de soldado asume aquella fatal consecuencia de saberse dueño de su propia vida? ¿Qué soldado es entrenado a enfrentar, no su temor a la muerte, sino su temor a la vida? ¿Qué soldado es educado, entrenado y adiestrado a asumir su propio sentido común y plena consciencia como principio rector, en lugar de obedecer fiel y ciegamente las instrucciones de algún otro imbécil por encima suyo, con tal vez una o dos medallas más, uno o dos rangos encima del suyo, los cuales sirven única y exclusivamente para recordarle los motivos mismos por los cuales ha de saberse un eslabón por debajo de aquellos otros humanos a quienes ahora, se ve obligado a superar en las mismas pruebas insensatas que aparentemente prueban de alguna manera su valía como persona, como individuo y como ser humano? Ninguno… todos obedecen siempre la cadena… sobre todo cuando la cadena misma empieza en la consciencia, al grado que los pensamientos, no son otra cosa sino esas órdenes programadas e instruidas desde el momento mismo en que gateamos en el sistema educativo.

 ¿Qué soldado podría reconocer honestamente, que el motivo mismo por el cual besa tan sumisamente la mano de sus amos, es el mismo que mantiene al criminal y al empleado sumisos ante el sistema que tanto temen hacer frente por cuenta propia? El mismo sistema que mantiene al hijo temeroso del padre, y al padre temeroso del padre de su padre

Creyendo ingenuamente que de este modo recobraría el valor ante la imagen de mi propia cobardía, la cual me imposibilitaba y refrenaba a mí mismo de vivir y asumir la responsabilidad de mi propia existencia…

En la militarizada había una psicóloga, una mujer de una belleza verdaderamente despampanante, no exagero, no había hombre o mujer que pudiera evitar ser deslumbrado por su belleza cuando se hacía presente entre los pasillos de aquella institución.

Y es que esa belleza que irradiaba, no sólo se debía a una “cara bonita, o una sonrisa angelical”, sino al simple y sencillo hecho de que mostraba un verdadero interés por el bienestar y la seguridad de todos aquellos que nos encontrábamos en aquella institución…

No obstante, es fascinante lo mucho que “una mujer desaparece ante los hombres cuando es demasiado hermosa”. Como si sus habilidades y su ser pasaran desapercibidos, porque simplemente uno está embelesado por la apariencia externa.

Y es que como varones, y sobre todo en una institución donde la competencia por demostrar las capacidades físicas y mentales, reflejadas no sólo en el quehacer de la persona, sino que cada pieza del uniforme está diseñada para demostrar y galardonar “algo” de ese macho imbécil que se nos educaba día con día a ser, era muy fácil perder de vista a aquel ser humano, llegando a confundirla incluso con “otro galardón” para el uniforme…

El día que finalmente la conocí, más allá de sólo limitarme a verla y admirarla desde la segura distancia que me permitía apartar los cuantiosos juicios hacia mi persona y las innumerables imperfecciones y cicatrices de mi rostro (y sobre todo con la clase de juicios que pueden invadir la mente de un puberto…) fue solo hasta el momento en el que literalmente me vi “forzado” a presentarme ante ella, puesto que me había llamado a su oficina para realizar la rutina de conocer a todos y cada uno de los cadetes.

Aún recuerdo el momento en el que entré a su oficina, me faltaba el aliento, sentía que en cualquier momento tropezaría con mis propios pies, porque no podía dejar de temblar ante ella.

Y si… no me atrevía siquiera a verla a los ojos… era demasiado hermosa… y yo me detestaba tanto a mí mismo al verme al espejo cada mañana, que en el momento que me senté y me preguntó mi nombre, respondí un extraño y torpe balbuceo; evidentemente no me entendió y cuando me pidió que lo repitiera de nuevo, simplemente comencé a llorar…

Mantuve la cabeza agachada mientras trataba de responder de nuevo a mi nombre, ella extendió su mano hasta mi barbilla y gentilmente levantó mi rostro hasta encontrarme frente a frente con el suyo.

Lo primero que vi fue aquella cálida sonrisa y sus ojos que brillaban irradiando alegría y gentileza.

Sin embargo, un detalle significativo llamó mi atención en el rostro de aquella mujer; y es que su rostro, el cual a la distancia parecía impecable, perfecto y angelical, de cerca evidenciaba algunas cortadas escondidas bajo el maquillaje, y estas no eran “pequeñas cortadas” que uno se hace en algún accidente, eran cortes profundos que recorrían su frente y descendían hasta la nariz, así como una cortada igualmente profunda en la zona de la mejilla que se desplazaba hasta el labio…

Me contó que una persona que decía ser su padre, le había hecho eso, y le hizo creer que ella no valía nada, lo cual ella creyó por muchos años, hasta el día en que decidió no tolerarlo más. Esta fue su historia, y ciertamente nuestra historia…

  • Wendy: “Desde que te vi, pude notar que venías cargando con algo” (En este punto de mi vida ya había pasado por la primera escuela militarizada, aunado al abuso sexual en la misma, esta era la segunda institución militarizada en la que había ingresado poco antes de tratar de hacer mi examen de ingreso a la fuerza aérea)

Le respondí molesto:

  • “¡¿Qué sabes de mí?! ¡¿Crees que me conoces sólo por lo que leíste en mi expediente?!

Sin alterar su sonrisa o la calidez de su mirada me dijo:

  • Wendy Te sorprendería saber la cantidad de historias que escucho y que se comparten aquí, estoy al tanto de las cosas que llegan a ocurrir en lugares como éste”
    • Wabi- Si sabes todo lo que ocurre aquí ¿Por qué no levantas la voz? ¿Por qué sigues trabajando en este lugar? (pregunté)
    • Wendy- ¿Tú crees que no lo he hecho? Me he metido en un montón de problemas por defender a los chicos que ingresan aquí, es sólo que esta institución tiene sus formas para esconder aquellas cosas que no son “tan evidentes”. Pero el motivo que me mantiene aquí, es ciertamente ustedes, porque así como tú, yo también he pasado por mucho… y estando aquí, he encontrado la forma de ayudar a muchos que necesitan palabras de aliento para seguir adelante”…

En la conversación con la psicóloga, ella reveló que el verdadero secreto de la esclavitud de los hombres, y el éxito mismo de la institución, se basa en nuestro inherente deseo a querer probar constantemente nuestro valor porque todos deseamos profundamente ser amados… eso se logra mediante el rechazo de nuestros padres, y esto aunado a la creación de nuestra propia desaprobación mediante los juicios de nuestros padres, los cuales se ven reflejados en los rangos que expresan no otra cosa sino el deseo de satisfacer la imagen paterna.

Imagen que es reforzada mediante las violaciones que eran silenciosamente aprobadas por los oficiales… Puesto que a ellos les hicieron exactamente lo mismo… y por ese medio el ciclo se repite perfectamente, al forzarlos inconscientemente a buscar recobrar el poder mediante el mismo ejercicio y abuso de la fuerza que nos inspiraba a nosotros a querer y a desear matarnos entre nosotros:

  • Wendy- ¿Sabes por qué los hombres desean tanto poder? ¿Por qué necesitan tantas medallas y galardones?
  • Wabi: ¿Para hacerles saber a todos el valor y el coraje que han vivido, las pruebas que han superado y los retos que van más allá de lucir un hermoso uniforme?
  • Wendy: JAJAJA, no realmente. Esas medallas no las usan para sí mismos, es decir, desde luego se ven en el espejo todos los días con ellos y se recuerdan esas pruebas, esos retos y responsabilidades, pero esas medallas son portadas no para sí mismos, sino para los demás…

Los hombres necesitan tanta aprobación, como carezcan del amor que no reciben de los demás. Las mujeres que llaman “hermosas” son únicamente parte de esas medallas que tanto necesitan lucir ante otros, aunque realmente no los hagan sentir cercanamente felices o satisfechos… créeme cuando te digo que sé más de eso de lo que te puedes imaginar.

Por eso me cansé de buscar por ese “novio perfecto” que se parecía más a lo que otros creían que una mujer como yo debía de tener, que a la simple dedicación y compromiso a mí misma de volverme y convertirme en la clase de mujer que quería ser, no para sentir ese amor de los otros, sino para poder amarme a mí misma, lo cual fue la clave para salir de la casa de ese hombre que me abusaba en mi propia casa y se hacía llamar mi padre…

Los hombres quieren poder, porque creen que eso les dará la oportunidad de ser vistos y apreciados por las mujeres que al mismo tiempo creen que necesitan tener y mantener a su lado, incluso si el sexo es tan malo como su pobre ímpetu en la cama, y es entonces que, cuando no pueden satisfacer esa idea que tienen sobre cuánto deben durar o cómo deben complacer a una mujer, que se vuelven violentos y abusivos, sólo para que la mujer, que también tiene miedo e impotencia ante un mundo determinado y dictaminado por las mismas estructuras del sistema, se sienten más seguras con las personas que las abusan, sólo porque parece que están “más seguros y confiados de sí mismos” que el resto de aquellos que siguen las órdenes directas de aquellos que, sienten las mismas inseguridades, temores y debilidades que cualquiera de ustedes, aún si son sólo cadetes, aún si son sólo niños… a quienes les enseñan cómo llevar y portar un rango…

  • Wabi: ¿Por eso es que siempre le dicen a los sargentos que deben golpearnos y castigarnos?
    • Wendy: Y no sólo eso… lo que te pasó con tu compañero, lo veas ahora o no, también forma parte del adiestramiento…
    • Wabi: …

Esto fue lo mismo que encontré al visitar aquellas otras instituciones que son simple y sencillamente llamadas apenas formalmente prisiones. Donde las violaciones a los internos, en especial en los centros femeniles, van más allá de la idea de que estos “abusos” son llevados a cabo unilateralmente por el oficial en turno…

El motivo por el cual asevero esto de igual modo con tanta seguridad y firmeza, es porque de igual modo, cuando ocurrió aquel incidente en la militarizada con mi compañero de aquella institución, mal llamado apenas formalmente por aquel ilusorio y vano cargo de “sargento”; estando todo el pelotón en aquel espacio lleno de literas, todas alineadas las unas al lado de las otras, a pesar de que estaba pidiendo ayuda y gritando por ayuda, nadie se levantó… y fue el Oficial al mando vigilando todo el pabellón, el que vino directamente hacia mí, hacia nosotros en ese momento y me dijo: “¡Cállate!” Fue en ese momento que supe que estaba solo… y que todos los que estábamos allí, marchando estúpida e hipócritamente “como Uno”, estábamos solos…

Las mujeres me contaban como tras ser trasladadas en aquellos camiones de carga, de un sitio a otro, se les obligaba a desnudarse en fila frente a los oficiales y a hacer sentadillas frente a ellos con piernas abiertas, mostrando y exponiendo la intimidad de sus cuerpos, sólo para que ellos pudieran burlarse de ellas, minimizarlas, destruirlas y acabar con todo cuanto quedara de su amor propio…

Las hicieron sentir como menos que humanos, como menos que la basura misma que les obligaban a comer cuando decidían negarles las raciones de alimentos

Esa fue solo la primera de nuestras charlas… y no sólo me ayudó de esa forma, de igual modo me ayudo incontables veces para salvarme del abuso de algunos oficiales y sargentos… justificándome enfermo o llamándome a la biblioteca para hacer otras labores cuando sabía de antemano lo que algunos de los oficiales tenían planeado para nosotros en las marchas y prácticas de aquella institución… siempre que encontraba la oportunidad, me escapaba a su oficina para platicar con ella. Siempre era evidente que en realidad cargaba con mucho más que sólo la carga laboral, o incluso la carga que ya representaban sus propios problemas… porque cargaba con nuestras historias, y con todo lo que ella implica, sobretodo en una institución donde había no pocos que vivían en algunos de los barrios más violentos de la Ciudad de México, y quienes no sólo vivían la violencia en sus hogares, sino de igual modo en aquella Academia Militarizada

Desde luego no sólo me ayudaba a mí, porque sería demasiado hipócrita de mi parte decir que era el único sufriendo esos abusos, siempre levantaba la voz cuando así lo requeríamos, y salía a la defensa de aquellos que lo necesitaban, pero desde luego no podía ayudarnos a todos, y temo que, después de un tiempo, cuando los mismos oficiales la regañaban de ser demasiado “condescendiente” hacia nosotros, y de estar volviéndonos “débiles”, que ella tomó la iniciativa eventualmente de abandonar aquella institución.

Un día, después de algunos meses, me comentó que estaba por retirarse de aquella institución, y al poco tiempo presentó su renuncia, sin embargo me dejó su contacto y, me comprometí a que la vería al menos una vez fuera de aquella Academia, así lo hice, aunque solo la busqué y nos vimos en el centro de la Ciudad de México. Se encontraba esperando a su novio, y ciertamente quería irme de allí antes de que él llegara, no quería conocerlo, no quería verlo… tenía envidia, celos de la sola idea… ya saben cosas de púberos…

Aquel día, cuando finalmente pude verla “sin el uniforme” en el cual había definido “mi seguridad”, tal vez por el hecho de que “todos nos veíamos iguales” dentro de la institución, pero una vez que me quité “el disfraz” pude ver con claridad aquella absurda ilusión que había creado en mí, muriendo inmediatamente toda expectativa de “verme con una mujer como ella algún día”.

Era obvio, ella era una mujer madura, y yo apenas un niño… pero por alguna razón eso no había sido “tan evidente” para mí cuando me encontraba adentro, tal vez porque parecía que simplemente estaba “obligada a hablar conmigo”, pero la verdad es que, de no haber sido por aquella situación, jamás habría tenido el valor de dirigirle la palabra… me dijo en esa ocasión: no pierdas contacto conmigo, pero cuando me fui, jamás la volví a buscar…

Fue la única ocasión en la que pude darle un abrazo sin temor a que las miradas de los oficiales pudiera desaprobar semejante contacto…

Sentía demasiada vergüenza de mí mismo, pues tenía aún demasiados juicios hacia mi propia idea de lo que significa “ser un hombre”, y específicamente “un hombre digno de una mujer como ella”. Su “belleza” me asustaba, era demasiado hermosa por dentro y por fuera. Y es cierto que, aún cuando yo era no más que un niño, no podía evitar sentir lo que sentía por ella; peor aún fue el momento en el que llegó su pareja, porque vi ante mí la simple confirmación de que jamás sería “mía”.

Sin embargo, me había hecho uno de los más hermosos regalos que jamás podría haber podido pedir… una vez que ella se marchó, no pasó mucho tiempo antes de que de igual modo abandonara aquella institución; cuando presenté mi examen de admisión a la fuerza aérea, una parte de mí “se resistía a seguir ese camino”, y es que, aun cuando en aquel momento no era consciente de ello, “la imagen” de aquella mujer me había mostrado otro camino, un camino fuera de la violencia que conocía, fuera del camino que creía que estaba condenado a llevar hasta sus últimas consecuencias; ella fue el ejemplo para mí de una vida que, pese al dolor que había vivido, experimentado y conocido a través de todas nuestras historias, siempre podía seguir sonriendo y expresándose como sólo aquella mujer podía hacerlo.

Estaría mintiendo si no reconociera que una parte de mí se sentía sumamente agradecido de no haber ingresado a la Fuerza Aérea, algo cambió… aun cuando ella no fue mía, la hice parte de mí… y sigue aquí conmigo aun cuando ya no está… quiero honrar esta visión… la cual es más que un recuerdo para mí…

Si existe algo que alguna vez podré llamar “amor”, es ese regalo que se le hace al otro sin esperar algo a cambio, sin siquiera saber incluso cómo se le pueda estar ayudando… se pueden encontrar los más hermosos regalos aún en la más densa oscuridad, y se puede florecer aun cuando se es no más que una cactácea…

Gracias… gracias… donde quiera que estés amiga mía, amor mío… ¡¡¡GRACIAS!!!

No obstante, este no era el futuro que tenía planeado una vez que dejé la Academia, de hecho, no había mediana o cercanamente ningún futuro a la vista, y desafortunadamente, aún tras aquel día en el que mi solicitud para unirme a las fuerzas armadas fue rechazada, mi deseo de matar no se fue, jamás se fue…

Y de igual modo, aquellas ideas acerca de mis propias y auto-impuestas y aceptadas limitaciones, me acompañarían por muchos años a lo largo de mi vida, aunado a mi romanticismo absurdo y mi penitencia infinita a aguardar por el supuesto “amor de mi vida…”, no obstante, de igual modo sería ingrato de mi parte no admitir que ese mismo deseo, esa misma esperanza me brindó aliento para seguir viviendo, aunque fuera por momentos sólo a seguir esperando, aunque fuera un día más, un instante más, cuando todo lo que quería y había querido por años, era morir…

Recuerdo como rezaba por las noches suplicando a Dios que me matara, irónico tal vez, pues era tanta mi cobardía y tan grande mi impotencia, que no sentía en mí la fuerza para vivir mi propia vida, ni mucho menos el valor para terminarla… ¿habrá algo más patético que la persona que mira con admiración al suicida que, finalmente, sucumbe a su propia desesperación y asume la determinación necesaria para realizar aquel único, aunque fatal momento? ¿Será que si asumiéramos la misma determinación fatal para vivir nuestras vidas, apreciando desde lo más sagrado, hasta lo más perverso y débil de nosotros, encontraríamos finalmente la libertad que puede llevarnos a tomar nuestras vidas en nuestras propias manos?

Una vez abandoné aquella isla en la que me encontré con aquel joven, aunque poderoso señor, pasaron algunos meses antes de ver el tercer portal abierto, esta vez fuera del resguardo y seguridad de aquellas paredes resguardadas por los guardianes que mantenían a todos los señores del inframundo, junto con sus demonios a raya. Este portal me llevó hasta las costas de Guerrero, donde me reuniría con el último, pero no menos importante señor del inframundo, quién habría de solicitar de mí una y la más rigurosa de las pruebas; pues tendría que vivir con él por un mes completo, comiendo, durmiendo y viviendo como los mismos demonios, antes de que abriera para mí, la última y más nefasta verdad… pues aunque mis ojos y oídos no daban crédito a la verdad que mi ser había testiguado y que mi consciencia suplicaba callar, no fue el temor que sentí en el interior de esta la que me hizo finalmente gritar, sino la más horrorosa de todas las verdades, la cual no encontré ya en ninguna prisión… sino adentro de mí mismo.

Unos días antes de la apertura del tercer portal, soñé que me encontraba en una ciudadela invadida toda de serpientes, Corría por avenidas oscuras conformadas todas de múltiples plataformas iluminadas por faroles bajo los cuales corre la gente despavorida; sé que persigo a alguien, sin embargo, todos parecen huir de mí, porque no veo que yo soy el agente… el más codiciado agente militar sobre la Tierra

Y es que a medida que corría por aquellos corredores y avenidas, hechas todas de plataformas cibernéticas de todas las dimensiones concebibles, decía y clamaba en mis adentros:

  • “Ante más serpientes enfrento, más siento la necesidad de prevenir a mis guerreros, y a mis seres queridos. Siento la necesidad de enseñarles a blandir la espada, y a saber discernir entre el miedo que nos hace defendernos, y el momento de ser valientes a pesar de nuestro miedo, para defender lo verdaderamente valioso. Salvaguardar la vida, no es pelear por lo amado, sino por la vida misma”

El tercer portal me llevó hasta las puertas de un nuevo y misterioso averno:

  • “¿Un nuevo reto?” murmuraban mis adentros, pues ahora nuevamente me encontraba a merced de mi propio ser; nada más angustiante, tener que volver a pasar por todo el proceso de encarar el rostro de la misma muerte.

Aguantando los suplicios, cualesquiera que fueran éstos en el siempre impredecible misterio del destino y la vida… sinceramente tampoco lograba encontrar sentido en emplear la misma estrategia, no caerían de nuevo en ese juego; no obstante, ese asunto no lograba perturbarme tanto como la escasa clarividencia frente a la resolución de aquel sueño.

En la cama aquella noche, sujetando entre dientes las memorias de las que mi almohada era mi única confidente, testigo único de las cicatrices que el mundo no podía ver. Llevaba ya algunos meses tratando de conciliar el sueño que las llamas de aquel repentino sueño secuestraron. Aunque los ojos quedaron cubiertos por la bruma del denso golpe de mi cráneo, mi mente escapó de la cárcel que era ahora mi cuerpo.

Poco recuerdo de las últimas escenas de aquel sueño; no obstante, era claro ahora que mi mayor deseo no era la muerte, jamás lo había sido, prueba de ello fue la forma en que me aferré con tanta fuerza a mi próximo aliento… y he vuelto, siempre vuelvo… ¿Escapé de la muerte? No… aún siento miedo, me aferré a la vida a pesar del miedo, a pesar del terror de todas estas creaturas que parecen querer atraparme entre mis sueños y los eventos del pasado, eventos del presente y las decisiones en cada uno de ellos, son como la consciencia viva del tiempo que se encuentra integrada más allá de mi cuerpo, porque son acciones del cuerpo sobre las que sólo tiene inferencia el tiempo, en acciones pasadas, futuras o presentes, pero todas, sin importar cuál realice, todas quedan en mi memoria, porque la emoción pasa por el corazón y entonces no puedo olvidar mis propios latidos, lo que ese momento sintió, vivió, ganó o perdió, permanece allí y pervive allí por siempre y para siempre, hasta el día del último latido, hasta aquel instante en el que damos el último suspiro.

El tercer demonio, alguna vez fue un hombre, uno de aquellos poderosos que se dedicaba al narcomenudeo internacional burlando los filtros de aduana, de él obtuve sino otra forma de contemplar nuestra propia historia, aquella que nos contamos individual pero colectivamente para justificar “nuestro propósito a participar en este sistema”. ¿Qué tenían que ver una cosa con la otra? Sólo una en particular: La forma en que vendemos y compramos ideas

Por extraño que pudiera parecer, me sorprendió lo mucho que este demonio disfrutaba de una buena taza de café… bueno, en realidad más de una al día… ciertamente tantas como fuera posible cada día, todos los días… y uno de ellos compartiendo una de aquellas cuantiosas tazas de café por la tarde, comenzó a contarme la forma en que él entró al círculo del narcotráfico y cómo fue que le vendieron “la ideología” que le hizo caer presa de su deseo y desesperación por adquirir dinero de manera rápida, eficiente, aunque desde luego no segura, ni legal… él me decía lo siguiente:

– ¿Te gusta imaginar?
– Pues… si (le respondí)
– Pues muy bien, vamos a imaginar… ¿Conoces Machu Pichu?
– No
– Pues ¿qué te parecería viajar a Machu Pichu? Y no sólo eso ¿qué te parecería que yo te pague tu boleto de avión, que pague de igual manera tu hotel, te de dinero para que te compres un abrigo de piel de llama y además te de medio millón de euros?
– Pues suena muy bien
– Pero no sólo eso, sino que además, después de volar a Machu Pichu, te voy a regalar un viaje a lo largo de todo el mundo, ¿qué lugares te gustaría visitar? ¿Conoces París?
– No
– Pues vas a conocer París, y allí voy de igual manera a pagar tu hotel, tus comidas, e incluso regalos para toda tu familia.
– ¿Del monto que yo quiera? (refiriéndome a los regalos)
– ¡Claro!
– ¿Y aun así conservaré el medio millón de euros?
– ¡Desde luego!
– …
– ¿Qué otro lugar te gustaría conocer? ¿Conoces Venecia? ¿Suecia? ¿Berlin? ¿Qué tal incluso la India?
– … Ok… ¿Cuál es el truco?
– Muy sencillo, lo único que tienes que hacer por mí, es llevar una maleta a Machu Pichu, tu no tienes que cargar con la maleta, es más yo la voy a llevar por ti y la voy a registrar a tu nombre, la voy a dejar directamente en la fila de abordaje, y al llegar a Machu Pichu, tú no tendrás que llevarla contigo, una persona la va a recoger por ti y de ahí tú no tendrás que preocuparte por nada, simplemente podrás realizar tu viaje por el mundo. ¿Cómo ves? ¿Te vas?
– … ¿Qué hay en la maleta?
– No tienes que saberlo, ni preocuparte por lo que hay adentro.
– Si digo que no voy, ¿me harás algo?
– No, simplemente desapareceré y tal vez no ahora, pero posteriormente, en algunos meses, cuando las cosas no vayan tan bien… te haré nuevamente la oferta…, pero mira, vamos a suponer que aceptas el trato y te vas, porque sino no hay historia.
– jaja ok…
– Pues bien, tú llegas a Machu Pichu y te das cuenta de que “no pasó nada”, tú haces tu viaje por el mundo, todo maravilloso, y ahora tienes medio millón de euros ¿Qué harías con ese medio millón de euros?
– Supongo que tendría que esconderlos o maquillarlos de alguna manera
– Ajá, ¿qué harías con ellos?
– Pondría un negocio, un estudio de diseño y fotografía de primera, y con el sobrante, invertiría en acciones en alguna compañía para poder lavar el dinero…
– Muy bien, ahora digamos que pasa un año, y yo vuelvo a aparecer y te ofrezco otro viaje, ¿qué lugares te gustaría conocer ahora?
– Mmmmm, no lo sé, tal vez ¿Brasil?
– ¡Perfecto! Te vas a Brasil, pero también te voy a regalar un viaje a más lugares ¿qué te gustaría conocer? ¿Qué tal te suena amanecer en un Yate rodeado de hermosas mujeres en Singapur? Por cierto, el Yate te lo puedes quedar…
– Suena a que me estoy metiendo en algo demasiado grande
– No, es que metido ya estás, pero el viaje todavía no acaba, la cuestión es ¿cómo termina?… ¿Qué otro lugar te gustaría conocer?
– …
– ¿Conoces Egipto? ¿Te gustaría conocer Milán? ¿Qué tal también Dubai? Todos estos lugares y además te voy a dar 1 millón de euros.
– Ok…
– Pues bien, te vas nuevamente, y tal como en la ocasión pasada tu debes de llevar una maleta por mí, resulta de que todo sale perfecto, nuevamente tienes un regreso exitoso y ahora tienes un millón de euros, ¿Qué haces con tu millón de Euros?
– Pondría negocios por todas partes, pequeños y grandes, seguiría invirtiendo en más empresas para poder lavar el dinero…
– Excelente… ahora, yo vuelvo después de un año, y ahora te digo que debes llevar un maletín con 100 millones de euros, de los cuales te voy a dar 10 millones. ¿Te vas?
– ¿Es el último viaje, verdad?
– Tal vez… pero qué ¿entonces te vas?
– No…
(Él sonrió de una forma maquiavélica) y me dijo: Pero Gabriel, ¿qué va a pasar con tu novia, tu familia, y con tus amigos?
– Ellos no forman parte del trato
– Es que si forman parte del trato… porque ahora yo te voy a decir, dónde viven, a qué se dedican y cómo se han visto beneficiados con el dinero que te he dado y los regalos que les he comprado… entonces ¿Te vas?
– Tengo que ir…
– Exacto… tienes que ir… porque ya toqué tus afectos, lo que más amas…

Trataba de contener el estremecimiento que recorría mi cuerpo al escuchar el sórdido eco de la realidad colándose en sus palabras, pero ni disimulando aquella vaporosa serenidad en una sonrisa era posible evitar aquella conclusión desprendida directamente de aquel instinto de preservación, o la sola posibilidad de ser herido o atacado mediante un sentimiento hacia algún otro, incluso hacia aquellos más cercanos… la mejor arma no fueron las balas, las bombas o las drogas, sino nuestro propio amor… es increíble lo que se puede estar dispuesto a sacrificar con tal de cumplir con aquella fantasía idílica mal llamada “triunfo u éxito”, pues aún cuando en mi mente me plantearía diversos escenarios en los que sus vidas eran tomadas por alguna banda criminal o algún sicario, no podía dejar de ver que el mismo motivo que me impulsaba a siquiera plantearme la posibilidad de enlistarme en las filas del cartel imaginando que al mismo tiempo puedo proteger de alguna manera a mis seres queridos de ellos, es la misma que impulsa a cientos de miles a intentar alcanzar, aunque sea por un breve instante, la vida que tanto hemos sido enseñados a desear y anhelar, porque eso queremos no sólo para nosotros, sino para nuestros seres queridos… vaya paradoja…

Me siento destruido y con mi voluntad aplastada. Sé que merezco esto porque yo me lo hice a mí mismo, y sinceramente ya no quiero seguir luchando contra ello o la realidad de mí. Esto que soy es lo que tengo, y lo que tengo no ha sido suficiente, ni eficiente para detener este sistema, ni para vivir en el, ni ha sido lo mejor que podría haber creado de mí hasta este punto, porque siempre podría haber sido mejor. Eso fue mi deshonestidad al querer vivir el camino del salvador. Ya vi suficiente de esta versión de mi que trata desesperadamente de ayudar y salvar a otros para, indirectamente ayudarse y salvarse a sí mismo. 
Pues bien, estoy en el suelo, y ya no puedo ni me interesa levantarme… me rindo. No sé quien soy, ni me interesa saberlo ya, he visto y visitado suficientes reflejos en la oscuridad de este país para entender que soy “ese” allí, en lo bajo y lo profundo, y que también soy “ese” en lo alto. Por eso aprovecho esta rendición para soltar con humildad aquello que ya no me sirve. 

Siento que no puede ser un mejor momento para el fin, he dado tanto como fue posible, di tanto como supe y aprendí a dar hasta este momento, pero no tengo, ni puedo dar más, porque no se puede ofrecer lo que no se tiene, y justo allí donde no me queda más que ofrecer, es que no queda más que reconocer que no hay, ni habrá un salvador en este mundo, es donde la única alternativa es reconocer que si yo no me doy eso que espero de otro a mí mismo, nadie lo va a hacer y justo aquí donde no queda un vínculo con algo o alguien en este mundo, es que puedo soltar.

Y ahora que estoy en el suelo y admito la derrota del EGO, me doy cuenta que aún cuando quiero rendirme, sigo aquí y seguiré aquí, si no me levanto, nadie va a venir a levantarme, porque nadie puede, todos están esperando por un salvador, ya sea vestido en una forma mesiánica o divina, o disfrazado en bata de médico, en traje de empresario, con maletín de abogado, o con sacos de billetes, pero ninguno, ni siquiera el más rico del mundo, tiene suficiente dinero para salvar al mundo entero (de sí mismo).


Viendo esta gran lucha en mi interior, trato de mediar la paciencia, el movimiento y el camino. Trato de definir la línea que me ayude a discernir ¿Cuál es el camino correcto? ¿Cuál es la motivación necesaria y suficiente para llevar a cabo una entrega total a lo que habrá de ser el resto de mi vida? Porque aquello que fue, ya no es, y allí donde mi respuesta siempre había sido: “Quiero lo que es mejor para todos” Es ahora que me veo forzado a responder una de las preguntas más difíciles que, a la fecha, he sido incapaz de responder: ¿Y qué quiero para mí en esta vida? Porque si somos Uno e Iguales, pues aquello que quiero para mí, es lo mismo que habrá de ocurrirle al otro… ¿verdad?

No podemos “esperar por las respuestas, o que se nos den esas respuestas; debemos asumir las consecuencias de las decisiones, aún cuando se siente como que el camino elegido, no es el mejor camino, ni la mejor decisión”, hay otra forma de observar, como narra la historia de Siddhartha y Buda en el lago:

“En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:

-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.

Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.

-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.

Pero Buda insistió:

-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.

Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.

-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.

Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.

Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.

Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.

-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.

-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare.”

A lo largo de estos años, me he sentido oculto bajo un velo, una máscara que me permita evitar el conflicto con las personas de mi entorno, sabiéndome un deliberado hipócrita, pero no con ellos, sino conmigo mismo… porque allí donde no me atreví a levantarme, y hacerle frente a las cosas que ahora veo transmutadas en un enojo que ha crecido como el más insaciable demonio en mí, en imágenes que comenzaron con una proyección de mi gritando, insultando y agrediendo a dichas personas, ahora se ha transformado en estas proyecciones sacadas de una película de terror, pero esta película no tiene monstruos o fantasmas, sólo violencia interminable que afecta a los más cercanos y amados, incluso a los desconocidos y lejanos… (lo cual es una realidad que se está viviendo, no sólo en las proyecciones de esta mente enferma, sino en cada ser humano en todos los rincones del mundo) todo con tal de hacerlos parar y hacer que todo se detenga… empezando por detenerme a mí mismo, por detener y poner fin a esta vida que he creado en y como yo; no es extraño ahora el por qué de los pensamientos suicidas, porque ahí donde no puedo y sé que jamás llegaré a ese punto de matar a otro (lo cual aclaro, no he hecho en ningún momento de mi vida), termino por matarme yo, termino por detenerme yo… para encontrar fin a esta vida sin propósito, sin sentido, sin significado, sin dirección, sin todas esas cosas que de tantas formas aprendí y creí que tenía que tener y encontrar para que la vida fuera posible. 

Sé de algo que si quiero para mí y que quiero en cada ser humano de este mundo. Quiero un día en el que no se dispare una sola bala en el mundo, en el que ningún niño, mujer u hombre sea violado en cuerpo, mente, derechos o su vida… quiero un día en el que nadie tenga que morir para que el otro pueda enriquecerse, un día en el que todos vean una vida digna de ser vivida, quiero un día en el que nadie tema por la supervivencia, un día en el que nadie tenga que preocuparse o preguntarse por lo que comerá hoy o mañana porque todo estará al alcance. Quiero un día en el que todo el mundo pueda estar libre de terror, de miedo, de pensamientos… quiero un día libre de la mente, de la esclavitud del sistema de consciencia mental, de la esclavitud del sistema y del dios dinero. 


Quiero ser libre. Auténticamente libre… dame un día en el que todo el mundo pueda ser libre de la matrix…


[1] Según el budismo la eseidad es el universo, pero en “La medicina última” equivale a un estado de consciecia o cognitividad.

[2] Poema Lakota de John Two Hawks

[3] Narración original de los Indios Americanos

[4] Somos Temazcal de la Montaña

[5] Cuento tradicional de los Indios Americanos

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